Reportajes

TIM BURTON: UN MUNDO PARA ÉL SOLO

Y COMENZAMOS…

En el momento en el que Tim Burton dio el salto definitivo a Hollywood en 1990 con la adaptación cinematográfica de Batman, la lí­nea que separaba “autor cinematográfico” y “artesano de la industria” se hizo mucho más difusa. Por primera vez en mucho tiempo, un director lograba combinar la comercialidad con el arte. Burton lo hizo de forma prodigiosa.

Tim Burton nació en Burbank, California, allá por 1958. Introvertido, callado, con una afición inusual por el color negro, Burton estuvo inmerso desde su niñez en el mundo del cine, al que tení­a a la vuelta misma de la esquina (en Burbank se encuentran los estudios Disney). Para que nos hagamos una idea de la posterior influencia que tuvo el lugar donde se hací­a mayor, diremos que Burbank es el prototipo, la quintaesencia del suburbio americano que tanto ha explotado Burton en pelí­culas como Eduardo Manostijeras o Ed Wood: un escenario tan recurrente en su filmografí­a como los paisajes tenebrosos o las casas encantadas.

Zote como él solo en los estudios, Burton destacaba por su habilidad en las artes plásticas: el dibujo, la pintura y las pelí­culas, con especial predilección por las pelí­culas de Godzilla, los filmes de terror de la productora inglesa Hammer, en los años 60, y el trabajo del creador de efectos especiales Ray Harryhausen, pionero en la técnica del Stop-Motion (Colocamos una figura de plástico. Sacamos una toma. La movemos un poco. Toma. Otro poco. Toma… hasta crear un movimiento completo cuando unimos el conjunto).

Así­, en 1979, tras graduarse en el CalTech de California, Tim Burton pasó a formar parte de la plantilla de animadores de Disney, lo cual no terminaba de hacerle mucha gracia, dado que para lograr un segundo de pelí­cula animada, el dibujante debí­a repetir 24 veces la misma imagen. Afortunadamente, algún genio de los estudios le ascendió a artista conceptual (que viene a ser como un empleado en el departamento creativo), con lo que Burton pudo terminar de explotar sus habilidades y empezar a dar forma a su manera de ver el mundo a través de su propia creación artí­stica. Pero las cosas no le fueron demasiado bien. Su único trabajo fue en el film Taron y el Caldero Mágico (The Black Cauldron) que, mira por donde, resulta que es la “pelí­cula maldita” de Disney. No se encuentra en nuestro paí­s y Disney aceptó reeditarla en DVD en los Estados Unidos tras muchos tira y afloja. Una lástima.

Sin embargo, el talento de Burton no fue aplastado vilmente por el gran estudio: hablamos de otra época donde la gente que hací­a algo distinto no terminaban en pelí­culas “indies” donde, a fuerza de explotar sus ideas, se terminaban quemando. Al contrario: la Disney, en esos momentos capitaneada por el hijo de su fundador, Roy Eisner, concedió a Burton la posibilidad de realizar pequeños cortos de prueba que son pequeñas joyitas como Vincent o Frankenweenie. Ambos se encuentran incluidos en el DVD de Pesadilla Antes de Navidad.

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