Críticas

Escuadrón Suicida

Enfrentarse a Suicide Squad como una película más es complicado. Parafraseando a mi amigo Rafa, se ha convertido en la “película muleta” de Warner Bros. teniendo en cuenta la floja recepción de Batman v Superman. La película de David Ayer llega con la losa imprevista de tener que recuperar la fe en un universo cinematográfico en el que, seguramente, sólo pretendía encajar como mero divertimento de gran presupuesto. Un lugar similar al que ocupa Guardianes de la Galaxia en el universo Marvel. El comodín festivo e irreverente que, partiendo de unos personajes secundarios y prácticamente desconocidos para el gran público, casi todos outsiders y delincuentes, puede permitirse ser mucho más libre y no ajustarse a la rigidez de un plan mayor. Pero a Ayer le ha tocado lidiar con una responsabilidad qué va más allá de la que ya implica una película de 175 millones de dólares (que ya es mastodóntica).

El primer problema sonado de Ayer ha sido el de tener que retocar sustancilmente la película cuando ya estaba casi finalizada. Según él, para dar más músculo a una obra que había encantado en Warner. Según las especulaciones (que hay que cogerlas con pinzas aunque no suenen descabelladas), para cortar la diarrea de pánico de un estudio que no quiere volver a encontrarse ante un público tremendamente polarizado y su consiguiente impacto en la curva de recaudación. El segundo gran problema es el de tener cumplir con unas expectativas probablemente injustas. Esto no es La Liga de la Justicia ni el listón debería ser, tanto a nivel de crítica como de taquilla, el de sus hermanos mayores. Pero si Batman v Superman ha resultado ser el hijo torcido de Warner, a Escuadrón Suicida le toca echarse a la espalda la mochila de expectativas de papá estudio.

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© Warner Bros.

Ayer es un experimentado guionista de cine policiaco, o mejor dicho, de cine centrado en la corrupción policial. Desde que diera el pelotazo con Training Day, su carrera como guionista y director ha tenido dos constantes: camaradería en las trincheras y porquería en las instituciones. Para Ayer el heroísmo es cosa de individuos que no sólo luchan contra la delincuencia, sino que lo hacen a pesar de las instituciones a las que representan, organismos corruptos liderados por seres ambiciosos y cobardes. Es más, Ayer suele otorgar a los delincuentes una virtud que no regala tan gustosamente a las instituciones, la de la honestidad. Al menos los primeros no engañan a nadie tapando su negrura tras una bandera. Teniendo en cuenta todo esto, su elección para comandar esta película no se antoja nada descabellada pese a que nunca haya sido un director de clase A.

Escuadrón Suicida retrata a un grupo de delincuentes metahumanos convertidos en fuerza de choque contra amenazas sobrenaturales por una rata del gobierno, Amanda Waller. El personaje, interpretado con maestría por Viola Davis, que le da más matices de los que se intuyen sobre el papel, es seguramente el anclaje que necesitaba Ayer para encontrarse en su salsa. Waller es ese gato agazapado que lleva tiempo esperando su oportunidad para decir “aquí mando yo” y poner en marcha un plan tan rocambolesco que sólo una situación desesperada puede justificarlo. Waller seduce a sus superiores. La situación llega. El plan recibe luz verde.

Obligado por ser una película de inicios y por lidiar con personajes desconocidos, Ayer invierte buena parte del metraje en presentar y contextualizar a los miembros del equipo. Pero aquí ya se nota que la película hinca la rodilla ante una de las muchas cuestiones extracinematográficas de su desarrollo. En Escuadrón Suicida hay actores con galones y actores sin ellos, además de personajes que dan más juego que otros. Así que la balanza no tarda en inclinarse hacia los pesos pesados del reparto, Will Smith y Margot Robbie, que son los dos cuya historia personal adquiere más protagonismo en el filme. Eso deja poco lugar a otros personajes que parecen meras notas de exotismo para dar variedad al equipo. Es algo con lo que ya lidiaba X-Men hace 16 años, con la diferencia de que, en aquella, esa prioridad se elaboró desde los personajes y no desde el casting (Hugh Jackman era un “nisu” cuando interpretó a Lobezno por primera vez). En X-Men, además, Singer optó por arrancar con un equipo formado en el que Lobezno era “el nuevo”. Aquí se parte de cero, nadie conoce a nadie, y a Ayer le falta tiempo para generar dinámicas sólidas entre los personajes, algo que lastra el que podía haber sido uno de los principales alicientes de la película.

Todo ese tiempo de presentación obliga a Ayer a pisar el acelerador con la misión que ocupa a nuestros protagonistas, tanto en su detonante como en su desarrollo. Sin desvelar nada, podría describirse como una sucesión de improvisaciones sin chispa hasta llegar al epicentro de problema, concebido como otra apoteosis de CGI cuya función no se molestan en explicar demasiado. Sin un plan determinado, tampoco los imprevistos tienen el poso oportuno, y ni siquiera Ayer tiene la posibilidad de desmelenarse para compensar. Cualquiera que haya seguido su trayectoria sabe de la capacidad del director para generar imágenes malsanas y regodearse en ellas, pero en una película de 175 millones Ayer ha tenido que contenerse hasta el punto de no mostrar una sola gota de sangre y medir los tacos con cuentagotas. Siendo ésta una película repleta de asesinos y delincuentes de la peor calaña, es toda una contradicción.

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© Warner Bros.

Mención aparte para los invitados estelares, que parecen más una concesión al público que una necesidad de la propia película. La presencia de Batman se limita a la presentación de algunos personajes y siempre desde el punto de vista de éstos, lo que no sólo no es una mala decisión, sino que es un acto de coherencia total con la película y su macrouniverso. El gran esperado era el Joker. El personaje de Jared Leto llega con bastante bombo y las alargadas sombras de sus dos antecesores cinematográficos, pero su lugar resulta peculiarmente extraño en el metraje. No es un villano per se, tampoco un simple secundario. Está ahí porque el personaje de Harley Quinn no se ha querido entender como un todo, porque la locura de ésta va ligada necesariamente al amor que siente por el Joker y, sobre todo, porque muy probablemente nadie quería desaprovechar la oportunidad de dar un caramelo a los fans. Pero probablemente ninguna de esas tres razones es suficientemente poderosa y el Joker acaba siendo un elemento desestabilizador sin llegar a trascender nunca por sí mismo. Mucha apariencia pero poco punch, algo que sufre también la propia película.

De aquella intención de hacer “12 del patíbulo pero con supervillanos“, palabras del propio Ayer en Octubre de 2014, sólo queda la carcasa. Sin ser una película aburrida y manteniendo una duración muy razonable, deja una sensación parecida a la de ir a un concierto de Slayer y encontrarte con Bon Jovi. No destaca por ninguna de sus presuntas singularidades (locura, violencia y mala leche) y es muy conservadora retratando a los personajes más importantes (alcanzando la cima de lo rancio en la ensoñación de Harley Quinn). Pero Ayer se ha tenido que enfrentar con una mano atada a la espalda a aquella idea inicial, igual que sus personajes, cediendo terreno a mucha gente con menos nombre pero más poder que el propio director, llámense directivos o llámense espectadores de versiones tempranas. Con todo ello, de nuevo se produce en este universo cinematográfico la sensación de oportunidad perdida, si bien no resulta tan insatisfactoria como Batman v Superman porque, como decía al inicio, esta película nunca estuvo destinada a ocupar un lugar tan relevante.


David Ayer | David Ayer | Margot Robbie, Will Smith, Joel Kinnaman, Viola Davis, Jay Hernández, Cara Delevigne, Jai Courtney, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Karen Fukuhara, Jared Leto, Adam Beach, Scott Eastwood, Alain Chanoine | Roman Vasyanov | John Gilroy | Oliver Scholl | Steven Price | Charles Roven, Richard Suckle | Geoff Johns, Steven Mnuchin, Deborah Snyder, Zack Snyder, Colin Wilson | Warner Bros., DC Entertainment | Warner Bros. |

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • Miguel Rodríguez

    Y mira, 2 años después Wonder Woman gustó, Black Panther gustó (y esta reventando la taquilla), e Infinity ha generado expectativas nunca antes vistas en una película de Superheroes (pues no veo que esto vaya a acabar pronto).

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