Reportajes

George Miller y ‘Mad Max’

Aprovechando que este viernes ha sido la llegada del elegido, trataré de dar unas pinceladas sobre lo que más me ha fascinado de la saga y su evolución, tanto a nivel narrativo como estético. Una saga a la que, por una cuestión meramente generacional, conocí desde atrás, como un perro a su nuevo amigo, para después descubrir sus dos primeras entregas. Iré intercalando vídeos en los que podáis ver algunos de los aspectos que comento como la forma de rodar la acción, la ambientación o los villanos.

Pero antes que nada viene bien poner en contexto la llegada de un cineasta como Miller y, en general, la explosión industrial y creativa del cine australiano en los 70 y 80. Antes de este boom, Australia era uno de los países con una producción cinematográfica más paupérrima, en niveles similares a los que tenían Ecuador e Islandia en aquel entonces. Si hubiese sido una fiesta de cumpleaños, hubiera sido esa a la que sólo iban tus abuelos y una tía segunda llamada Asunción.

A raíz de eso, los gobiernos presididos por John Gorton y Gough Whitlam, empezaron a subvencionar la producción cultural y cinematográfica del país, ya que entendieron que el cine era una forma excepcional de crear una identidad propia y exportarla al exterior. Eso, unido a una generación que maduró en una época tan políticamente convulsa como la de la Guerra de Viet-Nam, el auge del feminismo o la popularización de las drogas, creó el caldo de cultivo idóneo para que surgiese una de las cinematografías más locas y desprejuiciadas de la época. Empezaron a surgir decenas de películas con presupuestos ridículos pero ideas fantásticas, provocadoras, que encima vieron su oportunidad al cambiar el hasta entonces férreo sistema censor por uno que calificaba las películas por edades y que introdujo la famosa R, donde empezó a inscribirse el grueso de ese nuevo cine que ansiaba romper con todo. Fue la época en la que Australia dejó de ser ese peculiar país donde habitaban canguros y koalas, para convertirse en el país más irreverente de occidente con títulos como Stork, The Adventures of Barry McKenzieAlvin Purple. Imaginaros un hijo nacido de un polvo sucio entre el destape español y el cine de Roger Corman, aderezado con droga porro, y os haréis una idea de por dónde iban los tiros. Pero no sólo nació un cine meramente provocador, como respuesta a la imagen vulgar que estaba dándose del país en lo que fue una versión hardcore del destape, surgió otro que pretendía hacer su propia lectura del cine de género con títulos como Picnic en Hangin Rock, la aclamada ópera prima de Peter Weir, o la propia Mad Max.

MAD MAX

La primera película es quizás la que ha terminado por ser la menos característica de la saga. Comparada con las posteriores películas se nota que es casi un campo de pruebas de ideas aún a medio cocer. Y no es de extrañar, ya que Miller, médico de profesión hasta entonces, había sido prácticamente autodidacta y había ido forjando su relación con el cine a través de cortometrajes y junto a su amigo y posterior socio, Byron Kennedy. Dada su profesión y el alto índice de accidentes de tráfico en Australia, había visto toda clase de víctimas de tráfico en el hospital St. Vincent de Sidney, en el que trabajaba. Por macabro que suene, de ahí vino buena parte de su inspiración para Mad Max.

Miller nos presenta un mundo sumido en una incipiente crisis energética, donde el combustible empieza a escasear y, a su vez, las bandas criminales son personajes auténticamente tarados, profetas del caos motorizados dispuestos a sembrar dolor a su paso. Es una especie de idea incipiente del mundo postapocalíptico que Miller desarrollaría más tarde. Aún quedan fuerzas del orden, de las que Max Rockatansky es uno de sus miembros, y perduran ciertas estructuras sociales básicas como la familia, que acabará corrompida por siempre. Pero, en esencia, Mad Max es una película de venganza en una versión decadente del presente (de aquel entonces).

Visualmente es la película más sobria de todas. Pese a la idea de velocidad y movimiento que se asocia a la saga, esta primera entrega es bastante estática y convencional cuando no hay escenas de persecución de por medio. Los principales hallazgos los encontramos en la estética del cuerpo policial, tipos embutidos en cuerazo y que pilotan dos tipos de vehículo, las motocicletas y los interceptores, de los que Max es conductor. Los enemigos son, en esencia, motoristas, y la estética muy acorde a lo que eran entonces. Tampoco los decorados brillan por su originalidad: casas familiares, gasolineras, bares de carretera y una comisaría destartalada son lo más destacado, casi todo ubicado en pequeños pueblos industriales. Donde vemos realmente al Miller reconocible es en las persecuciones y accidentes. Es habitual ver la cámara en constante movimiento, generalmente a ras de suelo y con ópticas angulares que incrementan la sensación de velocidad y amenaza de los vehículos, y los zooms en planos muy cerrados, ya sea al motor en los momentos de aceleración, o al rostro de los personajes a punto de accidentarse. También es característica la presentación de Max, del que no vemos su aspecto completo hasta después del primer gran accidente en la escena del jinete nocturno, cuando Mel Gibson sale del coche y se quita las gafas mientras la cámara se le acerca en acabando en un plano medio cerrado contrapicado. El montaje juega un papel esencial, volviéndose más frenético, a veces con planos de unos pocos frames, en los momentos del accidente (el niño en la carretera, los ojos que salen de las órbitas del jinete nocturno o el puño de la moto y el cuentakilómetros en el atropello final), y otras veces acelerando algunas escenas en las partes más álgidas de algunas de las persecuciones.

La película es todo un descubrimiento en aquel momento porque pocas veces la violencia y las persecuciones se habían mostrado de forma tan eficaz (fruto del auténtico descerebre de la época, donde los especialistas se jugaban la vida de mil maneras distintas), pero es cierto que tiene altibajos de ritmo, acentuados por una banda sonora extraña, tremendamente ñoña en los momentos íntimos y grave cuando se trata de presentar a héroes o enemigos.

MAD MAX 2

La segunda entrega de la saga es sin duda la que marca el antes y el después de la misma. Es la que realmente representa lo que Miller quería hacer con ella. Aquí no hay medias tintas en ningún aspecto. Tanto en lo argumental como en lo estético Miller lleva su idea de un futuro decadente al extremo y nos sitúa, ahora sí, en un verdadero apocalipsis, las ruinas de la humanidad, al borde de su desaparición ante la ausencia de agua y combustible. Para ello nos presenta un resumen narrado de los acontecimientos que han llevado a la humanidad a ese estado, una guerra entre las dos superpotencias nucleares, para luego centrarse en el protagonista y lo sucedido en la primera película.

Max es ahora un renegado, un lobo solitario y un superviviente que se verá enfrentado a un villano muy alejado del motero psicópata de la primera parte. Humungus, es una especie de señor de la guerra definitivo, un ser hipermusculado y cuya cara es una máscara de hockey, capitaneando una horda de asesinos que roban combustible. Apenas vemos carreteras, predomina el desierto del Páramo, y los vehículos convencionales empiezan a ceder protagonismo a las chatarras modificadas para parecer monstruos de combate. Arena, óxido y sangre es lo que se respira en cada fotograma.

Si la primera película era una historia de venganza, ésta es un western clásico en el que Max es el incómodo forastero que acabará revelándose como el héroe de un pequeño pueblo del Páramo acosado por Humungus y los suyos, que desean hacerse con su combustible.

Las escenas de acción se vuelven más sofisticadas que en la primera entrega, no en vano el presupuesto se multiplicó por 10 y con ello las posibilidades de diseñar acrobacias y desastres sobre ruedas de todo tipo. El clímax de la película toma la forma de gran asalto a la diligencia, con Max liderando un convoy de combustible del pueblo inocente ante la persecución sin cuartel de Humungus y los suyos. Vuelven a repetirse los planos a ras de suelo en las persecuciones, los zooms, los planos acelerados y el montaje de las muertes por accidente. A ello añade nuevos planos aéreos en los que ver todo el convoy y algunas localizaciones.

Pese a todo resulta una película menos lúgubre que la primera, que es en la que Max pierde todo lo que quería, e incluso se permite meter algunos personajes y notas cómicas, en ocasiones con grandes dosis de humor negro, como el Capitán Gyro (que volvería a aparecer en la tercera parte, con otro nombre y sin conocer a Max, pero con el mismo actor y locomoción aérea), Humungus tratando a sus esbirros como mascotas (“mastines” los llama), el hemiplégico en llamas o alguna de las muertes a cargo del niño feroz.

El plano final, en el que la cámara se aleja de Max en pleno crepúsculo, es puro western en el que el renegado vuelve a su vida solitaria, retratado casi como un ser mítico por el narrador, la versión adulta del niño feroz.

MAD MAX: MÁS ALLÁ DE LA CÚPULA DEL TRUENO

La tercera parte es casi dos películas en una, que convergen al final. Por un lado una historia en la que Max llega, tras ser saqueado, a Negociudad, una versión muy cerda (literalmente) de lo que podría llamarse civilización, con su comercio, sus leyes, sus gobernantes y su suministro energético. Max trata de recuperar la caravana de camellos que le habían sisado, pero deberá regirse por las normas y la corrupción del lugar, por lo que inevitablemente acaba enfrentado al sistema y luego desterrado. Tras ese destierro llega la otra parte bien diferenciada, aquella en la que la película se convierte en Hook (antes de Hook). No sabemos si Spielberg se inspiró de algún modo en esta película, pero hay similitudes tremendas. Max es rescatado por una tribu de niños que le confunden con un piloto desaparecido que les había prometido volar hacia la ciudad del futuro (¿Nunca Jamás?), él niega ser esa persona y rechaza llevarles a ningún lado pero inevitablemente acaba implicándose con ellos. En el tercio final, la líder de Negociudad se convierte en una especie de Capitán Garfio al que deben saquear y Max deberá salvar a los niños de esa civilización adulta para que finalmente lleguen a su añorada “ciudad del mañana, mañana”.

La película, por todo ello, ya tenía elementos sobrados para suavizar el tono de las dos primeras entregas y hacerlo más amable. Eso sin contar que hasta el clímax final no había una sola persecución, renunciando en gran medida a uno de los rasgos específicos de la franquicia. Sin embargo, el cambio más sustancial vendría de un accidente, el que acabó con la vida de Byron Kennedy, socio de Miller desde sus inicios, durante la preproducción de la película. Mientras buscaba localizaciones, el helicóptero en el que viajaba se estrelló, causándole la muerte, motivo por el que Miller acabaría delegando el grueso de la dirección en George Ogilvie, un veterano realizador de televisión, que debutaba así en el largometraje. Miller se encargaría únicamente de las escenas de acción, que son sólo dos, la lucha en la cúpula del trueno y la persecución del final.

Así, aunque se mantiene el diseño básico de los esbirros y el ambiente totalmente desértico de la segunda entrega, el tono es mucho más amable, mucho más próximo al cine de aventuras que al demencial cine de acción que Miller había configurado previamente. Algo que también tenía un sentido dentro de la trilogía, la de devolver a Max la humanidad perdida en la primera parte, construir una historia para su redención. Quizás por todo ello esta entrega ha sido la menos celebrada de la saga a pesar de ser una película estupenda y con personajes geniales como el Maestro Golpeador. Pese a dar un cierre digno al personaje, la película representaba lo contrario de lo que los seguidores esperaban. Adiós al salvajismo gratuito y a los finales ausentes de esperanza.

Una de las cosas que mas me sorprende también de la trilogía original es que el cambio físico de Mel Gibson es acorde al de la saga. En apenas seis años la ambientación se fue radicalizando hasta un nivel increíble, y en esos mismos seis años Mel Gibson parece que hubiera envejecido 20 (con ayuda del maquillaje), además de ganar una presencia en pantalla que le catapultaría a Hollywood con su papel más famoso, el agente Martin Riggs de Arma Letal, donde volvería a explotar la supuesta locura de su personaje australiano (aunque lo loco, en realidad, era el mundo en el que debía sobrevivir).

mel gibson age

Ya como colofón, para que los propios responsables hablen de lo que saben, os dejamos los featurettes de Mad Max: Furia en la Carretera, donde Miller y los actores hablan de cómo surge la idea de una nueva película, la forma de rodarla y el enfoque de historia y personajes:

Fuentes: Not Quite Hollywood (documental), IMDb, Mad Max Wiki

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • Sr_Eames

    Pues yo la compré hace un mes y la he visto en muchos lados , vaya.

  • SkullBoy

    44 millones el finde completo. Dicen que están bastante satisfechos.

  • Naxeteeee

    Yo tengo esa edición, en Amazon la relanzan cada dos por tres así que búscala bien porque haberla hayla y más ahora con el relanzamiento de la franquicia.

  • Naxeteeee

    A mí me parece muy muy entretenida y con una dirección soberbia que la sitúa por encima de la mediocridad que muchos la achacan. Eso sí, se nota que fue concebida como un calculadísimo producto comercial, empezando por el atractivo cartel que diseñó Drew Struzan, pasando por contratar a Tina Turner, o por infantilizar la historia al gusto del cine de entretenimiento de la época.

  • Arambolo

    una critica CO JO NU DA.

  • http://www.cineycine.com ChuacheFan

    Muchas gracias por la info, ashwilliams 😉

  • David Jiménez

    Sigo encontrando sublime la estética de la primera parte: esa civilización futura que pende en un alambre, el choque entre la cotidianidad y los momentos de salvajismo puro. No sé, quizá también influya que es la primera que caté, he tenido la suerte de verlas en su momento de forma cronológica.

  • Remenber Sammy Jankis

    Buen trabajo!!…

  • http://www.lashorasperdidas.com Javier Ruiz de Arcaute

    Ya sé que existía Peter Pan, pero en el cuento de Peter Pan no se narra la historia de Hook con un Peter Pan mayor, padre y que ha olvidado su infancia, volviendo a Nunca Jamás para salvar a los niños perdidos, ese argumento es el de la peli de Spielberg, de ahí la comparación.

    Sobre la idea de El Retorno del Jedi, totalmente de acuerdo, es también la más “blanda” e infravalorada de la saga. Todo el momento Ewoks podría ser como el de los niños en Mad Max 3.

  • Expialidoso

    Una sesión triple de Mad Max siempre es una buena idea.

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