Reportajes

SIEMPRE HAY UN PEZ MÁS GRANDE

La compañí­a de alquiler de DVD, BluRay y videojuegos Blockbuster se ha declarado oficialmente en bancarrota a primera hora de hoy jueves.  Lo ha hecho amparada por el capí­tulo 11 de la ley que regula la bancarrota empresarial en EE.UU., un recurso que protege a las compañí­as de los pagos pendientes a los acreedores para permitirles realizar ajustes y superar los problemas financieros. Se veí­a venir a lo lejos (se lleva advirtiendo desde hace meses que es posible que la marca, en sí­ misma, podrí­a desaparecer el año que viene), pero con todo, esta declaración es una nota cargada de nostalgia, el fin de un modelo de negocio que pervivió durante nuestra adolescencia, y que sustituyó a su vez a uno que dominó nuestra infancia: el videoclub de barrio. Y es la historia de una muerte lenta.

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En España, Blockbuster comienza a resquebrajarse oficialmente el primer trimestre de 2006 , pero la crisis de la compañí­a en nuestro paí­s se extiende incluso dos años antes. Su ejercicio de 2004 detallaba unas pérdidas de 5,5 millones de euros, un 65% más que en el año anterior, y con funestas previsiones para el ejercicio de 2005. Por ello, la compañí­a –que contaba por aquel entonces con 86 locales y 723 empleados– descartó la posibilidad de renovar sus locales de alquiler.

Ya a finales de 2009, el estado de las finanzas de Blockbuster Inc. adquirió niveles crí­ticos. Primero, advirtió del cierre de 960 tiendas en Estados Unidos tras reconocer el pasado mes de septiembre a la Comisión Estadounidense del Mercado de Valores que un 18 por ciento de sus sucursales eran deficitarias , y que un total de 1.560 de sus videoclubes podrí­an cerrar sus puertas de agravarse aún más su situación. Hace siete meses, la compañí­a dio por terminadas sus operaciones en Portugal y emitió un comunicado inyectado de pánico en el que, literalmente, expresaba “dudas sustanciales sobre su capacidad de continuar como una empresa en marcha”

Hoy, con una deuda estimada de más de 900 millones de dólares, Blockbuster ha anunciado la bancarrota “tras un cuidadoso y exhaustivo análisis” en el que se determina esta opción como “la más adecuada dentro de la estrategia para transformar el modelo de negocio”, según anunció en el comunicado el presidente de la compañí­a, Jim Keyes, quien con esta decisión pretende reducir el déficit por debajo de los 100 millones de dólares. Y si bien ratifica que las operaciones de la compañí­a dentro del mercado doméstico permanecerán inalteradas –en el ámbito internacional sólo echará el cierre en Argentina–, sí­ que reconoce que tendrá lugar “una reducción del número de tiendas”.

SIGN O’ THE TIMES

Nunca he alquilado films en un Blockbuster. Yo iba al videoclub del barrio, un pequeño negocio familiar dirigido por una madre y su hijo. Entablé amistad con ambos un dí­a que se presentó el loco de Valle de Oro –un chaval de aspecto bastante siniestro, gafas ensambladas con celo, un mostacho adornado por cuatro pelos de gato, y ataviado con chándal de polipiel y Reebok Pump de vertedero de Valdemingómez–, berreando en busca de un film llamado “Armagadón” porque “era de matanzas” y esa noche querí­a recibir “caña de la buena”.  Desde ese momento, alentados por sufrir tan traumática experiencia común, madre e hijo comenzaron a “guardarme pelis”, fenómeno distintivo del buen frikazo que deberí­a llevarse como medalla de honor y una expresión tan clásica del videoclub de barrio como “las pornos en la estanterí­a de arriba”. La tercera frase más escuchada era “me cago en la puta madre del Blockbuster”, o variación similar.

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Nick Leschi, bloguero de Salon, comparte la misma animadversión. “¿Es malo que no sienta simpatí­a alguna por los recientes vaivenes financieros de Blockbuster?”, una compañí­a que describe como “la supertienda que contribuyó a arrasar los videoclubes Mamá-y-Papá”, hasta tal punto que muchas de estas pequeñas empresas han comenzado a incluir la opción de hacerse un bronceado gratis con cada pelí­cula alquilada. La simpatí­a por el débil ha sido un mal (menor pero endémico) en el funcionamiento de Blockbuster, una compañí­a que gracias a su esfuerzo por monopolizar el sector, comenzó a recibir tanto crí­ticas propias a un gran negocio, como la anteriormente mencionada, como las habituales que se lanzaban contra los pequeños videoclubs: “El chaval este que me recomienda pelis no tiene ni puta idea de cine”. Nada nuevo bajo el sol.

Blockbuster también se enfrentó a polémicas nuevas, como la desatada en 2007 por un articulo de Salon, escrito por Farhad Manjoo, en el que se poní­a de manifiesto el hecho de que Blockbuster no incluí­a en su catálogo ni pelí­culas calificadas NC-17 (sólo para mayores de 18 pero sin ser X), ni Unrated (no observadas por la división de calificación moral de la MPAA). El texto intentaba contener la leyenda urbana de que la compañí­a habí­a alcanzado un poder tan exagerado, que obligaba a los estudios de Hollywood a reeditar sus films para su distribución doméstica, habida cuenta del extraordinario impacto de la compañí­a en los estados norteamericanos de moral más puritana. En realidad, son los propios estudios los que editan los films de motu proprio para ampliar su distribución doméstica.

Mamá y Papá tení­an dos ventajas sobre Blockbuster: estructura de costes y porno, asegura el analista de Wedbush Securities Michael Pachter. “Son más pequeñas, con menos empleados y un coste mucho más bajo”, explica. Ni que decir tiene, Blockbuster no pone en alquiler pelí­culas guarras, por cuestión de valores, dentro del territorio estadounidense.

INTERNET

Con la amenaza de tormenta de 2004, Blockbuster comenzó a apuntar a la piraterí­a como principal causante de sus males. Por aquél entonces, se habí­a negado a entrar en el mercado asiático y anunció el cierre de sus tiendas en Hong Kong.  Volvió a decir lo mismo en 2007, cuando cerró en Perú, y repitió la misma letaní­a en 2010, con el final de sus operaciones en Portugal. Sin embargo, las circunstancias apuntan como motivo principal de su desaparición a un modelo de negocio equivocado, más que a la sempiterna piñata del top manta: Netflix, el “videoclub virtual”, ha vencido al modelo de “ladrillo y cemento” que representaba Blockbuster.

Primero, Blockbuster “ha alienado a los consumidores estadounidenses con su inestable sistema de multas”  y exagerado aumento de tarifas –en 2007, los consumidores tuvieron que hacer frente, de improviso, a una subida de 17 dólares de cuota mensual para alquiler ilimitado, un 50 por ciento sobre la tarifa previa–.  Después, su servicio de pelí­culas en streaming es muy pobre: sólo corre en Windows XP o Vista y su servicio on-demand es a la carta: pagas un precio determinado por cada alquiler, mientras que en Netflix sólo hay tarifa plana. Y, finalmente, se enfrentaba al problema de los cajeros de pelí­culas. En Estados Unidos, el principal proveedor de este servicio es Redbox, que dispone de 20 millones de unidades, por sólo siete de Blockbuster. Un ataque por tres frentes al que la compañí­a no ha podido sobrevivir.

LA VIDA DEL PEQUEÑO EMPRESARIO

John Cummings, era un antiguo trabajador de efectos visuales (curró en Jungla de Cristal) hasta que la llegada del CGI le dejó en la calle, junto a numerosos colegas de profesión. Desde hace una década, Cummings lleva “The Movie Nut” un pequeño videoclub en St. Louis, enormemente especializado, que aguanta las embestidas de los cambios en la industria videográfica moderna. No sabe cómo sobrevive.

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“Es una cuestión de mes a mes. Ahora tengo alquilado el edificio hasta finales de año y todaví­a no sé si voy a renovar. Quizás tengamos un par de meses estelares, no lo sé”, opina Cummings en declaraciones a STL Today.

Cummings ve pros y contras en el cierre de Blockbuster. En su opinión, la bancarrota de la compañí­a no hará sino acelerar los planes para digitalizar todos los contenidos on-line hasta tal punto que “el BluRay será el último formato fí­sico que se va a poner a la venta”.

“Si Blockbuster cae, son malas noticias para todo el mundo. Es una forma ideal de manufacturar una tonelada de productos”, opina. “Los estudios les pasaban directamente sus films, una enorme cantidad de films, para que Blockbuster los distribuyera. Ahora que ya no distribuyen a Blockbuster, ¿dejarán de distribuir pelí­culas?”

“Si sobrevivo es porque la gente sigue entrando en mi tienda y se pone a buscar pelí­culas. El problema personal que yo tengo, es que podrí­a sobrevivir si Hollywood hiciera buenas pelí­culas, pero ya no les veo capaces”, indica, antes de concluir expresando su reticencia a los planes de Obama para facilitar el préstamo al pequeño empresario. “No sé si aceptar dinero del banco. Me he montado este negocio yo solo. Nunca he tomado prestado dinero de ningún banco y no pienso hacerlo. No quiero quedarme en bancarrota”.

  • Cafreman

    ¡Que se joda Blookbuster, panda de buitres!, lástima por los trabajadores eso si, pero bueno. Aquí­ por donde yo vivo prácticamente no hizo daño alguno, de hecho seguimos teniendo en el pueblo un Video club bastante apañado, con pelis de follaje y bastante mas barato que el Blockbuster de los huevos, además, si te retrasas en la entrega de la peli no llaman al FBI para que manden una patrulla de asalto a tu casa a las 3 de la mañana. Lo dicho, lamento la pérdida de puestos de trabajo, pero me alegro que se haya ido a tomar por culo Blockbuster, ya está bien de tanta empresa usurera con fachada de buen rollito.

  • Adrian Veidt

    Un servicio pésimo, explotación de trabajadores, precios abusivos, multas excesivas… te veré en el infierno blockbuster.

  • belmon27

    Yo me crié en videoclubs, pero también soy de los que han descubierto (y redescubierto) mucho más cine por internet.

    Por supuesto que da lástima por los empleos, pero es simplemente la evolución natural del mercado.

    Lo que deben hacer es regularizar el streaming, que no sea tierra de nadie y que puedan sacar algún provecho de eso. Creo que tener inernet directamente en la TV o a través de una consola beneficiará muchí­simo a las empresas que apuesten por ese nuevo modelo de negocio.

    ¿Que es el fin del formao fí­sico? pues depende, como ha dicho alguien antes, hay gente dispuesta a dar dinero por ello, así­ que no descarto para nada que sobreviva como un elemento de coleccionista, igual que sobrevive el vinilo en la actualidad.

  • Ackbar

    Yo tambien me crié con el videoclub de barrio de 3 pelis a precio de 2 -aunque dos fueran chustas ochenteras de Charles Bronson o Bruce Lee, era lo que habí­a entonces!!!-. Y en efecto, entre las crisis y el Blockbuster, se cargaron todos los videoclubs familiares; por esa parte, que se joda la megabestia americana.

    Tambien coincido en que justito antes de la locura de los P2P tipo Napster -que tiempos!-, me hice socio de la quebrada; precios abusivos, dependientes que no tení­an ni puta idea no de pelis raras sino de megataquillazos, escasa variedad y escasas copias.

    El formato alquiler de pelis va a morir en breve, porque salvo coleccionistas con pisos de 200 metros cuadrados, la gente no tiene ni ganas de tener estanterias llenas de dvds polvorientos, ni sitio ni ganas; llegaremos al sistema de alquiler online “paga y visiona” total en breve.

  • juan_mas

    Pff, si es que me estoy dando cuenta que aquí­ todos nos hemos criado con el videoclub. Cuántas horas habré pasado esperando algun estreno charlando con el dueño… Y ahora cuando voy alquilo alguna peli antigua. Hará no mucho alquilé Solaris. Sí­, he dicho antigua, tiene cojones eh?

  • George Kaplan

    Pues yo lo que sí­ lamento es que Blockbuster se cargó todos los videoclubes que conocí­a (y habló de varios kilómetros a la redonda) para ahora desaparecer después de no haber mejorado nada de lo anterior, ni mucho menos. No les echaré de menos, pero todo esto apunta un mal futuro.

  • Silvia Broone

    No lamento la muerte de Blockbuster. Una mierda menos.
    Ahora queda McDonalds.

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