Críticas

UN TIPO SERIO

La última pelí­cula de los hermanos Coen supone seguramente uno de sus trabajos más personales en muchos años y un retrato de cierta parte de la sociedad americana tan certero, cruel y a la vez amable como el que nos proporcionaron en Fargo, aunque en un contexto muy diferente.

Un Tipo Serio nos cuenta la historia de Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg), un profesor universitario que vive en una apacible comunidad judí­a de clase media de la América de principios de los 70. Su vida es una de las tantas vidas ordenadas y perfectamente ensambladas de esa comunidad hasta que un buen dí­a su mujer le dice que se ha cansado de él y que ha encontrado a otro hombre, un tipo serio de verdad, o como lo llaman los judí­os, un mensch. Ese es uno de los varios pilares de la vida de Gopnik que empiezan a derrumbarse, uno detrás de otro: la necesidad de acoger a su hermano, un intento de soborno en la universidad y dos hijos en plena e insoportable adolescencia. Una vida aparentemente perfecta se vuelve del revés de la noche a la mañana y eso provoca que la idea que Gopnik tiene de la vida deje de tener sentido. A partir de ese momento la pelí­cula cuenta la constante búsqueda de respuestas que realiza Gopnik tratando de reordenar las piezas de su vida y el sentido de la misma, algo que en una comunidad profundamente judí­a pasa inevitablemente por la religión.

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Los Coen, como ellos mismos dicen, se inspiraron en su propia infancia para construir esta historia, ya que aunque ésta pelí­cula no es autobiográfica, si que retrata una comunidad judí­a como la que les vio crecer, y el protagonista, Larry Gopnik, es el reflejo de varias personas y anédotas que conocieron entonces. Un tipo corriente y respetable al que su apatí­a y su falta de metas le juegan una muy mala pasada. Pero además la pelí­cula indaga mucho en la importancia de la religión en una comunidad judí­a practicante y que vale, como muchas otras creencias, para dar sentido y consuelo frente  a esas cosas que no comprendemos o no queremos comprender.

La pelí­cula en cierto modo provoca esa misma sensación de desconcierto que vive Gopnik, ya que durante buena parte de la misma el protagonista es la persona más inactiva del planeta, y en vez de acompañarle en un viaje que progresa en una dirección concreta, lo que vemos es cómo su actitud pasiva le lleva a ser el objeto de todos los golpes. Es su entorno el que actúa, no él, y por ello la historia tiene esa misma caracterí­stica de ser un calcetí­n dado la vuelta, como la vida de su protagonista.

También parece que la pelí­cula trata de representar en la figura de Gopnik el estado de la sociedad americana de entonces. Una sociedad pasiva y acomodada que necesitó que le agitasen las bellotas para despertar ante un mundo que ni era idí­lico, ni estático, y donde las aparentemente sólidas bases sociales escondí­an numerosas debilidades que cosas como la guerra de Vietnam pondrí­a sobre la mesa con todo el dolor y el desconcierto que ese tipo de cosas provocan en cualquiera. Algo similar, también, a lo ocurrido en el 11-S, y no me refiero al acto de ser atacado, sino al de ver cómo se tambalea tu mundo justo en el momento en que todo parecí­a cuadrar mejor, igual que un terremoto.

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Personalmente me resulto una pelí­cula extraña pero hipnótica y muy inquietante precisamente porque pareciendo todo muy ordenado no dejas de tener la sensación de que todo esta del revés, y te obligas a recolocar las piezas para encontrar el sentido de aquello que cuenta la pelí­cula. Igual que le pasa a Gopnik, esa reordenación no deja de ser un intento, muchas veces inutil, de volver a poner todo en su sitio.

Michael Stuhlbarg hace un papel genial. Es el mundundi por excelencia, un tipo que de puro formal resulta patético y cuya actitud apocada es tanto o más molesta que las cosas que le suceden (los abrazos de Sy Ableman duelen más que muchos golpes, ya lo veréis).

También ayuda muchí­simo la excelente banda sonora de Carter Burwell, que se luce como hace tiempo que no veí­a. Sensible, enrarecida y bella a partes iguales.

Si queréis desintoxicaros de las palomitas navideñas, esto y un buen régimen de ensaladitas son mano de santo.


Joel Coen, Ethan Coen | Joel Coen, Ethan Coen | Michael Stuhlbarg, Richard Kind, Fred Melamed, Sari Lennick, Aaron Wolff, Jessica McManus, Peter Breitmayer, Brent Braunschweig, David Kang | Roger Deakins | Joel Coen, Ethan Coen | Carter Burwell | Jess Gonchor | Ethan Coen, Joel Coen | Tim Bevan, Eric Fellner, Robert Graf | Mike Zoss Productions, Relativity Media, Studio Canal, Working Title Films | Universal Pictures | 8 |

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • Walter

    (Spoilers)
    Ayer me acerqué a ver la nueva pelí­cula de los
    Cohen (por cierto, también entré a ver el preestreno de “Sherlock Holmes”, cojonuda) y las primeras palabras que pronuncié al salir de la sala fueron: “Los Cohen son los putos amos”.
    Sin duda, “Un tipo serio” es una gran pelí­cula. Hay diversos elementos comunes en la obra de este par de hermanos, que vuelven a aparecer en esta ocasión,tales como: una cuidada ambientación, una banda sonora perfectamente escogida, un montaje magistral(obra de ellos mismos, bajo el seudónimo de Roderick Jaynes) y una capacidad única para convertir la tragedia en comedia. Al margen de esto, las interpretaciones son sobervias, especialmente la de Michael Stuhlbarg, que borda el papel de padre de familia de clase media americana, que ve como su mundo se desploma progresivamente. El hecho de que el elenco actoral no esté compuesto por estrellas de Hollywood (Ya canta un poco el grupito de amiguetes de Clooney & company), contribuye a que nos resulten mucho más creí­bles las penurias a las que se ve sometido el protagonista por parte de la gente que le rodea. La pelí­cula convierte la cotidianidad de un entorno en principio normal y hasta idí­lico, en un desasosegante ambiente en el que el próximo paso siempre resulta peor que el anterior. Y es que lo que realmente deprime de “Un tipo serio”, es que lamentablemente el devenir de la existencia es tan ridí­culo e improbable como el que se nos muestra en esta historia. Quedan para el recuerdo secuencias magistrales como la que abre la pelí­cula, la de la historia del dentista o la del bar-mitzvah del hijo del protagonista, bajo los efectos de un porro. Pero esto es sólo por citar algunas de las geniales piezas que integran un todo que supone un nuevo triunfo en la filmografí­a de los Cohen. Para concluir, los directores permiten que tanto el público como el protagonista, vislumbren la posibilidad de un final esperanzador, que se ve inmediatamente ensombrecido por la presencia de un huracán que arrasa con todo. Los Cohen usan esto como una brillante metáfora visual de la tragedia que está por llegar y que proviene de un detalle que en un principio pasamos por alto, pero que termina resultando fatí­dicamente crucial.
    Peliculón.
    Nota: 9/10

  • Perry

    A ver si por fin hacen de una vez Cuba Libre que llevan con ese proyecto desde los 90 o la secuela del Gran Lebowsky.

  • lufannag

    Pedir un segundo visionado de esta pelí­cula es concederle a los Cohen más paciencia aún -por parte del espectador- de la que ya tienen asegurada por su renombre. La pelí­cula, reposada, gana enteros. Es una de esas historias que dejan un regusto de mensaje profundo, emocional, y que hay que ir barruntando como la obra de un literato clásico. Ahora, no nos engañemos… muy normalita.

    No es culpa mí­a que pelí­cula tras pelí­cula los Cohen vayan prescindiendo de intentar atrapar al espectador con algo de artificio. Sólo un poquito. Su desbordante personalidad suele encontrar el equilibrio en una historia bien contada. No me importa que no sigan ningún paradigma narrativo. Pero lo que le pasaba al protagonista y su familia me interesaba por los pelos, y al resto del cine también. Igual es cuestión de falta de sensibilidad, vale. Pero la grandiosidad de sus marcianadas aquí­ está muy descafeinada. La comparación con Fargo es un auténtico favor a la pelí­cula en mi opinión… y eso que hay tramas en esta pelí­cula, y su sentido del humor en general, totalmente brillantes.

  • http://adadadad 00110011

    Yo todaví­a no he visto la pelí­cula, pero de todas formas te comprendo muy bien doctor diablo.

    A mi los hermanos Coen me encanta, y estoy seguro que con esta pelí­cula no me van a defraudar, porque su cine, que es marca de la casa, me parece enorme, y como muy bien decí­a verwirrung en mas de una ocasión, normalmente las pelí­culas normales de los coen superan muy fácilmente la media de aquellas pelciulas que se estrenan en la misma fecha.

  • Doctor diablo

    Esto…ehhh….pues vale……
    (Recuerda doc,sarcasmos no,sarcasmos,no)
    Joder como cuesta aguantarse¡¡¡

  • malaleche

    Es la puta mierda más grande que he visto en un cine desde indiana 4.
    Es una tomadura de pelo.
    Es aburrida, lenta y depresiva hasta vomitar.
    Es la pelí­cula que me hace replantear el asistir nunca más a qualquier proyección no protagonizada por Bruce Willis.

    Eso o en el Floridablanca la pusieron a 3 fotogramas por minuto cortando la parte final.

  • https://www.lashorasperdidas.com Javier Ruiz de Arcaute

    Seguramente lo haga más adelante. La verdad es que salvo en casos muy puntuales estos dos siempre me entusiasman y mira que hay diferencias entre unas pelis y otras.

    Lo que me gusta más es cuando en este tipo de cintas retratan a la gente a partir de pequeños tics irritantes, detallitos que normalmente nadie atiende y que aquí­ siempre son lo que alegran la pelí­cula y la llenan de contenido. Te dice más de un personaje cosas de ese tipo que la tí­pica frase descriptiva de “yo hago esto y estoy casado…”

  • Doctor diablo

    Harás bien Darkavm.
    Verás como cada cosa va tomando su sitio más nitidamente en un sgundo visionado.
    Javier,no te quiero molestar,pero me parece que en tu crí­tica apenas arañas la superficie del film
    También te recomiendo una segunda pasada.
    Verás como todo queda muy colocado y muy claro.
    saludos.

  • darkavm

    Después de reposarla y meditarlo esta noche con la almohada, esta pelí­cula cada vez me gusta más. Necesito verla una segunda vez.

  • jude

    Los Cohen, ese par de hermanitos que hacen la misma pelí­cula continuamente…desde aquella hermosa “El hombre que nunca estuvo allí­” se limitan a repetir el cliché “ea, esto es como una peli seria, vale? pero no, tiene puntitos cómicos y ahora, pum, te doy una notita ultraviolenta y te cagas y dices, ¡qué buenos son1”.
    A mí­, el paí­s de los viejos y el leido y quemado me parecen dos soberanas estupideces, dos crueldades intolerables (con ésta,3) en su carrera.

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