Críticas

EXIT THROUGH THE GIFT SHOP

“No podemos hacer nada para cambiar el mundo hasta que el capitalismo se derrumbe. Mientras, habrá que ir a comprar para consolarse”.

Banksy

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Exit Through the Gift Shop es una coña de proporciones épicas que nace del principio de contradicción de la frase de arriba y su valor depende exactamente de vuestro sentido del humor. Banksy señala simplemente que es bastante gracioso –o divertido por no llorar– que un arte concebido para el disfrute de los transeúntes y cuya concepción tiene un marcado carácter vandálico (dicho de otra forma, tipificado como delito) acabe siendo considerado un sí­mbolo de estatus social entre los coleccionistas de arte. También se pone un poco Ratatouille: quizás no todo el mundo puede hacer arte. No por falta de técnica. Mas bien por la ausencia de capacidad de observación, y no parece que seas capaz de criticar el mundo si no ves nada de malo en él. Y antes de que que este párrafo comience a arriconarme en una esquina, es mejor hacer un punto y aparte para proceder a explicaros, con muuucha calma, de qué estoy hablando.

Narrado por Rhys Ifans con la voz más sobria que el locutor de un GPS,  Exit Through the Gift Shop sigue, a su nivel más esencial, la evolución personal del vendedor de ropa francés Thierry Guetta. Guetta es una persona feliz, familiar,  vital, frenética y dicharachera (y algo enervante). No muy espabilado, pero le echa ganas. Y sobre todo, un espléndido documentalista: el único sesgo de su material es la limitación fí­sica de la duración de la cinta. Porque lo graba todo. Sin pasión, y sin prejuicios. Hasta que entra en contacto con los principales representantes del arte callejero contemporáneo, y decide convertirse, él mismo, en un artista.

¿Por qué le da por ahí­? Bien. Donde Exit… funciona (y cómo) sin ningún genero de duda es durante su primera parte, en la que Guetta nos presenta la manera de trabajo de los artistas callejeros: una bandada de aves nocturnas que recorren al trote las calles de las grandes metrópolis de nuestro tiempo armados con una escalera, un cubo, una escoba, y un juego de plantillas. Esquivan cualquier coche de policí­a que se acerque en la distancia porque son, en el sentido más estricto de la palabra, unos delincuentes. No obstante, el resultado artí­stico de sus obras excede con creces los daños materiales causados. Y existe un baremo: en su mundo, el respeto no se gana pintando “kiero ami churri” con un rotring gordo en una ventanilla de autobús. Tampoco parece que a la Policí­a no le importe mucho: tienen verdaderos criminales que atrapar. Con todo, la sensación de peligro va más allá de la mera transgresión cultural. Un mal dí­a pueden acabar perfectamente con una bonita multa. Guetta se siente atraido porque es irresistible.

(Y hay una diferencia entre irresistible y apasionante. Enseguida os lo comento…).

En este sentido, ETGS es, en principio, un documental sobre una actividad creativa arriesgada y nos llega como tal, con sentido de la urgencia, dinamismo y gusto por el detalle: tan inmersivo en las aventuras de sus protagonistas –más de una vez Quetta y el artista que le acompaña se ven obligados a echar patas– como dedicado a la hora de examinar sus obras: las mejores –las de Banksy, en particular– contienen lo que se podrí­a calificar comunmente de “ingenio” –a mí­ me gusta particularmente esos space invaders en mosaicos que un artista va pegando en diversos puntos de la ciudad… cada uno tendrá sus favoritos–. Pero conforme avanza la trama, el documental quiere ser algo más: concretamente en el momento en el que el arte callejero deja de ser gratuito y pasa a convertirse en un sí­mbolo de status social. “Sí­, el grafitti del policí­a haciendo un calvo es curioso. ¿Pero pagarí­as 100.000 libras por tenerlo en casa?”. Y en ese momento, todo, incluyendo el documental, comienza a cambiar.

ETGS deja de ser los ojos de Thierry Guetta para ser Thierry Guetta y el fascinante viaje que emprende tanto él como su exitoso alter ego artí­stico, el exitoso Mr. Brainwash (cuyas obras podrí­an ser del propio Banksy, en un giro de tuerca)–. Guetta atraviesa una serie de etapas del proceso creativo sin que en ningún momento haga acto de presencia la pasión y la vena crí­tica que se le presupone a un artista: pasa de mero observador a participante por el mero hecho de disfrutar de los peligros que atraviesan los artistas urbanos, para ser finalmente un miembro más de la exitosa élite artí­stica rodeada de “personas que te dicen sí­ y pagan mucho”. Nada más. Sí­, hace arte. Pero no parece saber muy bien para qué. Y casi peor… no parece que experimente ninguna emoción cuando crea. Simplemente, es lo que se supone que debe hacer. Disfruta de los preliminares, disfruta de sus consecuencias, pero no parece disfrutar de la creación en sí­. Es fascinante, y el hecho de que asuma esa condición con un histerismo que roza el de Borat, lo hace todo más absurdo.

Entonces es cuando realmente entra Banksy. Hasta ese momento, sus contadas apariciones de Bansky en el documental parecen formar parte, en un principio, del opus que está grabando nuestro protagonista galo, pero más adelante nos damos cuenta de que Banksy (siempre desde el más estricto de los anonimatos, voz alterada y todo) nos habla a nosotros. Sus intervenciones son cada vez más acentuadas conforme “Mr. Brainwash” –“un fenómeno”, dice de él, “y no en un buen sentido”– comienza a alcanzar cierta notoriedad en los cí­rculos artí­sticos y el valor económico de sus obras se dispara. Es precisamente el propio Banksy quien llama a la reflexión, al plantearse si hemos llegado a tal punto que vamos a pagar cantidades cósmicas de dinero por una obra pintada con un mono con una brocha. Para mí­, Banksy pide que se establezca una división entre que el arte es “puro”, y el que se “degrada” por formar parte de una tendencia.

Pero todos estos elementos, sumados, llevan a una reflexión mucho más amplia. Sobre la validez y la necesidad del arte. Sobre la democratización del mismo, sobre la forma en la que los significados se distorsionan, y los contenidos se diluyen. Todo etiquetado, todo compartimentado. Y de cómo reaccionamos a ello, en particular aquellos que se han hecho un nombre denunciando esta situación. Banksy parece ser el primero que sabe que forma parte de esta paradoja. En lugar de tomar partido, ha adoptado desde el principio una postura ambigua (échese un vistazo a su lista de aforismos: “A veces me siento tan asqueado con el mundo, que no puedo terminarme el pastel de manzana” o “Mi lista de gente que deberí­a morir: fascistas, fundamentalistas y gente que escribe listas de gente que deberí­a morir). La rueda gira y gira y gira y vuelve a girar, y siempre puedes autorreferenciarte un poco más antes de que tu cabeza explote. Al propio Banksy le están parodiando ya en las calles de Londres, porque se suponí­a que la gracia residí­a en que era un artista anónimo. Si aparece en un documental, ¿deja de ser Banksy? ¿Acaso sus obras pierden más fuerza?

Pero con todo, y ya en el plano del mero valor intrí­nseco y para que nos aclaremos: Exit Through the Gift Shop es un documental inmensamente entretenido, sobre todo en su primera hora. Emocionante y rápido, nos acerca a los creadores y nos explica la forma en la que entienden el mundo. Desde esta base, si es una parodia es de las mejores: una que parte desde un profundo respeto al tema que cuenta. Y desde ahí­, un film reflexivo, crí­tico, que defiende la pureza de unos determinados principiosa través de un mensaje tamizado a través del sentido del humor, nunca gratuito, jamás forzado, siempre desde el propio film y partiendo de las reglas que impone.

Y quizás, esto es realmente lo importante.


Banksy | -- | Thierry Guetta, Banksy, Space Invader, (narración de) Rhys Ifans. | -- | -- | Roni Size (uncredited) | -- | Holly Cushing | Holly Cushing, James Gay-Rees | Paranoid Pictures |
  • Bracero

    Lo he visto esta tarde, con mucho retraso, pero reconozco que me ha parecido genial. El brusco cambio a la mitad del mockumentary (cuando te enterás que todo es falso entiendes aún más la broma de Banksy) me parece acertado, y como relatas Rafa, poniendolo todo en manos del artista. Una gran crítica y sátira que tendría que ser visto por mucha gente, de verdad. Una joyita

    Aunque llegue con un año de retraso. Jasv no creo que tengas razón. Para entender cierto arte hay que conocer su base teórica, y si no lo conoces es imposible que consigas valorar la obra. Si has estudiado como Tapies pretendia transmitir es (no con formas, si no con composiciones cromáticas, texturas diferentes) mucho más probable que puedas llegar a entenderlo. A veces creemos que podemos captarlo todo sin interesarnos más que en un plano superficial (ver la obra), y eso, creo sinceramente, que es sobrevalorar nuestros escasos conocimientos

  • jasv

    Bracero,o no me he explicado bien o no quieres entender,me refiero a obras tipo Tapies,simbolos que no tienen mas significado que el que le da el “artista” y si los aceptas pues muy bien,yo no.Nadie me tiene que explicar el Guernika,porque viendolo ya captas el mensaje y mas sabiendo un poco de historia y la pintura surrealista aunque tiene codigos que puede que los no expertos no entiendan,si que permite una interpretacion mas o menos cercana a lo que se quiere expresar.

  • Bracero

    Totalmente de acuerdo Javier, pero también sucede que hay obras con un trasfondo interior, incluso una historia oculta, que seguramente necesiten una explicación (a menos que los elementos de la obra tengan explicación previa en otras obras del artista, caso de Dalí­) para poder valorarlas más allá de sus técnica y caracterí­sticas (si es que se encuadran en algún estilo concreto) y que está hecho a posta por el artista, con premeditación vamos.

  • https://www.lashorasperdidas.com Javier Ruiz de Arcaute

    Yo tampoco soy un experto, pero sinceramente no creo que el arte tenga que tener necesariamente un significado profundo ni nada por el estilo. Hay gente que trata de justificar obras puramente estéticas con no sé que mensaje o emociones simplemente por miedo a quedarse cortos o a parecer superficiales, cuando no hay nada más superficial que soltar naderí­as para darse importancia. La tomadura de pelo es esa, vender algo que no has pretendido hacer sólo por quedar de trascendente, profundo, anarquista, o cualquier otra cosa que te de notoriedad.

  • Bracero

    “En mi humilde opinion,cuando te tienen que explicar el significado de una obra,no es arte,es tomadura de pelo”

    Entonces, el Guernika de Picasso o el Gran Masturbador de Dalí­ son una tomadura de pelo?¿? Amos no me jodas…

  • frikkiman33

    El documental es excelente; muy entretenido y muy reflexivo a la vez. Muy recomendable.

  • http://www.myspace.com/sessionumerada biniwoo

    Habéis visto la intro de los Simpson realizada por Bansky?

    http://www.youtube.com/watch?v=2AA8gEokOhU

  • pasatiempo

    ya lo he visto, este documental lo deberian de poner en las escuelas de arte, aunque a muchos les haria verdadera pupa…
    tienen razon el arte moderno es un chiste.

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