Opinión

Ver pelis hasta que te duela la cabeza.

Hace algo más de un año que me mudé de mi pequeño pero entrañable piso cerca de la plaza de Olavide. Cambié un bajo interior de 40 metros por un bajo exterior de 100. Ahora puedo tener un sitio para trabajar, un sitio para dormir, un sitio para cocinar y otro sitio para ver pelis. Cada cosa en su sitio. Hasta tengo un baño para cagar yo, y otro para que caguen los demás. Sin mezclar.

Tal expansión espacial me permitió, por un lado, tener una habitación para currar, que en esto del freelancismo audiovisual se agradece mucho, y también cumplir un viejo y ansiado sueño, montarme un cine en el salón. Proyector HD, pantalla de 100 pulgadas y un sistema de sonido decente. Si fuera sexo sería como tu mejor paja adolescente mientras ves correr dos unicornios libres por el campo… o algo así, ya me entendéis.

Pensaréis que mi vida ahora es sólo algo peor que la de un marqués o un político. Pero no. Yo trabajo. Y cuando no lo hago me sumerjo en los malos hábitos de la soltería, a saber: sedentarismo, Cocacola, alimentación nefasta y visionado compulsivo de pelis y/o series. Imaginaos en Agosto, esto se ha convertido en un despiporre. Una muerte dulce, como la de los marineros que se ahogaban al escuchar cantos de sirena.

A veces pienso, porque paso mucho rato encerrado, qué es lo que se encontraría el típico ladrón veraniego si entrase una noche por sorpresa. Seguramente sería una imagen que haría que se replanteara su vida. En un salón oscuro, sólo iluminado por la luz de un proyector, sobre el sofá central, una especie de pechuga de pollo gigante, con barba y ataviada con únicamente con unos slips (yo me esparzo, pero mi picha en su sitio), roncando frente a la caja de pizza que ha vaciado dos horas antes. Muy parecido a las imágenes infernales de Horizonte Final.

Ben Stiller, yo también sé lo que supone encontrarte migas de nachos en la barriga… y comértelas.

Mi casa se ha convertido en Matrix. No puedes escapar pero intuyes que la vida de verdad sucede fuera. Lo sabes, sobre todo, cuando llevas 10 horas viendo pelis, una detrás de otra, ya casi por inercia, y te empieza a doler la cabeza. Un dolor provocado por la poca luz, el sonido del ventilador del proyector y por el aire viciado entre los pedos y el maldito ambientador dulzón. Porque ahora todos los ambientadores son empalagosos, para que tu casa huela a sesión de yoga. Yoga y pedos. Hay que huir.

Curras y te diviertes en el mismo sitio, toda tu vida transcurre ahí. Porque lo malo de estos hábitos de mierda es que se retroalimentan, y como dejes pasar mucho tiempo, empieza a darte pereza el mundo exterior. ¿Quedar con amigos? Si eso ya el finde que viene, que ya quedé hace dos semanas. ¿Salir al cine? Para qué, si tengo uno en casa. ¿Ir a escribir a un Starbucks como hacen los guionistas de verdad? Es que aún tengo esa idea muy verde. ¿Ir al gimnasio? Sí, claro, ahora voy.

Mis amigos, que me conocen, me regalaron esto el último cumpleaños:

Captura de pantalla 2015-08-17 a la(s) 13.43.19

Cuando te asocian a esto, quizás debas cambiar tu vida un poco.

Al final del día te vas a dormir pensando “ya mañana empiezo la dieta y salgo un rato”. Qué bien te engañas.

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • Mike

    Yo pensaba que tenía un problema. Pero veo que los hay más jodidos. No sé si eso es bueno porque igual me lo tomo como un reto y acabo peor.

    En fin, voy a ver otro capítulo seguido de “Daredevil”. El quinto del día.

  • Wonderboy

    xD

  • Erald

    Dios mío, ¿por qué hablas de mi vida? :)

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