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Festival de Cine de Las Palmas (Día 4 y palmarés)

Por Nauzet Melián (@nowseed)

Alcanzo mi último día de festival con pesar, ya que no he podido ver tantos filmes como me habría gustado debido a mi trabajo. No obstante, la experiencia ha sido maravillosa y sólo puedo dar las gracias a esta web por permitirme la posibilidad de disfrutar del séptimo arte sin filtro y publicar mis divagaciones cinematográficas en mi web de cine favorita desde hace una década. Es mi tercer año consecutivo cubriendo el festival para Las Horas Perdidas, y sigue siendo un auténtico honor.

Previamente:

Aquí el día 1, con Un minuto de gloria y Katie says goodbye.
Aquí el día 2, con Hermia y Helena y Personal Shopper.
Aquí el día 3, con Bitter Money, Al otro lado de la esperanza y Ares.

Knife in the Clear Water (Wang Xuebo, 2016)

Knife in the Clear Water supone el debut en la dirección de Wang Xuebo, joven cineasta chino. La película narra la historia de una familia de humildes campesinos que pertenecen a la comunidad musulmana Hui. El fallecimiento de un familiar funciona como detonante de los eventos que surgirán a lo largo de la historia.

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La cinta posee un tono contemplativo subrayado por el estatismo de la cámara y el uso de planos fijos y paneos. Los silencios predominan en todo el metraje y el director opta por narrativa visual y el lenguaje sólo es utilizado para breves intercambios entre personajes y dar contexto al relato. Sólo una secuencia posee un diálogo extenso entre 2 familiares, y resulta poderoso porque la falta de verbalización en el filme da más peso a los momentos en los que sí hablan.

Otro elemento de importancia es el uso del buey como símil de nuestro protagonista. Ambos parecen estar en el final de su vida, y parece haber un respeto mutuo y un entendimiento entre ellos que está por encima de las palabras y los mugidos. El comportamiento del buey cambia al sentir que su vida se termina, y deja de comer y beber a pesar de los múltiples intentos de su dueño. La empatía que se crea entre dueño y buey es reveladora, y demuestra la importancia del rol que ha desempeñado a lo largo de su vida.

Como parece ocurrir en varias cintas de la sección oficial del festival, ciertos directores parecen unir irremediablemente el uso de planos extensos a secuencias reflexivas. En momentos puntuales me parece adecuado, pero cuando lo extrapolas a gran parte del metraje, volvemos al mismo problema que posee Bitter Money (aunque en este caso, no es tan pronunciado. Wang Xuebo tiene talento tras la cámara, la composición de planos es hermosa, y sabe usar la profundidad de campo y los ángulos para crear auténticos cuadros en movimientos. La fotografía alza cada plano con el uso del contraste, optando por el clásico tono cálido para escenas de interior, y unos colores más fríos y neutros para el frío invernal que puebla la sección final de la cinta. No obstante, la ausencia de ritmo definido y el empeño por mostrar la realidad de esta familia a base de planos de larga duración en los que observamos su rutina diaria se vuelve en su contra en varios momentos, provocando en el espectador una sensación de hastío.

Knife in the Clear Water es una historia pequeña, bien rodada, con gran uso del silencio y un estilo reflexivo muy personal que por otra parte provoca una sensación de cansancio en momentos puntuales y carece de suficiente material para enriquecer su historia. Aun así, tengo curiosidad por ver cómo evoluciona la filmografía del cineasta chino, porque tiene mucho potencial.

Cuatreros (Albertina Carri, 2016)

Albertina Carri vuelve a participar en el Festival de Las Palmas tras presentar Los Rubios en el año 2008 en la sección ‘Cineastas frente al Espejo’. Cuatreros está inspirada en el primer libro escrito por el padre de la cineasta argentina, y en ella cuenta la historia de Isidro Velázquez, ladrón de ganado argentino que fue abatido por la policía en el año 1967.

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Se trata de una historia muy personal que ha requerido casi 10 años de investigación para ver la luz en formato cinematográfico. La directora abraza el material del que parte desde una perspectiva intimista y subjetiva, intentando buscar respuestas y certezas sobre la historia reciente de Argentina, e incorporar su propia visión y experiencia personal como parte del relato.

El guion de la película es denso, divertido, informativo y a ratos abrumador. Hay tal trabajo de investigación detrás de este proyecto, que para el espectador puede resultar difícil asimilar la información que Albertina Carri recita en voz en off como una ametralladora de prosa elegante e incesante. Esto puede resultar un problema a lo largo de la proyección, ya que la información verbalizada no tiene un orden definido que aporte contexto de manera constante para que el espectador una los puntos y no se pierda en una amalgama de hermosa verborrea.

Sin embargo, el guion no es el obstáculo principal de la cinta (yo diría que es lo mejor de la misma). El problema del filme reside en la decisión artística que concierne al apartado visual que apoya la voz en off de Carri. La cineasta usa material de películas, noticias, anuncios y vídeos caseros teóricamente para asistir los monólogos que pueblan la película, pero dicho material se exhibe en varias pantallas al mismo tiempo que funcionan más como una distracción que como una enfatización de lo expresado. El uso de múltiples pantallas es una herramienta muy peligrosa porque provoca que la atención del espectador se fragmente y compartimente a elementos distintos, y eso suele provocar una sensación de confusión y desconcierto. Si dicha herramienta fuera usada sólo en momentos puntuales, el impacto habría sido mayor, pero el tratarse de la totalidad de la película, sales del cine con una sensación de frustración por no haber un foco específico por el que se conduzca a la audiencia.

La única que película que me viene a la cabeza y que usó de forma acertada múltiples pantallas en secuencias concretas es El Estrangulador de Boston (Richard Fleischer, 1968). La cinta de Fleischer se apoya en varias pantallas para aportar contexto, unificar tramas paralelas e informar de detalles que siempre suman al núcleo de la historia. Por eso (entre otras muchas cosas), El Estrangulador de Boston me parece una auténtica pasada. Pero no nos vayamos por las ramas. Cuatreros abusa de las pantallas y además no ayuda al guion que se recita en la película. En muchas ocasiones, las imágenes parecen fragmentos aleatorios que no muestran material que encaje con lo verbalizado, y acaba volviéndose redundante y superfluo.

Cuatreros funcionaría mejor como texto literario o audiolibro, porque la historia que nos cuenta Albertina Carri en pocos momentos se apoya en las imágenes que muestra para comunicar su mensaje. Sólo escenas muy aisladas con entrevistas de periodistas a policías y personas directamente relacionadas con el suceso que sobrevuela la historia aportan frescura al filme y permite disfrutarlo como un medio audiovisual. Una lástima que sólo sean un oasis en un desierto de imágenes inanes.

Still Life (Maud Alpi, 2016)

Still Life es el debut de Maud Alpi en el largometraje tras realizar 5 cortos entre 2004 y 2015. Se trata de una historia vista en su gran mayoría desde la perspectiva de un perro, y a través de sus ojos observamos el sufrimiento de animales que son llevados al matadero, desde vacas hasta cerdos y ovejas.

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Esta película me ha enganchado desde el principio por su particular y refrescante propuesta. Los humanos tienen una relevancia mínima en la trama, y el núcleo emocional lo proporcionan los animales que van a ser sacrificados así como el perro de uno de los trabajadores del matadero. Se trata de un acercamiento atrevido y poco convencional que, por otra parte, posee una inusitada fuerza visual basada en el uso de primeros planos en animales que parecen mostrar sentimientos complejos en situaciones de extremo peligro.

Mientras veía Still Life no pude parar de pensar en White God, la fantástica cinta de Kornél Mundruczó que pude ver en el Festival de las Palmas hace dos años. Amabas comparten el punto de vista de un perro como senda narrativa del filme, y en ambos casos el comportamiento de los animales parece medido al milímetro, aunque en el caso de Still Life se nota una mayor espontaneidad, ya que la cámara se mueve con libertad y persigue a los animales para captar realidades, no se siente un exceso de aprendizaje y trabajo previo para que dicho animal se comporte de manera específica.

La directora francesa sabe conferir una fuerza e intensidad a sus imágenes liberando su cámara de ataduras y sabiendo medir los tiempos de cada plano para que la narración no se resienta. En todo momento sabe cuándo debe alargar el plano porque sabe o siente que los animales y el reparto pueden aportar secuencias valiosas, pero nunca se excede en su extensión, algo de lo que sí sufren varias películas del festival.

Existen varios momentos a lo largo de la cinta en los que los personajes cobran cierta importancia y asistimos a su vida fuera del matadero. Baños en un río, charlas tras un encuentro sexual, almuerzos en la comodidad del hogar, pero siempre con el perro dentro del plano, recordándonos quién se encarga de aportarnos el punto de vista. Todas estas secuencias rebosan naturalidad y olvidas por completo que hay un equipo en estos escenarios filmando las escenas, lo cual habla maravillas del trabajo de la directora y su visión del proyecto.

El filme tiene escenas duras e incómodas, y en varias ocasiones me sentí tentado a apartar la vista. Esta reacción se la ha ganado la cinta al establecer una anticipación previa al sacrificio de los animales. En ningún momento la cineasta se regodea en el sufrimiento de los animales, más bien al contrario. Las vacas y los cerdos son “humanizados” a través de primerísimos primeros planos y sus ojos nos informan de su terror y su lenguaje corporal nos demuestra que su único objetivo es ralentizar el fatídico momento o buscar una vía de escape. Hay planos bastante crudos, pero siempre existe un equilibrio entre lo mostrado y lo sugerido. Algunos de estos planos permanecerán en mi memoria por mucho tiempo, no sólo por su dureza sino por su dolorosa belleza.

Still Life me ha sorprendido y golpeado sin previo aviso, y con un planteamiento sencillo pero una ejecución brillante, ha conseguido colarse entre mis películas favoritas del festival. Espero y deseo que Maud Alpi continúe dirigiendo largometrajes; tiene un talento probado y una personalidad cautivadora.

Félicité (Alain Gomis, 2017)

Nuevo filme del director francés, y una de las cintas premiadas en el pasado Festival de Berlín. La cinta retrata la vida de Félicité, una mujer que trabaja como cantante en la ciudad congolesa de Kinsasha, y que sufre el accidente de un familiar cercano, cambiando su vida por completo y forzándola a tomar medidas desesperadas.

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La película comienza con fuerza y precisión a la hora de perfilar el relato, mostrando la energía desbordante de Félicité, así como su fiereza y actitud testaruda. El personaje roza la antipatía en gran parte de la historia, ya que el director ofrece suficientes escenas donde se muestra su sequedad y falta de empatía pero no las suficientes para equilibrar la balanza y conectar con la protagonista y su viaje emocional. Hay una base bien cimentada y la desesperación de la protagonista es comprensible, pero echo en falta secuencias de fragilidad y afecto para con sus amigos, los cuales la apoyan y ayudan en una situación extremadamente delicada.

La primera mitad de Félicité es una mezcla entre John Q (Nick Cassavetes, 2002) y Dos Días, Una Noche (Jean-Pierre y Luc Dardenne, 2014) y realmente funciona. El ritmo es ágil, el in crescendo y la tensión están bien construidas, y Véro Tshanda Beya (protagonista del filme) exprime cada escena con garra y emoción. Sin embargo, una vez el conflicto principal tiene resolución, la película da un giro importante que la apelmaza de tal forma que termina decepcionando.

Hacia la mitad del filme, el director decide modificar su acercamiento a la historia y opta por el uso de silencios, primeros planos, miradas perdidas y un ritmo que mata la película. Su acercamiento al dolor del personaje es contraproducente porque lo ejecuta por oposición y la lleva al extremo de manera forzada. Entiendo lo que intenta hacer, pero no puedes proporcionar a tu protagonista de numerosas herramientas con las que jugar en media película y luego reducirla a un gesto facial que se extiende durante casi una hora de película.

Uno de los personajes secundarios cobra protagonismo, pero le administran escenas que se solapan con secuencias anteriores, y no aportan matices nuevos a su conflicto, sino una sensación de redundancia innecesaria para el núcleo de la trama. En un fragmento de la película se olvidan por completo de Félicité y asistimos a un festival de la incomodidad, con personajes borrachos arrastrándose por el suelo que sueltan frases inconexas y alaridos ahogados que sólo provocan incomodidad y se pierde todo vestigio de drama.

El director francés quiere recuperar el hilo narrativo que inició con talento en su primera mitad, pero ya es demasiado tarde y no termina de funcionar. Si a esto le sumamos unos breves segmentos oníricos entremezclados con la historia principal, la frustración aumenta exponencialmente. Dichos insertos no sólo no funcionan a nivel narrativo porque rompen el ritmo y la metáfora es obvia hasta decir basta; el problema reside en la filmación de dichas escenas. Apenas se ve nada en varios momentos, ya que optan por usar luz natural en pleno bosque, y en ocasiones es difícil discernir dónde se encuentra el personaje y hacia dónde enfoca la cámara. Me parece un intento fallido de estilizar la historia con una metáfora visual que intenta ser sofisticada a nivel temático pero podría eliminarse por completo y la historia no se alteraría.

Félicité es una película con dos partes bien diferenciadas. Una de ellas es más que digna y por momentos notables, pero la otra destruye lo edificado anteriormente y he salido del cine con la sensación de que Gomis tenía entre manos una historia poderosa, y un mejor montaje y menos acumulación de subtramas y secuencias oníricas habrían ayudado muchísimo a la idea de partida.

EL PALMARÉS

Bitter Money, del director Wang Bing, “un retrato”, a juicio del jurado “formalmente preciso, inmersivo y devastador de un sueño chino convertido en pesadilla”, ha recibido por unanimidad la Lady Harimaguada de Oro. El segundo premio de esta 17ª edición del Festival, la Lady Harimaguada de Plata, ha recaído en la película argentina Kékszakállú.

El Premio a la Mejor Actriz ha recaído en la congoleña Véronique Tshanda Beya, protagonista de Félicité, que precisamente os comentamos en este post, una película que ella misma definió en su estancia en Las Palmas de Gran Canaria con motivo de su presentación en el certamen como el reflejo de la vida de “las mujeres de Kinsasa, mujeres fuertes, luchadoras, independientes, que tienen que buscarse la vida todos los días”. El actor y músico Adam Horovitz ha logrado el Premio al Mejor Actor por su trabajo en Golden Exits.

El jurado decidió asimismo otorgar una Mención Especial a la actriz Charo Santos-Cocio por su interpretación en el último largometraje del filipino Lav Diaz, The Woman Who Left.

El comunicado entero, aquí.

  • Sefi_Dios

    Darle la enhorabuena a mi paisano Nowseed por la cobertura hecha del festival. He leído los posts con interés y espero seguir haciéndolo en futuras ediciones.

  • nowseed

    Son sutiles o directamente ocurren fuera de plano, pero hay algún plano concreto bastante crudo. Yo lo soporté pero es incómodo de ver.

  • Nahuel Benvenuto

    buen articulo, una duda, las imagenes de asesinatos en Still Life son reales? por que si es asi, paso de verla

  • George Kaplan

    Como dije en la crónica del festival en el que se estrenó el mamotreto ese de ocho horas, el premio del público debió de ser precisamente para el público que sobrevivió a la proyección.

    Lo que nunca llegó a quedarme claro es si merecía la pena o no la experiencia. Igual era buena y todo. No en vano, a veces nos tragamos varias horas seguidas de episodios de una serie que te engancha y no pasa nada.

  • manuwar

    Ha sido leer el nombre de Lav Diaz e ir corriendo a ver cuanto dura la película. Algo decepcionante: tres horas y tres cuartos.

    Apenas un mediometraje comparado con las ocho horas de la otra peli que estrenó el año pasado.

  • serendipia

    Felicidades por la cobertura, y qué delicia ver tantas películas de tantos lugares distintos del mundo en este festival.

Críticas

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It

Futuras promesas. Terror ya visto.

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La madurez del terror español.

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Histrionismo japonés a la americana.

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Ya está hecha. A otra cosa.

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Muchas de cal, una gorda de arena (por Doctor Diablo)

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