Críticas

PERROS DE PAJA

Cuando se conoció que esta película iba a tener lugar muchos se echaron (nos echamos) las manos a la cabeza. No en vano, la película original dirigida por Sam Peckimpah era todo un referente, tanto del cine de su director como en lo que al tratamiento de la violencia en el cine se refiere (lo que casi es una redundancia). Una película cuya dureza y nivel de transgresión siguen totalmente vigentes en la actualidad, no requería seguramente de ninguna revisión. Sin embargo, como viene siendo ya una costumbre, los estudios se empeñan en revisar clásicos cada vez más recientes a fin de arriesgar poco y ganar mucho (algo que se da muchas menos veces de lo que uno pensaría dada la tozudez en esta fórmula). Este título no iba a ser una excepción.

La película cuenta, groso modo, el descenso a los abismos de la violencia de una pareja, y especialmente, del hombre, en este caso un guionista de Hollywood enfrentado a la crudeza del mundo rural, cuyo poder subestima al comienzo. Es, básicamente, una película sobre la naturaleza violenta y animal del hombre, sobre cómo, cuando al ser humano se le priva de todo lo que le convierte en un ser “inteligente”, se comporta como una bestia salvaje cualquiera.

Rod Lurie es quien se ha hecho cargo de este título, un director que contaba en su haber con una película muy notable como Candidata al Poder, pero del que seguramente muchos esperaban algo más que un remake innecesario. Lurie, al menos, se ha tomado el proyecto totalmente en serio y se ha hecho cargo del mismo desde el propio guión, escrito a partir del original y de la novela de Gordon Williams en la que aquel se basaba, construyendo una película casi idéntica a la original en su desarrollo, pero mucho menos turbadora en su contenido.

Las comparaciones son inevitables, porque cuando la original es, a día de hoy, una película tan incómoda como el Haneke más enfermizo, la nueva de Lurie es la versión sin aristas de aquella. No es que Lurie se ahorre el discurso más evidente de la historia, pero evita tocar temas incómodos que Peckimpah llevó al extremo. Si en la de 1971 la mujer era fuente y origen del conflicto, una provocadora nata, una calientapollas sin escrúpulos que sólo desea ver a su marido encabronado como un mono y que incluso goza cuando es vejada, aquí resulta mucho más “limpia” a nivel moral, y sus provocación no se debe al mero placer de putear al hombre, sino que es la respuesta a una despecho previo, y no pasa de ahí. Por supuesto, ni hablar de la famosa escena de la original en la que ella llega a disfrutar cosa fina. Peckimpah era un misógino y no lo ocultaba (Grupo Salvaje y La Huída dan fe de ello), y si bien su discurso era criticable, desde luego generaba y genera emociones mucho más viscerales, incómodas y malsanas que esta versión políticamente correcta.

De todas formas, dejando la comparativa a un lado, la película resulta muy eficaz y sus protagonistas hagan unas de sus mejores interpretaciones en sus respectivas carreras. James Marsden y Kate Bosworth bordan sus papeles, reivindicándoles como mucho más que dos “caras bonitas” de Hollywood. Cierto que Dustin Hoffman es el mindundi por excelencia y aquí Marsden no deja de ser una especie de Clark Kent, un cachas disfrazado de gafoso, pero te lo crees y le sigues hasta el final. Y luego está Alexander Skarsgård, que se come la pantalla cada vez que sale. Su papel es incluso más complejo que el de sus protagonistas, ya que si estos reaccionan a un acoso, él debe mantener un complejo equilibrio entre el macho que reclama lo que le pertenece y orgulloso hombre de pueblo que defiende sus costumbres ante la ingénua soberbia de los chicos de ciudad.

Se echa en falta algo más de mala leche, algo que junto a la falta de novedad la hará seguramente una película olvidable, pero es justo reconocer que al menos, como remake, tiene un gran respeto por la original, y lo que es más importante, por el espectador, que no se sentirá infravalorado aunque en esta ocasión se le señale más específicamente qué debe sentir y pensar, algo que con Peckimpah era mucho menos claro y más provocador. Mola más cuando una película de este tipo hace que te cuestiones tu moral y tu ética más profundas aunque sólo sea durante esas escasas dos horas de metraje.


Rod Lurie | Rod Lurie | James Marsden, Kate Bosworth, Alexander Skarsgård, James Woods, Dominic Purcell, Rhys Coiro, Billy Lush, Laz Alonso, Willa Holland, Walton Goggins, Drew Powell | Tony Fanning | Alik Sakharov | Alik Sakharov | Larry Groupé | Sarah Boyd | Marc Frydman, Rod Lurie | Gilbert Dumontet, Beau Marks | Screen Gems, Battleplan Productions | Sony Pictures Releasing |

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • Anónimo

    Ahora me apetece mucho volver a ver la original. La ultima vez que lo vi fue hace muchos años. 

  • Anónimo

     Si me paso a verla será por los jamelgos del cast, vease Alexander Skarsgård (Eric Northman de mis entretelas en True Blood) y Dominic Purcell, que si no me acuerdo mal era el cachas de Prision Break y el drácula de Blade 3…

  • Anónimo

     Si me paso a verla será por los jamelgos del cast, vease Alexander Skarsgård (Eric Northman de mis entretelas en True Blood) y Dominic Purcell, que si no me acuerdo mal era el cachas de Prision Break y el drácula de Blade 3…

  • http://twitter.com/Misingno5 Mising-man

    Creo que me haré sesión doble con esta y la de The Artist.

  • Anónimo

    Ni de coña voy a ver esta película.

  • ruben acero

    En la original fue la precursora de la famosa frase que conocemos nosotros …. “O follamos todos, o la puta va al rio”.

  • Anónimo

    Si ya lo decía un Grande de España: http://youtu.be/M8xfzsjB2jI

  • http://twitter.com/DabitJG David Jiménez

    Buff, sólo por compararlas van a tener mi entrada, más tras esta crítica bastante notable.

  • http://www.facebook.com/isaargh Isaac Möra

    Lo curioso de este remake es que es casi un calco… un calco limpio. Todo lo que pasa en la original pasa aquí, algunos diálogos y escenas son clavados, pero absolutamente todo está totalmente descafeinado. Y la original sí, era una historia de violencia y supervivencia, pero es tan grande por el ambiente malsano y perturbador que te asfixiaba durante todo el metraje y justificaba el final, aquí el peso de la película recae en lo que sucede dentro de la pantalla, y no en lo que hace sentir al espectador. Así que nos quedamos con una película entretenida sin más, que no impacta, pero que no mosquea. Y oye, ya es algo. 

  • http://www.facebook.com/profile.php?id=1409910548 Fernando Polanco Muñoz

    No tenía intenciones de pagar por verla, pero mira, me has despertao la curiosidad.

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