Críticas

Los Canallas

Los Canallas es una película algo inusual en la filmografía de la cineasta francesa Claire Denis, nacida en París, educada en África occidental. Primero porque se aleja de su tema preferido, el drama postcolonial, y segundo porque es el primer thriller que aborda en 25 años de carrera tras las cámaras. Hablando de Denis, nunca podemos decir que va a ser “puro y duro”: Los Canallas comienza como un ejercicio de cine negro pero termina presentándonos a una bestia horrible que va mucho más allá de los límites de ese género, al convertirse en una mirada sin contemplaciones a la depravación sexual con la que se divierten los poderosos y los terribles efectos que ésta genera en las familias de las víctimas. Y es tan constante el aplomo de esta directora con pulso de cirujano, lo bien que interpreta los códigos, tan fantástica la interpretación de Lindon, que servidor no se da cuenta de lo impensable, de que el film se le va lo suficiente de las manos como para limitar seriamente la película, hasta que es demasiado tarde.

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El protagonista de Los Canallas es el menos canalla de todos. El capitán de barco Marco Silvestri vuelve a casa urgentemente para atestiguar que su mundo –uno con el que nunca estuvo muy conectado, pero intentó proteger en la medida que pudo– se ha ido a tomar por el culo. Su cuñado Jacques (Laurent Grévill) se ha suicidado y su sobrina Justine (Lola Créton) ha sido objeto de una violación demencial que ha estado a punto de acabar con su vida y le ha provocado terribles secuelas psicológicas. Silvestri, en silencio, considera que ha contraído una deuda moral con su hermana y decide iniciar una investigación que le lleva a relacionarse, sin miramientos ni contemplaciones, pero sí con una intención escondida, con Raphaelle (Chiara Mastroianni), la pareja del principal sospechoso de toda esta tragedia, el acaudalado hombre de negocios Edouard Laporte,  (Michel Subor, candidato indiscutible para el biopic de Benedicto XVI).

Durante una buena hora de metraje, el film es una sucesión de aciertos porque, en Los Canallas, Denis encuentra a un maravilloso amigo en el cine negro, con el que descubro que comparte inmensos puntos en común. Por narración y estructura, al dosificar ambos la información, aguantar tramas simultáneas hasta juntarlas en los momentos oportunos, al trampearnos con el tiempo cinematográfico para que nos obliguemos agradecidamente a hacer un esfuerzo mental para ponernos al día; por sentido audiovisual, al crear junto a su habitual dire de foto, Agnes Godard, un film atmosférico, denso, plagado de texturas tan clásicas –lujosos pisos, austeras habitaciones, y deprimentes barrios de putas– como contemporáneas, como el uso de las imágenes de vídeo que confieren a la película una nueva capa, sórdida y fea; y finamente por comprensión de sus personajes, al descansar el film sobre una infidelidad sexual tan adulta, tan “sabemos a lo que vamos”, como magnética y llena de dobles intenciones, en la mejor tradición del género.

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Y más allá de los elementos más superficiales, Los Canallas es un film que te toca los huevos, lo que resulta liberador, en cierto modo. No es un film opresivo y duro porque le dé la gana. Hay poso. Y no hay film de Denis que no aborde algún tipo de injusticia y en este caso la víctima es la clase media en general, y Marco Silvestri en particular, superado en sus relaciones con la clase alta que representa Raphaelle –quien jamás dejará por él su acaudalada posición– y repugnado por los criminales de baja estofa con los que se termina encontrando en su investigación. Marco, repudiado incluso por su propia hermana, vive en un limbo social con sus principios personales como único escudo. Y Denis nos cuenta que estos principios solo pueden aguantar una serie de golpes hasta resquebrajarse por completo. No solo los que recibes, sino los que das: hay en el componente de “venganza” de Silvestri ciertos rastros de futilidad y una sensación inmisericorde, a tenor de los compromisos que tendrá que hacer por el camino, especialmente con sus amistades, de que su lucha puede ser vano. El film esperará al último momento para responder estas dudas.

¿Qué sucede con Los Canallas? ¿Por qué se cae, si tiene cimientos, tiene huevos, tiene a un pedazo de actor? Por inercia. Es como el Jenga. Quita un elemento de abajo para colocar otro arriba, la cagas y se te cae el chiringuito. En los films de sota-caballo-rey esto no pasa pero el día que Denis haga una película así será el día en que me muera. Simplemente, por una maldita cadena de decisiones microscópicas que afectan a una multitud de elementos, Denis pierde el control del film sin que realmente pueda ser hecha flagrante culpable de absolutamente nada.

Caso principal: Denis está tan cabreada con los Canallas del título que no puede evitar que el film se desvíe por pura inercia al género del horror sexual chungo. Para cuando quiere darse cuenta, Denis ha cruzado la línea que separa lo necesariamente impactante de lo sensacionalista (y un vistazo a la imagen que preside la entrada del film en la Wikipedia francesa os revelará exactamente por qué, si hacéis la conexión con la temática sexual del film). Y, en una suerte de trampa inevitable, su estilo, que tan bien funcionó en el negro, resulta contraproducente en el terror: al enseñar cosas, más allá de la sugerencia, pero sin embestir a saco, lo que en otros aspectos del film es una maniobra inteligente, aquí parece timorata.

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El segundo: no siempre las historias personales guardan una relación directa con la trama. Los Canallas deriva. Un poquito, eh. No mucho. Pero conforme pasa el film la relación romántica alcanza un exagerado peso. Sin destripar nada: la investigación de Silvestri llega a un punto en el que todo está listo para que ataque al final boss, y en el que Raphaelle es un personaje prescindible. Denis se niega a reducir a esta mujer a un mero mecanismo dramático –y aquí estoy yo, que siempre digo que echo de menos personajes femeninos así, poniendo esto como falta. Fuck my life–, a costa de sacrificar otros aspectos de la trama, lo que desemboca en dos momentos cercanos al final que no son arbitrarios, pero sí chirrían lo suficiente como para darme a entender que Denis ha elegido olvidarse de la lógica de la investigación –lo que daría un resultado más convincente– y apostar más por el impacto de su mensaje final. En un thriller, esa clase de decisiones casi significan la muerte.

Parte de estos problemas se olvidan porque Lindon es un baluarte en el film –su permanente sensación de hastío, de “he vuelto para esta mierda pero tengo que hacerlo”, su aplomo para convencernos de que es a la vez detective y hombre de la calle, su capacidad para representar faceta de padre, amante y badass… bla,bla,bla…Hanksiano–. Otra parte por su salvajismo, cuando está bien medido. Otra parte por su rabia. Otra parte por el puro talento extraordinario de su directora (“temo” al cineasta que brilla hasta en sus películas flojas). Ni siquiera todo eso, qué cabrón es el cine, impiden que Los Canallas me funcione en conjunto. A cambio, tenemos un film con mensaje, con contenido, con tono, interpretaciones y puesta en escena general impecables y oh, sí, una puerta de entrada para conocer a uno de los mejores realizadores de cine del mundo. Y además se me queda en la cabeza –de hecho, conforme escribía he ido recordando lo bestia que es esta peli, no tanto cuando lo grita, como cuando lo susurra–. Como que me importa mucho que funcione o no, ¿eh?


Jean-Pol Fargeau, Claire Denis | Claire Denis | Vincent Lindon, Chiara Mastroianni, Julie Bataille, Michel Subor, Lola Créton, Alex Descas | Agnès Godard | Annette Dutertre | Michel Barthélémy | Stuart Staples | Brahim Chioua, Laurence Clerc | Vincent Maraval |
  • John Constantine

    Vincent Lindon es para mí actualmente la única competencia a Mads Mikkelsen como mejor actor europeo. Lo digo como lo siento. Son ya “demasiadas” petándolo tanto a nivel actoral como de presencia llenado por completo la pantalla. En “Pour elle” yo creo que se sale a todos los niveles y ésta peli aquí comentada cae en cuanto pueda

  • Rafa Martín

    Su influencia reconocida es Santuario, de Faulkner. No he visto la de Kurosawa pero por lo que veo en la sinopsis en Wiki se parece un huevo a una castaña.

  • catcher in the rye

    Pues le daré una oportunidad a ambas a ver qué tal, gracias Rafa.

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