Firmas

Maneras de ver cine

Por Borja Crespo

Parece, o eso nos hacen creer, que cada vez está más complicado tentar al público para que pase por taquilla con la intención de ver cine, razón por la cual algunas iniciativas pretenden recuperar el ritual de antaño, la magia de penetrar en los dominios de la sala oscura y dejarse llevar como espectador, abducido por el patio de butacas. Si bien la competencia en el terreno del ocio cada vez es más feroz, con el incremento imparable del mercado del videojuego y la adicción de las nuevas generaciones a la multipantalla, todavía quedan reductos que resisten al audiovisual invasor tirando, sobre todo, de la nostalgia. La piratería es incontrolable en el marco del entretenimiento mientras muchos locales no se lo curran, no miman el sonido ni la proyección en sí. No fomentan, por tanto, la recuperación de un hábito que se vuelve elitista por la política de precios, cada vez más caótica, y las condiciones de algunas salas que, a pesar de estar perfectamente equipadas, no cuidan el enfoque de las imágenes, por poner un ejemplo sufrido en más de una sesión. Pasan de los pases, para entendernos.

No es el caso del fenómeno Phenomena, donde se percibe ir al cine como un acto de catarsis colectiva excepcional. La experiencia, liderada por el cineasta Nacho Cerdá (Los abandonados), ha pasado de plantear una serie de sesiones itinerantes en diversas ciudades, con determinados títulos de culto, a abrir directamente una sala en Barcelona dedicada en espacio y alma a alimentar el espíritu cinéfilo y cinéfago, léase devorar todo género cinematográfico y disfrutarlo. Con especial atracción por títulos que marcaron generaciones –“Los Goonies” nunca falla- y clásicos de la historia del séptimo arte –con ciclos dedicados a grandes maestros del celuloide-, la programación de esta sala de look vintage se proyecta en un pantallón de quitar el hipo. Un gigantesco telón rojo da paso a dobles programas y maratones -con trailers y sorpresas impagables- que rescatan obras de referencia con la sana intención de revivir sensaciones de la infancia y adolescencia, volviendo a degustar, como debe ser, películas indispensables. Las sesiones, muchas precedidas por una oportuna presentación de un autor o teórico del medio, se llenan, creándose un ambiente inusual, perdido en el tiempo, con el espectador entregado con todos los sentidos, dispuesto a gozarla con la magna proyección. En ocasiones se celebra la Beer & Pizza Night: con la entrada te dan una cerveza y puedes distraer el estómago mientras se suceden las imágenes a 24 fotogramas por segundo.

phenomena

Ojalá hubiese un Phenomena en cada pueblo, pero no es tan fácil mantener un negocio así hoy en día. Por otro lado, muchas ciudades tienen su filmoteca, y hay un maravilloso todo gratis legal en las bibliotecas, pero la sed de cine es implacable y cultivar la pasión por verlo como hace décadas, sin teléfonos móviles dando por saco y la capacidad de concentración intacta, es cada vez más complicado. De hecho, también hay iniciativas que se radicalizan con la idea de unir cine y circo con resultados igualmente atractivos, como “Trash entre amigos”, una sesión golfa que deviene un acto festivo desopilante, marciano y esperpéntico. Un acto de amor al buen cine malo más que recomendable, con Señor Ausente, Rubén Lardín, Raúl Minchinela y Nacho Vigalondo como maestros de la ceremonia, pasándose el micrófono para poner comentarios en off a cult-movies tan entrañables como espantosas. Es el equivalente a tuitear chistes siguiendo un hashtag mientras ves un programa tonto de televisión. Como cuando unos colegas quedan para ver un filme chorra en casa, sentados en el sofá, hasta arriba de hierba y lo que surja. Es la auténtica fiesta del cine. “En abril de 2009, en el festival REC de Tarragona, el programador de la sala Casablanca me ofreció una de sus salas si tenía alguna ocurrencia, y allí mismo le hice la propuesta”, cuenta Minchinela –no hay que perderse su serie “Reflexiones de Repronto”-, colgada online- sobre los orígenes de esta apología bolinga de los audiocomentarios del DVD. “Con ayuda de un teléfono móvil, esa misma mañana se conformó el cuarteto del micro. La primera proyección fue en junio de 2009, y hubo gente que se quedó sin poder entrar, pese a que nadie, incluidos los organizadores, sabían qué era lo que iba a pasar”. Es parte del juego, no saber qué va a ocurrir, como pasa en el Secret Cinema extendido en Londres, una manera de consumir audiovisual con un aliciente: convocadas por email en un lugar determinado horas antes, las acciones aúnan público y celuloide con atrezzo propio del filme que se proyecta y que los propios interesados desconocen hasta que se enciende el haz de luz. Compras la entrada sin tener conocimiento del espectáculo. La sorpresa como gran añadido.

Phenomena demuestra que otro tipo de modelo es posible, pero requiere mucho amor”, comenta Dani Ausente, otro de los implicados en Trash entre amigos, al que le gustaría montar “un trash de 150 minutos con algún Bollywood ochentero”. “Tenemos pendiente hacer una sesión con una película de prestigio absoluto, como El silencio de los corderos o Rashomon“, añade el director y hombre orquesta Nacho Vigalondo, aficionado al desbarre encima y delante de un escenario. “El cine, por sí mismo, lleva tiempo mutando y adaptándose a, por ejemplo, los presupuestos más extremos de la historia, por lo alto y por lo bajo”, continúa. “Es responsabilidad de las propias salas buscar nuevas vías para atraer al público”. En ello están otros proyectos de reciente apertura como Artistic Metropol en Madrid, que busca apoyar el cine independiente: “Esa es nuestra columna vertebral”, explica su impulsor Angel Mora. “Intentamos dar cabida a películas con pocos recursos a nivel de distribución y marketing. El cine de autor, el documental, la versión original, reponer clásicos y cine fantástico. Soy de Sitges y he tenido la inmensa fortuna de seguir el festival prácticamente desde sus inicios, primero como un niño obsesionado con el cine al que no dejaban acceder a la sala y me contentaba con ver los carteles, guías y fotocromos en las carteleras, después como espectador y finalmente como profesional. En cualquier caso, en estos tres años de vida de la sala hemos ido retocando conceptos, escuchando las preferencias de nuestro público”. Al margen de programar títulos de ayer y hoy, anuncian sesiones muy especiales, como “VHZ: La cara Z del blockbuster”, en la línea de “Trash entre amigos”. “Es un espectáculo un poco más amplio que ver una película, la estructura es un poco loca”, relata Vera Montessori, monologuista presentadora del acto. “Mezcla monólogos, presentaciones de trailers, monográficos… Lo especial está en el ambiente de juerga que se genera. Es un espectáculo participativo en el que el público comparte todo lo que se le ocurre. Mi papel es de maestra de ceremonias, me encargo de calentar al publico con algo relacionado con la temática de la película que se pone después”. El planeta de los dinosaurios y Lady Terminator son algunas de las películas que han sufrido las embestidas de este evento que apadrina la web de cine y humor Cinecutre.com, responsable del festival CutreCon y la distribuidora Trash-O-Rama, especializada en ‘cine basura’: no confundir con CineBasura, el programa de culto de Canal + que cuenta con numerosos fans y también viene al caso.

Teaser CUTRECON V

¿Qué se encuentra el espectador realmente especial en una sala como Artistic Metropol? “Un trato cercano, como los cines de barrio de antaño”, contesta Mora. “Los centros comerciales pecan de impersonales, es el fast food de la exhibición. Cuando voy a alguno me siento un bicho sólo porque quiero ver enteros los títulos de crédito. Normalmente tienes a un tío al lado, con una escoba, mirándote con cara de lárgate ya. Queremos que nuestra modesta sala sea acogedora y la gente se encuentre a gusto, como en casa”. Con esta filosofía diseñan también su parrilla los Cinemes Girona de la ciudad condal, que ofertan un carnet con tarifa plana para toda la temporada. Otro ejemplo curioso, no el único, son los Cines Zoco Majadahonda, una asociación cultural sin ánimo de lucro, creada tras el repentino cierre del antiguo Renoir Majadahonda. Funciona a través de comisiones de trabajo integradas por voluntarios y profesionales, los que trabajan en el cine y un programador. Existe un órgano de toma de decisiones, la Junta Directiva. “La red de CineArte busca que los cines independientes se unan para sumar fuerzas ante la situación actual del mercado”, destaca Javier Asenjo, uno de sus miembros. “Los pilares son la generación de nuevas audiencias, el rescate de cines donde se hayan quedado sin ellos, en centros urbanos, y la defensa de un tipo de cine mas plural, incidiendo especialmente en el nuevo cine español emergente, al que le es complicado encontrar exhibición”.

HORROR FREAK SHOW

El pasado 14 de agosto se cumplieron 40 años del estreno en Londres de The Rocky Horror Picture Show, un título de indudable culto que ha dado pie a un show con proyección y participación del público. Inspirado en el clásico musical, el grupo de teatro Dramakuin representa todos los meses en el Teatro del Arte –y allá donde les llamen- uno de los espectáculos más delirantes de Madrid. Una velada divertida en la que los actores interpretan delante de la pantalla las escenas más representativas del filme, caracterizados como los personajes originales. La película se proyecta de fondo en versión original subtitulada y el público forma parte de la representación desde el principio, mientras el elenco artístico conduce lo que sucede en el auditorio. Con la entrada se reparte un kit de supervivencia con diversos elementos que se utilizan en vivo y en directo, como arroz para lanzar al aire cuando los protagonistas están de boda. El formato Sing-Along, inédito en España hasta hace poco, explota igualmente la implicación de la audiencia. Las sesiones consisten en el visionado de películas musicales en las que las canciones están subtituladas, como si fuera un karaoke. Varios animadores enseñan las coreografías y las letras, y cantan los temas. Toda una experiencia. “Recuerdo en Nueva York proyecciones en el West Village de cortos animados de la Warner donde el público recitaba los diálogos al alimón y cantaba las canciones en comandita”, subraya el “trashero” Minchinela sobre el tema. “Sing Along reproduce el mismo proceso, ayudando con letras sobreimpresionadas. Quiero decir que es una puesta de largo de una convicción preexistente. Es un ritual que se ciñe hasta el compás al contenido de la cinta. Phenomena es un ritual donde la reconstrucción física de la cinefilia pone de largo la intimidad de la nostalgia de gran formato y Trash Entre Amigos es un ritual atávico donde la cinta se modifica según la gente que se encuentra en la sala. La gente responde en tiempo real a lo que sucede en pantalla, igual que en una pista de baile se responde a una canción“. Títulos como ¡Mamma Mia! o Hairspray funcionan de maravilla en esta tendencia.

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Salón Super-8 se empeña en rescatar películas olvidadas y viejos clásicos en Super-8, “un formato anacrónico con sus peculiaridades y sus problemas, pero capaz todavía de evocar la magia del celuloide, de la proyección clásica, o del cine en vivo”, como cuenta su máximo responsable, el guionista y crítico Alex Mendibil.  “Se intenta trasladar el espíritu de las proyecciones caseras entre amigos a un salón con más capacidad”. Montan las sesiones habitualmente en La Casa Encendida de Madrid, con sofás y cojines para unas 70 personas, además de la pantalla. “Lo importante son las películas, las sesiones dobles o triples de rarezas y cine popular de los 50 hasta los 80, que nunca volverás a ver igual porque cada bobina es única, y cada sesión irrepetible”. La idea surgió en casa del propio Mendibil, “en reuniones con amigos para ver las últimas bobinas que encontraba por rastros o internet, como hacen todos los amantes del Super-8. Siempre tuve la idea de hacerlo más a lo grande y contentar un poco al proyeccionista que llevo dentro, a ese sueño típico de tener tu propio cine y poner tus películas. Va todo tipo de público, desde niños a abuelos que tuvieron Super-8 en su día y lo echan de menos, y luego bastantes cinéfagos y adictos al Super-8. También van hipsters habituales de la Casa Encendida, atraídos por la novedad y la cosa vintage. Hay sesiones para todos los públicos y otras más golfas con cine de terror y sexploitation”.

La oferta de este tipo de convocatorias cinematográficas, con un toque especial, va en aumento. Diego López, cabeza pensante del fanzine especializado en cine fantástico y de terror El buque maldito y programador de la sección Brigadoon del festival de Sitges, rescata habitualmente títulos de la vieja escuela que presentan sus propios responsables. “Siempre he considerado muy importante, cuando se hace una proyección en plan cine-club, tener como invitado alguna persona relacionada con la película: director, actor, actriz, productor…”, recalca. “Una presencia que, una vez finalizado el pase, pueda aportar datos, información, y dar un plus al público con su presencia. Es algo que siempre me ha fascinado y quería poder organizar algún día. La gente que viene a ver por primera vez estas películas se llevan una agradable sorpresa, como fueron los casos de El invernadero o El refugio del miedo”. La nostalgia se erige como uno de los principales motores de la sociedad del espectáculo. “Todo lo que sean experimentos para estimular una experiencia cinematográfica me parecen estupendos”, subraya Xaxi Daura, miembro de Venga Monjas, artífices de piezas audiovisuales tronchantes. “Phenomena es un milagro: una combinación inteligente de cine sin complejos, nostalgia, autenticidad y marketing, porque, no lo olvidemos, esto va de vender una experiencia. A pequeña escala, montamos de vez en cuando estrenos exclusivos de nuestros trabajos. En estos casos, sabemos que no se trata de meter gente en una sala, darle al play, y esperar a que aplaudan. Nosotros queremos cuidar a nuestro público, y por eso les ofrecemos un show más allá de la simple proyección. Eso es lo que humildemente, hacemos y, hasta la fecha, todo el que ha acudido ha vuelto a casa muy contento”.

En la era pre-YouTube un grupo de jóvenes con una inquietud en común, el cine, decidieron organizar un festival de cortometrajes de ficción en un pub de Bilbao. La asociación Caostica apuesta por contenidos transgresores y complementa las proyecciones con atrezzo, actuaciones y performance. “La gente salía fascinada con una sensación extraña de no saber muy bien donde había estado, y repetía trayendo a sus amigos”, afirma Iñigo Portillo, cabeza visible del grupo. “Con la ayuda de mucha gente del medio que arrimó el hombro desinteresadamente, el festival ha ido evolucionando. Poco a poco se ha vuelto un evento descentralizado, celebrándose cada día en un punto distinto de Bilbao, incluso al aire libre”. Paralelamente desarrollan otros eventos como Tracking Bilbao, que gira en torno a la cultura en la red, donde creadores como los propios Venga Monjas proyectan videos y los comentan in situ sobre un escenario. Portillo puntualiza: “Este tipo de formatos traspasan la mera transmisión de contenidos y obligan al espectador a dar más de sí, hay muchos más estímulos, te hacen cómplice del juego y te proporcionan al final una sensación placentera. Es vital sorprender e invitar a tu público a involucrarse. Por otra parte, este tipo de shows suelen llevar mucho esfuerzo y pasión detrás, y eso se nota”. En el patio de butacas del Teatro Principal de San Sebastián suelen montarse buenos pitotes durante la Semana de Cine Fantástico y de Terror. Si la película no gusta la gente chilla y patalea. Se silba y se sueltan chistes recurrentes. “Es una experiencia que en sus mejores momentos compararía a un concierto de rock, y con la ayuda del bar abierto, por supuesto”, resalta el director del certamen, Josemi Beltrán. “Realmente no estamos inventando nada que ya no estuviera inventado, pero sí es necesario recordarlo a esas nuevas generaciones para las que la sala de cine ya no es una prioridad de ocio ni la forma prioritaria de consumir audiovisual. Tampoco creo que esto suponga que las salas siempre tengan que ser una juerga, porque no vale para todo tipo de películas, pero sí tenemos que conseguir que se viva como algo especial, con ilusión, como un acontecimiento”.

Mientras el futuro de la exhibición cinematográfica se ve polarizado entre las multisalas diseñadas a mayor gloria de los blockbusters y las salas independientes, Mendibil cree, a modo de conclusión, que “la exhibición mainstream de estrenos desaparecerá, porque ha perdido todo el valor, artístico y comercial, y a las nuevas generaciones no le interesa. Habrá un cine directo a tu casa y quizá se organicen grandes eventos publicitarios alrededor en teatros, pero de otra manera. Y creo, y espero, que sobrevivirá el cine más pequeño, el cine de reestreno nostálgico, el cine de autor… que ya está encontrando una vía propia paralela a la vieja distribución”. Es contundente con la idea de “eventizar” el cine: “Me horroriza el concepto de crear alrededor de la película un acontecimiento artificial de moda y postureo, donde la película es al final lo de menos. Me parece detestable y triste, síntoma de la agonía del cine popular y de su pérdida de valor como espectáculo en sí mismo. Querría insistir en la labor que siguen haciendo las filmotecas y los cine-clubs, al margen de modas y de eventos modernos, donde todavía se puede ver gran cine, proyectado en 35 mm, barato, y donde muy pocas veces veo a hipsters”.


Artículo publicado originalmente, aunque no en su integridad, en la revista Primera Línea.

SOBRE EL AUTOR: Borja Crespo empezó en el mundo del fanzine para acabar dirigiendo la línea editorial de cómics de Subterfuge. Es guionista e ilustrador de cómics, ha colaborado regularmente con El Correo escribiendo sobre cine y nuevas tendencias, ha dirigido el Festival de Cine de Comedia de Peñí­scola de 2003 a 2005, dirige el Salón del Cómic de Getxo desde 2002, es promotor del GRAF, fue finalista al mejor corto fantástico europeo en los premios Melies con su corto Snuff 2000, es director de publicidad, realizador en televisión y socio de Arsénico Producciones junto a Nacho Vigalondo, Borja Cobeaga, Nahikari Ipiña y Koldo Serra. Dirigió en 2013 su primer largometraje, adaptación del cómic Neuroworld, que aún viaja por festivales internacionales.

  • panconpan

    Ahí quedó el “diós bendiga esas bragas ” para la escena final de Alien, la pancarta “Quato lives” en desafío total, o los aplausos cada vez que muere alguien. Y la reciente birra pizza y “Golpe en la pequeña china” otra grande. Yo disfruto de este ambiente festivo

    Saludos

  • Remenber Sammy Jankis

    Espectacular el artículo, me parece muy acertado, da gusto leer este tipo de cosas…
    Dos apuntes:

    El primero…ultimamente ya no hacen Phenomena en Madrid…ojalá hagan más cosas por Madrid…si alguien me recomienda algo así en Madrid…mil gracias…

    Segundo: Para cuando un evento de Las horas Perdidas? Seguro que GQ lo agradece, seguro que una vez al año no hace daño y seguro que es un despolle..

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  • rafaelgg

    De todos modos si hablamos de recuperar la experiencia de ir al cine para saborear una película en toda su intensidad y no como mero fast food cinematográfico, podemos considerar válido Phenomena Experience pero no cosas como la Cutrecon, porque allí vas a una fiesta, a una parranda, no vas a vivir una experiencia como espectador cinematográfico propiamente dicha, pero oye, reconozco que si se trata de intentar llenar de nuevos las salas, es válido, pero tan válido como cuando se usa el hype sobredimensionado con los blockbusters.
    Tampoco hay que ser ingenuos y creer que el volver a vivir la experiencia cinematográfica como se hacía antes se logra de esta manera. Hay otros factores que han cambiado nuestra forma de percibir el cine y en los que ya no hay vuelta atrás. Un ejemplo evidente: Antes no había la mass media cinematográfica informativa y promocional que tenemos hoy en día y el espectador acudía a la sala con mucho menos conocimiento de lo que se iba a encontrar, esto propiciaba menos espectativas preconcebidas y en consecuencia una actitud más abierta hacia lo que iba a encontrar en pantalla.
    Hoy en día, a tenor de la increible dosis de información que recibimos desde el minuto 1 en que se gesta la película(Con blogs de directores en los que se nos comenta todo el proceso de preproducción y rodaje) no solo no hay márgen para la sorpresa en cuanto tramas, sino que además el espectador va ya con la película ya construida en su cabeza y a lo que va es a que espera encontrar es esa preconcepción confirmada, de ahí que si lo que encuentra no se ajusta a sus espectativas, rechace una película que valoraría más positivamente de no haber existido esa preconcepción.
    Eso no hay Phenomena Experience que lo evite.

  • http://www.lashorasperdidas.com Javier Ruiz de Arcaute

    Sí, a mí me pasó en alguna de las sesiones en Madrid, y es un coñazo. Una cosa es disfrutar de la peli, reírte con sus chistes y cosas normales, y otra es ir a montar tu propio show. Pero la mayoría de las veces que ha ido si hay algún notas no pasa de lo anecdótico. Para eso suelen poner tráilers antiguos y la cortinilla vieja de Movierecord, así la gente se desfoga antes de la peli, y luego a disfrutarla.

  • rafaelgg

    Pues lo que tu comentas en el segundo parrafo se daba constantemente en las sesiones dobles de Phenomena Experience en el Urgel según lo que se leía entonces en su página de Facebook, aunque parece ser que desde que tienen su propia sede la mentalidad del público ha cambiado.

  • http://www.lashorasperdidas.com Javier Ruiz de Arcaute

    Hombre, yo creo que precisamente el cine cutre es la excepción que permite derivar la proyección en un evento de otro tipo, de cachondeo. Nadie va a ver The Room por sus cualidades artísticas, lo hacen porque resulta cómico que alguien haya llegado a realizar una peli de ese tipo tomándosela en serio.

    Otra cosa es ir a ver una película, antigua o no, precisamente porque la película te gusta. Me parecería ridículo ir a una proyección de Alien y escuchar a alguien “¡que te va a sentar mal la comida!” antes de que eclosione el bicho. Eso es de querer ser un notas y centrar el protagonismo en las gilipolleces que se le ocurra al gracioso de turno en vez de en la película.

  • rafaelgg

    Si todo muy potito pero la realidad es qu si vives en una ciudad de 100.000 habitantes la posibilidad de poder disfrutar de estas formas alternativas de ver cine diferente a la de los complejos multisalas. Estas formas alternativas de exhibición solo pueden ser rentables en las grandes ciudades como Madrid y Barcelona. Incluso en urbes de respetable número de habitantes como Valencia o Sevilla su viabilidad es muy cuestionable.
    Por otro lado veo cierta incongruencia en cuanto a criticar el cine comercial por “crear acontecimientos artificiales en lo que la película es lo de menos” y por otro lado crear eventos como la Cutrecon en que precisamente no se trata de disfrutar de las cualidades de un filme(Porque no tiene alguna) sino del cachondeo y la jarana montado en torno a dicha película.
    Respecto al último parrafo, recuerdo precisamente que cuando iniciaron su andadura a base de una sesión doble mensual en el desaparecido cine Urgel surgieron conflictos entre dos tipos de espectadores: Por un lado estaban los que consideraban que como se trataban en la mayoría(Si no todos) películas conocidas de memoria por la generalidad de la gente, la razón de estar allí era montar una fiesta en torno a la proyección, con la audiencia soltando chascarrillos, vítores, aplausos y rísas por la más nimia de las causas, por otro lado estaban los que o bien no habian visto nunca la película o bien querían disfrutarla de la experiencia de verla en pantalla grande en toda su identidad, y para los cuales la otra parte de la audiencia eran una molestia que les fastidiaba la experiencia.

  • Lean

    Lo mas parecido es los dias tematicos que organizan el las armas con movidas y comidas relacionadas con la peli desde por la mañana y por la tarde la proyeccion de la pelicula, pero vamos, seria glorioso tener algo como Phenomena

  • Sr. M

    Gracias por mentar al Artistic :)

  • JDPM

    Gran articulo, ojala alguna de estas iniciativas llegase a Zaragoza.

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