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El campeón de la empatía

“Nómbrame una buena película que hayas visto, una sola, donde no te importara al menos uno de sus personajes”.

Roger Corman

Jonathan Demme ha fallecido este miércoles a los 73 años de edad a consecuencia de complicaciones de un cáncer de esófago del que fue tratado inicialmente en 2010 hasta su reaparición hace dos años. Le sobreviven su esposa, la artista Joanne Howard, sus tres hijos, y una filmografía ecléctica como pocas — desde el cine de guerrilla de Roger Corman hasta el podio de la Academia; desde las profundidades de Estados Unidos hasta los campos de Haití — que nos deja al menos dos clásicos irrebatibles situados en antípodas — El Silencio de los Corderos y Stop Making Sense — y nos ha brindado una comprensión entera sobre los necesitados, los desfavorecidos, los excéntricos, los bohemios y los marginales con una mirada tan alegre en lo espiritual, como incisiva en lo social, como leal en lo participativo, como poderosa en lo cinematográfico, a través de una combinación de empatía, rigor profesional, y simple y puro misticismo.

getty

“No sé si muchos habrán leído el libro, pero a veces parece que el escritor (Peter Biskind) está intentando ver el lado negativo de los cineastas que estaba describiendo. Creo que muchos, como Hal Ashby, eran mucho más complejos, y que en sus vidas y en su trabajo había mucha más magia de lo que da a entender en su libro”

Jonathan Demme, sobre Moteros Tranquilos, Toros Salvajes

Entender a Demme es entender a Roger Corman, su mentor. Le conoció en 1970, cuando Demme comenzó a trabajar — tras un período de prueba en calidad de asistente (recogió a Truffaut en el aeropuerto) y crítico musical — como publicista para el director y productor durante el rodaje en Irlanda de Von Richtofen and Brown. Corman se encariñó de inmediato con Demme, a quien le propuso escribir una historia de moteros junto al director de anuncios Joe Viola: Angels Hard as they Come.

corman

La relación de amistad con Corman (en el centro de la foto, con Demme a la derecha) se prolongaría durante 40 años. La profesional, a su nivel más estrecho, durante tres películas: Caged Heat, Crazy Mama y su primera gran incursión en el thriller: Fighting Mad, con Peter Fonda. “Al final ocurrió lo que siempre ocurre: Roger te echa del nido”, recordó Demme para el New York Times en 1988. Sus lecciones las aprendería siempre. Y las repetiría en cada entrevista: la primera, que el cineasta es un 60 por ciento artista, un 40 por ciento empresario; la segunda, que el órgano más importante de todos es el ojo.

“Me dio una especie de credo visual: la importancia de tener un montaje imaginativo. De hacer un trabajo de cámara imaginativo. Porque si pierdes el ojo de la audiencia, pierdes su interés. También hizo especial hincapié en la importancia de contar con tantos personajes como sea posible que sean tan interesantes como sus protagonistas, anunque ocupen menos tiempo en pantalla. Y sobre todo tenía esta fórmula demostrada para el éxito: acción, sexo y comedia a partes iguales, con una pizca de comentario social, preferiblemente bajo el radar”. 

De este credo emerge el cine de Demme y su característica visual más distintiva: el plano cerrado de un personaje mirando fijamente al espectador. Un instrumento recordado en multitud de ensayos (como el de Jacob T. Sweeney), que os dejamos a continuación, a raíz de su presentación al gran público en El Silencio de los Corderos, y uno que sin embargo Demme y su habitual director de fotografía, Tak Fujimoto, llevaban practicando desde Caged Heat, su primera película juntos. Tan eficaz y adecuado a sus necesidades creativas que repetirían en posteriores incursiones en solitario de Demme tras “salir del nido de Corman”, como el thriller de suspense The Last Embrace, con Roy Scheider y un jovencísimo Christopher Walken, cuyo tráiler os dejamos aquí.

Sin embargo, Demme no terminaría de otorgar al plano cerrado la expresividad que adquirió en El Silencio de los Corderos hasta Melvin y Howard, película que junto a Citizen’s Band terminaría de consolidar su personalidad, en particular esta última, muy poco conocida, y posiblemente su película más quintaesencialmente americana, al relatar la historia de una pequeña comunidad rural unida a través de sus radios de banda ancha. Senses of Cinema la describió en un ensayo de 2004 como “su primera obra maestra”, una “mirada enormemente optimista”, que se convertiría en un gran fracaso comercial. Sin embargo, ya había plantado las semillas.

“Para cuando llegó El Silencio de los Corderos, Tak y yo habíamos comenzado a jugar con la cámara subjetiva. Es algo que cogimos de Hitchcock y de (Samuel) Fuller. Jugábamos un poco por aquí, un poco por allá. Cuando fue el turno de El Silencio… nos dijimos ‘Para ésto hemos estado jugando. Vamos allá. Fue una experiencia muy enriquecedora. Perseguíamos un estilo muy concreto, uno clásico: Roger Corman, Hollywood clásico, con una fuerte dosis de cámara subjetiva y un aderezo de cámara en mano a lo Scorsese”.

Jonathan Demme, para A.V. Club

Antes de que Demme llegara a las grandes ligas de la mano de la legendaria Orion, una productora tan respetuosa con los artistas, — “Era Camelot”, recordaba Demme — como la New World Pictures de Corman –, el director ya había rodado su primer concierto en directo. Stop Making Sense, de Talking Heads. Un proyecto al que llegó por la vía de la desesperación tras su frustrante experiencia en Swing Shift, con Goldie Hawn y Kurt Russell. “Me dolió durante más de un año”, explicó el director a NYT, quien en medio del deprimente proceso de montaje acudió a un concierto de la banda liderada por David Byrne tan extraordinario que transformó su concepción audiovisual. “Esto era una película esperando a ser filmada. El desafío consistía en no entrometerse en la actuación. Hacerlo fácil. Honrar la tensión de una actuación en directo evitando planos demasiado complejos, montaje rimbombante, cualquier cosa que constituyera una separación de la actuación en sí. Una historia que no puedes seguir a nivel narrativo, sino emocional. Una percepción de los miembros de la banda como personajes”, añadió. “A David le encantó”. Sobre Demme y el montaje hay que destacar la larga relación que le unió con el editor Craig McKay — uno más de los compañeros de trabajo habituales de Demme, de ahí la mención a la lealtad con la que abríamos el post –.

“Sé que parece que el estilo de Jonathan, vibrante, y el mío, más tradicional, parecen contrapuestos. Pero nada más lejos de la verdad. Lo primero que hago es entregarle lo que yo llamo mi montaje ‘a la europea’. Uno largo, que lo contiene todo. Después, es cuando comenzamos a acortar. Jonathan y yo tenemos esta expresión: ‘Deja que la película hable’. Después continuamos con lo que llamamos ‘El Proceso’, por el que la película nos dice lo que necesita. Así conciliamos ambos aspectos. Pero, por encima de todo, están los personajes. Son sagrados. Para él, están por delante de la narrativa, por mucho que Jonathan se haya ido involucrando en ella cada vez más, y cuando comparas El Silencio de los Corderos con Melvin & Howard te das cuenta de ello. Esta última está cogida con pinzas”.

Craig McKay – What Goes Around Comes Around: The Films of Jonathan Demme

Su brillante etapa Orion, que comenzó con Algo Salvaje, prosiguió con Casada con Todos y culminó con El Silencio de los Corderos no hizo perder a Demme su pasión por otras disciplinas audiovisuales. Una pieza en particular es fascinante. Se titula Swimming to Cambodia y es la grabación de una actuación en directo del actor y escritor Spalding Grey. El título viene a cuento de la profunda experiencia que atravesó el intérprete durante un viaje al sureste de Asia para preparar su rol de ayudante del embajador estadounidense en Los Gritos del Silencio, de Roland Joffé, donde aprendió la historia de Camboya y los terribles campos de la muerte de los Jemeres Rojos.

Es una nueva y profunda incursión social para Demme, quien jamás daría la espalda a la problemática de la realidad que le rodea, ya sea con la epidemia del VIH a través de la ficción, en Philadelphia, como su iguamente magnífico documental The Agronomist, basado en la vida de Jean Dominique, responsable durante varias décadas y regímenes de la emisora independiente pro Derechos Humanos Radio Haiti-Inter, especialmente popular entre las clases rurales desfavorecidas. Aquí os dejo una reseña del NYT, enormemente positiva, y en la que destaca por encima de todo, a diferencia de sus grabaciones de conciertos, el carácter “dramático” que Demme imprime al documental.

“Siempre me ha resultado muy agradable la posibilidad de hacer ficción por un lado y no ficción por la otra. Porque son disciplinas muy diferentes. Cuando filmo realidad, lo intento hacer de una forma dramática o, llamémoslo entretenida, para que pueda enganchar a la audiencia. Pero cuando hago ficción, intento hacerlo de la manera que se sienta más realista posible. Creo que es un saludable cruce de referencias”.

Jonathan Demme, al Washington Post

Terminamos aquí un repaso que, lo sabemos, no cubre la filmografía de Demme posterior a Philadelphia. Por varios motivos. El primero y fundamental reside en nuestro interés en explicaros la colección de influencias, estilos, inquietudes que marcaron a Demme como le conocimos en su apogeo a principios de los 90, sin menoscabo de su gran y excepcional película tardía (La Boda de Raquel), su fabulosa, a mi parecer, versión de El Mensajero del Miedo, grandes retornos a la música como el concierto de Justin Timberlake que tenéis en Netflix o pequeñas gemas como A Master Builder, disponible en Filmin. Creo no obstante que hemos cubierto terreno al hablar de los principios que configuraron a un cineasta a quien se le describe aquí a las claras como uno de los más entrañables de todos los tiempos. Es su empatía la que conduce su amor por los personajes, es su amor por los personajes el que guía su narrativa, es su narrativa la que impulsa su desde ya legendario plano cerrado. Uno que supera todas las barreras — como sucede en la conversación final entre Lecter y Starling, donde un acercamiento de cámara hace desaparecer los barrotes entre ellos — y te habla…

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…directamente…

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…a ti.

Descanse en paz.

  • Ivan Casajus

    qué gran artículo, muchas gracias.

  • Dave Sancho

    Articulazo. Muchas ganas de ver Stop Making Sense. Quería dejar esta curiosidad:

    http://www.avclub.com/article/story-behind-political-slogan-jonathan-demme-hid-h-254418

  • Grijaldo

    Muy buen homenaje si señor.

    Aunque solo haya visto Filadelfia y El silencio de los corderos con eso me basta para sentir la pérdida del que creo que era un gran cineasta.

    Que nos espere muchos años.

  • http://www.consumidorcultural.es/ Adrián BR

    Muy buen artículo. ¿Soy el único al que le pareció simpática Ricki?

  • manuwar

    Magnífico artículo, sencillamente magnífico.

    Para mi ya solo con El Silencio de los Corderos y Philadelphia Jonathan Demme se come filmografías enteras de otros directores. Compruebo con curiosidad que esta última está menos valorada por aquí de lo que creía. A mi es una película que me marcó y me tocó muchísimo, también es verdad que no la he vuelto a ver en muchos años. Pero vamos, a falta de revisión siempre me ha parecido una obra maestra.

    Las lecciones de cine que Demme deja como legado son oro puro, espero que jamás dejen de transmitirse al igual que él aprendió de Corman. “Deja que la película hable”. Qué maravilla.

    DEP

  • https://descendiendoorion.wordpress.com/ Alberto E. V.

    Un director al que apenas conozco, lo admito, y aun así este artículo me ha emocionado.

    Descanse en paz.

  • Bulba

    Buen artículo para un gran cineasta. ‘Stop Making Sense’ es posiblemente el mejor concierto grabado para ver en pantalla grande y con unos Talking heads en estado de gracia.

    Se le echara de menos.

    https://uploads.disquscdn.com/images/2026a9270536bd1b1724367bdae2066269b2092b3d18fd820197b1a9c2a28cd1.png

  • rafaelgg

    El docudrama que hizo para HBO Roger Spottiswoode pero que aquí se vio en cines “En el filo de la duda” a pesar de no tener tanto boato ne pareció más honesto y real.

  • Leto83

    Articulazo. Se echaban de menos estas cositas. De Demme sólo he visto “Philadelphia” y “El silencio de los corderos”. Siempre recordaré la primera vez que conseguí quedarme de canijo a verla hasta el final en uno de esos domingos de la película de la semana que daban en televisión española. Grabado el momento del guardia destripado en la celda o la acojonante secuencia de Clarice a oscuras mientras vemos al malote acercarse con las gafas de visión nocturna. Y la música de Howard Shore, malsana, atmosférica a saco…

    En fin, DEP Jonathan Demme.

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