Opinión

LA MALDICIÓN DE EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS

El instituto. Qué lugar tan entrañable y a la vez lleno de mierda. Esa etapa de ligoteo, granos y subnormalidad por la que todos hemos pasado.

Una de las más difí­ciles tareas de los profesores en esa etapa ha sido siempre la de inculcar, dentro de lo que una persona con el cerebro en plena hibernación (o seco de tantas pajas) puede asimilar, una cierta noción de la ética. Los profesores tienen varias formas de comunicar y persuadir. Las mejores no son ni la mala leche de unos (lo que conllevaba mote cruel al instante), ni el buenrollismo de otros (a los que se tomaba por tontos y que pronto se decantaban por aplicar la mala leche, pero en dosis más grandes), sino las pelí­culas. ¿A qué chaval no le encanta reemplazar una hora de copiar apuntes y salir a la pizarra por un rato viendo la tele? Así­ que mientras el profesor descansa de su estrés diario, debido a tener que sobrevivir ante niños navajeros y padres psicóticos, los chavales aletargan sus instintos asesinos ante la siempre sedante acción del televisor.

Así­ que aprovechando ese milagro, el de lograr 50 minutos de paz en un instituto actual, nada mejor que tratar de transmitir buenos valores a los chavales, cual mono de laboratorio, a través de pelí­culas clásicas e intachables. Una de ellas, mí­tica, que se ha venido poniendo desde mis dí­as de colegio a principios de los 90, hasta la actualidad, es El Club de los Poetas Muertos. La pelí­cula, dirigida por el gran Peter Weir, habla precisamente de esa etapa de la adolescencia, y de cómo canalizar ese í­mpetu a través de algo creativo, en este caso la poesí­a, en vez de optar por la represión que ejercí­an autoridades como los padres o la misma escuela que se ve en esta historia. El encargado de esa tarea no es otro que Robin Williams en su faceta Patch Adams (cara amable y buenos sentimientos), que evidentemente va a contracorriente de la escuela que lo ha contratado. El hombre enseña los clásicos no como un tocho que te ha tocado leerte, sino como algo apasionante, y claro, abordar los clásicos también implica abordar los tópicos literarios que se dan en la poesí­a. Uno de los más populares no es otro que el CARPE DIEM, el aprovechar el momento, disfrutar el presente.

Y aquí­ llega el problema. En algún momento, algo en el cerebro de ese adolescente aletargado (bien por la peli o bien por ciertas piedras de las que se fuman), hace que el mensaje de la peli se metamorfice del CARPE DIEM original en VIVA EL BOTELLÓN, LA FIESTA Y LAS DROGAS. No sé si es porque ven a los protas reunidos en una cueva mientras fuman a escondidas (el protobotellón) o porque de todo lo que cuenta la peli, una gran parte de la gente a esa edad sólo extrae lo que le interesa, y mola mucho excusarse con algo que parece una cita culta. Ahí­ me veí­a yo muchas veces justificando que un sábado sólo habí­a ido al cine mientras mis compañeros me decí­an “¡pero tí­o, vive el presente! ¡sal de fiesta! ¡carpe diem!”. No entendí­an, o no querí­an entender, que mi carpe diem era ir al cine y que ponerse ciego y no acordarte de lo que has hecho, puede ser muchas cosas, pero desde luego no es aprovechar el momento.

Nunca he sido un fiestero, pero me parece bien que mucha gente se lo pase estupendamente yéndose a tomar algo el sábado por la noche con sus amigos (de hecho yo también me lo paso bien si ese es el plan). Pero que no me vendan que el carpe diem es esto:

Así­ que, jóvenes amigos y adolescentes tardí­os (madres divorciadas, viejóvenes, solterones de más de 30 años y parejas adictas al guateque), CARPE DIEM no es despertarte sobre tus propios vómitos, pagar 200 euros para no dormir en 72 horas, ni cojerte una gripe porque el fin de semana te pareció muy gracioso sacar los huevos por la ventanilla de tu coche tuneado a las 2 de la madrugada en pleno mes de enero. Si no me creéis, preguntad a David Hasselhoff sobre los problemas de vivir el presente demiasadas horas al dí­a.

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • Elvira23

    Vaya pensaba que yo era la rara. He dado varias veces con amigos que para divertirse habí­a que emborracharse hasta las trancas yo era un muermo por no hacerlo… Ahora tengo otros amigos y el único fallo que tienen es que no son cinéfilos jajajaja!

    Veo FoQ y luego o intento imitarlos! Es más me jarto de reirme de lo lindo jajaja! En mi época de Insti daban Compañeros y no intentábamos imitar a nadie, sabí­amos que era una serie y que es falso jajaja! Aún así­ todos enganchádisimos jajaja! Deberí­an reponer Barrio Sesámo otra vez para que enseñe a las generaciones futuras la diferencia entre relidad y ficción jajajaja! Otra explicación no le doy jaja!!!

    Los tipos de Almeria los hay en todos lados. Soy de BCN y fijo que hay gente que piensa lo mismo de su ciudad y por eso se la pillan gorda hasta perder la consciencia todos los findes!!!

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