Críticas

EN UN MUNDO LIBRE…

Una constante repetida en el cine de Loach es la facilidad con la que el mensaje se entromete en el camino  de la pelí­cula. Lo que diferencia a Loach de muchos de sus condiscí­pulos es que a) pontifica sobre cosas que vale la pena pontificar y b) defiende sus principios aún cuando son inconvenientes. Por eso merecen la pena. Este razonamiento lo discurre Joan Allen en el film Candidata al Poder y se me ha grabado a fuego en el cerebro. Vuestro aprecio a En Un Mundo Libre dependerá de vuestra voluntad de atender al mensaje sobre el film, sabiendo que en mi opinión, ambos aspectos nunca llegan a mezclarse tan bien como en obras como Sweet Sixteen o Ladybird, Ladybird; o mi favorita, Lloviendo Piedras, por el hecho de que en algunos casos, se me hizo una pelí­cula frí­a y distante, emocionalmente hablando.

El argumento del film, antes de entrar en detalles, es el siguiente: Angie ha sido despedida de la oficina de empleo en la que trabaja y decide montarse una por su cuenta y riesgo, colocando a inmigrantes en trabajos que oscilan desde lo mortalmente mecánico (doblar camisetas) a lo mortalmente…mortal (el oficio de la construcción). El juego que nos plantea Loach es el siguiente: Angie no es una heroí­na de la clase obrera que aspira a derrotar al Sistema con sus propias armas. Ella es el Sistema. Un Sistema menos oficial, un Sistema mucho más cutre, pero un Sistema, al fin y al cabo, que permanece escondido bajo la apariencia cool que otorga el factor “hágalo usted mismo y que se jodan las corporaciones”. Y muchí­simo más peligroso.

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Como muchas de las intérpretes femeninas de Loach, Kierston Wareing es simplemente excepcional. Veréis: es una choni. Es un pibón escasamente encantador pero potentí­simo de todas formas, que desconoce lo que es el buen gusto y que va armada con un par de melones y la capacidad sin par de dominar al género masculino a base de poner palote a todo el que se encuentra por su camino, una personalidad que concilia bastante mal con su faceta de madre soltera. Y su capacidad para autoexculparse de sus propios errores resulta crucial y determinante para la trama, justificable de algún modo en un primer momento, deplorable en el último tercio del film. Por todo ello, lo que me resulta particularmente fascinante del personaje es la forma en la que Loach presenta el siguiente razonamiento: la capacidad para hacer el mal no depende de tu estatus social.  A Angie la hemos visto esta temporada en la abogada a la que da vida Tilda Swinton en Michael Clayton, con sus trajes de mil dólares, su mente frí­a, su telefonazo móvil y su absoluta devoción por los valores corporativos. En el caso que nos ocupa aquí­ conduce una chopper y viste con mallas de leopardo. Pero lo que nos quiere decir Loach y su guionista, Paul Laverty, es que cuando tienes un arma cargada delante de la cara, que decí­a Costello, no hay ninguna diferencia. Para explicarnos: aplaudo la forma en la que Loach no tiene ningún tipo de complejos para atacar al héroe de la clase obrera, aunque aquí­ lo emplee para atacar con contundencia al mundo laboral contemporáneo. La jugada le ha salido redonda.

El problema de En Un Mundo Libre es que, cinematográficamente hablando, flojea un huevo. Flojea porque me guí­o por una regla principal a la hora de valorar producciones de este calibre. La regla se llama “Cuéntame una historia”. Soy de la opinión de que el mensaje de una pelicula multiplica su poder en el momento en el que se pasa elegantemente a un segundo plano y se introduce en una historia, en una trama narrativa que despierte interés por su desenlace. Durante una hora y cuarto, Loach y Laverty no dejan de exponer, y exponer, y exponer, y exponer aún más hasta que la trama no se nos explica como una pelí­cula: nos la narran dos personajes (uno de ellos suele ser Rose, compañera de piso de Angie y reducida a SU CONCIENCIA, y ya) hablando sentados explicándonos los sin duda fascinantes mecanismos en los que se apoya el sistema laboral británico. Y amigos y amigas, no veáis lo que cuesta seguir el tema de marras.

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Añádase a ésto el hecho perenne de que las palabras “virtuosismo visual” y “Ken Loach” explotan si las pones juntas en una frase. Jo-der con la peli. A lo mejor es que el director británico no ha visto las producciones recientes made in Greengrass, o bien prefiere remitirnos a un cine social mucho más clásico y pedestre, pero estas dos conjeturas no justifican el hecho de que emplee argumentos como el uso de una banda sonora que da verdadera pena, ultradramática del copón y que se introduce en momentos concretos que brillan por sí­ mismos pero que con el “chan-tatachaaan” queda realmente manipulador. Ni siquiera es una banda sonora ambiental como la de Clayton, o un emotivo y sutil punteo de piano como Million Dollar Baby. Es Topacio. Cristal. El culebrón que queráis nombrar. Es el ejemplo más claro y rotundo. Si no lo necesitas, no lo pongas, creo yo. 

Cierto, no es nada nuevo para aquellos que sigan la filmografí­a de este cineasta, pero aquí­ no nos vamos a encontrar un género en el que apoyarnos como El Viento que Agita la Cebada. Esto es, por momentos, un Máster en Recursos Humanos Bajo Cuerda. Y cuando uno ha visto la serie ‘The Wire’ de la HBO, es consciente que explicar y entretener al mismo tiempo se puede hacer de una forma mejor y más accesible. La verdad es que estoy responsabilizando al film de no ser lo que nunca pretendió ser: En Un Mundo Libre…, nunca pretende ser un thriller acojonante, pero no he visto ninguna pelí­cula reciente en lo que lo deseara más. Más que nada, por cariño a la audiencia mayoritaria que deberí­a recibir filmes como este más a menudo, que me ha llegado, mucho, y que recomiendo fervientemente no por sus valores cinematográficos, sino porque de alguna manera percibo que un cine sin Loach –que  aquí­ pelea y gana, pero no por K.O.– es un sitio mucho más frágil.


Ken Loach | Paul Laverty | Kierston Waering, Juliet Ellis, Leslaw Zurik, Joe Siffleet, Maggie Russell, Davoud Rastagoud, Frank Gilhooley | Nigel Willoughby | Jonathan Morris | George Fenton | Peter James | Ken Loach, Rebecca O'Brien | Ulrich Fesberg | Sixteen Films Ltd., Tornasol Films S.A., Film4 | 6 |
  • George Kaplan

    Estoy de acuerdo contigo Rafa en que mi favorita de Ken Loach (hasta la fecha pues áún no he visto En un mundo libre…) es Lloviendo piedras. Sencilla y profunda al mismo tiempo como he visto pocas pelí­culas, y que me sirvió como base para un trabajo de Sociologí­a industrial en la facultad hace ya una década. Muy recomendable.

    También es cierto que la constante limitación técnica de Loach como director en todos sus filmes no suele influir en el desarrollo de las historias basadas siempre en los personajes y en las situaciones, nunca en la escenografí­a, la iluminación o la banda sonora.

    En algún momento de su filmografí­a (véase por ejemplo La canción de Carla) hizo algún ademán de abrir su abanico de recursos con resultados más bien desiguales. Es por eso que Loach nunca ha sido ambicioso a nivel formal ni estilí­stico. Cuenta lo que quiere contar y lo hace de una forma tan básica, tan naturalista, que casi se olvida de que lo que hace es cine y no un reportaje de “Callejeros”.

    Pero estoy de acuerdo, si no existiera Ken Loach habrí­a que haberlo inventado.

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