Opinión

Adiós Canal +

A un clásico hay que despedirlo en condiciones.

plus

Este pasado lunes, 1 de Febrero, Canal + dijo adiós. Al menos el plus de toda la vida, ya que aún quedan sus hermanos exclusivamente centrados en cine, series y deporte. Pero aquel con el que crecí, aquel que fue el primer canal de pago en España y que se convirtió en una nota de distinción en hogares y bares de toda el país, ha dicho adiós para ceder su espacio a #0, el nuevo canal de Movistar +.

Cuando aún vivía en Vitoria, en 1990, aterrizaron en nuestros hogares tres nuevos canales de televisión: Telecinco, Antena 3 y Canal +. Hasta entonces sólo habíamos tenidos dos cadenas nacionales entre las que elegir, y dependiendo de la comunidad autónoma, uno o dos canales regionales más. Se hizo la luz a nivel catódico. Un instante en el que surgieron a la vez la telebasura y la televisión de pago centrada en el contenido de calidad. Mamachichos y cine de estreno tras lustros de misas diarias en La 2 que llevaron a que por fin aprendiéramos a hacer zapping.

Aquel Canal + fue la versión española del canal homónimo francés, que llegaba de la mano de PRISA, el conglomerado de empresas de comunicación presidido por Jesús de Polanco (El País, la SER). Las emisiones comenzaron un 8 de Junio, y en él se mezclaba contenido en abierto y codificado. Las emisiones gratuitas las formaban programas míticos como El día después, Primer plano, Lo más +, la música de los 40 Principales o Magacine, junto a series legendarias como Búscate la vida, Padres forzosos, Primos lejanos, Frasier, Seinfield o Friends. Era la puerta de entrada al contenido codificado de pago, que se centraba especialmente en cine de estreno, fútbol y toros.

Ese mismo año, tuve la suerte de que un buen día mis padres me presentaran a mi amigo el decodificador y su llave:

No recuerdo la fecha exacta, pero sí la película que se estrenaba aquel día a las 10 de la noche, Batman, de Tim Burton. Para un chaval que amaba el cine la felicidad consistía en el combo formado por Canal + y el videoclub. Como suscriptor, que por entonces era un signo de distinción, recibías religiosamente tu revista con toda la programación del mes, que me estudiaba de arriba a abajo, además de detallitos de bienvenida como el CD con la banda sonora del canal con la sintonía oficial, obra de Manolo Sanlúcar, o el rap de Canal +.

Más o menos en la época en la que empezó a picarme abajo nos mudamos a un pueblo cercano, Bitoriano (sí, con B), y empezó a surgir esa llamada al pecaminoso mundo de la pornografía. Para los que sois jóvenes el acceso al porno está a un clic de ratón y con una oferta ilimitada, pero en aquella época no teníamos esa suerte. En 1994, acceder a pornografía para un adolescente era como para Indiana Jones arrebatar el Arca de la Alianza a los nazis. En mi casa no había revistas guarras. Lo más parecido eran un par de libros didácticos sobre la reproducción humana, uno titulado como ¿De dónde vienen los niños?, con unos dibujos de un matrimonio con cabezas mayúsculas, y otro con fotos de una familia de jipis donde todos se duchaban juntos y se señalaban los genitales. Not my shit. Sólo quedaban dos opciones, recurrir a las revistas que esporádicamente rulaban por el colegio y cuyas páginas estaban pegadas con el semen de media clase, o bien esperar pacientemente al viernes de madrugada, rezar para que tus padres se fueran pronto a dormir, levantarte de la cama sigiloso como un ninja y acabar encendiendo la tele con el volumen al mínimo. Allí estaba la porno del plus, con actrices hipermaquilladas, actores con pelo aceitoso y decorados de cartonete. Una estética algo bajonera que no dinamitaba la sensación de haber encontrado el fruto prohibido, no como tus amigos, que seguían probando el truco de poner un colador delante de la emisión codificada a ver si así se intuía algo. Canal + fue, en definitiva, mi puerta de acceso al cine zambobas, como pasó a tantos otros.

CANAL + SE ENFRENTA AL MUNDO REAL

Mi transición a la edad adulta coincidió con las digievoluciones del canal que, cuando empezó a emitirse también por satélite, dejó de ser uno para convertirse en familia, dando lugar a Canal Satélite Digital. Una mayor oferta y una mayor variedad de horarios que encontró la rivalidad de Vía Digital, la respuesta de Telefónica a aquel servicio de pago, fruto de la recién empezada “Guerra del fútbol”. La llegada del PP al gobierno vino acompañada de la cancelación del contrato que la LFP tenía con Canal + y la FORTA, y con ello el caos. Tras una compleja batalla legal y de compra de acciones, ambas compañías llegaron a un acuerdo equitativo y ofertaban partidos de liga con la fórmula de “pay per veiw” que se ha mantenido hasta hace bien poco. La dura pugna entre ambas compañías fue la traslación al mundo televisivo de la caldeada rivalidad entre PSOE y PP, ya que cada partido había favorecido sin disimulo los intereses de sus grupos mediáticos afines. Pero por poderosa que fuera Telefónica, CSD era la que tenía el grueso de abonados del país y pese al buen crecimiento de Vía Digital las deudas acabaron con ella. CSD acabó absorbiendo a su rival en 2003 tras seis años a la gresca, dando lugar a la nueva mutación, Digital +.

Eso sí, aquel triunfo fue el principio del fin de lo que hasta hace 48 horas conocíamos como Canal +. Telefónica podía perder la batalla, pero no la guerra. Y si Sogecable, la filial televisiva de PRISA, dominaba el mercado de la televisión de pago, Telefónica lo hacía con el de las telecomunicaciones, algo que en la era de Internet ha acabado suponiendo una ventaja estratégica descomunal. Era cuestión de esperar pacientemente a que el viento soplase a favor. Esperar a que se desarrollase la televisión IP, a ser la primera empresa en ofrecer conexión de fibra óptica a nivel nacional, a que PRISA, aquejada por las deudas, se vendiese por trozos tras la muerte de Jesús de Polanco y entonces, ¡zas! dar la estocada a quien 12 años antes le venciera por goleada. Si no puedes con tu enemigo, cómpralo.

Casualmente puede vivir desde dentro el inicio de la debacle de Canal + en 2008. Durante 6 meses fui becario de realización, concretamente haciendo autopromos para los distintos canales de cine de Digital +, ayudando eventualmente en algún programa de producción propia y pudiendo ver nacer mi programa favorito en la actualidad, Ilustres Ignorantes. Un periodo en el que vi cómo los trabajadores empezaban a sufrir los primeros cambios derivados de la deuda del grupo PRISA y de la muerte de su presidente el año anterior. Pese a que me hubiera gustado continuar allí y haber exprimido más mi estancia, fue una etapa bonita, al formar parte de algo que 18 años antes había sido un regalo sorpresa y que me ayudo a ser parte de lo que soy ahora. Aún se vivía la convicción de hacer una televisión especial, pero también se palpaba la sensación de que aquello no sería eterno.

EL FIN

Telefónica, desde que cerrase la compra del total de Canal + hace ya varios meses, ha actuado con bastante inteligencia. La plataforma resultante, Movistar +, ha hecho de los contenidos del Digital + el núcleo de sus servicios premium y ha convertido Yomvi, ya madurada durante los años previos, en su app para ver contenido en distintos periféricos. También ha entendido que el valor añadido más jugoso para los abonados era crear con todos los contenidos una versión potentísima de televisión a la carta. Han sabido seguir el lema de no arreglar lo que no está roto y mejorar aquello que podía ser un plus para sus abonados.

Sin embargo, este último movimiento, esa estocada innecesaria a Canal +, que parece una venganza simbólica de la guerra de antaño, puede haber sido su primer tropiezo. Es muy pronto para valorar #0 y es cierto que a futuro seguirá primando el contenido a la carta porque es el lugar al que evoluciona el consumo televisivo, pero ya se nota esa tendencia a querer gustar a todo el mundo que Canal + nunca necesitó para convertirse en lo que fue. #0 se ha concebido como el canal estrella de Movistar + y, pese a su mayor dotación presupuestaria, su clara deriva a lo que ya ofrecen otras televisiones generalistas puede acabar con mucho de lo bueno del difunto canal, caracterizado por ofrecer lo que no ofrecían otros, por cuidar al espectador exigente. Ya no será un canal distinto, será otro más. De momento han sabido salvar algunos de los programas más relevantes de la última etapa, como el longevo El día después o Ilustres Ignorantes, pero todo apunta a que serán los vestigios de una época pasada que Telefónica parece empeñada borrar a toda costa. Queda cruzar los dedos para que la clara apuesta por la producción propia de Movistar +, que parece que tendrá en #0 su lugar de emisión, mantenga el listón por encima de la media de las televisiones en abierto.

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • John Ryder

    Enorme, Javi. Entre la nostalgia, lo informativo, los buenos apuntes personales y la risión… esa referencia a la educación con el porno del Plus es oro puro. Por ese filtro pasamos todos, tuviésemos el canal o no (como era mi caso… achine de ojos y decepción cuando a los tres segundos de partido -tras el previo- o película codificaban la emisión XD).

    A destacar la melodía de Manolo Sanlúcar y el minimalismo del diseño promocional del canal, que me hipnotizaban. Cuando iba a casa de alguien que tenía el Plus me devoraba la revista del mes (aunque fuese de meses atrasados), así que me puedo identificar con esa sensación de maravilla y emoción al abrir una caja de sorpresas y alucinar con las películas y programas que se estrenaban. Luego llegaba la vuelta a la dura realidad… en mi casa no se estaba dispuesto/no se podía pagar por dicho canal. Como otros han dicho, al principio se consideraba en muchos sitios como un signo de distinción, capricho o lujo.

    Los programas en abierto que podía ver y que me gustaban ya han sido mencionados, así que yo sólo haré referencia a la serie de animación ‘Bravestarr’ que, si no me equivoco, ¿empezó a emitirla el Plus?

  • Barbra Hood

    muy miticos los guiñoles, hacian pasar un rato genial y estaban curradisimos!

  • John Ryder

    ‘Lo Que El Ojo No Ve’, aquella pequeña y curiosa sección que ha sido alargada y prostituida para hacer esos programas que señalas… añádele el formato heredado de ciertos programas de corazón a lo ‘Qué Me Dices’, ‘Aquí Hay Tomate’ y similares, la excusa de hacer “más visual y cercana” la información deportiva y la eliminación de dicha información deportiva y… voilà!

  • Meitantei872
  • John Ryder

    Antes de Pedrerol estuvo Lobo Carrasco (ambos antes de ser devorados por sus ‘personajes’ actuales de tertulianos y parroquianos de bar mugre), pero supongo que te refieres a Ignacio Lewin… qué recuerdos…

    http://1.bp.blogspot.com/_UW2nqnbNysM/SYwecDeeu2I/AAAAAAAAAKg/_tDfAP7_wEo/s320/Cap%C3%ADtulo+4.bmp

  • Meitantei872

    Échale un ojo Leto. Cine de aventuras 100% y una BSO que no tiene desperdicio. 😉

  • Meitantei872

    Y este pedazo de Temazo que me pone los pelos como el lomo de un Critter!

    http://youtu.be/CsiUQV7DyE8

  • Meitantei872

    O como hacían muchas veces ahora que mencionas esa escena: quitar los créditos y meterla directamente. Así es como vi por primera vez la identidad de Moriarty aquellas Navidades en telecinco. Un método que también le quita la gracia a la esencia de dicha escena. Pasas del final directamente a ella y no es lo mismo tampoco.

  • JoakinMar

    No he visto esa de Cuenta Cuentos, así que no opino sobre ella.

  • Leto83

    Los putos gatos samurai!!! Qué grandes coño.

Críticas

liga de la justicia

Cuando el remedio es peor que la enfermedad.

marrowbone

La losa de la lógica.

fe de etarras

El retrato de la decadencia.

blade runner 2049

No es la secuela complaciente (replicante), sino la secuela merecida.

alix

Documental convertido en autorretrato de uno de los fotógrafos esenciales de nuestro país.

Twitter

Podcast