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Festival de Cine Europeo de Sevilla 2016 (I)

Por Manuel Vila

Bienvenidos al ya cuarto año en el que repaso las películas y ciclos que el Festival de Cine Europeo de Sevilla nos propone, gracias al amparo que me ofrecen estos santos editores, que por alguna extraña razón siguen confiando en uno de los más gruñones de la escena artística andaluza (v.g.: mi casa). En esta primera parte recopilo las películas que considero peores de un número de visionados de los que mi mente no quiere acordarse. Alguien se sorprenderá al ver dos de las películas más comentadas este año no pasar la barrera. Que no cunda el pánico, están ordenadas de peor a mejor pero todas tienen un detalle salvable (más le valía al programador). No os entretengo más, pasad abajo y leed las reseñas si os pica la curiosidad. ¡Gracias por vuestro tiempo!

Nocturama (Bertrand Bonello, 2016)

nocturama

La cámara sigue a unos adolescentes por toda París. Sus intenciones quedan claras en pocos planos: juegos de miradas, móviles en la basura, esquivar testigos. Leves “beats” llenan de suspense la imagen. Sobreimpresiones con la hora exacta en cada nuevo lugar que se nos presenta.

Bonello quiere hablar del ahora, del terror, de algo inevitable que está a punto de pasar. Siempre latente a cualquier sociedad: la regeneración a través de la destrucción. La idea del extremismo termina siempre encontrando en las generaciones jóvenes una oportunidad para seguir con vida. Y esto es algo que llega cristalinamente en la primera media hora de película. Todos los amigos, de estratos sociales distintos, etnias, y gustos, son embaucados por ese momento repentino de poder.

Entonces ocurre algo terrible: FLASHBACKS. Donde los personajes se justifican mediante instancias históricas pasadas de Francia, o las trampas dialécticas que permite el presente. Entra aquí un juego turbio de actuaciones y puesta en escena que dura hasta el final del metraje y no presenta nada, ni a nivel de estados de ánimo ni de trama. Todo se estanca y lo único que le queda a Bonello es centrarse en un centro comercial que los adolescentes han ocupado como casa franca. Queda claro que el director ya no juega con cartas a su favor. Cuando otros terroristas huyen o se vuelan los sesos, él decide aprisionarlos, y dejar que interactúen entre ellos, con una visión bastante rancia que poco tiene que ver con la alegría o diversión joven actual y desaprovechando la tecnología para crear tensión. De hecho se ve obligado a sacar a un protagonista a la calle a dar un paseo, para poder dar un nuevo aspecto. Dura nada el ventarral de aire fresco, vuelta a interiores, devaneos musicales, juegos multicámara que servidor ha visto antes y mejor, y la historia acaba como debió acabar el montaje, sin piedad.

Para finalizar me gustaría anotar alguna cosa más. En ‘Nocturama’ aparecen tres claras referencias. La primera, una estatua arde: ‘Nostalghia’ de Andrei Tarkovsky. La segunda, planos detalle virulentos del fuego: ‘Wild At Heart’ de David Lynch. Y tercera, un diseño de sonido balístico atronador: ‘Elephant’ de Alan Clarke.
Todas con un concepto de desmoronamiento social formalmente más absorbente y anacrónico que la de Bonello.

Le Parc (Damien Manivel, 2016)

*** Local Caption *** Le Parc, Damien Manivel, F 2016, V'16 Spielfilme

Como previa al festival me suelo informar en profundidad para elegir las películas. Sobre la que tengo que hablar ahora venía bastante bien recomendada, se vendía mediante sinopsis y en el boca-oreja como una película llena de misterio, en la que ves acercarse el final. Si igual que yo, tenías pensado verla por ese motivo, puedo asegurar que nunca llegará ese suspense, en gran falta por la planificación.

Manivel narra la historia de una adolescente que es rechazada por su proyecto-de-novio tras una cita en el parque. En la despedida, él se olvida su paquete de tabaco. Ella decide avisarle por Whatsapp. El tiempo pasa en un plano secuencia entrando el anochecer, hasta que él responde a sus mensajes, y rompe con ella. La noche llega y empieza el desandar de la chica por el parque. Si bien es el momento más llamativo, esta separación de mitades mata toda posibilidad de asombrar al espectador, pues literalmente, la chica vuelve a deambular por los arbustos, caminos, o pedregales que ya conocemos, sin juegos de luces ayudando a crear tensión, más bien al contrario. El guardia de seguridad del parque encuentra a la chica y empieza un juego de relaciones en guión que se sienten perezosos, si suficientemente creíbles en toda la capacidad que el elenco de actores amateur son capaces de entregarse.

Sin entrar en spoilers, me pareció una tomadura de pelo el final. Ese último corte para forzar un tercer acto, refuerza el sentimiento de inutilidad a la hora de formular un esqueleto visual para la película y que las intenciones cambiaban arbitrariamente, dejando colgada una historia tan clásica, apenas funcionando.

American Honey (Andrea Arnold, 2016)

americanhoney

Andrea Arnold afirma haber pensado en hacer la película durante su viaje a Estados Unidos de costa a costa, conociendo así a muchos de los jóvenes que figuran en la película, improvisando castings, o cómo en el caso de la protagonista, insistiendo y ganándose su confianza en una playa llena de productores porno con ojo avizor.

Su relato tras toda la experiencia es el de una América desoladora, donde la juventud no tiene futuro, y la clase trabajadora más rica o más pobre calman sus lamentos con el primer vicio que tienen cerca. Un sueño americano que nunca existió. Sin embargo, no logra comunicarlo de una manera contundente. Bajo la fina capa de denuncia social sobre la marginalidad, drogadicción, etcétera, queda poco más que un folletín de adolescentes cuya estupidez parece empeorar a cada paso que dan.

Cada gesto o diálogo pernicioso puede ser tomado como una plena agresión, pero los personajes parecen no inmutarse y preferir defenderse instintivamente, quedando coja toda la subversión y burla que Arnold plantea. Crear una historia así deja libertad para trabajar en el acto, pero ha terminado corriendo el riesgo de romper su propia visión para conseguir rodar unos pocos momentos armoniosos. Elaborada con planos tipo cine documental/experimental, aprovechando en la mayoría de casos iluminación natural o justificada, la cinematografía no repara casi nunca en trabajar estados de ánimo. La cámara está cerca de los actores, pero no logra una conexión con ellos. Reitero, quiere lograr algo bello pareciendo natural, a un coste demasiado alto: su ideología.

The Lure (Agnieszka Smoczynska, 2015)

thelure

Esta historia de dos sirenas que quedan varadas en Rumanía, resultó ser otro desencanto más programado por el festival. Si bien de primeras entras en su juego musical con una introducción llena de ritmo y con un resumen perfecto de la mitología, poco después rompe la efectividad del drama a golpe de canciones, la mayoría de las cuales tras el visionado no lograron adherirse a mi cabeza, y si bien sus set-pieces distan de recordar a videoclips genéricos (reconocer que a ratos pretende invocar PTA en ‘Magnolia’), no logran atar visualmente la trama con coherencia, manejando saltos temporales increíbles para justificar las cicatrizaciones sentimentales de la sirena Plata con el humano del que se enamora, y las de la sirena Oro que se siente traicionada por su amiga.

Los juegos de colores en la puesta en escena son obvios, las metáforas sobre veneno, cambios de género intentan abarcar demasiado, y la plasticidad del cuento no alcanza los límites a los que su directora quiere llegar en el mundo moderno, revolviendo sin parar el tono estilístico. Todo para desembocar en un final agotado, donde el cúmulo previo de imágenes asfixiantes, roba toda la fuerza a quizás la secuencia mejor planteada del conjunto, donde sangre y mar se tocan.

Homo Sapiens (Nikolaus Geyrhalter, 2016)

homosapiens

Compuesta por planos estáticos de entre 5 y 40 segundos, ‘Homo Sapiens’ no se puede decir que sea un documental al que estemos acostumbrados. Su labor es más bien de conservación de estos lugares abandonados por el hombre, y que la naturaleza ahora intenta carcomer por todas las vías posibles y rehacer suyo el terreno robado.

No hay una visión poética, no hay una reflexión sobre el mal uso dado a las instalaciones o por qué el gobierno ha decidido no rehabilitar las casas, no hay voz en off, no hay música. ‘Homo Sapiens’ es sonido e imagen crudos, acercar estos parajes virulentos, hasta cierto punto impensables con alguna sorpresa muy dispersa, al espectador más necesitado de ellos.

  • Sefi_Dios

    Bueno como suelo hacer en los posts de festivales donde hay pocos comentarios, me gustaría dejar constancia de que me he leído las reseñas y, aunque no creo que llegue a ver ninguna de las películas mencionadas, es de agradecer la labor por parte de Manuel Vila de acercarnos sus impresiones sobre las mismas. Un saludo

  • PORTALPA

    Después de ver L’Apollonide tengo ganas de ver esta nueva propuesta de Bertrand Bonello, parece que comparte el tono semidocumental, en aquella esta se seguía a un grupo de meretrices de un burdel del principios del S.XIX

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