Reportajes

Festival de Cine Europeo de Sevilla (Día 1)

LEVIATHAN: vodka, desengaños, miserias y más vodka

Por Manuel Vila (@Mr_Manuel_V)

En una ciudad costera de Rusia, Dmitri se ve obligado a combatir contra el alcalde corrupto cuando se entera de que van a demoler su casa. Recluta a un abogado, amigo suyo, para que les ayude.

Música ominosa. El agua helada choca, en las proximidades de una playa, contra los restos de antiguas embarcaciones, sugiriendo un rastro de cientos durante tantos en años. La madera corroída como manifiesto del tiempo. Siguiéndolo acabamos en una desembocadura, cuyo encuadre nos choca. Un ligero truco de lentes resalta una casa sobre todas. Se nos subraya la vida humana. Y entonces, la música cesa.

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La justicia. El fin de la vida como la conocemos, tras perder toda fe con falsas esperanzas y apariencias. Ya no es un símbolo moral, es un bien susceptible de comprarse. Y la justicia no son más que palabras y palabras y palabras y palabras y palabras y palabras y palabras y palabras que nunca fueron tan poderosas, o al menos tú no lo recuerdas. La palabra que Dios usó para crear el mundo ahora te despoja de tu casa, te arrincona en esa esquina de los secretos, y te hace incluso enmudecer. Y observas que todo se empieza a deteriorar, como aquella madera.

Las mujeres. El transporte cruza la nublada y frondosa tierra en busca de sus pasajeras. Algunas ríen y conversan, otra calla y es testigo del tedio. Las que charlan se miran la una a la otra, conformando un círculo. La que calla mira por la ventana. El autobús se dirige a la rutina de la madre rusa: el alimento del pueblo. Llenar miles de bocas, destripando y limpiando a los hijos de ese hielo desolador que corroe el tiempo. Un sacrificio no correspondido por quienes consideraba su familia. Quizás no desea seguir con esa vida altruista, quizás quiere ser libre y no se atreve. La mirada se pierde en un horizonte más allá del camino del autobús, pues al lado de éste solo quedan grises y vacías casas derruidas que dejan ver su mugriento interior.

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Las fotos. Los recuerdos. Las herencias. Lo único en lo que la persona puede aferrarse tanto para el amor como el odio. El amor que conservaste desde hace tanto tiempo y que era puro, familiar, que tanto te costó forjar a base de borracheras y peleas, o de caricias y polvos. El odio, a todos esos tiranos, cuyos retratos te ayudarán a aliviar levemente las fantasías homicidas gracias a las armas de tus abuelos y de tus padres. Aquella Mosin-Nagant que sirvió para erradicar a los nazis, o esa Kalashnikov con la que desearías acribillar a las actuales ratas. ¿Acaso no puede un hombre divertirse?

Jesús te observa. En uno de tus tantos paseos, decides acudir al punto de reunión. Buscas algo pero no lo encuentras. Te sientas en un trozo de pared caída y comida por el polvo. Alzas la mirada hacia la cúpula de la iglesia. No recuerdas cuándo fue la última vez que levantaste la mirada para buscar alivio, pero irónicamente, el techo se te interpone como frontera a los cielos. Y cuando pones tu mirada a una altura normal Dios pone ante tus ojos imágenes grotescas, y te recuerda que siempre estará vigilante. Vuelves a bajar la mirada y observas a tu amiga para buscar comfort, aprietas la botella con la mano y la empinas de nuevo. El poderoso también se siente incómodo en la iglesia, pero no en la anterior, sino una funcional y mucho más bonita, donde acude gente de bien, con éxito. A él Jesús también le observa pero no le presenta imágenes de odio, y al agachar la mirada no duda en asustar a su hijo con la eterna mentira.

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Mientras esta vida se deshace, el río sigue sedimentando la tierra en su camino al mar que terminará por enterrar aquella madera oxidada y todos los ladrillos que aún le queda por alcanzar, bajo un grueso manto helado. Suena de nuevo la música ominosa.

  • Hugo Mier Calleja

    ¡Cienfuegos, vuelve a Gijón, te echamos de menos!

  • Agustin Lara

    ¿Nadie comenta? En fin, no he visto la peli pero me dio mucha alegría encontrarme con Manuel en el Festi y la anécdota de las acreditaciones.

Críticas

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Vine buscando cobre y encontré oro.

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Rudy Ray Moore, la segunda oportunidad de Eddie Murphy.

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El payaso triste más triste del mundo.

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Arregla tu corazón o muere.

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El retorno por compromiso.

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