Críticas

PARANORMAL ACTIVITY 3

El falso found footage (material encontrado) se ha convertido ya en un modo da narración que parece casi exclusivamente ligado al cine de terror. El grado de realidad (por falsa y forzada que llegue a ser) que otorga a las escenas sumerge al espectador en el terror puro y duro a base de un manejo muy medido de los tiempos de las acciones que tienen lugar en pantalla como si de una coreografía aparentemente improvisada se tratase. El problema es que la fórmula no termina de evolucionar, y el grueso de películas que se apuntan a ella adolecen de los mismos problemas, que no son pocos: sacrificar trama y personajes, es decir, la base de cualquier peli, en pos de una experiencia puramente sensorial, basada en instantes de tensión, pero totalmente insustancial.

Paranormal Activity 3 no es una excepción. Concebida como una precuela de la precuela, es decir, la recuela, narra la experiencia vivida por la protagonista de las dos anteriores cintas cuando aún era una niña. A partir de ahí es más de lo mismo. Unos ruidos en la noche, una imagen inquietante grabada por casualidad y comienza la obsesión del padre de familia, reportero de bodas, que como todo hombre moderno es un amante de los cacharritos y que, por tanto, tiene la excusa para forrar la casa de cámaras de vídeo, el iPhone de los 80.

Alternando tres escenarios básicos con cámaras fijas por la noche (dormitorio del matrimonio, de las niñas y salón) con la cámara en mano durante el día, se van sucediendo las escenas en una escalada más efectista que dramática, donde cada escena sólo aspira a ser más acojonante que la anterior para acabar justificando un clímax que es quizás el único momento donde se dan algunas respuestas y se abren nuevos interrogantes en la trama.

Como experiencia de terror la película funciona perfectamente, como experiencia dramática, nada. La empatía con los personajes es mínima, hay muy poca intención de elaborar en torno a las grabaciones cierto desarrollo de los protagonistas, por lo que no nos importa demasiado si viven, mueren, vienen o se van, simplemente esperamos que todo sea inquietante y cada susto mayor que el anterior. Así recurrimos al muy forzado transporte de la cámara de aquí para allá, que acaba convirtiéndose en el complemento de moda de los personajes. Lo mismo te vale de fuente lumínica (como si en los 80 no hubiese linternas), como juguete sexual o incluso motivo de discusión (otra vez).

Hay poco que contar sobre la película que no se haya dicho ya sobre las anteriores. Quizás determinados sustos y efectos estén más elaborados y pulidos, por llevar la experiencia un poco más allá, y ya sabemos que los niños siempre dan mal rollito, pero lo dicho: idem.

Es una pena que 12 años despúes de El Proyecto de la Bruja de Blair nadie sea capaz de superarla, recurriendo todas las películas a los mismos recursos. Si acaso la saga [REC], y no por hacer patria, sino porque jugaban con elementos de otro género, el de zombies, que dan más juego, y conseguían sacar mucho jugo del ya clásico escenario español de las reuniones de vecinos, con sus dosis justas de costumbrismo, gore y comedia (ésta última ausente casi siempre de este subgénero narrativo que es excesivamente afectado para la casi nula elaboración de personajes de la que hace gala). Que alguien de un paso adelante, por favor.


Henry Hoost, Ariel Schulman | Christopher B. Landon | Katie Featherston, Sprague Grayden, Lauren Bittner, Chloe Csengery, Christopher Nicholas Smith, Jessica Tyler Brown, Brian Boland, Dustin Ingram, Mark Fredrichs | Jennifer Spence | Magdalena Gorka Bonacorso | Magdalena Gorka Bonacorso | Gregory Plotkin | Blumhouse Productions, Paramount Pictures | Paramount Pictures |

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

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