Críticas

RATÓNPOLIS

Oh, Pixar, cuán rápido ha caí­do tu corona. Sí­, niños y niñas: por primera vez desde que la página es página, el mejor film de animación del año no viene de la mano de Lasseter y compañí­a. No es que Ratónpolis sea una joya magna de la animación que merezca estar en la misma estanterí­a que, por ejemplo, El Rey León, Toy Story o El Gigante de Hierro, pero por primera vez se demuestra que cuando llega la hora de hacer buenas pelis para niños y adultos con cerebro de niño, reconforta saber que podemos recurrir a más de una compañí­a que, por supuesto, no es Dreamworks, que se encarga de poner las pelas y la distribución, mientras al mismo tiempo siguen con su letaní­a de hacer chorizos y secuelas de chorizos y de los que adivino su mano en los cuatro o cinco chistes de cuescos que aparecen en esta pelí­cula. Malditos hijos de Teletubbies.

No, me refiero a los tipos de Aardman.

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Esto es una chica Bond.

Y chico como han resuelto el brete: si pelí­culas como Cars o Buscando a Nemo ofrecen calor, confort, risas, moraleja y un suave sentido del humor, Aardman te presenta el equivalente de Misión: Imposible 3 para todos los públicos versión roedores. Roddy (Hugh Jackman, cuya experiencia en el musical le viene como anillo al dedo y nos brinda una interpretación vocal cojonuda: ahí­ le quiero ver y menos Scoop de los huevos), una rata de clase alta, acaba por accidente en mitad de Ratónpolis, una enorme Londres subterráneo y en pequeñito cuyos bajos fondos están controlados por El Sapo (Ian McKellen… pues eso, Ian McKellen), al que comienza a caer realmente mal en el momento en el que aniquila su colección de porcelana de la Reina Isabel. La única forma de volver a la paz (y soledad) de la vida en los barrios altos es confiar en Rita (Kate Winslet que se lo pasa bomba, y que por supuesto se convertirá en el interés amoroso de la pelí­cula, porque las ratas también tienen derecho) y, de paso intentar que la ciudad no se vaya aún más a la mierda en medio de una gigantesca inundación, el primer paso de El Sapo hacia una especie de limpieza étnica para que sus pequeños miles de batracios (realmente asquerosos, con gorrito de bebé y todo), tomen el control. Desde luego, no es un argumento que sea nada del otro mundo. Ya hemos visto bazofia similar en rollo “salva el dí­a” (y reinounidamente similar, como por ejemplo ÉSTA COSA).

Os importará un huevo porque cada dos minutos o algo así­ hay una persecución, en la que más o menos estará siempre involucrado el barco de Rita, el Johnny Dodger, que está plagado de cachivaches. Cada una de estas aventuras es una oportunidad de oro para que Aardman se luzca en lo que mejor sabe hacer, que son las escenas de acción, cada una más enrevesada que la anterior y que estaban completamente desaparecidas en la pelí­cula de Wallace y Gromit. De las muchas que hay, el premio gordo es la que tiene lugar a mitad de metraje, al ritmo del Bohemian Like You de Dandy Warhols (aunque los de Dreamworks quizás hubieran preferido otro tipo de música como, no sé… el puto Ricky Martin), con Roddy balanceándose de un lado a otro colgado de un inmenso brazo mecánico. Todas y cada una de estas escenas son un ejemplo de ritmo y velocidad narrativa y el clí­max final, breve pero intenso, no desmerece en absoluto.

No hay mucha necesidad de desarrollar los personajes. Ni hace falta, ni nadie se lo pide en ningún momento. Pero los pocos momentos en los que la pelí­cula se toma un respiro los clichés asoman por todas partes, y se nota la impaciencia de todos los creadores del film a volver como locos a las escenas de hostias. La segunda vez que Roddy vuelve a su hogar, la pelí­cula está a punto de caer a plomo. Afortunadamente, después llega el cipote final, así­ que no hay mucha queja.

Sin embargo, y siguiendo la mejor tradición de los films de animación, los personajes secundarios no solo están muy cuidados: son soberbios. Es difí­cil quedarse con uno de ellos, pero en particular ronda por ahí­ el primo de El Sapo, una rana llamada Le Frog y doblada por un inconmensurable Jean Reno. Acompañada de un equipo de ranas-ninja con acordeón y de un puñetero mimo (que da pie a una de las escenas mejor resueltas visualmente que me he comido en mi vida y que redefine el uso del teléfono móvil), Le Frog es un ataque a la República de Francia en toda regla y un asomo de la mala baba que intenta destilar la pelí­cula (a nosotros nos toca una guitarra en la que aparece pintada España –no es que seamos muy importantes, la verdad; y a los americanos, una pareja de ratas turista con pinta de completos gañanes). Es un cambio muy de agradecer, en vez de que los alivios cómicos sean los habituales secuaces del malo (que también los hay y a veces hacen gracia, a veces no).

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Esto es una chica Bond.

Y finalmente, la técnica. Es suficiente. Canta un poco el uso del agua, algo que todaví­a parece que cuesta bastante reproducir y eso que Abyss de James Cameron tiene como 12 años, pero los personajes son perfectos y el cambio de aires de plastilina a CGI manteniendo la misma estética no chirrí­a en absoluto, aunque se eche de menos la sensación de solidez (y artesaní­a y trabajo duro de cojones) que proporciona la técnica del stop-motion, y que por desgracia, parece tener los dí­as contados. En definitiva, un espléndido trabajo, una forma magní­fica de pasar el rato con los chavales aquellos que seáis padres y menos mal que se estrena antes de la época de las muñecas de Famosa y el calvo de la Loterí­a (descanse en paz) porque si no, Ratónpolis pasarí­a perfectamente desapercibida entre otros estrenos navideños. Aprovechad.

LO MEJOR:

– Lo dicho: es un misil de pelí­cula. Las escenas de acción. Los guiños: el de Gromit es bueno, los de Buscando a Nemo y La Dama y el Vagabundo son aún mejores, pero el de la serie de Batman cutre de los sesenta roza el genio cinematográfico. Y los secundarios (esas babosas, cantando a la Creedence por las alcantarillas). Ah, V.O. prácticamente imprescindible.

LO PEOR:

– Ni se molesta en crear personajes, ni en desarrollarlos. A mí­ me molesta aún menos. Hasta que la peli entra en faena, uno se teme lo peor: es sosa y muy lenta. Durante los primeros tres minutos.


David Bowers, Sam Fell | Sam Fell, Peter Lord, Dick Clement, Ian La Frenais, Christopher Lloyd, Joe Keenan, William Davies | Animación | Brad Blackbourn, FDrank Passingham | Eric Dapkewicz, John Venzon | Harry Gregson-Williams | David James | Cecil Kramer, Peter Lord, David Sproxton | DreamWorks Animation, Aardman Animations | UIP | 8 |

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