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Festival de Cine de Las Palmas (VII)

por Nauzet Melián (@nowseed)

Alcanzamos el último día del festival en cuanto a estrenos y primeros pases. Ya conocemos el palmarés de esta edición, pero ahora vamos a centrarnos en los 3 últimos filmes que tuve la oportunidad de disfrutar (o sufrir) a lo largo del día. Los largometrajes que protagonizaron la séptima jornada del festival han sido Mar (Dominga Sotomayor), Raggazzi (Raúl Perrone) y Listen Up Philip (Alex Ross Perry).

Mar (Dominga Sotomayor, 2014)

Mar es una coproducción chileno-argentina dirigida por Dominga Sotomayor. La trama gira entorno a una pareja que se va de vacaciones a la playa. Desde el comienzo, Martín y su novia intentan desconectar de todo y disfrutar de un descanso libre de preocupaciones.

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Ella (Vanina Montes) es visiblemente más madura y emocional que Martín (Lisandro Rodríguez), el cual manifiesta una inmadurez adolescente a lo largo de la historia. Mientras ella se preocupa por su bienestar y cuida de él, Martín no para de mostrar un infantilismo impropio de un hombre de su edad.

Podemos encontrar numerosos ejemplos de los roles que interpretan ambos a lo largo de la cinta (ella una madre, él un hijo). La novia de Martín está siempre a su cuidado: le extiende crema protectora en su espalda, le mima cuando se encuentra enfermo y le lleva al médico cuando sus síntomas no terminan de desaparecer.

Por otro lado, Martín se comporta como un crío: le pide que le mire cuando se dirige al mar a darse un baño, se molesta cuando ella saca el tema de tener un bebé, y se llega a encerrar en su habitación cuando tiene una discusión con su madre.

La aparición de su madre (Andrea Strenitz) agiliza el ritmo de la cinta. Ella tiene una presencia intensa que no pasa desapercibida. Su personalidad afecta a Martín, que a pesar de su amor por ella, le provoca incomodidad ante su carácter vivo y despreocupado. Es muy incisiva y divertida en sus comentarios, y le aporta vida a la trama. Ella es sin duda lo mejor de la película.

A nivel técnico, Mar sufre de varios problemas. Su dirección me resulta desigual, ya que a ratos opta por un estilo sobrio con el uso de planos fijos, y en otras ocasiones hace uso de una cámara nerviosa que nunca encuadra a sus personajes como es debido, y se ve claramente que no se trata de una decisión artística, como sí lo es en Maridos y Mujeres por ejemplo (Woody Allen, 1992).

Además, no ayuda nada su montaje de sonido errático y anárquico, donde la música se siente aleatoria y fuera de lugar en muchos momentos. La película redondea sus problemas con un final abrupto y atropellado, dejando una sensación fría.

En resumen, Mar es una historia correcta, con algunas ideas visuales acertadas, y bastante divertida cuando la madre de Martín se erige como protagonista, pero cojea en ciertas decisiones artísticas que no le sientan bien al conjunto.

Ragazzi (Raúl Perrone, 2014)

Nota importante: Ragazzi tiene una duración de 84 minutos. He visto 54 de ellos y he abandonado la sala, por lo que no puedo opinar sobre los 30 minutos restantes.

¿El motivo de mi marcha? Una sensación de absoluta desconexión y frustración. Me he sentido estafado como espectador y mi paciencia se ha terminado en pleno visionado. Es la primera vez en toda mi vida que abandono una película antes de su finalización, así que podréis imaginar la agonía que tuve que sufrir para tomar semejante decisión. He leído varias reseñas sobre el filme, he preguntado a personas que consiguieron aguantar los 84 minutos de largometraje (no fui el único que se marchó de la proyección, fuimos unos cuantos). Conclusión: los 30 minutos restantes son exactamente iguales en estilo y ejecución que los 54 anteriores.

He querido informaros de esta situación para que valoréis mi opinión en su justa medida y toméis las conclusiones oportunas sobre estos 54 minutos de los que os hablo inmediatamente.

Dicho esto, comenzamos.

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Ragazzi se divide en 2 partes. En la primera parte se narra el último día en la vida de Pasolini a través de la mirada de su agresor, un chico en su entorno habitual. En la segunda, un grupo de chicos juega y se baña en el río, con la presencia de una misteriosa mujer en segundo plano.

Ragazzi es cine anárquico y experimental llevado hasta las últimas consecuencias. Superposición de imágenes, fundidos parciales en negro para destacar una sección concreta del plano, diálogos alterados y revertidos que resultan imposibles de entender, subtítulos que funcionan como reflexión de la vida y que no encajan con el diálogo mostrado en pantalla, repetición constante de planos y escenas ya vistas en momentos anteriores… Imaginad todo este compendio de recursos cinematográficos mezclados entre sí a lo largo de toda una película (en mi caso concreto, 54 minutos). Esto es Ragazzi, y no le encuentro sentido.

La cinta de Perrone no busca el orden, la cronología ni el uso sensato de las herramientas fílmicas a su alcance. Tampoco busca la comprensión y empatía del espectador. El director intenta contar una historia (o parte de ella), pero se obsesiona y regodea tanto en oscurecer la trama, en modificar todos los planos con algún efectismo, que termina saturando la pantalla y sobrecargando el conjunto hasta el rechazo.

Honestamente, mi opinión no tiene por qué afectaros en vuestro juicio sobre este filme. Sólo intento explicaros mi reacción y consecuente abandono de la proyección, así como mi opinión formada tras reflexionar sobre esos incómodos 54 minutos. Mi conclusión: el cine no va de esto. El argumento del “todo vale” no funciona en este caso particular. Cuando no busca entretener, contar una historia, buscar la empatía (que no simpatía) del espectador…en definitiva, cuando un largometraje conscientemente ignora (o se olvida) de los ojos que le observan, los ojos del espectador, fracasa estrepitosamente en su objetivo final.

No hablo del cine como producto, aquel que es disfrutado por una mayoría a partir del uso de mecanismos convencionales o clásicos. Hablo del cine como experiencia, como ficción que nos evade de la realidad, como arte que te atraviesa, te emociona y te abruma. No veo ese cine en Ragazzi. Veo los deseos de un cineasta de satisfacer su propio ego y curiosidad. Un cineasta que no es capaz de comprender que el cine es felicidad, una felicidad compartida.

Ragazzi ha conseguido que olvide durante casi una hora en una sala oscura, pantalla gigante y butaca cómoda por qué estoy enamorado de este arte. Y me he sentido avergonzado. Porque el cine no va de esto. El cine es otra cosa.

Listen Up Philip (Alex Ross Perry, 2014)

Lo nuevo de Alex Ross Perry nos presenta a Philip Lewis Friedman, un escritor ególatra e impulsivo que no parece encajar en la sociedad debido a su extraño carácter y malos hábitos. Philip quiere trascender como novelista, pero aborrece la parafernalia que rodea la presentación de un libro. Además, la relación con su novia (Elizabeth Moss) hace aguas y él no parece darse cuenta de ello.

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El director es hábil a la hora de introducirnos a Philip, ya que en las primeras escenas el personaje queda definido a la perfección: un capullo con gracia. Es el típico personaje que consigue irritarte en una escena y arrancarte una carcajada en la siguiente, algo que me parece vital para que la historia funcione.

El guión es ácido e incisivo, haciendo hincapié en los temores y dudas de los personajes, y la voz en off funciona como perfecto análisis de las tribulaciones que dominan sus vidas.
A pesar del protagonismo inicial de Philip, el director no está interesado en centrar su atención total en él, así que el núcleo de la historia produce ramificaciones que desarrollan los personajes de Ashley (Elizabeth Moss) y Ike (un fantástico Jonathan Pryce). Moss funciona como contrapunto de Philip, mientras que Pryce se erige como alter ego de éste.

Philip resiente a Ashley por sus logros, y su orgullo no le permite apoyarla abiertamente ya que su egoísmo le recuerda las metas que aún no ha alcanzado. En el caso de Ike, ve a este reconocido novelista como un espejo en el que reflejarse, un modelo al que seguir. El problema es que Ike es una versión hipervitaminada de Philip, mostrándonos el camino que puede seguir Philip si continúa manejando su vida de esa forma. Me parece una forma brillante de añadir capas al personaje de Philip, y redondear la premisa y mensaje del cineasta.
Listen Up Philip es una estimulante disertación sobre la obsesión por el reconocimiento y la posteridad, la ceguera que produce el orgullo y egolatría, y la incapacidad de adaptación social.

  • https://twitter.com/soundomyWalther Carlos Díaz

    Una cobertura excelente, ha sido casi como estar allí 😉

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