Opinión

Así no se llora

Si preguntamos a un amplio grupo de personas qué es lo que más les gusta del cine, muchos dirán que es la capacidad de éste para emocionar. Y la expresión más evidente y desgarradora de emoción que a todos nos viene a la cabeza es la del lloro. Ver a un personaje roto por dentro y ver cómo a nosotros nos pasa lo mismo. Por eso se dan tantos Oscars a papeles dramáticos y tan pocos a personajes cómicos. La risa, aunque a veces es mucho más complicada, tiene esa connotación positiva y liviana que la hace parecer un mérito menor. Por eso pensamos que un buen actor es el que llora muy bien y por eso cuando estudiaba dirección de actores, a muchos de mi clase les encantaban las escenas en las que un actor debe darlo todo. Gritar y llorar, pero llorar bien. Nada como una de esas escenas donde tu actor de 19 años debe asimilar una ruptura amorosa, la adicción a las drogas, una enfermedad, un suicidio o todo a la vez. ¿NO ERES ACTOR? A VER, ¡¡LLORA!!

Pero amigos, ni todos los actores lloran tan bien como Sally Field, ni todos los directores son capaces de hacer que un actor se crea una escena en la que confiesa que tiene cáncer, sida, hemorroides y viene de drogarse y abortar, para después pegarse un tiro con una pistola de plástico. Es por eso que a veces nos encontramos escenas dignas de plañidera inexperta.

Un lloro chungo, tanto por exceso (mocardos que nadie se quita porque dan más verdad al momento), como por defecto (apretar los ojos hasta que parezcan dos culos y que aún así no salga ni media lágrima), puede convertir esa escena que debería atravesar nuestro vulnerable corazón, en aquella por la que darán a tu peli el galardón “Es mala pero te ríes” del año.

Aquí van unos ejemplos delirantes de escenas que convierten tu peli en pasto para YouTube:

Mítico en la red es este momento de Ryan O’Neal en Los Hombres Duros No Bailan. La película de Norman Mailer quedó condenada al ostracismo a causa de una escena de clímax emocional en el que el prota descubre a través de una carta que su mujers se la pegaba, y entonces…

Aquí un imprescindible, Nicolas Cage. Gustándole más la sobreactuación que a mí una merienda con patatas fritas, risquetos, una palmera de chocolate, un par de donuts, dos sandwiches de chorizo y tres cocacolas zero de medio litro, Cage utilizó la más que probable concesión del director (“de acuerdo Nick, hazlo como quieras”) para regalarnos este lloro a modo de grito de velocirraptor en Besos de Vampiro (donde también come cucarachas vivas):

Tobey Maguire, por algún motivo que no termino de entender, fue durante unos años una de esas promesas del cine llegando a interpretar a Spider-man en tres ocasiones. Con cara de haberse orinado en la cama hasta los 16 y de seguir acartonando las sábanas al borde de los 40, Maguire es de los que llora constriñendo su barbilla hasta convertirla en la rodilla de una anciana. La muerte de Tio Ben es un buen ejemplo:

Cuántos culebrones adolescentes se han hecho para televisión y qué pocos han superado el nivel de pagafantismo de Dawson Crece. En una de las escenas míticas de “calabazas para el cabezón”, en el final de la tercera temporada, James Van Der Beek comprime su gesto consiguiendo convertir sus ojos en otro par de cejas.

No podíamos dejar pasar la ocasión de rememorar una de nuestras cutrepelis favoritas, The Room, en la que Tommy Wiseau nos deleita con una de las escenas de desamor más desgarradoras de la historia. Lo tiene todo: lágrimas de cocodrilo, destrozos mobiliarios, flashbacks rancios, violación de un vestido rojo y suicidio. Como la película no está doblada al español, os hemos dejado un clip en V.O. y otro con doblaje de la casa. Supera esto, Meryl:

Qué lástima.

Llegados a este punto podemos pensar que estos momentos son la cota máxima de cutrez emocional, pero entonces llega la vida real para enseñarnos que nada es imposible. Un momento de desmorone personal puede convertirse en un violento momento de vergüenza ajena. La siguiente escena pertenece al programa Intervention del canal A&E, en el que familiares y amigos de una persona con un serio problema (generalmente una adicción galopante), le hacen una encerrona sentimental como medida extrema para que reconduzca su vida. Es en ese momento cuando se produce un in crescendo brutal, con una confesión/lamento llena de gallos de emoción, que obtiene por respuesta el desgarrador lloro estilo “alarma nuclear” del receptor. Atentos:

Esa escena ha sido el origen de una explosión creativa que lleva a hacer remixes con autotune:

O parodias genialmente logradas como la de R3sacón:

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • G. G. Lapresa

    Ya tengo nueva alarma de despertador 😀

  • G. G. Lapresa

  • George Kaplan

    ¡Qué cosa más abismalmente inmensa, cojones!

  • Esteban Delgado Urrego
  • Esteban Delgado Urrego

    En Studio 60, el tipo hacia varios gloriosos sketchs sobre Nick

  • Esteban Delgado Urrego

    Así es, me duele que Mailer en su última incursión al cine fuera tan mala

  • http://www.lashorasperdidas.com Mary Carmen Rodríguez

    Ojalá Scorsese la restaure y la presenten en la sección de clásicos de Cannes.

  • manuwar

    Tal cual. Mi mujer la cogió hasta manía solo por los constantes pucheros jaja. Doña pucheros la acabó llamando.

  • Isaargh
  • http://www.youtube.com/NayyyaN Nay.yaN

    A mandar!! 😀

Críticas

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El retrato de la decadencia.

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No es la secuela complaciente (replicante), sino la secuela merecida.

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