Reportajes

50 años después de Yasujiro Ozu

Japan Times dedica una amplia retrospectiva a uno de los más grandes realizadores de la historia del cine en el 50 aniversario de su muerte, que se cumple este jueves, 12 de diciembre. Hablamos de Yasujiro Ozu, “quien una vez se granjeó la reputación de que hacía películas que solo otro japonés podía entender”, apuntó Mark Schilling en su especial para el diario nipón. Esta percepción no es del todo exacta: durante los primeros años de su carrera, Ozu está influenciado por el cine extranjero, particularmente estadounidense, pero es un conjunto de factores internos (y la bebida es uno de ellos) el que, en cierto modo, obliga al director a volver su mirada a Japón, y a codificar su cine en un lenguaje no particularmente destinado a la audiencia nacional, sino alejado de las convenciones occidentales que dominaron su carrera en los primeros años. Por no quedar como un extranjero, acabó siendo el más japonés.

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Ozu, hijo de un vendedor de fertilizantes, segundo de cinco hermanos, domicilio destruido en el terremoto de 1923 que costó la vida a más de 142.000 personas (ninguna de su familia). Ese mismo día, 1 de septiembre, Ozu había decidido entrar en el cine por mediación de su tío como becario en los estudios Shochiku, dirigidos por Teihiro Tsutsumi. Lo hace contra los deseos de su padre, en un momento en el que el cine no está bien ponderado por la sociedad nipona y como puro “machaca” en calidad de ayudante de cámara, moviendo trastos de un lado a otro.

El terremoto del 23 es el primer factor que comienza a marcar la personalidad cinematográfica de Ozu; uno que se retroalimentaría con otros, aún más internos. El siempre extraordinario David Bordwell nos recuerda que la bebida siempre estuvo presente en su vida (“un hábito que adquirió muy al principio y del que nunca se desprendería”, nos explica). A ello se añade la profunda depresión económica que atravesó el país durante los años que siguieron al seísmo, donde resultaron particularmente afectadas las familias de clase media. Y, por supuesto, las guerras. Dos: la Segunda Guerra Chino Japonesa y la Segunda Guerra Mundial. Ozu sufrió particularmente en ambos conflictos. Primero, experimentó su primera entrada en combate a una edad madura, plenamente consciente de los terribles efectos de la batalla al ser obligado al alistamiento con 34 años de edad. En Manchuria perdió a compañeros de generación como Sadao Yamanaka, uno de los grandes nombres del género histórico nipón. Ozu solo rodó dos films hasta el final de su servicio. Su calvario no terminó con el fin del conflicto: pasó varios meses como prisionero de los británicos en Singapur, en calidad de civil. En 1946 regresó a un Japón completamente devastado y se dedicó a regenerar el cine nacional desde dentro, por, y para nipones.

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El término “radicalización” es inexacto. Bordwell lo llama “simplificación”. El fin de los movimientos de cámara, el desprecio por las convenciones clásicas occidentales, el constante salto de eje, la mirada directa a cámara. “Y por ello”, apunta Bordwell, “centra toda su atención en los personajes, y su humanidad brilla a través de ellos”. Donald Richie, periodista estadounidense afincado durante medio siglo en Japón, lamentó que los films de Ozu nunca gozaron de la comprensión occidental que tan bien aceptó a Kurosawa. “Siempre me decían que Ozu era demasiado nipón, que las audiencias occidentales nunca podrían llegar a comprender su cine”, explicó a Roger Ebert.

En esta pieza, Ebert habla con el crítico de cine nipón Tadeo Sato, quien define los principios estéticos de Ozu: tiros de cámara por debajo del rostro, o como mucho a nivel de los ojos “para conseguir que sus personajes cotidianos parezcan más importantes”, todos ellos sentados, evitando el contacto visual según la costumbre japonesa, poco movimiento, planos cortos, sin acercamientos súbitos de cámara para “ver la escena desde la imparcialidad”. TCM propone en este sentido que la altura está condicionada por el nivel de los ojos de los actores sentados o arrodillados, sobre todo, en un tatami.

Dos apuntes: primero, que el tiro debajo de los ojos no es una premisa compartida por todos. “Me revienta que digan que Ozu rodaba siempre desde un ángulo bajo. Simplemente es mentira”, lamenta el crítico Bill White, del Seattle Post Intelligencer. Segundo, la insistencia en que Ozu no es un cineasta tan puramente japonés como se podría entender en un primer momento. “Muy a principios de su carrera, el cine negro estadounidense influyó mucho en Ozu. Probablemente sorprenderá a los que estén acostumbrados a su trabajo posterior”, apunta Jaime Keeling, director de la retrospectiva organizada en 2005. “Mi favorita, entre estas gemas raras, es Esposa de una Noche (1930)”, añadió. Os dejamos aquí un extracto.

Una vez terminada la guerra y tras cierto período de estabilidad, el director nipón solo gozó de cinco años para experimentar con el color –impulsado por el dire de foto Kazuo Miyagawa, habitual de Kurosawa, con el que comienza a trabajar en su primer film de esta índole, Flor de Equinocio–. La bebida comenzó a pasarle factura. Su guionista habitual, Kogo Noda, decía que solía medir la progresión de sus guiones por las botellas de sake que se habían bebido. Ozu, un soltero empedernido, no resistió el gran golpe que se llevó con el fallecimiento su madre, con la que había vivido desde siempre, en 1961 –de hecho, están enterrados juntos–; un año después rodó su película más amarga, Una Tarde de Otoño, claramente influido por su muerte. “Al final, todos pasamos nuestras vidas en soledad”, remachó a través de uno de sus personajes.

Ozu falleció en 1963. Cáncer. En su lápida de Kamakura no hay nombre. Solo un kanji: mu (la nada).

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El cine de Ozu atraviesa postmortem las barreras territoriales a mediados de los 60, y es objeto de profundo análisis. El film que abre el camino es Cuentos de Tokio, de 1953 (póster debajo) ejemplo de lo que Sato llama “los planos-almohada”, donde el realizador comienza una escena con un plano ambiental (un árbol, una nube, un tren) para dar tiempo al espectador a que se acostumbre a la siguente porción de narración.

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Con todo y a pesar de los films posteriores , Ebert prefiere elegir El Coro de Tokio, de 1931, como su film más representativo; el que reúne en potencia todas las condiciones que marcarían posteriormente su cine y explotarían a través de sus múltiples experiencias personales.

AP2Cinema nos deja aquí un compendio de esta clase de planos. Os ponemos unos cuantos. (Tarde de Otoño, de 1962; La Hierba Errante, de 1959; Cuentos de Tokio, de 1953)

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(Nota: mucho amol por las farolas. Aquí dos ejemplos, con tres años de diferencia, entre Flor de Equinocio, de 1958 y El Fin del Verano, de 1961)

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“A Ozu no le gustaban ni los fundidos ni los encadenados. Prefería el corte como transición”, apunta Schilling, “empleando planos como postales, objetos mundanos, para situar con precisión a la audiencia de cara a la acción que vendría a continuación”.

· Adrian Tomine diseña carteles para las obras de Ozu. Más, en Criterion

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El propio Ozu se negó en numerosas ocasiones a discutir los aspectos estéticos de su cine, y mucho menos a describirse como cineasta. “Yo solo sé hacer tofu. Frito, hervido, relleno. Las cosas bonitas las dejo para otros directores”, aseveró. Todo su cine, según dio a entender en las entrevistas, estuvo acompañado por el desprecio a la gramática cinematográfica. “No hay una forma que seguir. Cuando aparece un film extraordinario, es que ha seguido su propia gramática. Si ruedas un film como te apetece, es algo que salta a la vista”.

Aquí va un vídeo homenaje de Carlotta Films (más, aquí)

Raúl Pedraz (@rpedraz) nos deja un archivo de imágenes de Ozu en Tumblr. Comenzamos con él de pichurrín (y al borde de la muerte por asfixia, por lo que parece), pero there is moar. Pinchad y gozad.

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Más:

– 6 consejos de Ozu para rodar (en Film School Rejects)

– La maravillosa Claire Denis, sobre Ozu

– El no menos güonderful Wim Wenders, sobre Ozu (ambos clips van con subtítulos en inglés)

– Ozu, explicado en dos minutos

– Doodle de Google.jp dedicado al director

  • http://www.twitter.com/isnotanexit Johnny_Marr

    “Algún día los occidentales entenderán mis películas, y verán, como los japoneses, que no son gran cosa.” Yasujiro Ozu

    Un ego al estilo Von Trier.

  • John Ryder

    Como ya han dicho, estos grandes y completos artículos (y los también enormes comentarios) hacen que me quiera tirar de cabeza a devorar la cinematografía de un director al que todavía no le he dado muchas oportunidades. Desde ese punto de vista (hacer amar el cine con pasión, independientemente de géneros, cinematografías, estilos, etc.), chapó por Rafa y los comentaristas ocasionales. Me remito a mi comentario del Podcast. Gracias.

  • George Kaplan

    Empezaremos por esa pues. Yo solo he visto Cuentos de Tokio y hace siglos.

  • George Kaplan

    Coño. Me he vuelto a votar a mi mismo por error. Ya me pasó otra vez al ir a mirar los colegas que me dieron “positivos”. No piense nadie que soy tan narcisista.

  • Jorge Martínez

    Totalmente de acuerdo Primavera Tardía más que una película es un orgasmo visual.

  • Daneel Olivaw

    Lo de “Cuentos de Tokio” es de otro planeta. A mi me encanta Kurosawa, ayer por la noche me tragué las tres horas de Barbarroja y me encantó. Pero desde que comencé a ver películas de este señor, he descubierto a otro japonés superior en muchos sentidos a Kurosawa. Si tuviese que hacer una lista con las 10 mejores películas de la historia, Cuentos de Tokio sería una.

  • New_Rodro

    Lo confieso. Salvo por “Cuentos de Tokio” tengo muy poco visto de este hombre. Despues de este articulo, me has picado. Tengo que ponerme en serio con este director pero YA.

  • javiKnight

    Cuando comentas así es un verdadero placer leerte, te lo digo totalmente en serio. Siempre estaré sin suficientes conocimientos, y éste artículo y los comentarios son de gran valor para mi.

  • fluidoramon

    Yo también prefiero a Mizoguchi y a Kurosawa, antes que a Ozu. Los tres me parecen grandes genios de la puesta en escena y de la composición pictórica en el Cine. Los tres consiguen que este aspecto (tan denostado en la actualidad) alcance unos limites muy dificiles de superar. Consiguen que lo difícil parezca fácil y eso tiene mucho mérito, y más en estos tiempos.

Críticas

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