Opinión

‘Star Wars: El despertar de la Fuerza’ no es la mejor película del año, y no hay nada de malo en ello

[AVISO: Podéis esperar spoilers de El despertar de la Fuerza y el resto de la saga tanto en el texto como los comentarios. Aunque a estas alturas ya la debéis haber visto todos.

AVISO 2: Wall of text.

¡Feliz año nuevo, por cierto!]

Han pasado casi dos semanas desde el estreno de Star Wars: El despertar de la Fuerza y la película ya se ha convertido en el fenómeno del año. Cada día bate un nuevo récord y ya acumula más de 1200 millones en taquilla, con un top histórico garantizado, y ya veremos si capaz incluso de destronar a las cintas de James Cameron de los primeros puestos. La fiebre Star Wars ha llegado, y lo ha hecho para quedarse.

Confieso no haberme acercado a la monstruosidad de los más de 1500 comentarios que acumula la crítica de Javier, pero supongo que habéis debatido largo y tendido sobre la calidad de la nueva película de J.J. Abrams, así como lo que esperabais de ella y si ha cumplido o no. Hay quien la tacha de decepcionante, otros la consideran a la altura de lo mejor de la saga y hay hasta atrevidos que la elevan a los altares cinematográficos del año. Durante los últimos días desde que la vi he dejado reposar mi apreciación sobre ella y quería compartir con vosotros una reflexión sobre su contenido. No consideréis esto como una crítica de la película en sí –doy mi visión con otro enfoque respecto al de Javi, pero es algo más que eso y por ello no la pongo en la sección de críticas–, sino como el inicio de un (espero) civilizado debate sobre Star Wars y algo más que afecta al cine actual y cómo lo procesamos.

Además, tenía que sacármelo de dentro y quería empezar el año con una nota positiva. Puede que de primeras no os lo parezca, pero acompañadme hasta el final y lo entenderéis todo.

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© Disney / Lucasfilm

Star Wars: El despertar de la Fuerza está bien. ¿Es eso suficiente?

Como resumen general: El despertar de la Fuerza es un adecuado relanzamiento de la saga, y me ha gustado, pero no es una buena película. ¿Son compatibles ambas posturas? Creo que sí. Me lo pasé bien –muy bien, en ocasiones– viéndola pero me ha resultado una experiencia fallida y desaprovechada, aunque con virtudes muy reseñables. No utilizaré la palabra “decepcionante” para describirla, porque he visto exactamente lo que esperaba ver viniendo de Abrams, pero sí es cierto que podía haber dado más de sí. La colocaría por debajo de Guardianes de la Galaxia, por nombrar otra futura franquicia galáctica, y más bien a la altura de cintas Disney recientes como John Carter o El llanero solitario o reinicios revitalizadores como El hombre de acero o Prometheus, películas que se quedaban a medio camino pero con la pasión suficiente como para despertar sensaciones en el espectador. Y provocar un sentimiento, ya sea para bien o para mal, es un logro muy a tener en cuenta.

Habrá a quien le parezca una actitud de “hater” no ensalzar esta séptima entrega de la saga creada por George Lucas como el milagro definitivo, pero lo cierto es que unos días después de verla y salir con esas sensaciones tuve una charla con varios amigos que también fueron a su estreno y su conclusión fue que en realidad yo estaba siendo particularmente condescendiente mirando el vaso medio lleno a la hora de valorarla. Para ellos, El despertar de la Fuerza es de lo peor que han visto en cine en los últimos años, “al nivel de Sucker Punch o Ninja Assassin“, una película con un humor y diálogos pueriles a la altura de las precuelas y con poco que salvar, según sus palabras. Durante la tarde traté de hacerles ver que en realidad no está tan mal y que tiene cosas muy interesantes, pero lo cierto es que a medida que progresaba la conversación hasta a mí se me estaba haciendo cuesta arriba buscar ejemplos para poder defenderla adecuadamente; y es que Abrams ha dejado poco a lo que agarrarse si empiezas a mirarla con lupa.

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J.J. Abrams y Lawrence Kasdan planificando nuestro futuro © Disney / Lucasfilm

“Creo que les va a encantar a los fans. Es el tipo de película que han estado esperando”.

Estas palabras las pronunció George Lucas a principios de diciembre tras asistir a un pase –siendo la primera vez que veía algo de Star Wars tras su divorcio absoluto con la saga– y más que una apreciación era una premonición.

El despertar de la Fuerza es una película para fans de la saga hecha por fans de la saga, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva. J.J. Abrams ha hecho lo que se esperaba de él: relanzar Star Wars tras el descontento general de las precuelas y ofrecerlo a una nueva generación, a la vez que trataba de contentar a los aficionados de toda la vida. Para ello, el director de Misión Imposible 3 y Star Trek decidió obviar el plan inicial de Lucas, así como el guión preliminar de Michael Arndt, y hacer una película puente que aúne ambas posturas: hay un montón de nuevos personajes que tomarán el testigo en las siguientes entregas pero también hay un gran énfasis en Han Solo, Luke, Leia, Chewbacca y multitud de cameos de personajes pasados, así como constantes referencias/guiños/escenas calcadas de las anteriores películas. El despertar de la Fuerza es un homenaje total a La guerra de las galaxias hasta tal punto que copia la estructura de la película original paso a paso, desde la misión con unos planos ocultos en un droide, pasando por la presentación del héroe/heroína en un planeta desértico, hasta la destrucción de una nueva Estrella de la Muerte, por nombrar sólo tres puntos.

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Abrams no se ha preocupado por ofrecer algo novedoso e innovador porque sabe que los fans veteranos querían ver de nuevo otra película como la que vieron en 1977 y para quien no haya visto nunca la original aquí tiene la misma plantilla para comprenderla de cero. A nivel de guión Abrams ha fallado, pero como realizador ha conseguido su objetivo a la vista del fervor causado desde el estreno. Ha hecho la película que quería hacer y la película que los fans querían ver, y todo en ella me parece cuidadosamente deliberado y ejecutado con ese propósito; aunque emular no signifique recrear esa magia cautivadora de Lucas, y ofrecer algo ya visto vaya en contra del acontecimiento que sí supuso la original.

Abrams sabe exactamente qué teclas tiene que tocar para agradar a los fans aunque no estoy seguro de que sepa componer la melodía de manera armoniosa. Sabe cuándo algo funciona aunque no sea capaz de reproducir ese “algo”, sólo su envoltorio (véanse los mismos tics que ya apuntaba en Star Trek: En la oscuridad al tirar de Star Trek II – La ira de Khan o marcarse “un Spielberg” con Super 8). Hay escenas que suceden porque sucedía así en la original, pero no porque la historia lo pida de manera lógica.

Esto, por supuesto, es algo que podrían haber corregido Abrams (y su co-guionista, Lawrence Kasdan, más que consumado escritor en esta saga) completando ciertos agujeros argumentales para que la progresión fuese más fluida pero a la vez no creo que sea fruto de la inexperiencia o incapacidad artística, sino que se trata de una maniobra calculada y es algo que traté de explicarles a mis amigos. El despertar de la Fuerza contiene todas esas desventajas que la dejan en un trabajo simplemente correcto, reseñable, pero no especialmente llamativo, y aun así estoy dispuesto a dejar pasar sus fallos sin que me quiten el sueño por una razón: Esto es lo que hay.

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© Disney / Lucasfilm

La neo-narrativa audiovisual y el adiós a las películas con entidad propia

De un tiempo a esta parte estamos asistiendo a una reconfiguración de la forma de contar las producciones audiovisuales, haciendo uso de un metalenguaje literario que retrotrae a las antiguas novelas publicadas en fascículos. Las series de televisión se parecen cada vez más a las películas de antes, no sólo a un nivel presupuestario, sino por contar con historias contenidas (las cada vez más frecuentes series limitadas tipo Fargo o True Detective o las series que se marcan un número concreto de temporadas sin meter relleno excesivo, tipo Breaking Bad), con pulso firme, coherencia visual y narrativa…hay algunas series con las que ver un par de capítulos proporciona una experiencia más satisfactoria que ir al cine. Y, por otra parte, muchas películas de ahora se parecen cada vez más a las series de televisión, erigiéndose como Universos Cinematográficos entrelazados a lo largo de varias producciones e inagotables spin-offs, con personajes saltando de unos a otros y tramas que quedan pospuestas con la promesa de “Ya te lo contaremos en la secuela”.


Ya no vamos al cine a ver el gran estreno de la semana; ahora vamos a ver un mega episodio de dos horas y 200 millones de presupuesto que deja un cliffhanger al final para cuya resolución hay que esperar años.


Llamadlo Marvel, llamadlo partición de historias a la mitad tipo El Hobbit/Los juegos del hambre… escoged el ejemplo que más rabia os dé. El caso es que ya no existe la concepción de una simple trilogía formada a partir de películas independientes; ahora las historias se planifican de antemano y se cortan en varios trozos para su posterior visualización. Y esa es la realidad que estamos viviendo ahora en el terreno de los blockbusters.

El despertar de la Fuerza también pertenece a esa corriente y contiene incontables misterios y cuestiones sin resolver (muy “made in J.J.”, su seña de identidad) que podrían haberse resuelto sin problema alguno en esta película pero que se han dejado en el aire pensando –¡esperemos!– en su aclaración para el Episodio VIII. Se nota que faltan escenas y no creo que sean fruto de un problema interno como el que pudiesen sufrir calamitosas producciones como Guerra Mundial Z o 47 Ronin; esas escenas, o la explicación en sí sobre el argumento y el pasado de los personajes, se han omitido a propósito porque esta entrega no está diseñada como una “película”. El Episodio VII es una introducción, un prólogo, un episodio piloto de una serie de televisión donde se presentan los personajes y su mundo, se dejan caer unas pinceladas y la promesa de un futuro mejor. Problema de esto: por el camino se quedan colgando aspectos tales como arcos de personajes, una historia con algo que contar y, en definitiva, la sensación de plenitud que te produce el sentir que has visto un largometraje completo. Si veías La guerra de las galaxiasTerminator, Alien, Regreso al futuro (aun con su epílogo es una historia completa)… escoged ejemplos de vuestra infancia– te podías quedar plenamente a gusto; en cambio viendo El despertar de la Fuerza/El Hobbit: Un viaje inesperado, Sinsajo… tienes media película o un tercio de ella en algunos casos. Esto es simplemente el inicio de la nueva saga y para tener una visión total habrá que verse todas y cada una de las futuras secuelas, así como comprarse guías, enciclopedias y todo tipo de material que expanda el nuevo canon.

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© Disney / Lucasfilm

No puedo considerar el trabajo de Abrams como bueno a nivel narrativo por cosas como esas, pero me pongo en su piel y valoro el esfuerzo que suponía acometer una labor así y salir victorioso en lo que Bob Iger, jefe de Disney, le describió durante una cena cuando le contrató: “piensa en esto como una película de 4000 millones [la cifra que pagó Disney por los derechos de Star Wars]”. Esa es la mentalidad con la que encaró la producción, así que no había lugar para las chaladuras ni salirse de la tangente; esta entrega debía ir a lo seguro y de ahí que Abrams optase por un cuasi remake a partir de momentos icónicos de la saga para no alienar al espectador que podría sentirse confuso al presenciar algo “nuevo”. Pensaréis que estoy excusándole en lugar de meterle una mayor caña que quizá mereciese por haber sido incapaz de arriesgar pero, aunque no esté del todo contento con su trabajo, sí estoy contento de que haya más Star Wars por una razón: conozco de primera mano a la siguiente generación de fans.

Cuando fui a ver El despertar de la Fuerza lo hice acompañado de mi hermana de 11 años –los que me seguís por twitter la conoceréis de sobra– y ella es la que disfrutó realmente sin cuestionarse nada de su guión o falta de explicaciones, y está deseosa por ver las siguientes películas. Me dí cuenta entonces de que estaba hecha para ella, no para mí.

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© Disney / Lucasfilm

Una nueva esperanza. El día que empezó todo…

[Aquí hago un inciso para poneros en antecedentes]. Cuando Disney compró Star Wars lo vi como una oportunidad de compartir la saga con mi hermana pequeña (llamémosla “H” a partir de ahora), así que le mostré todas las películas para que conociese a la nueva galería de princesas y héroes Disney que iban a entrar en su mundo.

Corría el año 2012 y H contaba con la tierna edad de 8 años. A ella le serviría para conocer la saga por primera vez y para mí sería un modo no sólo de recordatorio sino de análisis interno para valorar las películas desde la madurez y no confuso por la neblina de la nostalgia. Empezamos, *obviamente*, por La guerra de las galaxias aka el Episodio IV: Una nueva esperanza y H quedó encandilada por los personajes: Luke, Han, Leia, Chewie, R2-D2, C-3PO… todos ellos forman parte ahora de su vocabulario y les conoce por su nombre con solo verlos. La princesa Leia, por ser chica, se convirtió en su favorita. Durante semanas vimos la trilogía clásica y se emocionó con su trama, sin queja alguna de que las películas fuesen “viejas” ni nada parecido.

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© Fox / Lucasfilm

En lo que a mí respecta, disfruté mucho del revisionado y me ayudó a ponerme las cosas claras. Una nueva esperanza es una buena película, aunque con sus fallitos, pero se pueden perdonar porque, al fin y al cabo, era la primera de la saga en una época en la que nadie había hecho nada parecido. La originalidad de Lucas (o la destilación de sus referentes, como lo queráis llamar) empapa todo el metraje y hay una sensación de sinceridad: estás viendo una película optimista, bien hecha y cargada de magia; Lucas te transporta a un nuevo universo y lo hace con seguridad, como si fuera algo consolidado previamente, sin tener que pedir permiso a nadie ni explicar cosas. El imperio contraataca, por otro lado, es una obra maestra rotunda; la única película de la saga que calificaría como grande de verdad, que incluiría en un top de mejores largometrajes y que supuso un gran salto de calidad respecto a la anterior. Es más “oscura” y madura, pero de un modo natural, no “oscura” en plan la coletilla “será oscura” que se ha convertido en algo vacuo hoy día; es también dramática y emotiva; se profundiza más en los aspectos de los Jedi y los Sith (lo que me gusta de Star Wars); y además contiene la mejor pelea de toda la saga: el enfrentamiento entre Luke y Darth Vader con su gran catarsis final. El retorno del Jedi está bien; no es de mis favoritas pero tiene grandes escenas, aunque pasar del tema ewok al dramatismo final del cierre de Luke minimice algo de su impacto.

Toda la trilogía en sí, salvo el punto oscuro del Episodio V, son películas de aventuras y evasión hechas para gente joven, así que cuando Disney compró la saga era la progresión natural. Aunque algunos fans maduritos se tirasen de los pelos pensando que iban a “destrozar” su infancia, siempre fueron material propio de Disney.

Llegamos a las temidas precuelas…

Cuando las vi en su día contaba con algo más de edad que H pero aún así era un niño y las disfruté en cierto modo; no me causaron especial impacto –ya había visto la trilogía original en VHS y por televisión en varias ocasiones, así como el reestreno en cines de la remasterización de 1997– pero tampoco me desagradaron, así que tenía especial curiosidad al llegar a esta parte sobre cómo las recibiría mi yo adulto y cómo las recibiría una niña pequeña. ¿Le haría gracia Jar Jar Binks? ¿qué pensaría del joven Anakin y su viaje al lado oscuro? ¿notaría el cambio visual por el paso de las décadas entre ambas trilogías? A H le emocionaba particularmente adentrarse en las precuelas para ver a Luke y Leia de bebés, ya veis.

Para mi sorpresa, H, en su primer visionado de La amenaza fantasma, tuvo las ideas claras. “Esta película es muy aburrida”, me soltó durante una de las peroratas políticas del Virrey Gunray. Y vaya si tenía razón. En su inexperta inocencia, H supo darse cuenta de algo que yo pasé por alto cuando vi la película en 1999: el Episodio I es un coñazo. Al margen de calidad de guión, actores, dirección… la película comete el mayor pecado que puede cometer una cinta diseñada para el entretenimiento: le falta ritmo, potencia, todos parecen desganados y eso que tiene una carrera de vainas y una lucha épica con una de las mejores piezas compuestas por John Williams… El entusiasta recibimiento que tuvo en su día y el posterior odio que suscita ahora me hacen temer que se pueda producir ese efecto de nuevo, no por esta nueva (de calidad muy superior a las precuelas) sino como pensamiento en general. El día del estreno de El despertar de la Fuerza se cumplía también el sexto aniversario del estreno de Avatar, ¿alguien piensa, en su día a día, en la cinta de James Cameron (la película más taquillera de todos los tiempos)?

[Nota: pasados algunos meses salió al hilo de nuevo hablar del Episodio I y le pregunté a H qué recordaba, y resulta que había eliminado todo de su cabeza. No sabía quién era Jar Jar ni cuando le enseñé una foto de él. En cambio se sigue conociendo de memoria a Luke, Leia, Han… Bendita inocencia].

El ataque de los clones es ligeramente mejor, creo. Si me preguntáis cuál de las dos es peor no sabría qué contestar pero La amenaza fantasma la valoro un poco más abajo por el tema del aburrimiento. En el Episodio II al menos sale Samuel L. Jackson con una espada.

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Con La venganza de los Sith tengo una relación de amor-odio. Aunque suene polémico, considero que, sobre el papel, el Episodio III tiene el mejor guión de toda la saga; no sólo de las precuelas, sino de toda la saga en general. Recalco la expresión “sobre el papel”, porque aunque Lucas contaba con el mejor material que había escrito en sus entregas no supo aprovecharlo y se dejó cegar por la tecnología (igual que le pasó a Peter Jackson y su Hobbit). Algunas de las escenas más dramáticas y emotivas de la película están deslucidas por el innecesario abuso del CGI; sé que sólo estoy viendo pantallas verdes y con el paso de los años los efectos, que para aquella época eran una gran revolución, ahora dan el cante y me sacan de la historia; no la complementan, que es lo que debería hacer un buen efecto. Por no mencionar las situaciones exageradas como la actuación de Palpatine al transformarse en Sidious. Por otro lado también tiene una gran interpretación por parte de Ewan McGregor en su encarnación más cómoda de Obi-Wan Kenobi y su intenso tramo final con el enfrentamiento contra Anakin, así como escenas que le preceden, como la Orden 66 o la masacre de los niños jedi, que son realmente poderosas. Hay un equilibrio extraño en la película entre buenas ideas y una ejecución desaprovechada. Y ahí es donde me posiciono también con la séptima entrega de Abrams.

Volviendo a El despertar de la Fuerza y sus virtudes

Abrams ha tirado mucho del recuerdo del pasado en su trabajo –especialmente con Harrison Ford, quien, para mi sorpresa, está a un nivel superior al de recientes trabajos y en algunos planos logra recuperar incluso esa energía del Han Solo de antes con la mirada y su sonrisa pícara– y ha caminado peligrosamente en la línea del homenaje/copia de momentos clásicos. Mi hermana fue capaz de identificar cada vez que salía un calco y susurrarme en la butaca: “¡BB-8 se acopla en la nave igual que R2-D2 en la de Luke, yay!”; “¡La cantina!”; “Ah, eso es como lo del triturador de basura donde caían” (en referencia a la bochornosa escena de despedida de Phasma); “Ahí es donde saltaban Leia y Luke” (en el momento en que Rey se está infiltrando en un pasillo de la nave *muy* parecido al de Una nueva esperanza); “Esto es ‘Yo soy tu padre'” (cuando Han Solo se encuentra con Kylo Ren en un pasillo estratégicamente colocado para una muerte segura; casi llora después, la pobre) y así…

Una niña de 11 años, recordemos, es capaz de desgranar la estructura del guión de Abrams y sacar todas sus referencias. Lo cual me dice dos cosas: 1) la trilogía original es tan poderosa que, habiéndola visto una única vez hace tres años, se le quedó tal recuerdo a H como para identificar sus escenas clave y 2) sus responsables son conscientes de ese efecto en la mente de los fans, así que lo aprovechan como si no hubiera un mañana para apelar a la nostalgia.

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“Feels” © Disney / Lucasfilm

Pero si bien Abrams fracasa a la hora de ofrecer algo nuevo a un nivel narrativo, triunfa a lo grande en un aspecto más crucial si cabe: el casting. Una de las fortalezas más consistentes a lo largo de su filmografía ha sido siempre un gran ojo para los repartos, ya sea en sus series de televisión (Felicity, LOST, Alias <— mirad dónde está ahora Bradley Cooper), los niños de Super 8 o el propio relanzamiento de Star Trek en 2009; una tarea compleja para estar a la altura de ese otro icono de la ciencia ficción y donde acertó uniendo a un nuevo elenco de actores en una película que sorprendió tanto a fans como al espectador medio y de la cual pienso que está mejor rematada en conjunto que su incursión en la saga de Lucas.

En Star Wars Abrams vuelve a clavarlo de esa manera con un reparto estelar:

Daisy Ridley es el gran descubrimiento del año. Este era su primer trabajo para cine y parece que lleve toda la vida actuando; hay pureza en su mirada y una naturalidad difícil de ver en interpretes tan jóvenes. No me ha gustado la arbitrariedad en el descubrimiento y uso de los poderes de Rey pero es cosa del guión, no de ella. En la original se podía ver una progresión de Luke, le veías entrenarse, fallar, necesitar ser rescatado, dudar ante el enemigo… Rey es directamente la ama y señora del universo; todo le sale bien, tiene poderes de la nada capaces de desarmar a otros Sith/soldado de la Primera Orden, sabe pilotar el Halcón Milenario, es una hábil espadachina… tiene el pack completo directamente desde la primera película, y tengo que esperar dos años para ver si esto tiene alguna clase de sentido (contado por otro director y guionista diferente al de esta).

Su rol me ha hecho tener presente en la cabeza el estilo “Young Adult” tan de moda ahora, y es que Rey parece más bien salida de la típica novela juvenil tipo Los juegos del hambre, Divergente… que del antiguo Star Wars; es un nuevo modelo de heroína autosuficiente y ya preparada para una nueva era. Tanto Ridley como su personaje tienen futuro y la idea de verla como aprendiz de Jedi junto a Luke en la futura secuela es algo que me intriga, así como su origen (una de las cosas que podrían haber explicado en este episodio sin problema y que han preferido omitir por la razón X).

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© Disney / Lucasfilm

John Boyega está bien como Finn. Su actuación ha causado particular controversia, más allá de su color de piel, pero creo que salva la papeleta de un papel no muy agradecido (la protagonista es Rey, no él) y lo encara con entusiasmo; a veces le toca hacer de alivio cómico, otras de “dama en apuros”, otras de héroe y el chaval se desenvuelve bien. Boyega tiene una gran química con Ridley y eso es el gran motor de la película; puede que una escena falle, pero ahí están los actores para tirar adelante como campeones.

Oscar Isaac es Oscar Isaac y eso siempre es una garantía. Es uno de los mejores interpretes del momento junto a sus compañeros de generación como Michael Fassbender, Tom Hardy, Jake Gyllenhaal, James McAvoy, Ryan Gosling y otros tantos que se mueven en la franja de menos de 40 años, y siempre es un placer verle actuar, sea en el papel que sea. Me preocupaba su entrada en este tipo de franquicias porque son arenas movedizas pero Isaac siempre ha mostrado su entusiasmo por Star Wars, así que estaba entregado al papel desde el primer momento. Su Poe Dameron es ciertamente otro de los grandes aciertos de la película y, aunque esté algo desaprovechado –desaparece durante media película y vuelve por sorpresa, “porque sí”. Trivia: en la versión inicial del guión moría–, este guatemalteco tiene el suficiente carisma y presencia en pantalla para ser la cara de la nueva Resistencia.

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‘A propósito de Poe Dameron’, el disco del año © Vanity Fair

Adam Driver tiene el papel más complejo de toda la película y sale victorioso. Hay cosas que no me han gustado y otras que me han gustado ligeramente en la película pero con Kylo Ren hubo siempre una constante; cada vez que aparecía en pantalla mi interés se disparaba. Ya he comentado que el esoterismo de los Jedi/Sith es lo que más me gusta de este universo, así que tener un personaje de estas características es el gran reclamo para mantener mi atención en futuros episodios. Driver es un actor que se ha prodigado en comedias y drama de corte indie y nunca había transitado nada de género y por eso puede que sus decisiones sean las más interesantes de todas. Su Kylo Ren está comprometido a una causa y él también; no se tiene que preocupar de saltar, correr o de batallas espaciales, su papel se reduce a escenas contenidas donde se deja entrever un arco argumental (es el único personaje de la película que verdaderamente tiene algo que decir, junto a Finn, aunque este último no luzca tanto).

Y también es el protagonista de mi escena favorita de todo el filme y una que pondría al lado de los mejores momentos de toda la saga: la pelea con sables de luz. Si bien Abrams me decepcionó en sus set pieces de naves (muchos láseres, cabriolas y tal pero no son nada que no haya visto antes) tengo que reconocerle que ha clavado la gran pelea final en la nieve. Ha recuperado una fiereza e intensidad en los ataques que no se veía desde El imperio contraataca; nada de florituras, saltos imposibles o coreografías del Circo del Sol, aquí los golpes van a muerte, y eso es lo que espero de una pelea con espadas. Sólo con esa escena ya me compensa muchas otras que me pudieran dejar frío antes.

Caballeros de Ren

© Disney / Lucasfilm

La obsesión de Kylo por Darth Vader, su viaje al lado oscuro y su confrontación paterno-filial (todo ello heredado del canon ya extinto) son ciertamente un material muy potente y estoy deseoso por ver cómo se puede expandir en el Episodio VIII en las manos de Rian Johnson. Con un poco de suerte, recuperará esa madurez del Episodio V –sin que sea un remake, por favor– y tendremos un gran villano entre manos. No estaría de más que se les ocurriese la alocada idea de innovar la narrativa de la saga introduciendo un flashback con el asalto a la Academia Jedi de Luke por parte de los Caballeros de Ren (sugerido en esta entrega en un simple pero efectivo fotograma mediante la visión de Rey); es algo que me gustaría ver en gran pantalla y no adaptado simplemente para un cómic o arte conceptual. Siempre he disfrutado más de Star Wars con sus videojuegos que con las películas en sí porque exploran mejor la mitología de los Jedi/Sith, particularmente la saga de Caballeros de la Antigua República, así que mientras haya Kylo Ren para rato aquí tendrán un fan.

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© Disney / Lucasfilm

– Le hago un hueco especial entre el elenco a BB-8, auténtico robaescenas y robacorazones (personaje favorito de H con mucha diferencia). Como decía antes, Abrams sabe muy bien qué teclas tenía que tocar y ha dado en el clavo al introducir un nuevo robot para encandilar a los más pequeños de la casa. Este androide es simpático, divertido, rueda como una pelota y es capaz de contagiar sus sentimientos (momentazo del mechero) sin necesidad de una cara para expresarse. La saga original tenía a su R2-D2 y aquí sí han sido capaces de ir un paso más allá metiendo algo fresco en forma de esta bolita como complemento a sus compañeros humanos.

Si por algo me parece reseñable esta película es por estas cinco nuevas incorporaciones y por el juego que van a dar para una nueva generación. No me ha transmitido nada ver el asalto por TERCERA vez a la Estrella de la Muerte pero todas las interacciones de Kylo-Rey, Rey-Finn, Finn-Dameron… son la gran baza que tenía Abrams y ha sabido aprovecharla. Puede que no haya hecho algo rompedor pero ha sentado las bases para algo mayor, y no todas las películas pueden presumir de tener cinco personajes interesantes. Sé que junto a ellos voy a estar en buenas manos y tengo ganas de disfrutar de sus nuevas aventuras.

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Abrams aprieta pero no ahoga, y le tiende una mano al espectador © Disney / Lucasfilm

Reflexión final y hora de pasar el testigo (pero sin abandonarlo)

J.J. Abrams no me ha conquistado con su película pero ha hecho que tenga nuevas ganas de ver más, esperanza que había perdido tras ver las precuelas. No es la valoración que esperaba al entrar en la sala, y me da rabia haber visto una película incompleta, pero es una sensación con la que en cierto modo me siento satisfecho. La saga Star Wars se conforma, para mí, de una gran película y dos buenas (la trilogía original) de las siete realizadas hasta la fecha, cosa que no arroja una buena media, y aun así, extrañamente, es capaz de ejercer una influencia tal como para gustarme gracias a un universo ciertamente rico y fascinante. Y tener ganas de ver estas películas es la mejor manera de afrontar la sobresaturación.

Vivimos en la era de las sagas y al que no sea capaz de aguantar a Marvel, DC, Star Wars… le espera una década muy angustiosa. No tienen por qué gustar todas y cada una de ellas –a mí me encanta el Universo Marvel pero, a un nivel cinematográfico, salvaría cuatro o cinco de todas sus películas–, pero están ahí y se pueden apreciar en cierto modo ya que es lo que quiere el público de ahora. “Es lo que hay”, como apuntaba antes. Puede resultar una corriente de pensamiento condescendiente, dejarse llevar y obviar todos los fallos, autoengañarse… pero es el modo de encauzar esta visión a largo plazo. Mentalmente tratar de no enfocarlas como películas sino como piezas de una obra mayor (trilogía, tetralogía, Universo, Fase… tiene nombres mil), porque como películas no todas ellas funcionan, pero en todas ellas hay algo para que funcionen como conjunto.

En el caso de Star Wars es algo más que una saga cinematográfica; es una cultura casi religiosa, no sólo entre sus fans, sino a un nivel profundo en el inconsciente colectivo (y los escaparates de las tiendas) y, como tal, supone una experiencia comunal. No me importa que El despertar de la Fuerza no haya estado a la altura, no hay nada de malo en ello, porque sé que estas historias no se acaban aquí y habrá muchas más. Unos spin-offs me gustarán más y otros menos, y quizá en el fondo ya no sean mis historias a partir de ahora, y me interese ver otras cosas. Pero me propongo acudir puntualmente cada año al cine a ver cada nueva película de la era Disney porque sé que son las películas para mi hermana. Esto es un Star Wars para una nueva generación de espectadores y yo estaré acompañándoles.

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© Disney / Lucasfilm

P.D: Mientras estábamos cenando esa noche le pregunté a mi hermana por sus impresiones sobre El despertar de la Fuerza y le hice saber que yo tenía serias quejas hacia su guión y me alegraba saber que J.J. Abrams ya no estaría presente en las secuelas.

– H: “¿Por qué? Si ha hecho ésta tiene que hacer las siguientes”.

– ÁNGEL: “Porque su trabajo era lanzar estas películas y ahora el turno le toca a otro; además tiene que estar lista en dos años y no le habría dado tiempo”. [procedo a enseñarle una foto de Rian Johnson, responsable de Brick, Looper y algunos de los mejores capítulos de Breaking Bad, como “Ozymandias”]. “Éste es el director de la siguiente y es mucho mejor director que Abrams, así que por eso tengo muchas ganas de ver el Episodio VIII”.

– H (con tono de sorna): “Pero si Abrams no hubiera hecho el Episodio VII no habría Episodio VIII”.

Y ahí me pilló la muy…

Quizá lo bueno se haga esperar.

  • serotonino

    La conexión emocional popular, con la trilogía original, es un hecho. La nueva divide, y son pocos quienes la defienden. No conozco a nadie de mi entorno que le haya gustado.

  • Jahngo

    Soy tu fan. Lo haré pensando en ti.

  • Carlos Alberto Lopez Romo

    Gracias,ahora ve a seguir matándote a pajas con tu película.

  • Jahngo

    Eres un crack. Pero no entiendo tu lengua…

  • Carlos Alberto Lopez Romo

    Ya deja de decir fruslerías friki pajero y lambiscon de primera.

  • Alex Ramber

    Eso no pasa, según tú claro. A mí ésta me ha fascinado menos, porque Star Wars ya no es novedad, pero me ha emocionado más, por las mejores actuaciones. Ver a Mark Hamil en ep IV, en versión original (el diblaje lo salva un poco) da vergüenza ajena. Te recomiendo ver TFA en versión original. Saludos.

  • Jahngo

    Menos mal que te lo contestas a ti mismo, espabilado!

  • Carlos Alberto Lopez Romo

    Deja de decir fruslerías y agradezco que mace windu te haya cortado la cabeza por soperutano.

  • Meitantei872

    Yo al escuchar a Obi Wan en el retorno, siempre imaginé a un hombre bueno que utilizó unas cuantas veces el lado oscuro y al final le fue imposible dejar de hacerlo por el gustito que daba. Lo que Lucas nos dió fue un tanto rocambolesco si….

    Es por ello que el meter a un Anakin adulto ya en el episodio I hubiese estado más que acertado. Y que hubiese echo uso del lado oscuro en ella por supuesto. Más que nada porque ese era el eje central de las precuelas y parece el más descuidado de todos.

  • Jahngo

    Con todos los respetos a todos los que habéis encontrado en el concepto Mary Sue, un recurso casi novelesco para imponer vuestras opiniones, vamos a analizar un poquito el personaje de Rey en esta película:

    – Rey libera a los Rathars por una torpeza al accionar el dispositivo consiguiendo que casi maten a Finn.
    – Su vida no es precisamente ideal. No aparece rodeada de lujos, peinados y vestidos distintos (Amidala?) Sobrevive buscando chatarra por una ración de comida. No tiene apenas agua para saciar su sed.
    – Su mente está anclada en Jakku, lo cual le hace tomar malas decisiones.
    – De inicio rechaza el sable de Anakin/Luke, no hace caso a Maz y huye al bosque metiéndose en más problemas.
    – La dejan inconsciente y se la llevan presa.
    – Falla con los disparos del blaster (como un soldado de asalto cualquiera)
    – Falla dos veces al intentar el truco mental.
    – Falla al no evitar la muerte de Han Solo, personaje al que tiene gran apego durante la peli.
    – Falla al no evitar que a Finn le hagan un siete en la espalda, personaje al que tiene mayor apego aún.
    – La estampan contra un árbol cuando se quiere enfrentar con el villano principal.
    – Muestra claros signos de flirteo con el Lado Oscuro a la hora de superar a Kylo (que al contrario, flirtea con el Lado Luminoso).

    Me parece una pasada que se hable de MarySue, siendo Star Wars un blockbuster, cuando somos capaces de tragarnos durante todos estos años a personajes como James Bond, Indiana Jones, Kevin Costner en cualquiera de sus interpretaciones, Tom Cruise en cualquiera de las suyas y hacerlo sin rechistar. No quiero ni mencionar el tema del sesgo por aquí porque es tener prejuicios y es algo que no me gusta pero huele por los cuatro costados…

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El retrato de la decadencia.

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No es la secuela complaciente (replicante), sino la secuela merecida.

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Documental convertido en autorretrato de uno de los fotógrafos esenciales de nuestro país.

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Futuras promesas. Terror ya visto.

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La madurez del terror español.

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