Críticas

Dos buenos tipos

Una mujer espectacular yace desnuda e inerte delante de un niño que sujeta un Playboy en el que aparece precisamente ella. El niño coloca su chaqueta para cubrirla pudorosamente antes de que lleguen más testigos. Ella es un ser humano y es una cuestión de dignidad. Y dignidad abunda en Dos buenos tipos, una versión “user-friendly” de su director y guionista, Shane Black, que nos remite a dos momentos puntuales de su carrera cinematográfica: es una suerte de combinación de El Último boy scout, de la que rescata por un lado su nostalgia por el pasado, por otro su cavernícola, testaruda e irreductible noción sobre la dignidad masculina; y de Kiss Kiss Bang Bang, de la que toma su contexto – ambas son género detectivesco puro y sus tramas están conectadas con el mundo del cine– así como su sentido contemporáneo, comenzando por el uso y abuso de la parodia. El caso es que lo hace sin llegar a las cotas de tristeza de la primera ni al espectáculo desconstructivista de la segunda, y por ello a veces da la sensación de tratarse de una película a tres cuartos de gas, segura, algo dispersa y autocomplaciente en algunos momentos. El truco de este párrafo reside en que Dos buenos tipos es una película a medio gas, segura, dispersa y autocomplaciente en términos de Black, porque si la situamos donde realmente debe estar, en el marco del entretenimiento comercial estadounidense veraniego, es aire acondicionado embotellado desde los Pirineos por el trabajo que ha invertido, por su proverbial control del humor y los altísimos grados de humanidad y complicidad que destila hacia el espectador. Y para muestra, un botón crucial: Dos Buenos Tipos es una comedia que dura dos horas y no recuerdo ni un solo minuto, ni uno solo, en el que no estuviera sonriendo mientras la veía. Telita.

© Warner Bros.

© Warner Bros.

Si hay una verdadera falta en Dos buenos tipos es la manera en la que pasa un poquito demasiado de puntillas por el pasado de su trío protagonista: el estoico matón a sueldo Jackson Healy (Russell Crowe), el desastroso detective y padre viudo Holland March (Ryan Gosling) y la vivaracha hija de este último, Holly (Angourie Rice, el as en la manga) porque la película nos relata el camino que recorren hasta formar una auténtica familia de detectives y una roca de paz frente al progreso, y esa ausencia de fondo personal le resta un poquito del corazón que a veces pide una película que está haciendo malabares con muchas bolas, comenzando por su carga ideológica.

Que la hay, y no es poca, porque la película nos lleva al Los Ángeles de 1977, donde nuestros héroes descubren una conspiración – construida con enorme elegancia por Black y su coguionista, Anthony Bagarozzi – dentro del mundo del motor que comienza con la sospechosa muerte de una actriz de cine adulto involucrada en una organización medioambiental clandestina. Es el amanecer de la Gran América de las Corporaciones, una que en pocos años habrá aniquilado el único reducto de resistencia política frente a ellas: la contracultura. Es el final de una era y, de hecho, Dos buenos tipos sucede en torno a la misma época en la que Altman enmarcó El largo adiós, una de las películas más melancólicas de la historia del género y podría haber apostado por la desidia que representa el veterano Jackson Healy – aunque para ello habría necesitado más fondo de personajes, y sospecho que la película lo sabe – . En su lugar, apuesta por la vena cómica y la juventud. Apuesta por Ryan Gosling. Y el resultado puede que no sea trascendental. Pero es explosivo.

No se trata simplemente de que su Holland March sea un divertidísimo descerebrado – solo exhibe cierto grado de capacidades cognitivas cuando de cuidar a su hija se trata, y Dios gracias que la niña le ha salido más avispada que un San Luis –, sino de que Gosling aborda el papel con tanta hambre que parece haber cumplido una sentencia de cárcel. Es uno de los espectáculos de humillación autoinfligida procedente de una estrella de Hollywood más gloriosos que he visto en años – si Gosling no era una estrella, lo es a partir de ahora – donde no hay minuto que Gosling no esté estampándose contra algo, recibiendo estopa, brincando, arrastrándose o berreando aterrorizado en forma de graznidos incomprensibles.

Está claro que no es un salto limpio porque Gosling llevaba años guiado por la mano de directores privados, más íntimos, más inescrutables, y se puede percibir en algunos instantes donde se encuentra en segundo plano y recurre por defecto a su tradicional Mirada Acero Lánguido. No ayuda ni que Black, insisto, apenas dedique unos instantes a la importante tragedia – sin entrar en detalles: quizás demasiado irónica para mi gusto – que ha marcado su vida y la de su pequeña, ni que su personaje sea una repetición del Harry Lockhart de Robert Downey Jr. en Kiss Kiss Bang Bang y de esos solo hay uno. Pero la voluntad y el empeño de Gosling son inquebrantables, y siempre está Russell Crowe presto para ayudar. Yo, a estas alturas, ya estoy reconciliado con la idea de que Crowe quemó sus naves en la – cada vez más asombrosa, para mí – Noé y no volveremos a verle en modo Master and Commander durante una película entera, pero estoy empezando a acostumbrarme a esta reconversión que nos está ofreciendo hacia una especie de versión más activa del fantasma en el que se ha convertido tristemente Bruce Willis: relajado, extrovertido y encantado de estar ahí; sin ofrecer nunca el 101 por ciento de implicación que tantos momentos de gloria nos ha dado, pero sin restar un ápice de inercia a la película y, sobre todo, potenciando con generosidad la relación con su compañero.

© Warner Bros.

© Warner Bros.

Y todo ello transcurre en un Los Ángeles infinitamente más cercano al de predecesoras más naturalistas como L.A. Confidential, aunque tenga un marcado acento en las escenas nocturnas – la especialidad de Phillipe Rousselot (La extraña que hay en ti, Big Fish), que hace vibrar los colores – que a espectáculos más modernos como Gangster Squad. Es un impecable ejercicio de producción que sabe cuándo lucir su ajustado presupuesto para comunicarnos una ciudad contaminada, marcada a sangre y fuego por el cine (porno) y la televisión de la época – el asesino al que interpreta Matt Bomer se llama John Boy, en referencia al exitazo nacional que llegó a ser The Waltons –. Una ciudad inquieta, diversificada, en pleno cambio, donde los últimos ecos de responsabilidad social están a punto de extinguirse y donde las mujeres, estrellas o no estrellas, se encuentra mucho más concienciadas sobre el mundo que les rodea que nuestra pareja protagonista.

Esta mirada, madura, con ciertos tonos agridulces, procede de una ligera pero destacable reinvención de Shane Black, que cuenta las mismas historias de hombres fallidos, ineptos, cansados, dignos, honrados y superados bajo un nuevo prisma más relajado, una vez reasentada su carrera gracias a la muleta que Downey le proporcionó en forma de Iron Man 3 como gesto de agradecimiento. Dos buenos tipos es una película que se merece el logo de la Warner, uno de los mejores elogios que se me ocurren. Es rápida, es divertida –sobre todo: intenta ser CONSTANTEMENTE divertida, se siente personal, humana y propia. Pero también es verdad que, después de verla, regresé a los dos películas referentes que mencioné al principio de esta reseña: la primera, con un Black completamente desaforado y volando en alas de la audacia después de Arma Letal; la segunda, con un Black agarrado a la cornisa con la punta de los dedos. En ambas, ofreciéndonos el material de toda su carrera que más me ha enamorado.


Shane Black | Shane Black & Anthony Bagarozzi | Russell Crowe, Ryan Gosling, Angourie Rice, Matt Bomer, Margaret Qualley, Kim Basinger, Keith David, Beau Knapp | David Buckley y John Ottman | Philippe Rousselot | Richard Brigland | Joel Negron | Joel Silver, Ethan Erwin | Ken Kao, Michael J. Malone, Hal Sadoff | Misty Mountains, Bloom, Lipsync Productions, Nice Guys, Silver Pictures, Waypoint Entertainment | Tri Pictures |
  • Jack Frost

    A mi la película me ha parecido buenísima. He disfrutado, me he emocionado y me he descojonado. Un 10.

  • Dani Guzmán

    Muy divertida y con una química muy acertada entre los protagonistas (que le den más comedias a Gosling), pero me ha parecido que, al querer trasladar con tanta fidelidad los tropos de la novela negra (y lo consigue) se termina haciendo un poco larga, pero por lo demás…

  • galeno report

    En mi caso fui a verla el sábado, en una sala pequeña, yo llegue 10 minutos antes de que empezara la proyección y la sala estaba totalmente vacía, justo cuando iba a comenzar la película entraron como 15 personas, en total habría 20 personas en total, incluido un hombre acompañado de una niña de 6 o 7 años, la niña debió quedar traumatizada. Por cierto la sala a pesar de ser pequeña como digo, no se llenó ni de lejos. Ni cubrió 2/4 del aforo.

  • galeno report

    Vaya no me di cuenta del cameo, claro que el productor tenía la cara bastante “fastidiada”.

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