Críticas

Spotlight

Harry Knowles, uno de los blogueros pioneros sobre el cine y la cultura nerd, recientemente achacaba el hype de esta película a la tendencia de los periodistas a “masturbarse sobre el lugar que ocupan en el mundo”. Quizá Knowles lleve algo de razón, porque a todos los que nos hemos dedicado alguna vez a ello se nos ponen irremediablemente los pelos como escarpias al perdernos en la mirada del editor Walter “Robby” Robinson (Michael Keaton), mientras desfilan ante él los camiones que transportan una edición del Boston Globe que alterará para siempre los cimientos de la ciudad que le ha visto nacer. Y ya cuando nos muestran a un grupo de reporteros a los que por el mero hecho de dejarles hacer su dichoso trabajo, tienen la oportunidad de mejorar algo la sociedad en la que viven, entonces puede que nos marquemos un Benigni y saltemos entre butacas mientras agitamos pañuelos al viento.

Luego, con la cabeza ya fría, también se puede reconocer que Spotlight corre serio peligro de caer en esa categoría de películas que cuentan cosas trascendentales de manera tan encomiable y coherente con lo que se proponen desde la primera hasta la última escena, que parece pecado admitir que puedan provocar tibieza en el espectador por su falta de capacidad de conectar a un nivel emocional básico. Otros defenderán a capa y espada que la indudable solidez del conjunto – dirección, guión, montaje y actores-, el aval de cuantiosos premios y nominaciones de renombre (6 a los Oscars, nada menos) y su impecable altura moral, son garantía de irreprochabilidad. Creo que ambos argumentos son válidos, e intentaré explicar por qué.

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Al igual que el destape del caso Watergate, el esfuerzo que realizó a principios de este siglo el equipo de investigación del Globe para sacar a la luz los numerosos casos de pederastia en los que se vieron envueltos decenas de sacerdotes católicos de la archidiócesis de Boston, es una de los cruzadas periodísticas más dignas de ser inmortalizadas en el cine. En esta ocasión no se provocó la dimisión del presidente de la primera potencia mundial, pero por primera vez se mostró a las claras que los abusos sexuales a menores en el seno de la Iglesia Católica no eran cosa de unas pocas “manzanas podridas”, sino que era un problema sistemático y global ante el cual las altas esferas eclesiásticas preferían correr un tupido velo. A partir de entonces la milenaria institución comenzó a mirarse el ombligo y empezó un proceso regenerativo que llevó, entre otras cosas, a la elección de un papa rompedor como Francisco.

El realizador y coguionista Tom McCarthy bebe del libro de estilo de Todos los hombres del presidente para plasmar con ambición metódica los detalles y pormenores de una investigación que se prolonga durante meses, lo que incluye las entrevistas a fuentes, las consultas a archivos y la búsqueda de referencias cruzadas con tablas de Excel. Para que no le saliese un procedimental genérico, McCarthy se alió en la confección del libreto con Josh Singer, quien se curtió en El ala oeste de la Casa Blanca, donde el “walk and talk” se convirtió en arte. Una pléyade de actores intachables (Mark Ruffalo, John Slattery, Rachel McAdamas, Liev Schreiber, Brian d’arcy James, Stanley Tucci y el mencionado Keaton) y un montaje acertadamente clásico y ágil por parte de Tom McArdle, ponen lo que falta para que la cinta no tenga caídas de ritmo y se siga con el máximo interés de principio a fin.

McCarthy fue criado como católico y luego educado por los jesuitas del Boston College, pero lo que busca no es un ajuste de cuentas. Lo que le interesa realmente es homenajear sin estridencias y melancolía a una manera de hacer periodismo que empezó a morir con el cambio de siglo y la explosión de internet, y que hoy en día ya casi no existe. El homenaje velado condiciona tanto el fondo como la forma, porque el estilo acaba siendo marcadamente periodístico: los hechos, aunque sean gravísimos, se exponen, pero no se subrayan ni se juzgan. A los periodistas no se les presentan como héroes, ni como personas especialmente brillantes, sino como hombres y mujeres comprometidos con su trabajo y que pueden desempeñar una tarea reseñable de servicio público si cuentan con las condiciones adecuadas. Y la dirección se somete a la máxima de la cero intromisión, con mucho plano medio para otorgar protagonismo a las conversaciones. Hasta Howard Shore se muestra comedido con una simple y efectiva partitura que apenas varía para acompañar a las transiciones y a los montajes de investigación.

Si se analiza la película desde el punto de vista de los que se propone y lo que logra, la victoria de McCarthy es incontestable. Si la cuestión es si estamos ante uno de los grandes triunfos cinematográficos del año, el debate está mucho más abierto.

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El principal riesgo al que se enfrenta la cinta es que su propuesta puede traducirse en desapego (que no aburrimiento, insisto) en el espectador. Los personajes, aunque sea a propósito, están tan desprovistos de complejidad o carga emocional que apenas generam empatía o identificación, salvo a nivel profesional. Apenas hay acceso a su vida privada y las consecuencias personales de la investigación son tratadas con bastante ligereza. El margen que se concede se limita prácticamente a los brotes temperamentales del personaje de Ruffalo o las cuentas con su pasado del de Keaton, pero no hay mucho más donde asirse.

Está claro que McCarthy es un hombre con una misión, y no quiere distracciones, pero las comparaciones son inevitables con la otra gran elegía sobre el periodismo contemporáneo, la quinta temporada de la serie televisiva The Wire, donde precisamente él mismo encarnó a uno de los personajes principales. Ninguno de los de Spotlight se acercan siquiera a la dimensionalidad emotiva y al carisma del editor Gus Haynes (Clark Johnson) que creó David Simon. Por supuesto no es lo mismo hacer una película de dos horas que una temporada de 10 episodios, pero en la que nos ocupa se echa definitivamente de menos un factor emocional que la eleve al siguiente nivel.

La paradoja es que, por ser fiel a la historia, McCarthy ha sido algo infiel a si mismo. Si hay algo que caracteriza a gran parte de sus obras anteriores (Vías cruzadas, The visitor; Win, win e incluso Up, donde participó en el guión) es su milimétrico estudio de personajes, con el nexo en común de la soledad, algo no ajeno a los workalholics periodistas de Spotlight. También cabe pensar que si hubiera tirado por ahí quizá no estaríamos ahora ante una película tan relevante y necesaria. Lo dicho, el debate está abierto.


Tom McCarthy | Josh Singer, Tom McCarthy | Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber, John Slattery, Brian d'Arcy James, Stanley Tucci, Elena Wohl | Blye Pagon Faust, Steve Golin, Nicole Rocklin, Michael Sugar | Michael Bederman, Bard Dorros, Jonathan King, Peter Lawson, David Mizner, Pierre Omidyar, Tom Ortenberg, Jeff Skoll, Patrice Theroux, Harold van Lier | Howard Shore | Masanobu Takayanagi | Tom McArdle | Stephen H. Carter | Anonymous Content, First Look Media, Participant Media, Rocklin / Faust | eOne Films |
  • Txema Ballano

    Dos semanas después de su estreno por fin la vi. La verdad es que no iba a dejar ninguna crítica, me iba a limitar a dar positivos a los comentarios que viera más cercanos a mis puntos de vista, pero al menos no quería dejar pasar la oportunidad de comentar una sensasión que me dejó la película: la temenda losa que te deja una vez empiezan los títulos de crédito.
    Chafados. Así es como uno acaba cuando el final del film te muestra de golpe la brutalidad de los hechos. Hechos con los que la película podría recrearse para hacernos retorcer en la butaca o buscar el ataque lacrimógeno. Pero no lo hace, se dedica a la investigación, a como llegó a salir a la luz todo gracias a este grupo de periodistas y nos muestra todas las capas por las que pasan dichos personajes.
    Me encantó y me dejó destrozado a partes iguales.
    Por otro lado, ya hablando solo de la dirección, me gusta que sea mostrada de forma directa, sin trucos de cámara ni planos inverosímiles o cosas similares. Eso consigue que solo los tenga presentes a ellos, a los actores y no a su director. Actores los cuales están estupendos.
    En fin, de obligado visionado.

  • Willyeyes

    Para mi es de lo mejor del año, un tema tan espinoso y polémico se prestaba para realizar algo totalmente distinto a esta centrada película.

    El hecho de mantener un poco al margen la vida personal de los protagonistas me pareció un total acierto, a final de cuentas no son ellos los protagonistas. Esta dirigida y actuada con una sobriedad que en mi provoco muchas sensaciones y que se termino de coronar con esa lista en los créditos finales.

    Considero una verdadera lastima que esta película no vaya a ser vista por quien realmente debería verla, esas personas que ven a una religión y sus integrantes como lo mas sagrado del mundo.

  • CinéfiloCascarrabias

    Totalmente de acuerdo

  • GoldenEyeEDD

    Va incluido en el paquete, pero sí, grande Tucci.

  • Marius de Moraes

    Hay una moda de cine impecable y frío que me jode. ¿Por qué iba a querer yo como espectador ver como consiguen lo que quieren estos personajes intercambiables si apenas me caen bien? (Por cierto The West Wing es lo opuesto a Spotlight en ese sentido).

  • CinéfiloCascarrabias

    A mi no me gustó nada Birdman (bueno sí, Edward Norton me pareció que estaba cojonudo) y The Revenant me ha encantado.

  • CinéfiloCascarrabias

    Yo creo que, más que estilo documental, lo que pretende Spotlight es ser fría. No diré objetiva porque para mi la objetividad no existe pero sí que me dio la sensación de que nunca se pretendía buscar el sentimentalismo, sino dar un mayor protagonismo a la investigación periodística. Solo hay una (para mi magnífica) escena en la que se busca que el espectador se involucre sentimentalmente, la de la bronca entre Mark Ruffalo y Michael Keaton, pero el personaje de Keaton acaba rápidamente con eso.

    Respecto a lo de Todos los Hombres del Presidente, estoy totalmente de acuerdo contigo.

  • CinéfiloCascarrabias

    Y no te olvides de Stanley Tucci. Es asombroso.

  • Carnivex

    SPOILERS SUPONGO.
    Estoy de acuerdo en lo que dice la crítica de la cero intromisión del director. No hay alardes de cámaras, ni piruetas visuales, ni maldita falta que le hacen. Me dic muchísimo más y me basta con la sencilla imagen de una iglesia alzada de fondo sobre la casa de uno de los entrevistados.

    En lo que ya no estoy de acuerdo es en lo del desapego con los personajes. Sí, durante gran parte de la película son sólo periodistas destapando algo sucio y grande, pero cuando nos muestran su interior con el caso pues me ganan sólo con unos cuantos detalles: el padre de familia observando la casa donde residen esos malnacidos ceca de su barrio, la nieta enseñando la verdad a su abuela muy creyente sobre lo que sucede en la Iglesia… etc.

    Además, los verdaderos protagonistas con los que debemos sentir apego es con las víctimas, actores que aparecen menos en pantalla y te derrumban el alma con su actuación e historias.

    Vamos, que me chifló la peli, tíos.

  • danielsatueotin

    No he visto The revenant. La veré la semana que viene con La gran apuesta. La gran apuesta me da que no me va a gustar demasiado. De The revenant, pues no sé, a mí Birdman me parece virtuosismo técnico al servicio de la nada y puede que esta sea tres cuartos de lo mismo.

    Esperaré tus comentarios sobre The revenant para hablarte de Spotlight.

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