Reportajes

Festival de Cine Europeo de Sevilla (Días 8 y 9)

Por Manuel Vila (@Mr_Manuel_Vila)

Previamente:

Día 1: Leviathan, de Andrey Zvyagintsev.
Día 2: Force Majeure, de Ruben Ostlund, y Im Keller, de Ulrich Seidl
Dia 3: Blind, de Eskil Vogt y The Tribe de Miroslav Slaboshpitsky.
Día 4: Treinta y cinco minutos con Pedro Costa.
Día 5: Cavalo Dinheiro, de Pedro Costa y Misunderstood, de Asia Argento
Días 6 y 7 : ‘Jauja’, de Lisandro Alonso y ‘O Velho do Restelo’, de Manoel de Oliveira.

Bird people, de Pascale Ferran

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Gary Newman llega a París por viaje de negocios. Tras su reunión, el ver un accidente de tráfico en tierra ajena le hace tener esa misma noche un ataque de ansiedad que le obliga a replantearse muchas cosas. Al día siguiente decide dejar detrás toda su vida de estrés y empezar a vivir la vida. Por otra parte tenemos la historia de Audrey Camuzet, camarera del hotel Hilton donde se hospeda Gary. Dejó sus estudios universitarios y ahora no puede abandonar su trabajo. También harta de esta situación le gustaría que su vida tomase un giro totalmente dramático.

Se nos introduce mediante retratos de la gente actual, llegando a oír sus gustos musicales y hasta sus pensamientos, para luego abandonarnos en el hotel y no retomar esos “mini-momentos” hasta más adelante. A partir de aquí se elige hacer un díptico bastante diferenciado, tanto, que casi a mitad de la película nos aparecen unos intertítulos con los nombres de los protagonistas por si no nos había quedado claro quienes eran. Pero volvamos a unos minutos antes: la epifanía de Newman está forzadísima, no se le nota estresado más bien parece un capullo con el que cuesta llevarse bien y en un instante, por ver un accidente a cámara lenta, se torna en una persona miserable y con demasiados problemas de los que desea liberarse. Lo mismo pasa con Audrey, su primer tramo está muy condensado y sobreactuado como para poder empatizar con el relato obrero. Y no es por falta de tiempo ya que después se dedica demasiado al enfrentamiento Newman vs. Murica. Todo sin encanto y de puro consumo rápido, con demasiada técnica de TV-movie, siendo una elección de autor que viene justificado por ese tramo final de la historia de Audrey, donde la historia empieza a coger vuelo mientras suena David Bowie, retomando los momentos íntimos de tus conciudadanos y que es imposible que redima todo lo sufrido anteriormente. Finalmente se presenta como un relato disipado de moralina suave en su final inconcluso, y que te deja con la sensación de que no se ha elegido en ningún momento la dirección adecuada.

Aimer, boire et chanter, de Alain Resnais

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Hay que reconocerle a Resnais mucho valor porque en tiempos actuales le dé por hacer teatro filmado. Y no uno más o menos directo como se ha podido ver en la penúltima de Polanski, donde se aislaban prólogo y epílogo del escenario central, sino desmontarlo, muy intermitentemente, dentro de cada escenario gracias a la revelación del artificio, de ese mal necesario que es el montaje, cuando los personajes revelan algo importante y pasamos a un primer plano con un fondo esbozado. De una producción muy escasa que consta de trayectorias introductorias a las localizaciones que son pura escenografía, pasamos a un abaratamiento mayor: no importa la imagen sino la caracterización. Y de verdad que es de lo poco resaltable, la credibilidad del grupo actoral une y cohesiona una historia que nunca se quiere desvelar en ningún género disparando chistes sin cesar y desvelando con mucho ademán y de forma atropellada e increíble los respectivos pasados, conformando un nudo que me ha parecido insoportable. No termina de funcionar porque aunque Resnais conoce aquí sus bazas las explota anecdóticamente, dejando mucho peso al texto original y no adaptando nada en realidad. Para justificar la película como medio, también usa a un pequeño topillo, y coloca una escena final que rompe con todo el esquema anterior de indecisión narrativa, con la muerte sobrevolando aunque el cadáver esté bajo tierra, siendo lo más cinemático de toda la obra.

A pigeon sat on a branch reflecting on existence, de Roy Andersson

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Hay tantas escenas clave aquí, cojamos la que me parece más reveladora:

En la rutina de un bar en la que aparecen los protagonistas intentando vender sus artículos con los que hacer reir a todo el mundo, menos a las personas de su país por lo visto, entran en el escenario soldados del pasado que ocupan la taberna para que pueda descansar su rey antes de luchar contra los rusos.

Al igual que en ‘Songs from the second floor’ el pasado reaparece en escenas cotidianas sin posibilidad alguna de obviarlo. E incluso si no aparece lo más seguro es que se repita, o sueñes con él. Si bien el fantasma de aquella película era la ultraderecha y un falso intelectualismo burgués que no aliviaba, ni tenía interés, el sufrimiento del trabajador, en ésta su marca identificativa es el fracaso. Aquella batalla acabó en derrota, la profesora de baile no consigue enamorar a su alumno, los vendedores siguen siendo pobres y aquel militar no consiguió llegar a la reunión. Pequeñas luchas que libramos día a día y que lo más probable es que si algo puede salir mal lo haga. Andersson dibuja una ciudad (qué demonios, un mundo) donde el hecho de tener para comer un día más es un milagro digno de elogio, e intentar perder noción de esa cruda realidad es ser tachado en sociedad como una especie de anarquista o peor aún, un tarado.

Es un cierre perfecto para la trilogía, pero es una película que si bien su comentario político es fresco, agradecido y bien hilado, por sí sola flaquea de estructura clásica pareciéndome algo inferior a la segunda parte. Está conformada por sketches, recordando a ‘The Meaning Of Life’ (Terry Jones, Terry Gilliam, 1983), que a veces forman un conjunto y otras no, al contrario, como digo, de la anterior que proponía un dramatismo mayor al poder seguir varias progresiones de personajes a la vez con una dosificación magistral. No presenta un problema pues, el mensaje llega, y la risas están aseguradas, que es lo que quería nuestra extraña pareja. Y el director.

Críticas

doctor sueno

Vine buscando cobre y encontré oro.

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Rudy Ray Moore, la segunda oportunidad de Eddie Murphy.

joker

El payaso triste más triste del mundo.

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Arregla tu corazón o muere.

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El retorno por compromiso.

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