Normalmente hablaría de cine o algo así,
pero ha sucedido algo poco corriente, una anomalía en mi vida cotidiana:
tengo RATAS en mi casa.
No soy un puto cerdo ni nada por el estilo,
alguna pelusa de más, pero en general cuido mi hogar, limpio y doy brillo
y esplendor. Lo que ocurre es que vivo en un bajo, con un patio más
parecido al refugio de un yonki que a un hermoso lugar con plantas y una
sombrillita. Este patio conecta con el de unos vecinos, que tienen una
especie de chiringuito chabolista montado ahí, que normalmente uno pasa
por alto, hasta que ve tres ratas corriendo por su salón.
Hace algunos días estuvo mi padre aquí,
como no tengo aire acondicionado, pues abro la puerta del patio para
ventilar, que es lo más parecido a una ventana que tengo, y mientras
veíamos la tele mi padre me comenta como quien habla del tiempo "tienes
una rata en el patio". Me reclino y, efectivamente, hay un jodido roedor
divirtiéndose en mi patio.
Mi padre se fue el domingo y el lunes empecé a oír ruidos raros en el salón. Tenía la paranoia de la rata
en la cabeza, pero como era algo más o menos sutil y no veía nada, supuse
que sería algún insecto cuya esperanza de vida con toda seguridad sería
inferior a la mía.
Ayer quedé con nuestro Rafa para cenar,
optamos por el siempre cómodo, aunque caro y mal cocinado Gino's. Rafa se
pidió una pizza Prosciutto (jamón y queso para los mortales), yo una de
pollo con salsa barbacoa (que desgraciadamente también tenía cebolla casi
cruda encima). Cenamos hablando de la
mala acogida de la nueva de Shyamalan, del
bético que entró en el foro y de la actualidad
periodística. Todo muy bien y muy divertido.
Rafa se fue a trabajar en su horrendo
horario nocturno en Europa Press y yo me fui a casa dispuesto a colgar sus
noticias e irme a la cama para hoy ir al pase A Todo Gas: Tokyo Race.
Entro en casa, avanzo por el pasillo, llego
al salón y dos manchas negras corren hacia la cocina. ¡HAN ENTRADO EN MI
CASA! Por el tamaño de esos seres supuse que no eran ladrones, ni tampoco
unos okupas que interpretaron mi puerta del patio abierta como una
invitación a vivir. Eran unas ratas hijas de puta.
La hija de puta.
El siguiente video relata lo ocurrido.
Como bien digo, hablé con Dani, que recibió
mi e-mail de alerta, él me sugirió que hiciese como Willard, que las
domesticase para atracar farmacias o algo así. Él me dio su apoyo, pero
eso no iba a echar a la última hija de puta de mi casa. Y de paso me
recordó otra desagradable visita de años atrás cuando un moscarda bien
cebada cayo fulminada ante mi insecticida para de repente, en su agonía,
ponerse a parir montones de larvas asquerosas. ¡Me cago en la puta, joder!
Las putas larvas retorciéndose sobre mi
sofá.
Esta mañana parece que la última se ha ido,
o bien se ha quedado dormida en un rincón que yo no encuentro. Pero ni hay
ruidos ni tampoco cagadas nuevas. Hay esperanza al fin y al cabo, pero no
puedo quedarme tranquilo, sé que volverán, pero la próxima vez ¡ESTARÉ
PREPARADO!.