Críticas

Silencio

Por Doctor Diablo

Martin Scorsese se define como católico supongo por tradición familiar y porque, como él mismo afirma, la idea de la Encarnación -el Dios humano- y la Resurrección -el hombre Dios- sumadas al mensaje de compasión y amor del Nuevo Testamento le resultan muy próximas. Ergo Martin Scorsese es esencialmente cristiano en el sentido más puro, digno y encomiable del término. Para mí, Martin Scorsese es en primer lugar uno de los sumos sacerdotes de la Santa Iglesia del Cine. Amén.

Hace tiempo que no salía de una sala de cine con la sensación de “hostia puta”, perdonadme la expresión, con la que salí de ver Silencio.

© 2016 - Paramount Pictures

© 2016 – Paramount Pictures

No quiero decir con esto que Silencio sea la película que más me ha gustado en estos últimos años, pero posiblemente ninguna, o casi ninguna me ha hecho sentir el poder del cine como herramienta de transmisión con tanta fiereza como la del señor Scorsese. Me llegué a sentir asustado, pequeñito e incluso ninguneado ante lo que se puede llegar a saber de cine. Conozco de sobras los documentales en los que Scorsese habla de la historia del cine y obviamente ya me ha clavado a la butaca en muchas ocasiones con lo cual me resulta difícil de creer que me haya sorprendido de tal manera a estas alturas. Pero en Silencio he visto a un maestro con un dominio del lenguaje del medio, a un tipo que va para los 75 tacos con un ansia de reflexionar, entender, mostrar y compartir que desafían cualquier imaginación.

El mismo tipo que hace un par de años me escupió fuego, rabia, electricidad, y estupor ante el puto mundo material con El Lobo de Wall Street ahora me pide que me siente en una silla y que abra todos mis circuitos y trate de reconectar con aquello que unos llaman alma, otros conciencia y me vehicula bajo la guisa de un relato histórico un tratado sobre las creencias personales, la duda, la angustia ante el silencio del Universo, la relación con los semejantes/Dios/la propia identidad y las paradojas de la existencia.

Mucho católico “de bandera” se va a apropiar de Silencio como estandarte de su “causa”, olvidando la que le montaron con La última Tentación de Cristo, igual que ya en su día se glorificó al Travis de Taxi Driver por parte del sector rancio-vigilante-right-wing que no supieron o quisieron ver más que una versión “deluxe” de Charles Bronson en el film.

No sé porque narices hay una tendencia generalizada a querer “apropiarse” del cine de Scorsese cuando Martin hace un esfuerzo tremendo por evitar el juicio moral. Scorsese siempre perdona, que no excusa, de una forma u otra a sus personajes y viendo Silencio uno finalmente comprende completamente la razón que lo mueve. Para Scorsese, detrás del pecado está la debilidad humana, y esa debilidad no conlleva el desprecio sino la necesidad de amar más al pecador, según su concepción radicalmente cristiana de la existencia. Y es que al fin y al cabo Scorsese es un humanista de proporciones gigantescas, sólo que en su juventud y arrimándose a Schrader que está muy jodido de la cabeza y es un calvinista de tomo y lomo, se paseaba más por el infierno que por la parte de arriba.

Silencio da comienzo con una escena en la que los jesuitas interpretados por Garfield y Driver hablan con un superior sobre la posible apostasía del mentor de ambos (Neeson) y se comprometen a partir en su búsqueda a Japón. Nos encontramos en un mundo mayestático, pulcro, más cercano a los altares que a los hombres. Sólo salir del despacho el uso del cenital-que se repetirá unas cuantas veces a lo largo del film como recurso estilístico y como metáfora de la presencia de un Dios que observa y se mantiene en silencio- mientras bajan las escaleras, la perfección en duración y encuadre de cada plano y lo preciso de cada línea (y esta vez Scorsese co-guioniza) me habían desarmado completamente.

Y entonces…. BUMMM sin viaje de por medio, ni vaselina que ayude a resistir la embestida, la pantalla engulle al espectador y lo escupe en China, en un bar portuario donde casi se puede oler la putrefacción, donde la miseria del mundo material casi se puede tocar con los dedos, donde Dante Ferretti me demuestra otra vez que es un grande entre grandes (mucha gente no recuerda que este señor se remonta hasta Pasolini y que creó el look de burradas como Y La Nave va…, de Fellini).

Y, a continuación, el agua y la niebla que te meten en lo que parece una peli de terror y el encuentro entre los juncos con los cristianos japoneses de la aldea y el amor y el dolor esculpido en unas facciones talladas por la miseria que me golpea la cara y casi duele. Ahí ya estaba rendido. Y no voy a seguir así escena por escena porque no pretendo teneros aquí leyendo durante horas sólo quiero que dejéis de leer estas pobres divagaciones y vayáis al cine de cabeza. Pero os aseguro que no es por falta de ganas. , Y por cierto a ver si se empieza a reconocer a Rodrigo Prieto como el pedazo de director de foto que es porque desde Iñarritu a Brokeback Mountain hasta Argo ha demostrado una versatilidad y unos recursos tremendos, y aquí finalmente la saca del estadio.

Vayamos ya al meollo del asunto: ¿Qué es la fe? ¿Dónde está Dios si existe? ¿Por qué se mantiene en silencio frente a la monstruosidad del mundo? Es muy bestia que Scorsese haya conseguido que al nene-servidor de ustedes, que es un existencialista con poco más de una vaga esperanza de un sentido de trascendencia, le dé tantas vueltas al tema e incluso me haya convencido de que puede haber una fe para cada uno. Y me parece maravilloso que lo haga contestándome que la fe es amor y que si tu corazón siente amor por alguien un cierto Dios existe en ti y tú en él.

Que sin amor no hay fe, y que ésta puede surgir de cualquier amor por loco, desencaminado o sublime que éste sea: desde el alimentado por la necesidad ciega y arrogante de Garfield de demostrar lo infinito de su devoción mediante el sacrificio y el martirio que le guía al principio del film, al que sentirá por lo único que seguro que existe, la humanidad y el prójimo, cuando finalmente Dios/El Universo/su consciencia le hablen y le revelen su terrible destino, hasta el desesperado amor de los padres japoneses que bautizan a su hijo esperando estar en el paraíso al segundo siguiente ahorrándole la miseria interminable que ha regido sus días desde que nacieron. Y lo que me conmueve es que Marty nos grita que el amor redime todo, y que se puede ser fuerte, se puede ser recto, o se puede ser un cobarde débil y egoísta como Kichijiro, el guía que lleva a los jesuitas a Japón, que no duda en renunciar a su fe constantemente cada vez que se ve en peligro, y que es el Judas personal del Rodrigues (Garfield) pero que mientras ames serás humano y merecerás ese nombre. (Durante el film, Rodrigues toma confesión diversas veces a Kichijiro, absolviéndole de sus pecados cada vez con creciente desprecio desde su arrogante superioridad moral, para finalmente, tras la revelación del clímax acabar aceptándolo como un hermano y amigo hasta el fin de sus días. Y no sólo esto sino que de forma paradójica Kichijiro mediante sus defectos ha terminado siendo su verdadero maestro el que le enseñará el verdadero significado del Cristianismo).

Y ahí Scorsese hace saltar la banca, porque el Inquisidor encargado de perseguir la cristiandad en Japón, el sistema establecido, el establishment, la máquina que aplasta y tritura el derecho de pensar, de creer, de amar, no está falto de razón, no va corto de lógica, y posiblemente el resultado de sus acciones sea a nivel práctico lo mejor para Japón (y es Japón como podría ser el mundo o Raticulín), pero es el Diablo, es EL ENEMIGO, porque no te deja humanidad, te quiere “salvar” de estar vivo, no sea cosa que vayas a perjudicar al “bien común” con tu debilidad, tu imperfección y tu mierda de amor.

Scorsese repudia inmisericordemente no al débil, no al falso, no al arrogante y equivocado, solo a la deshumanización, las máquinas de aniquilar y al materialismo y las cáscaras con forma humana que la ejercen. Porque si nos trasladamos a Europa, La Inquisición, y creo que de ahí el nombre del personaje, estaba haciendo lo mismo, pero en nombre del Dios que aquí es perseguido.

Y volviendo por un segundo a los valores tangibles de la película, mucho he escuchado primero del dignísimo Neeson como el jesuita apóstata que esconde su miedo bajo un manto de racionalidad y últimamente del veterano Issei Ogata que interpreta con sorna mefistofélica al diabólico Inquisidor, pero los auténticos reyes de la película son el actor japonés Yosuke Kubozaka (Kichijiro) en un verdadero “tour de force” donde desde un sentido de la verdad estremecedor nos sumerge en el dolor del hombre débil que desea ser mejor de lo que es pero que fracasa estrepitosamente una y otra vez para volverlo a intentar cada vez que se derrumba y un peldaño por debajo, el certero Driver y Andrew Garfield en el que es su año de gracia. En un mismo año ha encarnado a la Certeza en Hacksaw Ridge y a la Duda en Silencio con resultados espectaculares. Poniendo cara a cara aquella expresión por momentos enajenada, de medio loco-medio santo que se movía-flotaba en la primera y la mirada en el suelo, el dolor de cada movimiento, los ojos cargados con el peso del mundo en ésta, el chaval ha creado un díptico inolvidable.

Sumemos a todas estas virtudes que ha llegado un punto donde ya no veo donde termina Scorsese y donde empieza Telma Schoonmaker. Yo no sé, pero o editan a 4 manos o están ya tan metidos en la mente del otro que una edita justo lo que el otro quiere filmar, o el otro ya sabe justo donde le van a insertar el plano. Y la sorpresa formal que nos reserva la película es la modestia en el manejo de la cámara, el pudor y la introspección con los que trata cada encuadre Scorsese. Es verdad en que existen muy puntuales momentos en que no puede evitar “lucirse” un poquito, pero el esfuerzo supremo que le debe haber costado imponerse este corsé, en consonancia a cómo cree que se debe contar esta historia es digno de admirar y se podría considerar su acto de contrición personal. Aquí los fans del Scorsese “dinamita” se van a frustrar un poco, pero qué mayor prueba de maestría que filmar alejado de su libro de estilo natural y conseguir un resultado superlativo.

Veo también en Silencio una reivindicación de su film La última tentación…, donde Scorsese actuaba como “apóstata” de Cristo, impulsado por el amor que siente por éste y no con ninguna connotación herética de la que los acusaban los fanáticos en la época de su estreno. Scorsese nos dice que hizo soñar a Cristo con ser hombre porque al hacerlo más humano también lo hacía más divino si cabe, llevándonos a la esencia de Silencio donde lo uno y lo otro se retroalimentan, cerrándose en un plano demoledor y del que es muy difícil escapar con los ojos secos, donde el apóstata se revela como el mayor creyente de todos. En definitiva, Silencio es una obra maestra que crece tras el visionado y te persigue durante días. Visualmente exquisita, riquísima a nivel temático y emocionalmente arrebatadora.

Un par de notas a pie de página: el mismo Scorsese reconoce en una reveladora entrevista que Silencio está fuertemente emparentada con Malas Calles en la que DeNiro vendría a ser el Kichijiro personal de Keitel pero que no pudiendo aquel renunciar al orgullo que sí consigue desechar Rodrigues resulta en catalizador de destrucción y no de redención, y también con Toro Salvaje, donde Jake castiga a todos los que le rodean, con el único objetivo de castigarse a sí mismo hasta que finalmente tiene que mirarse al espejo y perdonarse, aprender a vivir consigo mismo y solo así quizás poder empezar a aceptar la bondad de los otros. Siguiendo estas coordenadas se puede extrapolar una línea de pensamiento muy interesante que nos permite revisar a nivel moral las grandes obras del maestro italoamericano y de paso darse el gustazo de volverlas a disfrutar. Siempre en un estricto Silencio, tal y como se merecen.


Martin Scorsese | Jay Cocks y Martin Scorsese, basados en la novela del mismo título de Shusaku Endo | Andrew Garfield, Adam Driver, Liam Neeson, Tadanobu Asano, Ciarán Hinds, Issei Ogata, Shin'ya Tsukamoto, Yoshi Oida, Yosuke Kubozuka | Kathryn y Kim Allen Kluge | Rodrigo Prieto | Thelma Schoonmaker | Dante Ferretti | Irwin Winkler, David Webb, Martin Scorsese, Barbara De Fina, Vittorio Cecchi Gori | Gianni Nunnari, Nicholas Kazan, Matthew J. Malek | Cappa Defina Productions, Emmett/Furla/Oasis Films (EFO Films), Fábrica de Cine, SharpSword Films, Sikelia Productions, Waypoint Entertainment | DeAPlaneta |
  • http://cednovelista.blogspot.com EdSQ

    Apenas la semana pasada se estreno acá en Ciudad de México la película.
    Recién la vi.
    ¡Estupenda!

    Y sensacional esta crítica. ¡Mis felicitaciones!

  • Antonio Jarreta Blasco

    Es la peli más de yayo que le he visto a Scorsese en la vida. Sus conflictos, sus desgarros espirituales me dejaban absolutamente frío e indiferente. Solo podía empatizar con el sufrimiento de los criptocristianos, y desde luego sin pensar mucho en el origen de dicho sufrimiento. Amen de que es larga y aburrida como ella sola. Espero que para la próxima vuelva a las drogas, porque está claro que necesita tanto las drogas como las drogas le necesitan a él.

  • JakoTorres

    SPOILERS

    Me ha encantado la película.

    He pensado lo que mismo que tú, Rafa, “joder, el prota va a Japón a evangelizar y termina siendo catequizado él”

    Yo creo que la media hora final está rodada para hacer dudar al espectador, ¿ Pero por qué apostatan? ¿ Al final todo para nada? ¿Tanto jaleo para al final rendirse?

    El guiño de Neeson y la escena final lo dejan todo claro, lo importante es amar a Dios y amarlo EN el prójimo.

  • GiriPonce

    Coincido bastante contigo. Es más que apreciable a nivel formal, el reparto está de maravilla y tiene grandes momentos (los crucificados ahogándose, la decapitación, el encuentro con Liam…), pero en lo general me ha costado entrar, me ha parecido demasiado sobria y a ratos reiterativa.

    A nivel sensitivo apenas me ha llegado, y a nivel intelectual tampoco me parece nada extraordinario, son todo temas y dilemas tratados muchas veces. Su relación con Kichijiro desde que apostata me parece lo más enigmático; el resto se me queda en algo bien contado, pero que no me llega.

    No he podido evitar acordarme, al tenerla reciente, de The Young Pope y de lo bien que funciona a nivel emocional, teniendo también un trabajo de dirección y de interpretaciones de lujo.

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