Críticas

The Walk (El Desafío)

Robert Zemeckis inició su proyecto para llevar The Walk a la gran pantalla hace nueve años, un poco antes de experimentar con las posiblidades de la animación por ordenador en la trilogía formada por The Polar Express, Beowulf y Cuento de Navidad. Durante ese tiempo, surgió un documental basado exactamente en la misma premisa histórica que The Walk, titulado Man on Wire, el relato del asombroso paseo entre las dos Torres Gemelas realizado en 1974 por el acróbata francés Philippe Petit, y que acabó obteniendo el Oscar al Mejor Documental en 2008. Cabía la posibilidad de que el éxito de Man on Wire, sumado a las inmensas dificultades que encontró Zemeckis a la hora de recabar fondos para rodar esta película, terminaran amedrentando a un realizador que en su anterior esfuerzo, El Vuelo, parecía haber iniciado, sin abandonar del todo sus marcas de fábrica, un derrotero más adusto y crepuscular. No sabéis lo afortunado que me siento de haberme equivocado.

© 2015 CTMG, Inc.

© 2015 CTMG, Inc.

Está claro que The Walk es, en parte, una película diseñada para transmitir al espectador la vertiginosa e inolvidable experiencia que supone caminar por el vacío que separa las desaparecidas torres a través de un alambre no más grueso que un antebrazo. En términos de narración, podría decirse que sirve para completar el premiado documental dirigido por James Marsh al proporcionarnos lo que “le falta”: una aproximación en primera persona de la hazaña de Petit justificada por el mero hecho de que procedería de un director que, en lo que a la aplicación de los efectos especiales necesarios para llevar a cabo esa propuesta, únicamente encuentra rival en nombres como los de James Cameron. Pero hay mucho más. Dos cosas en particular: primero, que los sesenta minutos que preceden al mencionado paseo forman un thriller de robos que no desmerece en ningún momento de los picos más entretenidos de la filmografía de Zemeckis y segundo, que The Walk es, por debajo de todo, una sincera y sencilla declaración personal de Zemeckis sobre la manera en la que ha entendido siempre el cine, como una sucesión de cliffhangers, adorables desde su intrascendencia, admirables por su desarrollo y legitimados por su corazón, que encuentra en Petit el vehículo para expresarla.


Segunda película “pequeña” consecutiva de Zemeckis que, paradójicamente, nos devuelve su versión más querida: tan enamorada del suspense y la técnica como fascinada por la magia y el romance que destilan los soñadores y los abanderados.


The Walk no somete a Petit a examen como sí sometía El Vuelo al capitán Whip Whitaker. Cierto que en algunos momentos se recuerda a Petit el dolor que inflige a sus seres queridos cuando le domina su obsesión, pero en términos generales es descrito como un soñador enfrentado a la homérica tarea de moldear la realidad a su gusto. Zemeckis lo hace con una lente. Petit lo hace extendiendo un trozo de cordel delante de los edificios que va a asaltar. Es significativo que, si Petit es el alter ego de Zemeckis, el director haya escogido a un personaje tan básico y tan contundente. Es un reconocimiento implícito de las limitaciones de su cine, pero también lo es de sus extraordinarias virtudes y una de ellas es el dinamismo. En Joseph Gordon-Levitt, por decirlo de la manera más sencilla posible, Zemeckis encuentra a su protagonista más vibrante desde Michael J. Fox en Regreso al Futuro. Gordon-Levitt es un actor que, por momentos, parece teletransportarnos a llevarnos a la edad dorada del cine de Hollywood donde la interpretación se definía por ese término tan difuso llamado “gracia” y que abarcaba un millón de expresiones, desde los hombros encorvados de Bogart hasta los pies voladores de Gene Kelly. Gordon-Levitt está enamorado de los dos, de ahí que la mayor parte de su filmografía oscile entre las explosiones físicas de Sin Frenos o ciertos segmentos de 500 Días Juntos al hieratismo de sus incursiones en el cine negro-policíaco de Brick, The Lookout o Sin City 2. Sea como fuere, en The Walk Zemeckis bebe directamente de la fuente. El Petit de Gordon-Levitt es artificioso y teatrero pero es merecidamente artificioso y teatrero porque su cuerpo se mueve de manera tan elegante y dinámica que consigue vendernos, a pesar del acento, a pesar del pelucón, exactamente las características que desea transmitir Zemeckis: maestro de ceremonias, acróbata, y enamorado.

Era un papel simple pero es un papel dominante (el resto de secundarios, y mirad que ahí tenemos a gente como Ben Kingsley, son meramente circunstanciales) que necesita de un intérprete a la altura. Solventado con contundencia el encargo por parte de su actor principal, el resto queda en manos de ese combo tan maravilloso que reúne al director Robert Zemeckis y a su alma gemela en la vida cinematográfica, el compositor Alan Silvestri, con un ayudante de excepción, el montador Jeremiah O’Driscoll, no precisamente un desconocido para Zemeckis, dado que comenzó su carrera como aprendiz en La Muerte os Sienta tan Bien y ha desarrollado su carrera en paralelo a la del director como segundo editor en Forrest Gump y ya montador en firme desde Beowulf. El resultado es una banda de viejos rockeros con ganas de tocar grandes éxitos. Durante la primera y juguetona media hora en Francia, Petit aprende de su mentor, Papa Rudy, la necesidad de respetar a la audiencia. A partir del viaje a Nueva York, Petit, y la película, aprenden a ganarse el respeto de vuelta. The Walk se convierte en un absoluto tiro de narración durante 60 minutos, repleto de imaginativas transiciones que fluyen la acción, con un estilo dominado generalmente por expansivos planos de tres cuartos que exprimen los límites de la recreación de la Nueva York de la época (muy restringida, por desgracia, a los parcos 35 millones de presupuesto de la película) y que cierra con marcado y eficaz contraste en las escenas con mayor suspense, remarcadas por los vivaces golpes de ritmo de Silvestri, mientras nuestros protagonistas esquivan una sucesión de obstáculos cada vez más enrocados, desde el inesperado guardia de seguridad hasta la propia dificultad logística del plan, que por momentos aparecen simultáneamente multiplicando la tensión de nuestros protagonistas, en la mejor tradición de su director.

Entre pitos y flautas, Zemeckis y su equipo consiguen amenizar hasta tal punto todo el precedente al “paseo” — que en principio se nos vendía como el GRAN elemento de la película — que en ningún momento siento la especial necesidad de que llegue. Y sospecho que Zemeckis realmente tampoco, porque la forma en la que lo aborda no esconde prisa o urgencia algunas. “Liberación”, es la palabra. Es una secuencia larga, de unos diez minutos, que Zemeckis se ocupa primero de vender con puro vértigo (las manos de servidor se iban instintivamente a las pelotas de servidor, como cuando va al dentista) y después, como su protagonista, de disfrutar. Me recuerda en cierto modo a los chistes de la mejor época de Los Simpsons, cuando sostenían la gracia hasta que dejaba de tenerla y la seguían sosteniendo aún más hasta que volvía a ser divertida. Petit recorre el cable una vez, recorre el cable dos veces, tres veces, disipando sus temores a cada paso que da hasta convertir su hazaña en un pacífico baile con la muerte, solo en las alturas con la cámara virtual de Zemeckis, en la culminación de un complejo plan destinado a satisfacer su deseo genuino de enamorarse a cada minuto con su modo de vida. Es posible que los espectadores no terminen de comprender en su magnitud el significado personal que para Petit representa su hazaña, pero todos ellos quedan admirados por su valor y, sobre todo, comunicados un instante por el hecho de que han visto algo especial. En The Walk, Zemeckis te habla a ti, desde su posición como persona, como estadounidense — algo que era de esperar dado el escenario, como culmina el sencillísimo y elegante fundido a negro final con las dos torres como protagonistas– y, sobre todo, como cineasta. Puntual, agradable, pequeño, sincero, habilidoso, simple pero no simplista y, como siempre, fiel devoto hasta el día de su muerte de las más quintesenciales virtudes del romántico cine de entretenimiento americano.


Robert Zemeckis | Robert Zemeckis & Christopher Browne, basados en el libro To Reach the Clouds, de Philippe Petit. | Alan Silvestri | Dariusz Wolski | Jeremiah O'Driscoll | Naomi Shohan | Joseph Gordon-Levitt, Charlotte Le Bon, Ben Kingsley, James Badge Dale, Benedict Samuel, Soleyman Pierini, | Robert Zemeckis, Steve Starkey, Jack Rapke | Cherylanne Martin, Jacqueline Levine | ImageMovers, Sony Pictures Entertainment (SPE), TriStar Productions | Sony Pictures |
  • Melanie Milano

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  • Melanie Milano

    The Walk (El Desafío)

  • Barbra Hood

    Muy buena peli, la verdad es que Gordon Lewitt está genial con su acento francés, consigue crear gran empatía entre espectador y personaje. Zemeckis se reivindica una vez más como gran director, la secuencia del paseo por el cable es sencillamente brutal, pelos de punta…..y muy buena banda sonora. Lo tiene todo para hacer que pases un muy buen rato

  • Rangon

    El Desafío Pelicula Completa Subtitulada Español Latino Online HD Descargar & transmisión http://imdbmovietop.cf/?action=movie&id=285783

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