Críticas

Hitchcock/Truffaut

Rara vez el gran público tiene la oportunidad de ver documentales biográficos especializados. Los más conocidos nos presentan un boceto inacabado y superficial de la persona. Terminan centrados en la percepción que tenemos del individuo en lugar del individuo en sí. Estos últimos meses, documentales como Messi o Amy han seguido ese derrotero por miedo quizás a perder a la audiencia en un laberinto de tecnicismos. Messi nos presentaba a un superhombre en lugar de un jugador revolucionario, Amy a una figura caída en lugar de una erudita de su disciplina.

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Hitchcock/Truffaut, sin embargo, nos presenta a sus protagonistas como lo que son: cineastas, como El Misterio Picasso de Clouzot nos presentaba al malagueño como lo que era: un pintor. Y lo hace a través de una clase magisterial de 80 minutos de duración en la que un británico universal te habla desde 50 años de distancia sobre la pasión que le definió, el cine. No sobre un “aspecto” del mismo. Sobre el cine en sí. En esta maravillosa obra, el programador del Festival de Nueva York, Kent Jones, y el ex presidente de la Cinémathèque, Serge Toubiana, convocan a un supergrupo de profesores contemporáneos con el ánimo de iluminar sobre el cine de Hitchcock, sin miedo a emplear la terminología del gremio de la manera más amable posible, y por extensión sobre la manera en la que un cineasta consigue comunicar a través de la imagen y el sonido los demonios de ideas que contiene su cabeza. No solo es especializada, lo que es un regalo. Es más que eso: es esencialista.

Y es un esencialismo comunicado de una forma tan humilde y accesible que atraviesa barreras de conocimientos y hace esta obra disfrutable por igual para quienes desconocen, para los iniciados y para los intermedios, mientras los profesionales recuerdan los fundamentos que les enseñaron en la escuela. Los mismos fundamentos que una vez aprendieron Martin Scorsese, David Fincher, James Gray o Wes Anderson, que funcionan aquí como apasionados tutores y contrapunto actual a la piedra de toque sobre la que se sustenta el documental: los ocho días de conversaciones entre Truffaut y Hichcock que dieron origen a uno de los libros cinematográficos más admirados de la historia.

No deja de resultarme curioso que el carácter didáctico de este documental aparezca a través de un regate histórico. Como el propio cineasta francés reconoce al inicio de la película, sus entrevistas con Hitchcock partieron del deseo que tenían tanto él como sus camaradas de la revista Cahiers du Cinéma de reivindicar la figura del cineasta británico – hasta entonces, a su entender, reducido vulgarmente a un “machaca” – como un artista con deseos y obsesiones íntimas y personales que transpiraban en cada fotograma. Sucede, y ahí está la gracia, que en 2016 ese ánimo revindicativo no es necesario. Hitchcock ya ocupa un lugar ilustre en el panteón. La exaltación de su figura es innecesaria.

Es por eso que, sospecho, Jones y Toubiana deciden no golpear a un caballo muerto. En su lugar, prefieren indagar por qué Hitchcock ha influenciado a generaciones enteras de cineastas y lo hacen acudiendo a la fuente misma: el cine. Deciden ahondar en la comprensión que Hitchcock tenía de su disciplina y piden opinión a sus herederos. A lo largo del metraje, Scorsese elucubra sobre el uso que Hitchcock hace del plano cenital, por encima de los personajes, mientras pondera el sentido “católico” — “es como el ojo de Dios”, se plantea — que esconde la decisión de Hitchcock de situar la cámara exactamente ahí, y no en otro lado. James Gray razona sobre el montaje, sobre la manera en la que el cine manipula el tiempo en función de los momentos en los que editamos la película. Hitchcock/Truffaut nos revela el significado que esconden dos imágenes superpuestas, la utilidad de meter una bombilla encendida en un vaso de leche para iluminar su contenido y captar así la atención del espectador, nos explica el factor sorpresa y del uso del aburrimiento como sorpresa. Nos cuenta que a veces se muestra, a veces se susurra, a veces se elude. Planos aparentemente vacíos de la celda de Falso Culpable nos transmiten la soledad que espera a los apresados. Nos habla de narrar ideas, de la forma en la que un cineasta las expresa y las comunica al mundo.

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“Tenía toda la película en su cabeza”, declara David Fincher, casi estupefacto. Es el elogio máximo que puede dedicar un profesional a otro y Fincher lo hace en un documental que no hace el más mínimo esfuerzo para intentar profundizar artificialmente en la mente de Hitchcock porque su carácter – sardónico, racional, obsesivo, tocapelotas – se manifiesta a través de su labor. En un momento dado, Truffaut y Hitchcock comentan una escena de Los 400 Golpes, el debut cinematográfico del primero, considerada una de las obras más importantes del siglo XX. Y sucede ésto:

“Yo habría cortado antes”, dice Hitchcock.
“…¿Sí?”, contesta Truffaut.
“Claro”, replica Hitchcock con toda la naturalidad del mundo, como si Truffaut hubiera puesto una brida a un unicornio.

Truffaut se ríe. Pero la franqueza, la candidez y la magia que escondían esa declaración no le abandonaron nunca.

“El hombre estaba muerto, pero no el cineasta” – escribió Truffaut en la edición revisada del libro, en memoria tras el fallecimiento del director británico – “Porque las películas que realizó con amoroso cuidado, con pasión exclusiva y profundas emociones ocultas bajo una excepcional maestría técnica están destinadas a circular por todo el mundo, compitiendo con nuevas producciones, desafiando el paso del tiempo y confirmando la imagen que Jean Cocteau tenía de Marcel Proust: ‘Y su trabajo seguía viviendo, como los relojes en las muñecas de soldados muertos’”.


Kent Jones | Kent Jones, Serge Toubiana | Mathieu Amalric (narrador), Wes Anderson, Olivier Assayas, Peter Bogdanovich, Arnaud Desplechin, David Fincher, James Gray, Kiyoshi Kurosawa, Richard Linklater, Paul Schrader, Martin Scorsese. | Jeremiah Bornfield | Nick Bentgen , Daniel Cowen, Eric Gautier, Mihai Malaimare Jr., Lisa Rinzler, Genta Tamaki | Rachel Reichman | Charles S. Cohen, Olivier Mille, Rachel Reichman | John Kochman |

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