SITGES 2004

La celebración del XXXVII Festival de Cine Internacional de Sitges se celebró entre los pasados 2 y 11 de diciembre, deparándonos algunos interesantes estrenos, algunos de ellos de improbable, lamentablemente, llegada a las carteleras de nuestro país. Afortunadamente parece ser que cada vez más se acepta, y se pide, la llegada a nuestras salas, o videoclubes, de filmografía de otros países, principalmente de Japón y Corea, actualmente los que realizan algunas de las mejores películas del momento. Pero no sólo cine asiático hubo en Sitges. También se pudieron ver remakes americanos de películas japonesas… y cosas mucho más interesantes. Este humilde servidor pudo ver un poco de todo y pretende reseñar en líneas generales que se pudo ver este año en Sitges.

Viendo el palmarés vemos que la gran triunfadora, como cualquier mente no precisamente avispada podía suponer, fue Oldboy. Venía precedida por el éxito del último Festival de Cannes, donde recibió el premio especial de la crítica, y visto lo visto hay que reconocer que tal expectación estaba totalmente justificada. Los 3 premios recibidos en Sitges incluso saben a poco para tamaña obra de arte, sin querer desmerecer al resto de películas claro está, aunque la política seguida por el jurado del festival, repartiendo muy ecuánimemente los premios lejos de parecer un disparate resulta muy acertada dada la calidad de las propuestas presentadas.

Oldboy nos cuenta la historia de Oh Daesu, un tipo corriente y vulgar, quizás algo bocazas, que se nos presenta al inicio del film borracho, en comisaría, justo el día del cumpleaños de su hija. Una vez puesto en libertad bajo fianza, y mientras un amigo llama a su casa, Oh Daesu desaparece sin dejar rastro. Es encerrado durante 15 años en una habitación. Se le alimenta, regularmente le duermen con un gas y le cortan el pelo, las uñas y le toman muestras de sangre y de orina, y evitan que se suicide. Al cabo de 15 años es liberado, se le entrega un teléfono móvil y dinero, y una misión: averiguar quién y porqué le han encerrado durante 15 años.

Con semejante premisa podría parecer que nos encontramos ante otra versión de la famosa novela de Dumas, El Conde de Montecristo. Y efectivamente así es, incluso en algún momento de la película el protagonista es referido mediante el título de la novela de Dumas. Pero lejos de encontrarnos ante otra típica y tópica historia de venganza nos encontramos con un film perfecto. Sí, va sobre una venganza, tema recurrente del director, del cual hablaré más adelante, pero la comunión de diversos factores hacen de éste un film único. Un director en estado de gracia, Chan-wook Park, que ya había demostrado en anteriores films su maestría, pero que aquí confirma su gran momento, poniéndose a la altura de directores asiáticos como Takeshi Kitano y arrebatándole a Takashi Miike el puesto de mayor director de culto actual (y eso que Miike es mucho Miike). Un guión perfecto, sin fisuras, con diversos giros y un final impresionante. Y qué decir de las interpretaciones, Min-sik Choi como Oh Daesu borda el papel de hombre desesperado, esquizofrénico (aprende Russell Crowe… y aprende de Ralph Fiennes también ya puestos), y finalmente luchador. Un montaje excepcional y una fotografía más que correcta, todo ello empacado por una música genial, incluyendo una escena de tortura con las Cuatro Estaciones de Vivaldi de fondo, nos da un producto perfecto, que contiene algunas de las mejores secuencias que un espectador podrá ver jamás en una película, como por ejemplo, una escena de lucha filmada en un plano secuencia lateral. Sí, así como suena, al más puro estilo de aquellos tan míticos videojuegos como Final Fight o Streets of Rage, Chan-wook Park (ojo, que la referencia a un videojuego no nos induzca a pensar erróneamente en Paul W.S. Anderson… ¡ni por asomo!) nos filma una secuencia de lucha genialmente coreografiada, donde lo gracioso es que no parece que esté coreografiada, que ya quisieran muchos directores de cine de acción tener la capacidad de filmar.

Aunque haya recibido los premios de mejor película y el premio de la crítica, se hecha de menos el premio de mejor director para Chan-wook Park, cuya labor se podría calificar de maestra (recomiendo fervientemente sus anteriores películas, Joint Security Area y Simpathy for Mr.Vengeance, que conforman su trilogía sobre la venganza, y su episodio de Three Extremes).

En cambio el premio de mejor director ha ido a parar a Johnny To por Breaking News. Aunque reconociendo que es una buena película (pero desde luego no la mejor de To) y que su dirección es fenomenal, incluyendo un plano secuencia de 10 minutos al inicio del film que es de visión obligada, el premio sorprende, aunque resulta lógico por la ya mencionada política del jurado del festival de repartir muy equilibradamente los premios. Breaking News es un vibrante film policiaco que trata del asedio del cuerpo especial de policía a un edificio controlado por terroristas. Junto a los policías entrarán en el edificio dos periodistas que informarán al exterior… con los convenientes ajustes informativos pertinentes cual soldados destacados con el ejército americano en Irak (por poner un ejemplo al azar). La trama se desarrolla de forma quizás algo convencional aunque son de agradecer la inclusión de unos impagables momentos cómicos dentro de una película con elevadísimas dosis de violencia.

El premio al mejor actor fue, como sin lugar a dudas todo el mundo esperaba, para Christian Bale por The Machinist. Por todos es conocida ya enorme la profesionalidad demostrada por Bale a la hora de afrontar este papel llegando a perder más de 30 kilos para poder encarnar a un hombre cuyo insomnio, que le hace llevar un año sin dormir, le provoca extraños comportamientos que lo apartan de sus compañeros de trabajo, llegando a provocar grandes desgracias. Un muy buen guión, con una gran resolución, excelentemente dirigido por el director Brad Anderson, ganador del premio al mejor director en el Festival de Sitges hace 3 años por Session 9, y con una fenomenal interpretación de Bale que confirma el buen momento de este actor galés, conocido por su excelente interpretación de Patrick Bateman en la adaptación de American Psycho, y a la espera de saltar totalmente al estrellato gracias al estreno el verano de 2005 de Batman Begins, la que promete ser la mejor adaptación comiquera de todas las realizadas hasta la fecha. Incluso este próxima fama de Bale podría servir para que se estrenara por fin en España Equilibrium, una fantasía futurista a medio camino de 1984 y Fahrenheit 451 con elementos de Matrix. A todo esto decir que The Machinist es una muy recomendable película que también ganó el premio a la mejor fotografía.

El mejor guión fue a parar a manos de Frank Cottrell Boyce por Code 46, de Michael Winterbottom, apreciado director cultureta, que no por ello menos interesante. Esta cinta también recibió los premios a la mejor banda sonora y el premio Melies a la mejor película fantástica europea. En este caso nos hallamos ante otra fábula futurista, aunque en apariencia final no lo sea tanto, que cuenta una historia de amor entre un agente del gobierno (Tim Robbins), capaz de leer la mente de las personas gracias a un virus, y una reaccionaria contra el sistema (Samantha Morton), a la cual ha de detener. Interesante factura visual para una muy buena película, en la línea de Cypher, y cuyo montaje es menos denso que el presentado en el Festival de Venecia de 2003.

Del maestro nipón Takashi Miike nos llegaron tres propuestas, cada una de ellas más alucinante aún que la anterior. En primer lugar se proyectó oficialmente Izo, que cuenta la historia de un samurai crucificado por sus enemigos (en una escena que deja la Pasión de Mel… digo, de Cristo en una representación navideña de escolares) que por culpa de una maldición queda condenado a luchar eternamente a través del espacio tiempo contra toda clase de enemigos. Personalmente, no sabría decir si esta película es un despropósito enorme cuya único aliciente son los efectos especiales, a los cuales concedieron el premio en Sitges, o si por el contrario es una maravilla, con una narrativa densa y distorsionada que necesita de varios visionados para poder ser totalmente comprendido. Podría parecer que Miike fuera un director gafapasta o cultureta que pretende crear un nuevo modelo narrativo y bla bla bla… pero aquellos que hemos seguido fervientemente la obra de este director sabemos que no es así. Sabemos que Miike jamás cuenta la misma historia, que sus montajes jamás son convencionales (bueno, algún que otro churro tiene, pero de un historial de 60 películas alguno ha de tener). Desde luego me quedé con ganas de otro pase, no estamos ante una simple historia de mata-mata, por mucho que la primera impresión sea esa. Al menos consigue transmitir perfectamente la sensación de opresión y total y absoluto desquicio que siente el protagonista, gracias a un montaje de luchas frenético, aderezado todo ello con un personaje con guitarra que se dedica a cantar cuatro chorradas en momentos puntuales de la película, generando un cómico contrapunto a la película que te deja totalmente fuera de lugar cuando en cierto momento del film dicho personaje parece guiar las acciones de Izo. Desconcertante, pero muy interesante. Interesante, claro, para aquellos que no se queden en la superficie del torbellino de imágenes que nos ofrece Miike. Si alguien tan sólo pretende que se lo den todo mascado tiene como alternativas cosas como Captain Sky and the World of Tomorrow, que parece ser que no es tan aburrida como la pintaban en ciertas páginas americanas.

De Takashi Miike también se pudo presenciar Zebraman, una divertidísima parodia, que coge elementos de las típicas películas de superhéroes americanas y de otros subproductos tales como los Power Ranger, y que conforma una historia tan absurda e hilarante como interesante. Tiene una excelente primera hora, muestra del sarcasmo que han hecho grande a Miike, pero hacia media película todo se vuelve más convencional,  or tener elementos vistos hasta la saciedad, pero que en conjunto se salva gracias a un descacharrante final repleto de efectos especiales, tan exagerado que no se puede evitar sentir admiración por este director, capaz de hacer espectáculo de lo absurdo.

Y por último se proyectó Three Extremes, premio al maquillaje, un conjunto de tres cortos, dirigidos por Takashi Miike (Box, una interesante historia sobre incesto, que necesita de un par de visionados para ser totalmente captado), Fruit Chan (Dumplings, un inquietante relato sobre canibalismo, no recomendado para estómagos delicados) y de Chan-wook Park (Cut, otra pequeña maravilla del director de Oldboy, centrado también en el tema de la venganza, un auténtico delirio visual).

Finalmente, comentar que servidor también pudo asistir al pase de Ghost in the Shell 2: Innocence, galardonada con el premio Orient Express, a la mejor película de producción asiática. Una excelente continuación del manga de Masamune Shirow, con unos excelentes diálogos plagados de referencias filosóficas, que versan sobre el alma humana y la creación de vida artificial. De ritmo pausado pero intenso, con más de una referencia a Blade Runner y con unos bellos y espectaculares escenarios, que pierde algunos enteros en la forzada secuencia final de acción, que corta con el ritmo impuesto en toda la película, pero que no ennegrece el gran resultado final. Mención especial a una de las mejores bandas sonoras que se escucharon en el Festival.

David Nasarre (colaborador).

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