Críticas

CÓDIGO FUENTE

Lo de Duncan Jones comienza a ser serio: una cosa es que te casques una pelí­cula de ciencia ficción rollo auteur-pero no, con tus propios términos y con colaboradores de altura estratosférica, y otra muy distinta es que tu segundo film sea una producción de Mark Gordon que sobre el papel tiene pinta de capí­tulo extendido de cierta serie que no quiero revelar (porque la peli le hace un guiño brutal en forma de cameo) y protagonizada por el maní­aco por excelencia de la generación treintañera de actores “Hollywood”.  Moon y Código Fuente transcurren en escenarios más o menos cerrados, se insertan dentro de la ciencia ficción y tratan cuestiones de identidad pero ahí­ se acaban absolutamente todos los parecidos. El triunfo del director reside en que pega el salto sin que chirrí­e un ápice gracias a los dos denominadores comunes del buen cine de entretenimiento –porque también lo son del buen cine en general–: el talento y el cariño. Lejos de ser el producto habitual “dame tu dinero, mira una explosión, ahora vete a la mierda”, resulta que Código Fuente, por humana, acaba siendo una verdadera cucada. Y, durante el 80 por ciento del metraje, una peli de suspense ejecutada casi a la perfección.

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Libro de texto del género, Código Fuente sólo necesita cinco portentosos minutos iniciales para presentarse como lo que, esencialmente, es: un thriller con un enorme sentido de la urgencia. Colter Stevens es un capitán del Ejército de los Estados Unidos que viaja en un tren en el que está a punto de suceder algo muy gordo. Debe descubrir quién es el responsable, y tiene un perí­odo de tiempo lí­mite muy reducido para averiguarlo. Si acierta, todos salvados. Si falla, mañana lo vuelve a intentar: Stevens cuenta con la “ventaja” de que está inmerso en un bucle temporal,  un eterno Dí­a de la Marmota que le lleva a revivir los instantes previos al suceso, acumulando la información obtenida de sus intentos anteriores, y así­ se abren las incógnitas: ¿cómo ha llegado ahí­?, ¿podrá salvar a los pasajeros?, ¿y qué sucederí­a SI logra salvarlos? y, sobre todo…  ¿nadie se ha dado cuenta todaví­a de que Jake Gyllenhaal está como un cencerro?

La respuesta a la primera pregunta encierra todos los problemas del film. No se trata de que te la responda. La cuestión es si deberí­a hacerlo. Código Fuente tiene un severo caso de Inceptionitis, es decir, pierde segundos preciosos de su metraje y de nuestra paciencia en explicarte sucesos circunstanciales que, vale, están relacionados con la historia, pero no inciden directamente sobre ella. A mí­ me importa, relativamente, un cojón el proceso por el que Stevens revive los mismos instantes una y otra vez, como me da igual que Di Caprio visite el mundo de los sueños con un maletí­n o con el autobús volador del profesor Poopsnagle. Lo que quiero es que salve a los pasajeros del tren. Todo lo demás… no es que sobre, pero deberí­a quedar claramente subordinado, de lo contrario la peli pierde fuelle. Harold Ramis se encontró exactamente con esa tesitura en Atrapado en el Tiempo y solventó el problema con un elegante “al peo”. Nadie murió por ello. La historia paralela de Código Fuente es importante, sí­, sobre todo para el desenlace, y cuenta con dos actores muy sólidos para ayudarte a digerirla, pero no deja de restar:  establece conexiones emocionales muy débiles (de hecho, el rollo Farmiga-Wright-Gyllenhaal es un poco filfa), es bastante  tramposa, obstruye la verdadera historia de la peli, y siempre te queda la sensación de que podrí­an haberla simplificado.

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Todo cambia cuando la peli realmente se mete en faena:  el maldito tren. Tendré problemas con parte del film, pero no tengo queja alguna de la trama principal, porque aquí­ Jones se mueve como pez en el agua. Los secundarios IMPORTAN: pueden ser aliados, pueden ser enemigos, pero siempre son sospechosos y, en última instancia, la gente a la que tienes que salvar. Investigarles implica conocerles como personas y, de esta manera, importan como los pasajeros del autobús de Speed –pelí­cula con la que Código Fuente guarda más parecidos además de compartir productor–. A Jones no se le escapa durante ningún momento. Es más, la única licencia visual que se permite (y que es muy, muy bonita) está destinada a resaltar que el mismo tren y los pasajeros que lo componen han sido tan necesarios como nuestro propio protagonista. Es un toque de clase. Y son secuencias que siempre, siempre, siempre suceden contrarreloj. Stevens pisa el tren a sabiendas de que hay un tiempo lí­mite. Como Jones no se permite el lujo de que lo olvidemos nunca, el resultado es puro nervio, porque cada vez que Stevens se respawnea, las apuestas suben y suben y suben: la chica le gusta cada vez más, descubre que las consecuencias de la catástrofe son cada vez más graves, y el culpable cada vez está más cerca.

Gyllenhaal tiene buena parte de culpa de este sentido del ritmo, porque está histérico. En el buen sentido. Lejos del estereotipo de héroe “tranquilos no pasa nada que soy la polla”, a Stevens no le hace mucha gracia el hecho de palmarla cada ocho minutos y decide abordar este problema con la serenidad del diablo de Tasmania, un papel que viene ni pintado a este chaval. Cuenta con la ventaja de que un sector de la población le considera un tí­o guapo, pero es de esperar que con el paso del tiempo las arrugas y la barriga cervecera revelen su verdadera condición de heredero al trono que dejará vacante Nicolas Cage.  Gyllenhaal tiene sus cosas muy buenas, y una cosa muy mala: las muy buenas son que está desarrollando una personalidad y un carisma reconocibles a pasos agigantados. La muy mala es que es puede no ser plato del gusto de todos: hay momentos en los que se le va la olla y resulta alienante. Es difí­cil simpatizar con tu héroe cuendo cada plano de Gyllenhaal es un .gif en potencia para la diversión de Internet, pero prefiero mil veces un actor así­ que aguantar a mingaflojas. Por lo menos sé que estoy viendo a un ser humano.

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A todo esto se suma cierta “mí­stica”: me da la sensación de que Código Fuente es una de esas pelí­culas en las que se ve que han puesto bastante amor. A Jones, en particular, se le nota encariñado con en los personajes, y con el diseño en general del proyecto. La peli respira comodidad, muy a gusto consigo misma a pesar de sus defectos y guiada por un director que no tiene inconveniente en realizar sacrificios: aquí­ no se ve por ningún lado la elegancia que caracterizaba a Moon. Haciendo de la necesidad virtud, Jones opta por una cámara mucho más fluida y más animada, pero no por ello menos clásica, salvo casos muy aislados. Esta capacidad de adaptación es un arma de doble filo: demuestra su flexibilidad pero también revela que Jones todaví­a no tiene un estilo definido y creo que es algo que va a necesitar si quiere entrar en el grupo de los directores super A de Hollywood; pero realmente es lo único que le falta, porque el chaval tiene la cabeza muy amueblada e interpreta la historia perfectamente. En comparación con la ambición de Moon, Código Fuente parece un paso pequeño, pero creedme, es justo lo que Jones necesitaba para crecer. Yo se lo agradezco.


Duncan Jones | Ben Ripley | Jake Gyllenhaal, Michelle Monaghan, Vera Farmiga, Jeffrey Wright, Michael Arden | Don Burgess | Paul Hirsch | Chris Bacon | Barry Chusid | Mark Gordon, Jordan Wynn, Philippe Rousselet | Jeb Brody, Fabrice Gianfermi | Mark Gordon Company, Vendome Pictures | Aurum Producciones |
  • xanti82

    Yo me esperaba mas de esta pelicula, pero tengo q reconocer q a pesar de sus defectos, me entretuvo. El talento de Duncan Jones es innegable. Creo que este producto es una estrategia de poder demostrar q tiene capacidad para embarcarse en grandes proyectos con albultados presupuestos.

  • Meadow

    Me sorprende tener una opinión tan contraria a vosotros. Después de haber visto Moon y haberme gustado… El guión de Código Fuente me parece muy muy flojo, y aunque le saco cosas positivas de dirección, me he aburrido, mucho, me ha parecido previsible… supongo que no he entrado.

  • George Kaplan

    Como llego tarde a esta crí­tica seré breve.

    Por fin pude ir ayer a verla al cine. De milagro, porque no creo que pase de este fin de semana (éramos 4 en toda la sala, siendo viernes noche).

    Me encantó, no puedo decir más. Peca de Incepcionitis, pero en contra de como lo indica Rafa creo que lo hace en el mejor sentido posible.

    Duncan Jones va a ser un grande segurí­simo. Ahí­ hay talento a raudales.

  • https://www.lashorasperdidas.com/ Ángel Vidal

    No llegaba a comprender exactamente a qué se referí­a Rafa con la comparación de Jake con Nicolas Cage, pero después de ver la pelí­cula sólo puede decir: ¡JODER!

    Hay una escena, que dura por lo menos un minuto, que consiste en un primer plano de Gyllenhaal diciendo “no” y dando rienda suelta a toda clase de tics nerviosos con la cabeza. No sé qué pinta ahí­, ni me importa.

    La peli, pues bien, aunque esperaba algo más; me ha gustado, pero no me ha llegado a entusiamar. El final se alaaaaaaarga más de lo debido, y mira que la pelí­cula ya es corta de por sí­.

    P.D: ¿Soy el único al que Jeffrey Wright le ha parecido insoportable? Me estaba poniendo de los nervios su forma de actuar; parece como si le hubieran dicho “venga, haz lo que te salga de la polla con el personaje”.

  • serpico84

    Yo la ví­ el pasado martes y me entretuvo bastante la duración bastante ajustada y discrepo de la crí­tica, ya que yo creo las explicaciones están bastante ajustadas cosa que no sucedí­a en inception que explicaba una y otra vez el proceso que es creo el fallo más importante de la peli de Nolan.

    Fui sin demasiadas expectativas y bueno al menos me lo pasé bien, aunque si estás un poco atento al cuarto de hora ya sabes quien va a ser el malo de la función.

    El reparto cumple bien su cometido y por lo menos yo prefiero este tipo de cine de evasión que al que nos tiene acostumbrados Bay y compañia que al final terminas mareado por el pulso de parkinson que tiene el amigo Bay.

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