Críticas

CAMINO

NOTA: Por fin tenemos entre nosotros la puñetera crí­tica de Camino, histórica en el sentido de que esta es la octava vez que intento colgarla, y la decimonona versión, porque el condenado film se las trae. Una vez resuelto el problema con el servidor, hela aquí­, mezcla de helado de nata y aceite de ricino, nenes y nenas…

Camino, el nuevo film de Javier Fesser, es relativamente fácil de resumir, así­ como pelí­cula.

Un abuso.

Y, por lo que al aspecto sociopolí­tico del film, lo que prácticamente nos esperábamos muchos: un bombardeo nuclear en la cabeza del Opus Dei. Mucha documentación, mucho estudio, mucha praxis, bla, bla, bla.  En relación a este punto, bien, algunos de vosotros estaréis pensando “¿Pues sabes qué, Rafita? Que me parece de puta madre?”. Vuestra opinión no estará muy alejada de gran parte de la audiencia con la que tuve la oportunidad de ver la pelí­cula. Absolutamente EN-TRE-GA-DA. De verdad, para grabarlo: gemidos, quejidos y lamentos de angustia entremezclados con expresiones susurradas, invectivas como (y cito) “putos curas”, “jodidas cucarachas”, o “ya está la puta Iglesia tocando los huevos”. Repetir durante 120 minutos. Al terminar la proyección, primero, se produce un efecto de descompresión en el ambiente, mientras comienza a formarse la insana idea de que nos í­bamos todos, primero a cenar y luego, antorcha en mano, a quemar iglesias. El motivo de este “despertar” colectivo es mérito exclusivo de un tí­o como Javier Fesser que podremos decir lo que queramos, pero que de contar historias, a un nivel puramente formal, sabe. Un rato.

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La pregunta es: ¿hasta qué punto Camino nos está contando una historia y dónde empieza la fase de adoctrinamiento?.

Lector: “¿Adoctrinamiento? Rafitaaaaaaaa…..”

Adoctrinamiento. ¿Cómo se llama de otra forma a un film que orienta todos, repito, ABSOLUTAMENTE TODOS los elementos que lo componen (puesta en escena, interpretación, guión) a machacarnos insistentemente con la misma idea, sea en el minuto 5, en el minuto 7 o en el minuto 106? Cine soviético, si no recuerdo mal lo que me enseñaron en clase. Es cierto que hay una historia en Camino. Es una historia muy hermosa, y muy noble y peligrosamente dramática de cojones: los últimos meses de vida de una niña bastante buena persona que enfrenta sus dudas y temores ante lo que la espera tras la muerte. Estupendo. Quiero ver esa pelí­cula.

Un film en el que nos encontramos con personajes inesperadamente complejos-pero-no, es decir: al desenvolverse en un ambiente complejo y conflictivo, parecen mucho más que un estereotipo, pero el caso es que nunca terminamos de entender EXACTAMENTE su comportamiento. La madre de Camino es una cabrona despiadada. ¿Por qué? ¿Dónde termina su devoción al Opus y donde empieza el amor por su hija? ¿En qué momento del film se permite a Carme Elias desarrollar el personaje?. Porque, por el contrario, tenemos el ejemplo de Mariano Venancio, desde ya nominado al Goya y vencedor moral de la categorí­a porque hace malabares interpretando al padre de la pequeña, ahogado por el ambiente de extrema religiosidad que invade a la familia, pero que por otro lado intenta cumplir los deseos más terrenales de Camino –porque está enamorada de un chico y quiere participar en él en una obra de teatro–. Curioso, que termine sacando el papel a base de huevos cuando teóricamente deberia argumentar sus dudas en cierta base racional que no se ve por ningún lado. (Viendo interactuar a Venancio y Elí­as ni siquiera parece que estén casados. Quizás Camino es realmente de ascendencia divina).

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La narrativa tradicional nunca ha sido del gusto de Fesser y por ello también nos encontramos con secuencias mágicas que intentan desarrollar el mundo interior en el que se agoniza la pequeña Camino. Es un parte bastante menos simbólica de lo que deberí­a porque aquí­ a Fesser se le va completamente la olla en lo que a meter elementos infantiles se refiere: una mascota animal, un pepito grillo –que es Emilio Gaviria — en forma de personaje literario y, por si no nos quedaba muy claro, vamos a meter minuto y medio de La Cenicienta de Disney. Estamos hablando de un mundo interno de ficción donde todo vale, pero la acumulación de referencias es tal que hace falta tragarla con cuartro litros de agua. Y si esto sucede en la parte del relato que no tiene que ver con la realidad, y sabiendo que el mundo que rodea a Camino es un drama de mil pares de cojones, bien… abrochaos los cinturones, que aún no habéis visto nada.

Paralelamente a esta historia discurre el hilo de la trama que se refiere al mundo real en el que agoniza la pequeña. Fesser no se va  complicar mucho la vida con ésto porque la historia se presenta sóla: operaciones, operaciones, operaciones, estados de agoní­a, hospitales, dolor, accidentes de tráfico, violencia psicológica, opresión, pavor, miedo, otra operación (felicitaciones al equipo de efectos especiales y maquillaje: la mejor representación de una intervención quirúrgica que he visto). Horrendeces. Vas a sufrir, quieras que no. Sutil como un dedo en el ojo. Fin.
Estos dos últimos párrafos se refieren al núcleo de la pelí­cula. Es sólo un poco menos radical de lo que parece, pero matices –pocos– aparte, por lo que he descrito es un film duro (quizás innecesariamente duro) pero justo: es su mensaje, es una descripción de hechos más o menos ajustados, pero siempre coherentes, pertinentes en su mayor parte. Importantes para el desarrollo del film. Yo querrí­a ver esa pelí­cula. De verdad que sí­.

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Redoble de tambores.

Entra el Opus.

Y tenemos un problema.

Al final la cosa manda cojones porque resulta que el Opus Dei no es tan relevante. Podrí­a desaparecer del film perfectamente. Pero no lo hace. Y por ello, somos arrastrados a una subtrama protagonizada por la hermana mayor de Camino –acólita numeraria– que a lo mejor es ajustada, a lo mejor es coherente, pero desde luego lo que no es: ni es pertinente, ni es importante. Junto a la historia de la hermana (que no nos importa porque vive como a tomar por culo y se limita a ir de un sitio a otro y apenas cruza dos palabras con la pequeña) se puede decir que los amigos de La Obra entran a saco en torno a la parte final del film. Pero hasta entonces, no hay escena en la que Fesser no introduzca una referencia velada a la tiraní­a de la religión organizada. Ni una sola. Primero distrae, luego cansa y finalmente, cuando entran en juego PLANOS SUBLIMINALES (I shit you not) la cosa se eleva a la categorí­a de Juzgado de Guardia. Y la cosa termina llegando al Tribunal de La Haya en el momento en el que Fesser pone punto y final su exposición con uno de los clí­max más ridí­culos que me he echado a la cara en años. Aquí­ no se van a desvelar spoilers, pero el espectador avezado descubrirá que Fesser ha construido una crí­tica en torno a una idea fundamental de niño de primaria. Lo peor es que dinamita el contexto religioso del film –por lo que la crí­tica al Opus termina siendo mucho menos agresiva de lo que parece–, convirtiéndo los treinta minutos o a sí­ dedicados a este tema en una acumulación de mala leche desenfocada. Lástima.

Pero si a pesar de todos estos factores en contra sumados al gusto retro de Fesser –el film parece ambientado en Torremolinos 73– el film termina llegando (porque llega), es que aquí­ tenemos algo grande en principio, disminuido por un sinfin de gilipolleces, pero grande de todas formas. De entre todos los realizadores españoles, Fesser es realmente el tí­o a seguir, a menos que Amenábar dé una campanada del quince con Ágora, el año próximo. Su control sobre la historia es total, el manejo de los actores es magní­fico –hay en el film intérpretes muy malos al lí­mite de sus posibilidades, lo que se agradece–. Fesser lo tiene todo: los medios, el motivo y la oportunidad. Sólo queda que, en su siguiente proyecto, se decida a rodar una jodida pelí­cula.

PD: ¿Los que dan vida a los del Opus? Como los nazis de Spielberg.  Ay.


Javier Fesser | Javier Fesser | Nerea Camacho, Carme Elí­as, Mariano Venancio, Manuela Vellés, Jordi Dauder, Pepe Ocio | Alex Catalán | Javier Fesser | Rafael Arnau | Cesar Macarrón | Jaume Roures, Luis Manso | Luis Manso, Javier Méndez | Mediapro, Pelí­culas Pendelton | Warner Sogefilms | 5 |
  • Atropos

    No es ruin usar el cine para hablar del Opus, es ruin usar la tragedia de una niña. Si quieres hablar del Opus a la gente, habla de ello. Con solo hablar de sus colegios mayores ya tendrias para varios documentales. Pero usar el drama para entrarnos por la via sensible, joder eso es manipulacion y burda.

  • Hannibal Smith

    He visto la pelí­cula y creo que la intención de Fesser es ir más allá de la fácil crí­tica al Opus, más bien me atreverí­a a decir que el director ofrece una crí­tica del fanatismo religioso en general que en ocasiones ensombrece los sentimientos humanos, y como determinadas personas (en el caso de la pelí­cula el Opus) se aprovechan de este hecho en su propio beneficio.
    http://bienvenidoalaultimabutaca.blogspot.com/

  • Don_Nadie

    ^^ Es verdad. Me expresaré mejo: lo que se del Opus me echa tanto para atrás que prefiero dejar de saber de esa gente 😉

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