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Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria (y VII)

Por Nauzet Melián (@nowseed)

Última jornada del festival. Tras una semana intensa y llena de filmes muy variados, llegamos al visionado de las dos últimas películas que participan en la sección oficial. Se trata de Chant D’Hiver (Otar Iosseliani, 2015) y La Tempestad Calmada (Omar A. Razzak, 2016).

Chant D’Hiver (Otar Iosseliani, 2015)

La nueva película de Otar Iossealiani es una comedia sobre dos viejos amigos que viven una aventura urbana con espacio para la sátira y la parodia en un marco onírico.
Chant D’Hiver tiene una estructura poco convencional, ya que su narración es fragmentada y su montaje parece anárquico por momentos. Continuos saltos entre subtramas de personajes que tienen poco peso en la historia, y que se cruzan con los protagonistas por puro azar, creándose microhistorias ligeramente interconectadas.

El comienzo de la película es fantástico, ya que se trata de un prólogo establecido alrededor de la ejecución de un aristócrata francés. Su tono cómico funciona a la perfección y sienta una base prometedora, pero la película se desinfla en cuanto decide mezclar pasado, presente y futuro de manera anárquica y evitar en todo momento una línea narrativa que conduzca la trama hacia algún lugar.

Por momentos, la cinta de Iosseliani parece un conjunto de sketches vagamente relacionados, cuyo único propósito es satirizar su contenido y buscar la hilaridad en situaciones que no parecen predispuestas a ello. Hay secuencias aisladas muy divertidas, como la conversación de los ancianos en un banco con un hombre que desea enamorar a una chica. Desgraciadamente son escenas que sólo consiguen mantener a flote la película durante un tiempo determinado.

Chant D'Hiver

El director tiene un estilo definido, y nunca permite a la historia caer en convencionalismos. Tiene un objetivo marcado con el tono y ejecución de la historia, y lo lleva hasta las últimas consecuencias. Valoro su personalidad, y admiro su puesta en escena, pero no me ha convencido su narrativa. Es una verdadera lástima, porque cuando los gags funcionan, la película es divertidísima. Pero el desequilibrio entre intención y ejecución lastra muchísimo la cinta.

Chant D’Hiver es un experimento interesante pero incapaz de sostener su poderoso estilo sobre unos cimientos narrativos que impulsen y expandan su idea de partida. Un par de escenas brillantes no suponen suficiente bagaje para quedar satisfecho con el conjunto.

La Tempestad Calmada (Omar A. Razzak, 2016)

Segundo largometraje del español Omar Razzak tras el documental Paradiso. La Tempestad Calmada está dividida en tres secciones diferenciadas. La primera sección se centra en la vida de los habitantes de una pequeña isla, y la atención recae en un viejo barco pesquero y la tripulación del mismo. La segunda sección de la historia nos traslada al interior del barco, y este apartado se limita casi en su totalidad a observar en gran detalle las sensaciones de la tripulación durante una fuerte tormenta. Por último, la sección final nos muestra la conversación entre un padre y su hijo, los cuales tienen opiniones opuestas sobre la vida en la isla pero perfectamente coherentes con sus vivencias y edades.

Omar Razzak ha filmado toda la película en planos fijos, proporcionando un visionado inmersivo al espectador. En el primer capítulo asistimos a escenas intimistas entre mayores y jóvenes, donde se transmiten conocimientos sobre la pesca y la reparación de redes, entre otras cosas. Además, los planos fijos están acompañados de una DELICIOSA fotografía que enfatiza el escenario por contraste, imperando el uso de planos medios y primeros planos donde la luz acentúa los rostros de los personajes.

La segunda sección de la película lleva el recurso anteriormente citado a su máxima expresión. Una tormenta se acerca, el sonido aumenta gradualmente, y presenciamos con fascinación primeros planos de los rostros de la tripulación, planos silenciosos en lo verbal, pero estruendosos en lo visual. El sonido de la tormenta crece imparable, y los ojos de la tripulación se convierten en ventanas hacia sus pensamientos, sus miedos. Es un ejercicio de minimalismo narrativo poderosísimo.

La Tempestad Calmada

La cinta cierra con un capítulo final focalizado en la conversación entre un padre y su hijo. Razzak compone un plano fijo en el interior de una habitación que conecta con una amplia terraza con 2 puertas. Los marcos de las puertas encierran a padre e hijo, que miran al horizonte con posturas muy similares. Es una imagen que define a la perfección la conexión que existe entre ambos, pero al mismo tiempo las distintas visiones que tienen de sus vidas. El director nos lleva a la terraza en un plano donde vemos a los personajes de perfil. Hablan en la distancia, apenas vemos sus caras. Sus posturas y movimientos de brazos siguen siendo similares, pero las opiniones se contraponen. Mientras el hijo siente que debe abandonar la isla, aprender lo que significa la vida fuera de ella, y encontrar su propio camino (aunque éste signifique terminar irremediablemente en la isla de nuevo), su padre tiene una visión conformista. Él siente que su tiempo ha pasado, que las aventuras y decisiones de envergadura ya fueron realizadas, y se resigna a una vida monótona debido a su edad y sus hábitos. Es una escena simple, honesta, natural, llena de simbolismos y absolutamente perfecta. Una de las mejores secuencias de todo el festival.

La Tempestad Calmada es una historia sencilla y minimalista que trasciende más allá de sus maravillosos planos y espectacular fotografía, gracias a una narrativa guiada por el poder de las imágenes, y un uso del simbolismo sobresaliente. Una de las cintas más poderosas que he visto en el festival.

Críticas

buster

Todos pasamos al otro lado con las manos vacías.

animales2

El precalentamiento (segunda parte).

apostle

Otro ejemplo de buenas ideas diluidas en una puesta en escena adormecida y un protagonista sin sal.

rev1

El amor nos salvará a todos.

el reino

Caída en picado en el pozo de la corrupción.

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