Críticas

CAMINO A LA LIBERTAD

Quizás soy demasiado joven para disfrutar de esta pelí­cula porque, veréis, Camino a la Libertad es, en conjunto, la descripción más mundana de una hazaña sobrehumana que he visto en mucho tiempo. En términos cinematográficos, esta frase se puede traducir por la expresión “emocionalmente distante”, que es lo último que nos esperarí­amos tras acompañar a un grupo de presos fugados de un gulag estalinista a lo largo de 4000 kilómetros de tundra, bosque y desierto hasta India. Uno esperarí­a cierta sensación de… eso, libertad. Pero nunca llega: sólo queda un poso de “objetivo conseguido, sigue adelante, nada de aplausos, por favor”. Para una audiencia, puede ser problemático, y más si espera una exaltación a bombo y platillo de la Humanidad, banda sonora épica petando a todo volumen en nuestros oí­dos y clines en la mano. Eso es drama. Pero quizás la vida no es así­. Quizás es una sucesión de momentos í­ntimos moderadamente espectaculares que sólo adquieren verdadero impacto dí­as después, cuando estamos ocupados en otras cosas y nuestro cerebro, sin venir a cuento de nada, nos regala una idea: “Ey: ¡yo hice ÉSTO!”. Y flipamos. Es lo que sucede con Camino a la Libertad, o con cualquier otra pelí­cula que Peter Weir haya realizado en toda su carrera.

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via Jim Sturgess On Line

La primera escena de Camino a la Libertad –que no es una peli, ni una peliculilla, sino una maldita pelí­cula de cine– es absolutamente capital y sirve para entender lo que viene después: comienza con Janusz, un joven polaco interrogado por un oficial soviético que le acusa de ser un crí­tico del Partido Comunista y asegura que cuenta con un testigo de excepción. Para horror de Janusz, ese testigo no resulta ser otro que su propia esposa (bajo evidentes señales de tortura psicológica). Pero lo que realmente destroza al chaval no es ser señalado por su mujer. Es ver a su mujer habiendo entregado “la última pulgada”, que decí­an en V de Vendetta: ha comprometido lo que más ama para dejar de sufrir. Se trata de una escena con una carga tan brutal que el 99, 9 por ciento de los directores se hubiera roto la columna vertebral. El resto… bien, conjeturas: Spielberg habrí­a recurrido a un movimiento de cámara tan sutil como portentoso. Eastwood aprovecharí­a su dominio del claroscuro. Boyle rodarí­a la escena con una mira de francotirador como objetivo y la pantalla dividida en siete partes. Pero Weir… Peter Weir se la carga en tres planos, y a tirar. Quiere que la sintamos, pero no demasiado. Hay que reservar fuerzas para lo que viene después.

Cuanto más pienso en este film, más me doy cuenta de que cuenta con todas las piezas para convertirse en una aventura excepcional con un ritmo sin tregua. Personajes tiene: tiene a un héroe (Janusz, un optimista incorregible), tiene a un mentor, Ed Harris, cuya interpretación, dicho de manera sucinta, es simplemente acojonante. Hay un comodí­n en la persona de Colin Farrell, quien da vida a un violentí­simo gangster absolutamente chiflado que intenta vivir con la idea de que no puede sino amar a la Unión Soviética, precisamente el mismo paí­s que le ha metido en un vertedero a morir. Y para reducir la carga de testosterona, está Saoirse Ronan, en el papel de una joven refugiada que termina convirtiéndose –de una forma muy sutil– en la “hija” del grupo. Luego están otros tres intérpretes europeos (Alexandru Potocean, Sebastian Urzendowsky y Gustaf Skarsgí¥rd) de los que nadie ha oido hablar pero, oh sorpresa, resulta que son unos profesionales como la copa de un pino.

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Sturgess es nuestro héroe, y el chaval no lo hace mal. Pasa que es muy joven, poco carismático, pinta de lloroncete y al lado de Farrell (sí­, esta es una de las pelí­culas en las que le sale de los huevos hacer magia con el papel. Véase Daredevil para entenderlo mejor) o Harris, es inevitable acabar devorado. Sucede que Peter Weir es muy listo, y en lugar de convertir la inmensamente rica dinámica de grupo en un concurso de medición de penes, consigue que todos colaboren en el viaje para ayudar a Sturgess por encima de sus posibilidades porque así­ funciona este tí­o con los actores: quien tiene las tablas, da el 100 por 100. Quien se queda corto, da el 200 por ciento. Qué facil parece y, me cago en la leche, sigue sin caberme en la cabeza.

Pero lo que me resulta más intrigante es por qué, teniendo toda esta suma de ventajas, Weir elige contener tanto la acción.  Por qué Weir elige la distancia. Por qué incluso las muertes de los compañeros que pierden por el camino son descritas de forma tan gentil y pací­fica. Por qué durante todo el metraje estoy deseando que ojalá conociera mejor a este grupo de gente. La respuesta no llega imediatamente, pero dos semanas después me doy cuenta de que cada vez que la cámara baja desde los extraordinarios paisajes que recorren los protagonistas a planos detalle de sus rostros cansados, mi interés se ha disparado. Que cada vez que uno decide revelar detalles sobre sí­ mismo, me he quedado con cada lí­nea que pronuncia (la penúltima conversación entre Sturgess y un Ed Harris derrotado es memorable).

Nada entra demasiado pronto. Nada entra demasiado tarde. La banda sonora nunca obstruye. La cámara está donde tiene que estar. No aparecen flashbacks para recordarnos personajes que hemos conocido hace diez minutos.  No escapan en el último momento de una megaexplosión. No matan con sus manos desnudas a siete cosacos. No se quedan colgados del borde de un precipicio. No se devoran entre ellos. Simplemente viven lo mejor que pueden. Hasta llegar. Y esa es la historia: 4.000 kilómetros hasta reventar. Si pienso que eso no es drama, tengo que vivir más. Y si el film chirrí­a, lo hace por el peso de la historia real en la que teóricamente está basado (y que luego se demostró bastante inexacta, hasta el punto de que su propio director ha reconocido que se trata de un film puramente ficticio), con un epí­logo muy forzado por muy necesario que sea. Pero cuando está en faena es un ejercicio modélico de puesta en escena, guión, montaje e interpretación. Todo ello controlado por un director con tanta confianza en sus posibilidades, con un dominio tan claro y exacto del sentido de la historia, que es capaz incluso de emplear a su favor la gran incógnita del cine de entretenimiento: el resultado a medio plazo. Camino a la Libertad es un peliculón con una carga dramática disminuida, pero peliculón. No esperéis que sea inmediato. Pero llegará. Con el tiempo.


Peter Weir | Keith R. Clarke y Peter Weir | Jim Sturgess, Ed Harris, Colin Farrell, Saoirse Ronan, Mark Strong, Alexandru Potocean, Sebastian Urzendowsky y Gustaf Skarsgí¥rd. | Russell Boyd | Lee Smith | Burkhard Dallwitz | John Stoddart | Peter Weir, Nigel Sinclair, Duncan Henderson | Mohamed Khalaf Al Mazrouei, Tobin Armbrust, Ed Borgerding, Simon Oakes, John Ptak, Scott Rudin, Jonathan Schwartz | National Geographic Films, Exclusive Films, Point Blank Productions |
  • http://twitter.com/LeandreMarti Leandre Duran Tapia

    ¿Como está el ruso de Farrell?

  • http://www.tombstonexpres.blogspot.com Raskolnikov

    Recién llegado estoy de verla. Tengo que decir que estoy prácticamente en desacuerdo con la opiniones aquí­ expuestas. Por ahí­ dicen que le falta aliento épico. No sé. A mí­ desde leugo no me lo parece. El hecho en sí­ es lo que aporta la carga épica. La pelí­cula es heroica de cojones: ¿cómo no va a serlo una pelí­cula sobre media docena de tí­os que se cascan una caminata de 7000 kilómetros por medio mundo? Lo que pasa es que no lo parece. Planos en silencio, muertos donde lo único que suena es el silbido del viento de fondo. Pasa que Weir tiene la desfachatez de tratar al espectador con inteligencia. Supongo que cree que el espectador medio es una persona adulta y madura, y que puede llegar a una conclusión emocional de la contemplación de una escena dramática sin ayudas que le digan qué sentir. Eso me gusta. No es por nada pero ya estoy un poco hasta el cimbrel de muertes melodramáticas con discursos de media hora por parte del agonizante, fanfarrias, bombo y platillo, subida a los cielos y Spielberg metiéndote el dedo en el ojo con un LLORA CABRÓN QUE TE HE PUESTO LOS VIOLINES DE PERLMAN PARA QUE SEPAS QUE AHORA TIENES QUE GASTAR UN PAQUETE DE KLEENEX JOPUTA. NO obstante, a pesar de eso, y a pesar de haberla disfrutado bastante, le veo fallos. Es larga, demasiado, dos horas y cuarto para una pelí­cula que básicamente va de un grupo de tipos de picnic por la Mongolia Interior. Y eso, en la primera parte, con un Colin Farrell fuera de serie (en mi opinión lo mejor de la peli de largo) y los hermosí­simos y violentos paisajes de la Siberia profunda, que te quitan el hipo hasta con una foto que no compite precisamente para ver quién tiene la colorimetrí­a más grande, me pasa sin ningún problema, pero oiga, la parte del desierto… uf, se me ha hecho algo cuesta arriba. No tanto como para relegarla a los infiernos. Pero hubiera deseado algo más de… no sé… ¿algo?

    En fin. Que sin ser la mejor de Weir (OMG MASTER AND COMMANDER I CAME!1!!!!1!111!1!!1), es una notable pelí­cula, de las que te hacen reconciliarte con el ser humano. Y, lo siento, pero tengo que decirlo. Saoirse Ronan es preciosa. Hasta cubierta de mierda hasta las cejas sigue teniendo unos ojos increí­bles. Saber que sólo tiene 16 años me hace sentirme un ser sucio, horrible y despreciable.

  • Jgarciam4

    Correcto y bien realizado largometraje, al que el único “pero” que se le puede sacar, es la falta de épica, de emoción. A los personajes los vemos sufrir todo tipo de calamidades producidas por la meteorologí­a, pero no sufrimos con ellos.

    Las interpretaciones son aceptables, Ed Harris como siempre perfecto, a Colin Farrell, el doblaje al español le resta dramatismo, en cuanto al protagonista Jim Sturgess consigue cierta simpatí­a con el público.

    En lo referente al guión, diremos que hay ciertos vací­os, sobre todo en las razones de algunos personajes para estar en el GULAG. Se percibe cierto olor anticomunista en la cinta.

    Los amantes de la naturaleza y la fotografí­a disfrutaran de las hermosas localizaciones que nos muestra la cinta.

    En resumen: cine para pasar dos horas entretenido

  • https://www.lashorasperdidas.com Mary Carmen Rodrí­guez

    @Chernobog. Te voy a poner un ejemplo que creo que es bastante significativo y es el de Nine.

    Para promover Nine, The Weintein Co organizó una de las campañas más fuertes de la pasada edición, hasta le hicieron un especial en el Mira quién baila Usamericano. Y comenzó a captar el número suficiente de votos, de académicos que no la habí­an visto, que ni se podí­an imaginar que era un verdadero bodrio pero que asociaban el film al musical de Broadway o a Chicago de Rob Marshall que ganó el Oscar en el 2003. La pelí­cula se estrenó a finales de diciembre y fue un verdadero desastre, crí­tico, comercial y financiero, pero eso ni impidió que consiguiese cuatro nominaciones. Si el plazo de las votaciones de los Oscars hubiese finalizado tres semanas antes de lo previsto, Nine habrí­a conseguido el doble de nominaciones, entre ellas la de mejor pelí­cula. ¿Crees que los que votaron a Nine en la primera ronda la habí­an visto?. Se dejaron guiar por la tremendí­sima campaña ideada por The Weinstein Co que aún coleaba, a pesar de que todo el mundo dijera que era un horror.

    Con eso te quiero decir que independientemente de la calidad de un producto, si no tienes a una compañí­a dispuesta a darlo todo por una campaña no vas a conseguir nada. The Way Back sonaba para los Oscars antes de que Newmarket Film se hiciese con sus derechos de distribución, pero en cuanto apareció en escena esta compañí­a las poquitas opciones que tení­a desparecieron, porque Newmarket Film no tiene dinero para hacer campañas que hagan ruido. Si de su distribución se encargase otro tipo de compañí­a más fuerte probablemente las cosas serí­an diferentes.

  • George Kaplan

    @Vennora, así­ como he sido tan favorable en mi anterior comentario sobre la pelí­cula, tengo que darte toda la razón en lo que dices del epí­logo. Realmente es muy fallido y cuando repasé la peli en mi cabeza al salir del cine tuve que hacer como si no hubiese existido para no restarle puntos.

  • Vennora

    a mi me encanta Weir (creo que casi es el mejor que hay ahora), pero estoy muy de acuerdo con la crí­tica: me parece que la pelí­cula es muy interesante, pero su tono me supuso un problema. es demasiado distante. a veces me daba la sensación de ver un documental histórico con recreaciones dramáticas de lujo. y el epí­lgo/final de la historia del protagonista, me pareció horroroso. Horroroso horroroso. Y no se lo perdono a un director como Weir.

  • Chernobog.

    Pues yo no veo el peliculon por ningun lado. Es una pelicula bien hecha, laaaarga, con unas interpretaciones buenas, pero ninguna que se te quede grabada. Es entretenida. Si no esta en los premios que porque no lo merece, no porque no tenga repercusión. Al principio de las predicciones al Oscar todos le daban el Oscar a Weir y a Harris, pero simplemente ha decepcionado. y NO MERECE SER NOMINADA, en mi opinión, salvo en maquillaje.

  • Mr.Chance

    Volviendo al film objeto de la critica, creo que respecto al desarrollo del argumento …

    SPOILERS
    SPOILERS

    … no solo es el perdon hacia su esposa lo que mueve al personaje de Sturgess en su huida/retorno, sino lo que hace que Farrell se de la vuelta al ver el cartel de la frontera rusa (el perdon hacia su pueblo, que le ha tratado con tanta violencia como el a los que le rodean, y con eso, saber que el quizas pueda ser perdonado a su vez por sus propios actos) y Harris ante la muerte de su hijo (el cual se mantenia con vida solo para sentir que se castigaba, lo cual no es mas que una forma de expiación). A esos tres personajes que componen el motor activo del grupo (Farrell solo la primera mitad), les mueve unicamente un sentido interior de culpa que debe ser satisfecho. Un camino a la redencion al que solo encontraran respuesta en el mismo sendero que comparten. El titulo considero que es “Camino a la libertad” no por salir de la carcel del gobierno ruso, sino porque llegan mucho mas alla en su busqueda .
    ¿El resto de los personajes? podian ser hasta imaginados, porque no son mas que componentes que a mi entender, ejemplifican varias certezas de la vida … la inocencia ciega, la hija, la sensibilidad (el artista), la fe (perdida y encontrada, el religioso) e incluso, el humor como componente de la vida.

    Me emocione particularmente en la escena que un moribundo Harris reanuda la marcha despues de la charla con Sturgess. Puntualmente, el momento en el cual Harris se reincorpora sin mediar palabra, y Sturgess le alcanza poniendose a su altura, y pasandole el brazo por los hombros. Ese es el punto de inflexion donde ese hombre descreido, acabado fisica y moralmente, deja atras su sentido de culpa para recorrer con su compañero y completar un destino, que ya a esas alturas compartian completamente.

    FIN DE SPOILERS
    FIN DE SPOILERS

    Me ha parecido un flim impecable, maravillosamente narrado.

    Pero, soy consciente de que aburrira a muchos por lo mismo que algunos entendemos es uno de sus puntos fuertes (el tempo del film) y en cambio seran pocos, los reconocimientos que previsiblemente pueda recibir.

    Perdon por el tremendo ladrillo, pero la tenia fresquita de ayer por la tarde.

  • George Kaplan

    No habrá milagro, me temo, Mary Carmen. No es una peli comercial, las estrellas de la misma no están de moda, el director no es un “taquillero”, es frí­a y dura y de acción lenta y muy poco dada al espectáculo en cualquier sentido más allá de los paisajes…

    …Y sin embargo es un peliculón, pero no para los Oscar… A lo mejor lo serí­a si se produjera el efecto “Bailando con lobos”, pero como cito en el anterior párrafo, no se dan esas circunstancias.

    Yo sí­ me siento muy identificado con la crí­tica de Rafa. Me ha llegado y me ha tocado igual que a él. También tengo la sensación de que la valoro con mejor porque Weir es uno de mis directores favoritos, porque se le echaba en falta y que quizá si no fuera así­ no le encontrarí­a tantas y tan elevadas virtudes. Es probable, pero somos humanos.

    No me quedo sin destacar a Ed Harris (que es el actor más creible de la historia en cada cosa que hace), a Colin Farrell (que nunca ha sido actor de mi gusto y sin embargo se sale, el hijoputa se sale), la contención de Weir para narrar algo tan épico y sin embargo tan simple como un grupo de gente andando y la ausencia de grandes escenas de acción, repletas de música ensordecedora, explosiones y cámaras alocadas, probablemente porque en la realidad no existan y porque no hagan falta cuando no hacen falta.

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