Críticas

Mad Max: Fury Road

Mad Max: Fury Road es una de las tres mejores películas de acción que he visto en los últimos quince años — superior al empate virtual que conforman Dredd y John Rambo; y la primera en acercarse a la distancia teóricamente insalvable que para mí representa Apocalypto— y una de la que se hablará durante los próximos quince. Solo queda la duda de si en 2030 será considerada como un punto de inflexión para el género o como una anomalía resultado de una confabulación astral del tipo que llevó a Hakeem Olajuwon a la NBA.

Todas ellas son espectaculares en sus propios términos pero Fury Road se distingue porque tiene forma de recargada gran superproducción de acción contemporánea, una que intenta aturdir al espectador y someterlo por aplastamiento. Nunca sucede, porque debajo de cada explosión, de cada stunt, de cada persecución exquisitamente planificada, existe primero saber cinematográfico, y después ideas primitivas, violentas, viscerales y mitológicas, en particular las que configuran a Max (Tom Hardy), su maravilloso protagonista secundario, en la decisión más valiente de la película, y la que más réditos le aporta.

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Los fluidos son importantes. Fury Road transcurre un futuro desértico donde un dictador, Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne: voz, mirada y un desde ya icónico vestuario de Jenny Beavan, ajustado a su personaje) y su familia de mutantes martirizan a la población restringiendo el acceso al agua, comerciando con leche materna que extraen de sus esclavas y exigiendo la máxima devoción a sus soldados anémicos en el marco de una extraña religión que combina elementos nórdicos y mecánicos. Immortan cree tener la situación bajo control hasta que un día sucede lo impensable: su lugarteniente y mano derecha, Furiosa (Charlize Theron), escapa a bordo de un gigantesco camión con las esposas del sátrapa, quien pone en marcha una operación masiva para traerlas de vuelta. La película explota. Decenas de vehículos y cientos de soldados inician una persecución incansable para alcanzar a Furiosa. Entre ellos se encuentra un joven y enfermo fanático llamado Nux (Nicholas Hoult), acompañado de un esclavo recién capturado que le servirá como suministro de sangre para conservar su salud; un aparente don nadie y un convidado de piedra a esta función que no podría importar menos a Immortan, a Furiosa o a Nux. Chico, qué sorpresa se van a llevar.

George Miller, un espléndido director de acción y un espléndido director así en general, ha retomado la saga de Mad Max tres décadas después de la última entrega y lo ha hecho con múltiples intenciones y un éxito casi abochornante en todas ellas. De la tercera entrega, Más Allá de la Cúpula del Trueno, escoge los elementos que funcionaron a la hora de ampliar el mundo de Mad Max — como el uso de un lenguaje futurista específico y la creación de una mitología particular — y rescata un majestuoso personaje femenino. De la segunda, se queda con su sentido de la acción y el cinismo y el distanciamiento de su protagonista masculino, no tanto un ser humano como una especie de “ángel vengador” que decide ayudar, a pesar de algunas reticencias iniciales, a las víctimas de la tiranía. Dado que estos elementos son complementarios, ha salido lo que ha salido: una especie de versión idealizada del mundo de Mad Max con un presupuesto de 150 millones de dólares que es al mismo tiempo indisociable de las anteriores y poseedora de una personalidad propia, una en la que las virtudes inherentes quedan amplificadas y sus defectos son de la mejor clase, prácticamente inevitables.

Inevitables porque Miller ha decidido que en 2015 no tiene cabida una versión “sofisticada” de Mad Max que invite a reflexionar con paciencia y sabiduría sobre sus temas a costa de sacrificar tiempo de acción. Una versión quejumbrosa del director se habría limitado a conformarse con su veterana habilidad para rodar acción y proporcionar facilidades al espectador para seguirla convirtiendo decisiones estéticas en funcionales. Ahí está, por ejemplo, la saturada paleta de colores que permite distinguir con más nitidez los elementos y separa las diferentes secuencias de acción, o su insistencia en que no pase un minuto sin usar un plano general, un tiro de dolly o una spidercam para reorientar geográficamente a la audiencia, acompañado en algunos momentos de algunas llamadas de la orquestal banda sonora de Tom Holkenborg para captar nuestra atención. Y ahí está la riqueza que destilan las escenas de acción, en modo alguno limitadas al choque de vehículos. Prueba de ello es una pelea cuerpo a cuerpo montada por Margaret Sixel, incólumne ante el hecho de que durante el combate hay la friolera de cuatro contendientes a los que prestar atención simultáneamente, merced a una espléndida coreografía.

De algún modo, Miller encuentra un remanente de energía a sus 70 años de edad y decide que tirar de manual no es suficiente y que Fury Road debe convertirse perentoriamente en una película demente para tiempos dementes. Los cinco primeros minutos imponen un ritmo infernal de acercamientos vertiginosos de cámara, imágenes subliminales y fantasmagóricas, épicas panorámicas y cambios de velocidad de cámara que te obligan a ponerte a la altura de la película, estés preparado o no para asimilar ese abanico de artificios expresivos a tal velocidad. A ello, Miller suma imágenes perturbadoras y deliberadamente repulsivas, algunas circunscritas a los villanos –la fortaleza de Immortan es un paraíso convertido en una abominación– otras a la acción en general –un circo distorsionado donde enemigos mutilados, deformados y drogados se sacrifican con lanzas explosivas sobre erizos de metal de cuatro ruedas– y unas últimas simplemente extrañas y diferentes que parecen ajenas al concepto visual general de la película, que aparecen con el único ánimo de desorientar al espectador.

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Todas estas imágenes se encarrilan en la única dirección que conoce Fury Road durante gran parte de su metraje: hacia adelante, el concepto básico sobre el que descansa la película. Los miedos y los deseos de los personajes se orientan hacia un lugar. La esperanza reside al final del viaje. Este férreo sentido de la dirección, que comparte con las películas antes mencionadas, propulsa a la película y se convierte en el tapiz donde el filme juega con temas que atañen a ambos sexos. Es descrita, y con toda justicia, como una película femenina (aspectos evidentes como la maternidad, la nutrición y la desvinculación masculina descansan a sus pies) pero no hay que olvidar a Nux, un niño soldado confuso por la excitación propia de la adolescencia, con un sádico por guía en lugar de un padre. La película juega con estos temas siempre con un ojo puesto en las limitaciones que le impone el tiempo y el género, con menos elegancia, ambición y expansión histórica que la obra maestra de Mel Gibson –por estimular un poco algo de competición en lo alto de mi top–, y quizás incita a ver más contenido del que hay. No ayuda que la propuesta frenética de sus creadores imponga un número límite de diálogos, cuyo lirismo intenta esconder la carga de exposición que contienen. Es en este momento donde podríamos aprovechar para clavar el proverbial puñal en las costillas a la película. A veces, en sus márgenes, lo intenta demasiado. Pero Fury Road decide mostrar su exceso, tanto en la depravación como en la esperanza, sin compromisos y con un argumento de peso: la pericia suma con la que está ejecutada. Se encoge de hombros ante la alienación que pudiera despertar en el espectador, y sigue adelante.

El momento más brillante de Fury Road reside en poner a Max al servicio de Furiosa, objeto de una interpretación descarnada de Charlize Theron. Max, en realidad, es un detonador, el Jinete Pálido, un rol que Hardy asume con una interpretación a veces desquiciada, a veces fría, muchas veces cruel y derrotista, dejando en manos de Theron –y hasta cierto punto, de Hoult, el arco más enternecedor de todos, y por su edad, el más triste– todas las virtudes del héroe. Y el resultado es doblemente positivo primero porque Theron devora a Furiosa –una mujer contagiada de la nobleza de las pacíficas esposas– en uno de los papeles más activos, prominentes, emotivos, heroicos, y positivos asociados recientemente a una mujer en el género, y segundo porque Max se convierte en el mejor ejemplo de secundario: uno con un peso determinante en la película y cargado de características enigmáticas y fascinantes, al que te mueres por ver en una nueva aventura.

Si llega o no, solo el tiempo lo dirá. Hay demasiadas variables en esta película como para considerar que se trata de la abanderada de un nuevo comienzo. Un ejemplo modélico de las aventuras extrañas e indómitas que nos regala el cine australiano, rodada fuera de los plazos habituales de las superproducciones contemporáneas y que ha visto la luz tras cuatro largos años en los que ha sido pulida y remozada. Un estudio dispuesto a tragar con el material recibido y a estrenarlo con todas las consecuencias. Dos de los mejores actores de su generación. Un legado de ciencia ficción que se remonta a los tiempos de 2.000 AD con el artista Brendan McCarthy al frente del guión, en forma de storyboards. Un director de fotografía rescatado de la jubilación, como es John Seale. Un veterano director de cine que quema sus últimos cartuchos. Demasiados factores para pronosticarlo. Mad Max: Fury Road, puede marcar una tendencia breve, pero Mad Max: Fury Road va a durar en mi recuerdo más de quince años.


George Miller | George Miller, Nico Lathouris, Brendan McCarthy | John Seale | Charlize Theron, Tom Hardy, Nicholas Hoult, Hugh Keays Byrne, Rosie Huntington-Whiteley, Zoe Kravitz, Abbey Lee, Riley Keough, Nathan Jones | Margaret Sixel | Junkie XL (Tom Holkenborg) | Colin Gibson | P.J. Voeten, George Miller | Bruce Berman, Graham Bruce | Kennedy/Miller, Village Roadshow Pictures | Warner Bros., Warner Bros. |
  • Yuse Miranda Benito

    Ese MySpace que va rulando XD

  • Nahuel Benvenuto

    llego tarde, pero recien la pude ver ayer, en 3D, y me parecio un peliculon como hace mucho que no se hacia, lo unica queja son: la musica, demasaido emocional en algunas escenas para lo que es la pelicula, y tom hardy esta genial, pero tiene cara de buen tipo, no me lo creo como un loco solitario como a mel gibson, fuera de eso genial, en especial la fotografia y muchisimos planos

  • Nitramdil

    Después de leer (casi) todos vuestros comentarios me siento tremendamente fatal por no poder ir a verla al cine y tener que esperar al Blu-ray. Lo sé, merezco morir lentamente torturado por Ramsey Bolton.

    PD: El forero antes conocido como Clintalwillis.

  • Muzzle84

    Después de varios desacuerdos para poder ver la película he ido esta mañana solo y la he podido ver hasta en versión original subtitulada. Delicia absoluta. Todo lo que hago hoy me parece épico con la banda sonora puesta de fondo, incluso planchar.

  • Muzzle84

    Tendrán pocas líneas de diálogo, pero cómo transmite Theron con la mirada. QUÉ OJOS. http://ak-hdl.buzzfed.com/static/2015-05/15/0/enhanced/webdr12/anigif_enhanced-2844-1431663871-10.gif

  • JJ – Diaz

    Pues que la Warner se apure que Miller ya tiene sus 72 añetes y entre producción y rodaje le cogen los 75, asi que, LARGA VIDA A GEORGE.

  • Lorenz7

    Tom Hardy también está esperando…

  • MrBlogger

    Aún tiene recorrido y el boca a boca está yendo muy bien, esperemos al próximo mes para hacernos una idea más precisa.

  • MrBlogger

    Fue bonito mientas duró xD. Pero a los 700 igual si que se llega…

    Por otro lado, 1000 ya me parecen una auténtica barbaridad, aunque quizá es porque daba más pie a debatir ciertas cosas, había comparaciones con la anterior, con el jocker anterior, etc; en este caso parece que salvo un par de personas todos estamos más o menos de acuerdo con la peli.

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