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Festival de Cine de Sevilla 2017 (III)

Va la tercera entrega de la cobertura del Festival de Cine de Sevilla 2017 que nos ha preparado nuestro colaborador Manuel Vila, y cuya cuarta y última parte, con sus películas favoritas del certamen, llegará el próximo miércoles. Os dejamos aquí las entregas previas.

Festival de Cine de Sevilla 2017 (I)

Festival de Cine de Sevilla 2017 (II)

Por Manuel Vila

Ramiro (Manuel Mozos, 2017)

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El nuevo trabajo de ficción de Manuel Mozos en casi 10 años se adentra con esparcimiento en terrenos cómicos, vislumbrable tanto en los pequeños chistes de la profesión de Ramiro, poeta y librero especializado en el libro antiguo, como en su disfuncional cotidianeidad, donde no se desvive precisamente, pero se preocupa por su novia, una adolescente preñada y su abuela en recuperación, y sus compadres de borrachera. Ramiro queda desde el principio como una persona demasiado pasiva pero con algo de bondad, y mediante esta ruta se intuye enseguida que la trama nos lo enseñará dando bandazos y siendo gruñón. Y sí, enseguida nuestro protagonista se nos hace inaguantable, pero con esa acertada decisión de desconectarle hasta cierto punto de su propia vida social, las subtramas respiran en cada encuadre con gran vibración, adorando el momento presentado sublimando los grupos o los rostros hasta alcanzar una idea de, más que preocuparse por dar trasfondo a cada detalle de los secundarios: los embarazos y las enfermedades ya han ocurrido, si el pasado vuelve a llamar a la puerta, hay que aprender a conciliar.

Ese es el poder fundamental de la película, Ramiro el protagonista no tiene por qué resolver nada, los microcosmos que representan a cada persona son igual de fuertes que el suyo aunque con su ego se crea pegamento, haciendo de ella un film coral contradiciendo el tiempo en pantalla de la joven Daniela y su amor de instituto, o su abuela Amélia y las ganas por un cigarrillo nocturno. Una “feel-good movie” que supera cualquier barrera social en su mensaje dejando la marca portuguesa para las noches de Lisboa y cierta artificiosidad iluminando las escenas, moda que parece no abandonar últimamente el cine de este país.

Vedete, sono uno di voi (Ermanno Olmi y Giacomo Gatti, 2017)

Mirad, soy uno de vosotros es un documental devastador para la moral, acercándonos con este dispositivo, sus horribles imágenes de archivo, música que activa al espectador cual perro de Pavlov para lo peor, y la habitación final del protagonista de este documental, Carlo Maria Martini, no tanto a su propia vida narrada mayoritariamente por la voz en off, sino a una Italia corrupta hasta la médula, donde hasta para mover un ladrillo hay que pasar por la mafia.

Formalmente estamos ante un documental que podría considerarse genérico, pero que toma riesgos en cuánto y cuándo al material mostrado. Muerte y vida se agolpan al comienzo a ritmo trepidante, la última cama del arzobispo es seguida por sus fotografías de infancia, y antes de darnos cuenta se ha ordenado sacerdote y tiene imbuída totalmente la cabeza con estudio teológicos. La verdadera figura de Carlo Maria permanece misteriosa, sí le vemos en pantalla, oímos sus opiniones, pero por mucha información que se nos administre su propio carácter recluído transciende cualquier clave y da paso a su labor: dar sosiego a una sociedad convulsa llena de violencia en la que tras la 2ª Guerra Mundial se ha perdido el camino de la Iglesia, del respeto al prójimo, de las redenciones. Santini es nombrado arzobispo de Milán por el Papa Juan Pablo II, que denota este carácter como fuerte ante las circunstancias, una oportunidad de diálogo y término medio, una persona inteligente con la capacidad de escuchar, comedida a la hora de hablar. Su apoyo entre el pueblo inmenso.

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Entre todo esto, esas imágenes de su cama funeraria regresan una y otra vez, nunca descartando la duda de que se mascó la tragedia, y si el espectador no ha revisado su biografía antes de la proyección, esa voz en off resulta engañosa, siendo el suspense continuo. Al final ‘Vedete…’ se antoja del documental al drama, y por encima, el de una nación.

Western (Valeska Grisebach, 2017)

Al drama de abandonar tu país, lo conocido, incluso con compatriotas, siempre le acompañan nuevos diablos. Uno debe hacer malabarismos no ya por mantenerse cuerdo, también para no olvidar la antigua civilización y ser lo suficientemente listo como para encontrar una nueva. En el siglo XXI no ha lugar comportamientos nómadas, y en las comunidades, el líder no es el más fuerte, sino el que mejor planea y parchea sus fallos con la ayuda de sus más cercanos. Sigue siendo un mundo peligroso, todo el trabajo puede irse por la borda, y el poder de las armas tienta desde la puerta.

Durante las dos horas que dura ‘Western’, asistimos a una constante filtración de comportamientos infantiles y celosos adolescentes al mundo adulto. Se difumina por completo la línea de ese obrero que es conducido a abismos por culpa del capitalismo o lo neo-liberal. La presa, McGuffin de la historia, es encargo búlgaro a una empresa alemana, por tanto hay una colaboración superior que escapa a la vida de los pueblerinos, y sin embargo estos no se oponen tanto a la idea de una presa como sí a la presencia alemana. De aquí surgen toda clase de prejuicios en ambas partes a los que no ayudan una escasa actividad criminal siempre asolando los pueblos muy necesitados, y tocan trueques de auténtico esfuerzo moral y amistad para sellar los conflictos.

Valeska deja claro y sin olvidar el aspecto dramático, que no es una simple idea de imperialismo y subcontrataciones lo que puede destrozar otros pueblos: hay una guerra de idiomas, voluntades, condicionantes del terreno, criminales sin reparo, que no le toca a los ejecutivos combatirla. Si bien este mensaje es bastante fuerte, no puedo dejar de señalar un punto negativo, y es convertir al protagonista Meinhard de persona inteligente y cívica, a emocional y brújula de folklore, cuando en ningún momento oxigenan estas motivaciones la trama. Dando la sensación de que hay dos películas aquí, ésta la menos interesante que incluye además ratos de tensión sexual cuya planificación no cuaja con el resto; pero la previamente descrita es cautivadora, e invita a hablar sobre decisiones tonales, de diálogo, y de actores, sin que esas imágenes se tambaleen.

Críticas

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Otro ejemplo de buenas ideas diluidas en una puesta en escena adormecida y un protagonista sin sal.

rev1

El amor nos salvará a todos.

el reino

Caída en picado en el pozo de la corrupción.

chpa1

Camelot termina.

predator

Pintaba muy bien.

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