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Post-mortem de un guionista de ‘Perdidos’

El post que os presentamos a continuación es un resumen condensadísimo de un ensayo de 17.000 palabras.

El ensayo pertenece a Javier Grillo-Marxuach, guionista de las dos primeras temporadas de Perdidos, y se trata de un vistazo entre bambalinas a la creación de la serie y al desarrollo de su primera treintena de episodios, más o menos, que se complementa a la perfección con este extracto del libro The Revolution was Televised, de Alan Sepinwall, que entrevista a las grandes fuerzas creadoras de la serie, Carlton Cuse y Damon Lindelof.

Se trata de una historia con muchas alegrías, algunos sinsabores, y mucho sentido común, en mi opinión.

Permitidme que os haga un pequeño resumen para animaros a su lectura, comenzando por su idea fuerza: ‘¿Sabía alguien qué iba a pasar en Lost?’ es una pregunta imposible de contestar, debido a la magnitud del proyecto, al impacto del mismo y a la cantidad de personas involucradas; tres factores que se ramificaron en decenas de miles de ideas. Algunas conectadas, otras producto de la inspiración del momento, muchas descartadas, otras que encajaron como un guante, y la mayoría a la espera de agarrarse a un tronco más sólido desde el que crecer, y que nunca apareció.

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“¿Qué es Perdidos?” se pregunta Grillo-Marxuach. Y su respuesta es, en esencia: “un extraordinario episodio piloto, un formato rarísimo que se quedó obsoleto antes de que saliera de las oficinas de Bad Robot, un montón de ideas dispares presentadas en diferentes momentos de cinco meses de desarrollo, más propuestas de personajes, más notas adicionales de las sesiones de brainstorming, sin mencionar los contenidos del cerebro de Damon Lindelof, muchos de los cuales acabaron convirtiéndose en canon, muchos quedaron pendientes de evaluación y muchos quedaron en la orilla”.

(¿La idea de que Locke estaba paralítico? Inspiración. ¿El arco entero de la escotilla, de los 108 minutos, del botón?… inspiración)

(Para que conste en acta, servidor detesta el final de Perdidos y, simultáneamente, cree que su segunda temporada es una de las más grandes que ha visto jamás. Repito. Jamás. La destilación definitiva de una idea –fe vs. razón– en forma de decisión –pulsar o no un botón– con un propósito narrativo y emocionalmente satisfactorio y pertinente. Por no mencionar entretenida de cojones. Es absolutamente perfecta, a mi modo de ver, en la manera en la que explota sus fundamentos)

Volviendo a Grillo-Marxuach (segundo por la izquierda en la imagen inferior). Siempre existió un concepto nuclear: “un conflicto entre el bien y el mal en un lugar desconocido con una fuerza misteriosa que llama a la Humanidad a jugar un papel en la lucha de la oscuridad contra la luz”.

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“Y una vez que una gran idea arraiga, lleva a muchas otras, y el trabajo de los guionistas es seguir las opciones y ver hacia dónde te llevan”, explica Grillo-Marxuach.

El guionista incide en el tremendo peaje que se cobró sobre la salud mental de Lindelof, quien acabó extenuado. “Pagó un alto precio para desencadenar la reacción química que culminó en los extraordinarios primeros episodios” y “siempre lamentó no contar con la capacidad para respaladar las promesas dramáticas que realizó la serie”. Grillo-Marxuach los describe como “los perros negros en la mente de Lindelof”.

Para terminar, comenta su gradual proceso de desvinculación de la serie, a partir del momento en que Carlton Cuse y Damon Lindelof –ambos viejos conocidos, el primero más veterano y “mentor” del segundo — se convierten en el dúo creativo primordial, hasta el punto de ser llamados colectivamente como Darlton y descritos a posteriori como “los abanderados de una nueva hornada de showrunners cuya fama es inextricable de la de sus series, como Shonda Rhimes, Joss Whedon o Matthew Weiner”.

“No hay de qué avergonzarse cuando te despiden de una serie. Es un suceso extremadamente común porque es un negocio nómada y subjetivo. Es verdad también que nada de esto consigue que el despido sea menos traumático, máxime cuando estás trabajando en mayor hit de la temporada”, explica. Para mediados de la segunda temporada, la corriente de ideas había cambiado de rumbo: Darlton era ahora quien llevaba la voz cantante y entregaba sus comentarios al panel de guionistas –por cierto, de los que trabajaron en la primera temporada, solo repitó Grillo-Marxuach–.

“No es que mis compañeros o yo insistiéramos en hacernos el traje a nuestra medida porque estamos hablando del mundo del showrunner, y lo sabemos. Pero este nuevo workflow cambió irrevocablemente mi relación con el show”, indica. “Quizás me había encariñado demasiado con ese espíritu romántico de ‘brillantez desde el caos’ que caracterizó nuestra primera temporada, pero mi relación con Darlton sufrió y, conforme sucedía la segunda temporada, me encontré cada vez más desconectado de la corriente creativa principal de la serie, y me resultó muy difícil esconder mi disgusto”, explicó.

Grillo-Marxuach abandonó la serie a mediados de 2006, completamente encariñado con su labor, y sin malos rollos. Incluso logró colar una idea para la tercera temporada. Y se llevó una experiencia inolvidable.

Esto es, muy, muy a grandes rasgos el contenido de este magnífico ensayo, que os dejamos aquí.

  • AnaSolo

    Joder, que recuerdos. Como me gustó, tuvo un montón de paja hacia el final, pero consiguió enganchar como casi ninguna serie lo ha hecho. Y que nos levantáramos a las 6 para ver el final. Sin duda el mejor personaje Desmond, qué hombre.

Críticas

animales2

El precalentamiento (segunda parte).

apostle

Otro ejemplo de buenas ideas diluidas en una puesta en escena adormecida y un protagonista sin sal.

rev1

El amor nos salvará a todos.

el reino

Caída en picado en el pozo de la corrupción.

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Camelot termina.

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