Noticias

Festival de Cine de Sevilla 2017 (y IV)

Y hasta aquí hemos llegado, tacita a tacita. Os dejamos con la cuarta y última crónica del Festival de Cine de Sevilla 2017, con las tres mejores películas del certamen, a juicio de nuestro colaborador, Manuel Vila.

Aquí, la primera.
Aquí, la segunda.
Aquí, la tercera.

Por Manuel Vila.

La caméra de Claire (Hong Sang-soo, 2017)

CameraClaire

Una vez conocido el método de trabajo de Sang-soo, es imposible considerar este film como algo menor. Está hecha como cualquier otra suya: se crea un tratamiento, se consigue una financiación para pagar un equipo de hasta 5 personas más actores, y casi todas las mañanas se escribe o reescriben los diálogos en torno a la temática inicial. El mundo cinematógrafico conduce en la dirección que deposita lo digital como un ahorro y excusa para producciones apresuradas. Es encomiable entonces que gente como él, Pedro Costa o David Lynch sigan profesando el trabajo de antaño reposado, de confianza en el casting y que todo el equipo se adaptará a improvisaciones y diálogos que se refuerzan del propio flujo de trabajo, ya sea en el ciclo de ensayos o en el propio tiempo de producción.

La Caméra de Claire, película grabada durante la presencia del director en el festival de Cannes de 2016, nos propone como espectadores lo mismo que Claire propone a todas las personas que va conociendo. Subrepticiamente, pues estamos ante una serie de eventos desordenados para reforzar los giros de guión y los conflictos en la vida amorosa del director So Wansoo, y no es hasta el recuerdo que podemos tomar algo de perspectiva: exactamente la función que tiene la cámara de Claire. El recuerdo son una serie de fotografías que no solo hay que ordenar, también fijarse detenidamente e investigarlo. Jeon Manhee, la ex-amante, se encuentra con Claire en la playa, Wansoo comparte mesa con ella en un bar, y así sucesivamente, pero sin conversaciones ni resoluciones dentro de una propia escena. Los conflictos se resuelven por pequeños momentos de “eureka” tejidos en una teleraña controlada inevitablemente por el personaje de Isabelle Huppert, convertida por un misterioso agujero de guión en lo contrario al Mr. Merde de Lavant, una agente de la felicidad.

The Wolf From Royal Vineyard Street (Jan Nemec, 2016)

Lobo Royal

Autobiografía a base de punk. A Nemec no le para nada, si hay que recrear escenas de su primer Cannes, se coge una cámara y te plantas en pleno festival a robar planos. Y acto seguido, se le abre la cabeza a Godard mientras está distraído leyendo el periódico, por privarle de su Palma de Oro tras asaltar una proyección junto a camaradas como Truffaut. The Wolf, el Lobo, se presenta a sí mismo como una figura irreverente y llena de razón incluso en los momentos más bajos, asestando burlas en escenas que requieren de una dosis alta de veracidad, haciéndonos dudar sobre lo que vemos, si de verdad todo se resolvió tan bien y de forma tan ingeniosa, o siquiera, si algo así pasó en realidad: tomemos como ejemplo su detención por el gobierno comunista de su país, razonamiento sobre Kafka mediante, es motivo suficiente para confundir a la guardia y poder exiliarse. Sin interrogatorios ni palizas interminables, un simple diálogo que ya quisiera Tarantino haberlo creado y de nuevo a la calle.

Igualmente, funciona, ya sea para hacer una película ligera, o para lanzar puyas oscuras y no meterse en problemas, el Lobo es eficaz en cualquier aspecto que se propone. Jiri Madl y Karel Roden se encargan de ponerle cara y voz de estrella del rock al director, sus chulerías y gesticulaciones no hacen más que añadir a la confusión, todo tan creíble y a la vez tan de farsa: la historia como enemigo, del cine, de la carrera propia, es la muerte del deseo y de los sentimientos, por eso hay que matarla a ella y a los que se creen sus protagonistas (R.I.P. Godard) para poder contar una verdad propia. La de Nemec, la del Lobo que se mantuvo salvaje e instintivo hasta en su último aliento en el regreso a casa.

Vitalium, Valentine! (Jean-Charles Fitoussi, 2017)

Vitalium

La última película de Fitoussi es una experimentación de géneros con mascarada cómica. Retrotrayéndose anecdóticamente a tiempos de la Universal, y más específicamente de la Hammer a la hora de planificar, la descendencia del doctor Franken Stein, otro científico loco que ha recogido el testigo familiar, decide comprar un castillo con unas condiciones muy específicas y a un dueño muy particular. Se encuentra así con una mina de oro en cuanto a pacientes con los que experimentar su nueva droga: por fin podrá traer consciencias pasadas al presente.

Y esto es aprovechado más por el director que por los personajes, que al final ceden a instintos o programaciones haciéndoles predecibles, pero permite a Fitoussi revisitar una y otra vez los ensayos clínicos desde distintos ángulos cambiando de comedia a documental histórico, del plano medio al general, de la película de época a la pasional. En cierto modo se anota puntos como continuación de Rohmer, Resnais o tintes rudos de Rivette en sus formas dramáticas, y a la vez se separa haciendo de la ciencia-ficción algo asentado y creíble, más que fantástico, asentado en este laberinto cinematográfico.

  • Sigfredo Arencibia Rivero

    Por cierto en que acabo el culebron del cartel del festival, ¿Le retiraron el dinero al que lo hizo por plagiar una revista de ciencia ficcion antigua?

Críticas

ant-man-y-la-avispa

Aquí hemos venido por las risas.

sicario el dia del soldado

El camino a la redención.

theendlessport

Nunca caminarás solo, hermano.

jurassic world el reino caido

Jugando con los dinosaurios a casas encantadas.

novitiate

Deseos, derechos y libertades.

Twitter

Podcast