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Fallece Wes Craven a los 76 años

Esta noche ha fallecido el director Wes Craven a los 76 años de edad tras una larga lucha por combatir un tumor cerebral que ha terminado por quitarle la vida.

Craven, cuyo apellido significaba “cobarde”, demostró ser todo lo contrario dedicándose en cuerpo y alma al género que más ha puesto en jaque el valor de los espectadores, el cine de terror.

Nacido en 1939 en Cleveland (Ohio), se licenció en Filología Inglesa y Psicología para luego cursar un master en Filosofía y Escritura. Sin embargo el cine no tardaría en llamar a su puerta y tras dedicarse a la docencia unos años entraría en el séptimo arte como editor de sonido tras apasionarse con el cine, sobre todo con directores europeos como Truffaut, Bergman o Buñuel.

Dirigiría su primera película, La última casa a la izquierda, a los 33 años. La película se tomó como fuente El manantial y la doncella, de Ingmar Bergman para contar el relato de unos padres que planifican una sangrienta venganza contra los asesinos de su hija. Una ópera prima que definió claramente por dónde se orientaría su posterior carrera y que supuso un auténtico shock, ya que el terror ni era de origen sobrenatural, ni era una visión cinematográficamente “amable” de un asesino. Y lo que resultaba más demoledor, la mayor violencia la ejercían “los buenos”. La MPAA calificó inicialmente como X, obligándole a eliminar gran cantidad de metraje sin resultado. Tendría que acudir a un amigo para que finalmente pudiera estrenar el corte original con calificación R. Aunque prohibida en países como Reino Unido o Australia, se convirtió en un título de culto (con un reciente remake en 2009). Curiosamente, el principal asesino, Krug Stillo, sería el gérmen del personaje que catapultaría a Craven a la fama mundial, el Freddy Krueger de Pesadilla en Elm Street. Pero antes de eso tendría que salir adelante con un trabajo pornográfico, The Fireworks Woman, firmada con el pseudónimo Abe Snake, y crearía otras seis películas, entre ellas alguna de sus obras de culto, Las colinas tienen ojos.

En 1984 llegaría el momento de su gran pelotazo después de cosechar cierta reputación en el género. Pesadilla en Elm Street revolucionaría el slasher introduciendo un elemento tremendamente novedoso, las pesadillas de los protagonistas como terreno de juego para el asesino en serie. Freddy Krueger, asesino de niños ajusticiado por sus padres (como el Krug Stillo de La última casa a la izquierda) quemándolo vivo, volvería del más allá con su cara desfigurada en forma de implacable dios de las pesadillas. La película quería explotar no sólo las pesadillas, sino la idea de los adultos como algo terrorífico, ya fuese con el asesino de niños/adolescentes como con el secreto guardado por los padres del barrio. El personaje fue tan brutal que dio origen a una saga muy prolífica, con numerosos altibajos, pero con muy pocas rivales en el género. Un icono al nivel de Jason de Viernes 13 o Mike Myers en Halloween, pero con mucha más personalidad (gracias en buena medida al gran trabajo de Robert Englund).

Craven desarrollaría a partir de ese momento una carrera muy prolífica como director, guionista y productor, casi siempre en el género de terror y regalándonos títulos nada desdeñables como La serpiente y el arco iris, Shocker o El sótano del miedo para, 12 años después de su gran éxito, volver a revolucionar el género de terror con su segunda gran obra.

En 1996, junto al que sería su principal colaborador en la escritura, Kevin Williamson, Craven nos trajo Scream. Volvió a darle una vuelta de tuerca al slasher, para entonces un género bastante denostado por lo perezoso y predecible de la mayoría de películas, haciendo de sus conocidas reglas parte del argumento. Un asesino en serie que reta a sus víctimas a través de sus conocimientos del género y, por supuesto, valiéndose de las trampas del mismo. Con una escena inicial para el recuerdo, la película fue un auténtico taquillazo, sirvió de trampolín para una nueva generación de actores y dio lugar a tres secuelas, bastante dignas en su mayoría, que volvían a explotar los juegos metalingüisticos del género. Fue precisamente con esta saga con la que cerró su carrera, dirigiendo en 2011 su última entrega hasta la fecha, Scream 4.

Con Craven se nos va un icono del terror, tanto por lo vital que ha sido para el mismo, siendo probablemente el más influyende director de terror de los 80 y 90, como por lo representativo de una carrera con grandes altibajos, algo muy propio del género. Pero quizás lo más representativo ha sido su coherencia y amor por el género, siendo un director que apenas a flirteado con un cine “más serio” porque consideraba que el terror podía ser tan grande y retador como cualquier otra temática, tratando siempre de crear conceptos originales y consiguiéndolo en más de una ocasión.

Muchos de quienes trabajaron con él o que se vieron influenciados por su obra lo han recordado con mucho cariño en Twitter:

Aquí os dejamos un fragmento de entrevista en la que habla sobre el oficio de director:

Aquí otra entrevista para Fangoria en la que repasa su carrera y su pasión por el terror:

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

Críticas

apostle

Otro ejemplo de buenas ideas diluidas en una puesta en escena adormecida y un protagonista sin sal.

rev1

El amor nos salvará a todos.

el reino

Caída en picado en el pozo de la corrupción.

chpa1

Camelot termina.

predator

Pintaba muy bien.

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