Críticas

UN PROFETA

Un Profeta es (son) el (los) nuevo(s) film(s) de Jaques Audiard (Un héroe muy Discreto; De Latir, Mi Corazón se ha Parado o Lee mis Labios), un tipo que siempre ha estado ahí­, de una forma u otra, en el panorama cinematográfico francés y que con esta pelí­cula vuelve debajo de los focos: se ha llevado el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes, y una nominación al Oscar a la Mejor Pelí­cula de Habla no Inglesa. Es un drama carcelario que sigue los pasos de Malik El Djebena (Tahar Rahim) durante sus seis años de estancia en prisión, y que nos habla de su ascenso dentro de la cárcel como recadero de un anciano jefe de la mafia corsa y compañero entre rejas, Cesar Luciani (Niels Austrup). Es una jodida lástima que acabe dando la sensación de ser una (curradí­sima y muy contundente) pelí­cula muy de género, bastante violenta, muy entretenida –150 minutos que se me hicieron muy rápidos– , y desgraciadamente casi nos hace olvidar que durante buen parte de su metraje ha sido un extraordinario drama personal, con una fascinante quí­mica entre sus dos protagonistas, y que no tiene miedo a ponerse poético cuando la situación lo pide. No es moco de pavo. No señor.

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Pero en realidad, Un Profeta son dos pelis. Por un lado, tenemos a El Djebena subiendo poco a poco en el escalafón haciendo sus encargos. Nada nuevo bajo el sol por ahí­: tenemos un montón de chanchullos, un par de escenas de acción cámara en mano viento en popa y un montón de actores convenientemente enguarrecidos para proporcionar sensación de realismo (Audiard contó con el asesoramiento de presos en la vida real). No quiero decir esto con la boca pequeña ni mucho menos: técnicamente es excelente, las escenas de acción tienen ritmo, y el plantel de secundarios es uniformemente espléndido, con docenas de actores profesionales absolutamente maravillosos que contribuyen a dar peso y atmósfera a la peli. Ojalá la trama mafiosa se explicara un poquito mejor: a veces se centra demasiado en personajes a los que apenas conocemos (o, casi peor, que nos gustarí­a conocer más). Pero por lo general, de lo más decente (con todas las influencias contemporáneas en el género que queráis meter, pasando por “sobreimposición de tí­tulos sobre los personajes”) lo que no tiene por qué ser malo, porque Audiard las hace suyas. Ya quisieran cien directores contar con la banda sonora que se ha marcado Alexandre Desplat para esta pelí­cula. Madre mí­a.

Ahora bien, en comparación con lo que el director nos cuenta de cuando en cuando, toda esta parte de la peli no le llega ni a la suela: la segunda peli –y creo yo, la más importante– nos presenta el mundo a través de los ojos de El Djebena (y no empleo esto al azar, es que realmente lo hace). Y esta es una pelí­cula llena de matices personales. El Djebena es árabe y trabaja para los corsos. En la cárcel que Audiard nos describe HASTA EL íšLTIMO BOLíGRAFO –detalles, niños y niñas, detalles–, es como nacer culé y llevarle las cervezas a Ochaí­ta. En este contexto tan jodido, la transformación fí­sica y mental de El Djebena es impresionante y tanto más creí­ble cuanto mejor se nos presentan las increí­bles perrerí­as que tiene que hacer para ganarse la protección que le evite salir con el culo como un bebedero de patos (en especial la primera, esa es indeleble) . Luego está su cuidada, matizada, intensa y descorazonadora relación profesor-alumno con Luciani . Austrup, 30 años de pelí­culas a sus espaldas y una especie de Richard Farnsworth con sesenta kilos de más, da una vida enorme al film y se convierte en uno de los pocos “mafiosos violentos que no me recuerdan a Joe Pesci”.

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Y por si falta tiempo (todo esto que os he contado apenas abarca una hora de metraje, así­ es la fantástica manera que tiene Audiard de contar las cosas) quedan unos breves escarceos con la poesí­a, en las escenas donde El Djebena aprende a leer y a escribir en prisión y, sobre todo, su relación con un compañero preso, Reyeb, del que es mejor no decir mucho; baste con indicar con que en esos momentos el film es una verdadera bizarrada que, en contraste con el drama carcelario realista que nos está contando, se agradece que te cagas y funciona, porque ya que se mete en ese campo, lo hace con mucha delicadeza pero con imágenes bastante impactantes (siendo un dedo como vela de cumpleaños la que más recuerdo. No quiero decir nada más). En mi humilde opinión, vale la pena repetir el mérito enorme que supone meter tal cantidad de temas, y enlazarlos de una forma tan natural, en tan corto espacio de tiempo (en referencia al drama social: la precaria situación de los árabes franceses, también descrita en el film,  ha causado cierta polémica en Francia, polémica que el realizador galo ha eludido porque no constituye el foco fundamental de la peli, y lleva toda la razón del mundo, a mi entender).

Esa, creo, es la pelí­cula que Audiard termina olvidando un poco conforme evoluciona la trama, donde el film entra a saco en el género criminal y que provoca que los momentos chiflados de la primera parte sean menos intensos y estén metidos un pelí­n con calzador. Está claro que el director quiere mantener el tono, pero hacerlo con un drama criminal es más complicado que hacerlo en un drama carcelario, que es más í­ntimo y personal. En estos momentos, la fuerza de la peli reside en ver a Rahim, que a esas alturas de la pelí­cula ya ha presentado su candidatura a actor revelación de 2010. No nos flipemos tampoco que no hace “un Liotta”: es un actor muy joven y más que nada sigue la corriente y las órdenes, muy pocas veces le veo dispararse por encima del material, pero la transición que se marca a lo largo de toda la peli es bestial. Pero bestial.

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Audiard parte con muy pocas posibilidades a los Oscar (todo lo que no sea Haneke serí­a una verdadera sorpresa), pero es innegable que se ha currado una señora pelí­cula que cuenta con el problema de que durante sus primeros sesenta minutos genera unas expectativas (descomunales y casi irreales, la verdad sea dicha) que nunca se ven satisfechas del todo. Pero que le quiten lo bailao. Como poco, es cine de género potentí­simo. Como mucho… ¿que podrí­a haber sido?. Podrí­a haber sido ENORME.  Pero se intentó. Y creo que a ese nivel tan alto, es suficiente.


Jacques Audiard | Jacques Audiard & Thomas Bidegain; Abdel Raouf Dafri y Nicolas Peufaillit | Tahar Rahim, Niels Arestrup, Adel Bencherif, Hichem Yacoubi, Reda Kateb, Jean-Philippe Ricci, Gilles Cohen, Antoine Basler | Stéphane Fontaine | Juliette Wellfling | Alexandre Desplat | Michel Barthélémy | Lauranne Bourrachot, Martine Cassinelli | Antonin Dedet | Why Not Productions, Chic Films, Page 114 |
  • frikkiman33

    Una obra maestra.

  • steve james 3

    a verla mañana…

  • pender

    Yo la vi ayer y me pareció un verdadero peliculón. Como bien dices Ángel la escena de la cuchilla es brutal, la mejor del film. Rahim y Arestrup están soberbios en sus respectivos papeles de Malik El Djebena y César Luciani. También estoy de acuerdo con Ángel en que el único pero que se le puede poner es algún bajón, aunque yo creo que hacia la mitad del film.
    En lo que no estoy de acuerdo es en la comparación con Celda 211. Un profeta es superior, pero Celda 211 es una gran pelí­cula que no se encuentra demasiado lejos de la de Audiard.
    Un saludo!

  • https://www.lashorasperdidas.com/ Ángel Vidal

    Brutal, simple y llanamente brutal.

    Hací­a meses, medio año mí­nimo, que no veí­a una pelí­cula tan potente. Tiene un nivelazo que quita el sentido en todos los aspectos, actores, ritmo, guión, dirección, y la fantástica música de Desplat, sutil y acompañando en todo momento lo que se ve en pantalla.

    Las escenas de acción y tensión están rodadas de lujo. Se me pusieron los pelos de punta con la de la cuchilla.

    Por comparación con otra peli de ambiente carcelario de los últimos meses, Celda 211 está hecha por amateurs al lado de esto.

    Por ponerle un pero, creo que en la última media hora baja un poco el listón con respecto a lo que vemos previamente, pero el resto es para quitarse el sombrero.

    150 minutos en un suspiro y me quedé con ganas de más.

  • John Constantine

    El otro dí­a estuve viendo “De latir, mi corazón se ha parado”, que le tení­a ganas, y a parte de la acojonante actuación de Roman Duruis, es increí­ble ver como Audiard se aleja de todas las potenciales trampas del guión para que su personaje caiga simpático o mejor al espectador. Y por lo que decis, aquí­ pinta igual de bien.

    Lo que no sé es porque Audiard, con los peliculones que ha hecho, no está tan bien considerado por la crí­tica como otros estilo Haneke, Loach o Winterbottom. Como no sea porque a su filmografí­a le falta “mensaje”…

  • Max Renn

    Flipando me dejas, Ángel!
    Precious puede arder in hell, pero las otras dos son una oferta que no se puede rechazar. Todo un acierto por parte de los Van Gogh, sin duda.

  • https://www.lashorasperdidas.com/ Ángel Vidal

    Max Renn, simplemente impresionante. Ni en mis mejores sueños.

    Han estrenado Precious, An Education y Un profeta en los Van Gogh y The lovely bones se ha quedado fuera :O (aunque está en los Cinebox)

    Ahora no se cual elegir. Precious no, desde luego, pero de entre las otras a ver cual veo mañana.

  • frikkiman33

    Con todos los buenos estrenos que hay este fin de semana espero que esta se estrene en Cádiz.

    Me darí­a con un canto en los dientes, si se estrenara “Un profeta” y “An education”.

  • moriarty

    deseando verla

  • Jocaiba

    Para mi el mayor error de la pelí­cula es que va metiendo personajes nuevos a un ritmo constante y cuando llevas tres cuartos de peli son demasiados y en ninguno se llega a profundizar lo suficiente, quedando un poco confuso este aspecto, por lo demás coincido en todo con Rafa.

    SPOILERS!!!!

    Como está plasmada la violencia en la peli es lo que la hace subir muchos enteros, el asesinato del principio es brutal y la escena de persecución+asesinatos es soberbia como está rodada, la gran tensión que consigue generar.

    Creo que si el director hubiera sacado la tijera un poco quitando unos 20 minutos la peli serí­a mucho más intensa y por tanto mejor.

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