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Festival de Cine de Sevilla – SEFF 2015: Último día

Por Manuel Vila

Previamente: Resto de la cobertura.

Última parte, que llega con retraso pero con nombres fuertes y que casi toda la crítica ha obviado. Excepto Apichatpong, que lo hemos tenido hasta en la sopa, merecidamente.

Acabé el festival con bastante cansancio acumulado, los horarios eran terribles y sólo teníamos respiros a la hora de la comida (para los que asistían a los aperitivos/ruedas de prensa con directores, ni eso). Otros problemas que quiero destacar: los retrasos a la hora de proyectar; DCPs con una definición pobre en algunos casos; traductoras horribles que sólo lograban transmitir un tercio de la información (tal es el caso de Rüdiger Suchsland), más traducciones de subtítulos pobres en al menos cinco películas a las que asistí; poca coordinación a la hora de abrir y cerrar puertas o conectar micrófonos y luces cuando había encuentros con los cineastas (un clásico del festival); y presentaciones en 35mm que no se libraron de problemas de enfoque hasta tal punto que Tscherkassky pegó un buen rebote en su asiento y mandó parar la proyección, y que me volví a encontrar en la sesión del día siguiente.

Seguro que se me escapa algo más. A esto hay que sumarle las obsesiones de los programadores que parecen emperrados no sólo en crear una mezcolanza (por la que hay que saber navegar sino quieres salir espantado y no volver jamás al SEFF), de todos los festivales europeos ya existentes, sino también en traer el mayor número de películas amargas y que apenas innovan (narrativa, visualmente), o asimilan bien el discurso de los clásicos, con referencias muy evidentes.

Este es mi cuarto año acudiendo al festival, el tercero cubriéndolo, y sigo con la misma sensación: no ha mejorado nada, mejor dicho, no hay identidad propia. Tampoco ayuda el no explotar bien una de sus bazas: la sección Panorama Andaluz, que agrega más títulos sobrantes a la, ya de por sí sobrecargada, programación, antes que destacar talentos.

Al Festival de Cine Europeo de Sevilla, al contrario de lo que dice su director, le queda aún mucho recorrido, tanto en funcionamiento como en refinado de su estandarte, de su marca. Y es un tema que no se arregla organizando conciertos, o tratando de ser jóven y actual a toda costa.

Tras estas breves anotaciones, pasemos a hablar sobre los mejores largometrajes del festival. Hasta la próxima.

Cemetery Of Splendour, remover el pasado y contemplarlo

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Ha quedado el poso en mucha gente de que lo planteado en esta película es una lectura política y yo sigo pensando, bastante tiempo después, que aquí no hay más que folklore. Weerasethakul no es persona impermeable a su pueblo, y nos cuenta a través de una persona anciana, mirada avezada, lo que permanece aún de su pasado, posiblemente a poco tiempo antes de que el futuro lo demuela y transforme.

Lo más elogiable es que lo hace sin obviar ni odiar el presente, y lo logra con encadenamientos que conservan durante bastantes segundos dobles exposiciones los cuales relacionan planos no vistos, con los ya mostrados y que tienen un contexto propio, para adentrarnos en un sueño indistinguible de la realidad, algo que es historia popular, no es tangible a causa de las numerosas transformaciones, y ora la cámara no se acercará como antes a los actores, ora el punto de vista tanto argumentalmente, como el del espectador, será diferente. El plano final revela entonces, con ese rostro ojiplático al infinito, que el director ha sufrido lo mismo que su entorno, su carrera, su vida. A libre interpretación queda si para bien o para mal, sí se nos muestra la sola verdad: la naturaleza es testigo del tiempo, y como ya aclaré en ‘Kommunisten’, se desliza entre las grietas del ser humano.

Schneider vs. Bax, “The deadline for the headline, is the breadline”

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Schneider tiene el encargo de matar a Bax. Bax recibe otro, liquidar a Schneider. Schneider tiene una vida ordenada y exitosa, casado con el ama de casa perfecta, con dos hijas muy bien educadas, coche de lujo, trabajo de altura… Bax por el contrario hace tiempo que no escribe (su profesión), está divorciado, su hija tiene altibajos emocionales, se droga con lo más duro disponible en el mercado, y su padre es un pervertido sin límites.

Así se puede resumir más o menos la primera mitad de la película, que se lanza por completo a explotar la risa por todo el espectro del blanco al negro. No es que Bax esté hecho un harapo porque sí, o que Schneider lleve esa doble vida secreta porque sí. Se intuye un pasado que no se llega a explicar, y mágicamente, no se echa de menos, pues de nuevo, el presente (¿empezais ya a ver por dónde va la temática del festival este año? Es tan solo la enésima película sobre el presente y la supervivencia que he visto, en menos de 8 días…), es el historial único y necesario para que la trama avance.

Esa presentación y giro de guión que de primeras parecen buscar solo una rápida simpatía con la audiencia, detalla con bastante rapidez y solvencia los puntos que hacen fuerte y débiles a los contrincantes. Una vez entrados en la segunda mitad, Warmerdam no se anda con más simbolismos ni pistas, y se centra en lo que le interesa: desgranar un guión de thriller, y diseccionar cómo funciona. Ocurre por tanto un in crescendo de ritmo, con mucha planificación y cuya complejidad viene dada por el entorno pantanoso: la cámara está siempre a nivel de los personajes, así consigue atrapar tanto con el arco narrativo como con la puesta en escena, arrastrándonos por esta desastrosa y de repente improvisada cacería.

También logra funcionar a otro nivel: el contratista de ambos protagonistas queda como figura enigmática. La parquedad de explicaciones se suma a la ansiedad de no saber muy bien cómo puede acabar todo, y ronda por mi cabeza todo el rato qué representa todo este círculo de enemistad. En Borgman se introducía de forma poco ortodoxa (pun intended) y con simbología tosca, pero aquí no nacen las posteriores acciones del instinto amoroso o sexual, todo parece seguir un plan milimetrado que solo se rompe cuando entra en juego la estupidez humana. Así se rompe el enigma y el contratista es un alto poder que desea abarcar más y debe enfrentar al obrero contra el intelectual, sólo causando esta batalla puede alcanzar su situación ideal de confort. Lástima que no recuerde que las bombas suelen llevar metralla.

Sangue del mio sangue, ciudad maldita.

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Difícil hablar sobre esta película sin destrozarla a quienes no la hayan visto aún. Detallemos entonces sobre la idea general que se ejecuta. Dos realidades colisionan en la misma ciudad de Italia. Una detalla la terrible realidad que el gran poder ejercía sobre la población (entiéndase la Iglesia Católica), un sometimiento a través del miedo esotérico y de la muerte, que si bien queda atrás en la segunda realidad, como meros vestigios vampíricos, ésta se revela igual de corrupta pero ya a niveles efervescentes hasta en el mínimo vaso de agua social.

No se libra el país de la plaga, se transforma, pero los primigenios estafadores ya conocen los trucos que no cambian ni con la regeneración del mal, y eluden cualquier cambio en su ecosistema equilibrado, rompiendo momentáneamente nuevos círculos viciosos, no ya por amasamiento de caudales y propiedades, sino para asegurar que la realidad siga como hasta ahora. Este sistema implantado es eficiente mientras se proporcione lo justo de oxígeno a maleantes y vengadores sociales para que realicen su trabajo. La justicia por tanto no es satisfactoria jamás, y se intentará perseguir a lo largo de la historia. Si no te atrapa ella antes.

Bellocchio guioniza una falsa historia de brujas, destrucción de convenciones y locos de la vida, para pasear por la ciudad y capturar pasado y presente a través de su mirada de viejo lobo, y descubrirnos que nada ha cambiado.

Meurtrière, el músculo del feminismo

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En el primer fotograma el vello púbico de la mujer se confunde con el fondo, un negro como si el vacío cósmico pudiese ser capturado en un estudio. No solo tiene un agujero donde su útero debería estar, su cabeza, sus brazos no son visibles por completo. Su cuerpo se mueve lentamente hasta lograr una nueva deformidad, cuya distinción es tan leve como la luz que la muestra, y desaparece mediante un fundido revelando nuevas presencias femeninas en la pantalla. De la unidad pasamos a la manada. Tríos de mujeres cuyos cuerpos no son tan importantes como sus presencias: la dominación del grupo viene dada por la brusquedad del movimiento y sonidos guturales, un despliegue de fuerza primitiva que desemboca en agotamiento, sumisión por parte de las más débiles y su consecuente apareamiento. El éxtasis es necesario alcanzarlo mediante el rostro, pero sigue siendo la misma lucha, esta vez contra uno mismo. Un máximo placer que se torna inabarcable y chupa la vida en el intento, revelando el lado grotesco.

El ratio de aspecto en mente con el que se graba la película no resulta una decisión caprichosa ya que las distancias focales usadas dejan ver bastante acción, y aparte realza la sensación claustrofóbica de estar en un campo de batalla cuando no puedes distinguir el marco de la sala, no en vano la película está titulada “aspillera” (las mirillas por donde se disparaban las flechas desde las murallas). Por mucho que quieras no puedes apartar la vista de tal exposición de músculo y contorsionismo donde interesa poco la resolución de cada mínimo conflicto, sino mostrar lo impresionante del cuerpo humano, y en concreto, la resistencia de la mujer.

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