Críticas

La guerra del planeta de los simios

NOTA: Ligeriiiiiiisimos spoilers sobre cierto desarrollo de la película. Nada como para volverse loco, creo yo, pero lo escribo para curarme en salud. Vedla. Es bastante chachi.

Creo que si las dos películas del Planeta de los Simios de Matt Reeves son las campeonas del blockbuster afranquiciado contemporáneo, etcétera, es porque me parece que ninguna de sus congéneres ha clavado tan profundamente el puñal en la misma esencia de este sector: la fantasía de poder. Esto no decir ni mucho menos que no lo estén intentando, afortunadamente para los espectadores, pero por lo que a mí respecta ninguna abraza con tanta delicadeza, compasión y pura y simple calidad cinematográfica la figura de su habitual protagonista-mesiánico-pero-imperfecto — el simio César, en este caso, declarado emperador a regañadientes de su pueblo — precisamente por depositar todo su interés en este último aspecto del personaje y por el elegantísimo ángulo desde el que se aproxima a él: el de la política.

20th Century Fox via Entertainment Weekly

20th Century Fox via Entertainment Weekly

La Guerra del… es una película bélica. Y una bastante maja, amena y muy bien hecha, en particular porque Reeves exprime bastante bien las posibilidades que ofrece el género bélico concreto al que pertenece, el de las fugas, enriqueciendo la acción sin freno de los grandes combates con una considerable dosis de suspense. Reeves no tiene ningún problema en manejar ambas facetas: saca las garras puntualmente en la primera (un visceral, quizás demasiado breve para mi gusto, amago de combate de uno contra uno al principio del film), y la segunda se nos relata con organización, claridad y progresión (algo más complicado de lo que parece, muchas cosas pasan en una evasión, y muchas al mismo tiempo).

Ello palidece sin embargo con la historia que nos relata entre líneas: un asombroso estudio — preciso, sutil, silencioso, donde la banda sonora se reduce al mínimo, donde los diálogos desaparecen, donde la cámara del DP Michael Serasin toma el control — sobre lo terroríficamente fácil, un exceso mal calculado de presión sobre una garganta o un gatillo, que resulta, desde tus emociones como individuo, romper las reglas que has declarado desde tu intelecto como mandatario. Todo ello en el peor momento imaginable: uno en el que el mundo acaba de pasar página.

Porque La Guerra… sucede en un momento exacto y fascinante del futuro. El momento de “¿Y ahora, qué?”, donde todo asomo de civilización que veíamos en la anterior entrega ha desaparecido y todo se ha reducido a… ecos, a falta de una palabra mejor. Es un mundo muerto. Y es un momento crítico del que sus dos protagonistas son inconscientes. César, porque emprende una misión por la que abandona, con catastróficas consecuencias, sus responsabilidades como líder para iniciar, como dice, “un viaje del que quizás no pueda retornar”. César está hablando de su supervivencia física pero está susurrando de su supervivencia espiritual. Su enemigo humano declarado, el Coronel (Woody Harrelson), porque está inmerso en otra misión, la de reconquistar un mundo a base de tiros, absolutamente imposible. Es, como su rival, un Dios sobre la tierra. A diferencia de César, que nunca ha querido el poder, él lo acepta de buen grado. Pero como el simio, demuestra una particular aversión para usarlo de la forma necesaria: una que nos salve a todos.

Y, perdonad que insista: NO LO VEN. Los dos siguen aferrados al pasado y a sus paranoias, inconscientes de que se han enzarzado en un duelo abocado a la extinción total y absoluta de la vida inteligente sobre la Tierra. ¿Es posible que existan más humanos? Sí. ¿Alguien podría tomar el manto de César? También. Pero la película hace esfuerzos ímprobos para recalcar que absolutamente todos nos encontramos al filo del abismo. Harrelson y Serkis, realizan interpretaciones deliberadamente ignorantes dentro de este gran plan de Reeves y su coguionista, Mark Bomback, porque es precisamente esta ignorancia que convierte a ambos en dos de los grandes idiotas del cine reciente por excelencia. Unos que, como decía Denzel Washington en Marea Roja, “seguirán disparando aunque estén sordos y ciegos”. Y es por ello que el cliché da la vuelta: muy mesiánicos no pueden ser tus protagonistas si van a acabar consiguiendo que simios y humanos acaben muriendo, los primeros a la deriva, los segundos como unos capullos.

En cuanto al resto de convencionalismos, los veo más como fruto de decisiones morales de Reeves y Bomback de que limitaciones propias del género. Poco negativo, a mi modo de ver: quizás hay demasiado César en algunos momentos. Es prácticamente el único punto de vista que tenemos, por lo que la película está a punto de meterse en un jardín a la hora de explicar trama por boca de otros personajes, a los que apenas conocemos porque nunca les hemos seguido. Quizás era innecesario humanizar al personaje del Coronel, pero sospecho que Bomback y Reeves veían necesario construir un personaje empático, en línea con el sentimentalismo bien entendido que han demostrado desde que cogieron las riendas de la saga y, cosa un poco lógica, han dicho que con Apocalypse Now — referente espiritual, como habréis adivinado, recordado en letras bien grandes en un momento dado — se juega, pero no se le tocan las narices. Sea como fuere, por decirlo de otra forma más aún, director y coguionista salvan esta clase de obstáculos merced al cariño que depositan en los miles de detalles que conforman el film, más contundentes cuanto más delicados (la secuencia en la cabaña es el equivalente, por impacto de puesta en escena, a la cacería inicial de la segunda entrega), que otorgan peso específico a la narración y consiguen trasladarnos la idea de que casi nos merecemos irnos todos al carajo.

Así que es bastante recomendable, La Guerra del Planeta de los Moneques de 20th Century Fox, estudio que se ha dedicado a hacer del desmadre su bandera, inclinado a apostar en ocasiones por derroteros impredecibles que acaban desembocando en películas bastante disociadas de la tradicional corriente comercial de los grandes estudios actuales (La Cura del Bienestar y Alien: Covenant in da house), y uno por el que al final, con suerte, agua, terreno abonado y algo de sol, puede acabar llevándote a tu particular joya de la corona, última parte de una trilogía que se ha desarrollado en el más insólito de los escenarios para un proyecto de su envergadura: dentro de un corazón palpitante.


Matt Reeves | Mark Bomback & Matt Reeves | Michael Giacchino | Andy Serkis, Woody Harrelson, Steve Zahn, Karin Konoval, Amiah Miller, Terry Notary, Toby Kebbell, Judy Greer | Michael Seresin | James Chinlund | William Hoy, Stan Salfas | Peter Chernin, Dylan Clark, Rick Jaffa, Amanda Silver | Jenno Topping, Mark Bomback | Chernin Entertainment | Hispano Foxfilm |
  • estrokastos

    Me estoy haciendo muy viejo ya.
    Esta segunda peli de Reeves me ha parecido igual que la anterior, un rollo intragable de alguien que no tiene una buena historia entre manos y se dedica a hacer enormes esfuerzos para que lo que veamos en pantalla sea súper intenso, súper melodramático… súper cursi… echando mano de clichés manipuladores propios de un principiante poco espabilado. La primera peli sí era una buena película que que exploraba muy bien esta temática. Pero el perfil bajo no está de moda y se lleva esta solemnidad impostada, cargante y enfática. Ese piano de Gianccino … los planos eternos… En fin. Un misterio en toda regla para mí el predicamento de estas cosas.

Críticas

liga de la justicia

Cuando el remedio es peor que la enfermedad.

marrowbone

La losa de la lógica.

fe de etarras

El retrato de la decadencia.

blade runner 2049

No es la secuela complaciente (replicante), sino la secuela merecida.

alix

Documental convertido en autorretrato de uno de los fotógrafos esenciales de nuestro país.

Twitter

Podcast