Críticas

Birdman

Rápida, alegre y enamorada de sus pequeños dilemas, Birdman es un comentario personal sobre el estado de la profesión de actor y del estado del actor como ser humano, cortesía de Alejandro González (G.) Iñárritu 2.0, más extrovertido y curioso, más enérgico… y muy, muy divertido, porque Birdman es una película que habla mucho sobre el postureo, sobre cómo la ambición y la falta de una verdadera identidad acaban alejándonos del amor y nos dejan solos, dirigida por un hombre que ha aprendido a reírse de sus pretensiones. Me tomé Birdman con cierto escepticismo sobre la gravedad de su mensaje y, desde un divertimento con corazón –y mucha acrobacia– no veo más una suma de ventajas: actores que parecen genéticamente diseñados para los papeles que interpretan (Keaton y Norton, una pareja ex-cep-cio-nal), un entrenidísimo viaje visual gracias a la titanada de falso plano secuencia que la conforma, y una comedia con una inusitada tasa de acierto del 100% en sus gags: dos escenas, dos cachondeos. Quizás termina la película y nos da la pequeña sensación de que al final no era tanto para lo que nos contaba. Pero nos lo cuenta con una sonrisa y un puñetazo en la mesa. Y eso importa.


El nuevo Iñárritu es un sorprendente cruce entre autor y entertainer, que sabe cuándo tirar de un modo cuando el otro le falla. Es posible que no satisfaga enteramente vuestro cerebro, pero sigue siendo un verdadero viaje.


Y lo que Birdman nos cuenta es la lucha contrarreloj de la ex estrella de acción Riggan Thompson para ganar su prestigio a través de una obra de teatro basada en Raymond Carver, que se está pagando de su propio bolsillo, en la que tiene la fortuna/desgracia de contar con un reparto de familiares, amigos y conocidos tan excepcional en talento como fallidos como seres humanos. Sam, su secretaria (Emma Stone) es su hija ex drogadicta, su secundaria (Andrea Riseborough) es su actual novia (una diva), y su rival Mike Shiner (Edward Norton) es posiblemente el mejor actor de su generación. Entre eso, el coñazo de su agente, el odio cerval de un crítico –que le considera un fraude, algo para lo que Thompson no tiene mucha respuesta, porque tanto él como su pragmática ex esposa (Amy Ryan) son los primeros en saberlo– y la proximidad del estreno, la mente de Riggan comienza a delirar en forma de esporádicas incursiones del auténtico Birdman, el superhéroe al que dio vida en sus años mozos, y al que Riggan no tiene muy calado. A veces, Birdman es un rencoroso cabrón, una parte oscura de su naturaleza, que mina su autoestima. En otras –y aquí es donde el film por única vez se va a poner realmente profundo— Birdman emerge como una oportunidad. Quizás es el último obstáculo que tiene que superar para ser libre.

© New Regency

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Birdman es, durante gran parte de su metraje, una película coral que toca múltiples palos del mundo de la actuación, algunos de ellos con enorme fortuna por la comprensión que ejercen el director y sus guionistas sobre los diferentes niveles en los que trabaja la interpretación. Una maravillosa escena inicial nos muestra un ensayo donde las fronteras entre actor y personaje se disuelven y se unen a velocidad de vértigo. Shiner interpretando a su personaje en la obra que vuelve a ser Shiner que da paso a Thompson que da paso a su personaje en la obra que interactúa con ¿quién exactamente? para deleite del espectador. El antiguo Iñárritu se habría quedado ahí pero Alejandro 2.0 percibe este momento como el inicio de algo mucho más grande: realidad y ficción terminarán afectando no solo a estos dos personajes, no solo a la obra de Carver, sino a la película entera. Sus ambiciones siguen ahí, pero ahora las trabaja en un lienzo más grande, y todo respira mejor.

Hay mucho de engaño en Birdman, mucho de juego, de volver continuamente sobre sí misma –la obra de Carver se llama “De qué hablamos cuando hablamos de amor”– pero merced a la actitud divertida de Iñarritu es un engaño agradecido y cómplice. Keaton, Norton o Watts interpretan a actores de diferente talento (resulta divertidísimo ver a una bestia dramática como esta última dar vida a una actriz novata que llega muy, muy justita a la obra) y absolutos incapacitados personales que abordan sus relaciones reales si fuera una escena de una obra: con dramáticos silencios, explosiones de monólogos, intensos careos. Ya no pueden evitarlo: el Drama ha entrado en sus vidas. La figura de los “divos” es muy recurrente en el cine y muchas veces se nos presenta de una forma superficial. Parte del fondo de Birdman reside en los aislados momentos en los que se enfrentan a sí mismos y ven lo poquito que son sin el Drama (Norton con Stone en el alféizar del teatro o cada vez que aparece una tierna Amy Ryan, quien llena la película de cariño). No es que sean momentos muy profundos o especialmente iluminadores –son el reverso dramático de una comedia, al fin y al cabo— y a veces se pasan de intensidad; lo cierto es que al margen de “jugar”, el realizador nunca ha dejado de ser realmente él: quiere que suene “importante” e “inolvidable” cuando ese terreno está reservado para El Crepúsculo de los Dioses. Pero lo que le falta en profundidad, compensa con otros recursos.

Audiovisuales, para ser más exactos. Y cómo. Se va a hablar del plano secuencia (que no lo es) de Birdman y de su pertinencia (que realmente no la tiene). Pero conocemos a Iñárritu y no va a desperdiciar la oportunidad de lucirse cuando la tiene a mano, así que ea. Y cuando funciona –en bastantes ocasiones— funciona de maravilla. Sobre todo cuando la película sale del teatro a la calle y vuelta. Tiene muy claros los espacios en los que se mueve –y que Emmanuel Lubezki identifica con luces potentísimas y artificiales en interiores, apostando por una luz exterior más natural— y algunas transiciones son espectaculares (de steadi a dolly, como hacía Von Trier en Anticristo, WTF ). Si a eso le aplicamos su exquisito uso del CGI y la banda sonora de Antonio Sánchez (como la película, enérgica, inesperada y un pelín forzada) tenemos el apoyo que necesitaba su director: incluso cuando no te llega, Birdman te llega.

© New Regency

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Lo hace porque el director salva los obstaculos haciendo gala de un genuino respeto y admiración tanto por la tarea del intérprete como por la forma en la que la ficción se convierte en un instrumento para salvarnos de nuestras propias decepciones. La mejor parte del film se sustenta en la dinámica entre Keaton y Norton, cómo el primero intenta absorber talento del segundo, cómo el segundo ve en el primero el reflejo del fraude e inútil social que es (atendiendo a las carreras de ambos actores, es una dinámica única, ¿verdad? Porque ambos fueron superhéroes, y ambos renunciaron a seguir siéndolo). Y sin embargo, ambos comparten la ilusión de que, o bien disfrazados delante de una cámara o bien interpretando a Carver sobre unas tablas, pueden realizarse como personas, y ser todo lo felices que pueden ser unos personajes en una película del realizador mexicano.

A todo esto ayuda el radical cambio del realizador, que ha adquirido fama y fortuna a través de historias sombrías, intercaladas con personajes dominados por el azar. Birdman es fluida, abierta, contínua y enérgica donde los personajes, más o menos, dependen únicamente de su voluntad para cambiar. Difícil de explicar: o Iñárritu ha decidido construir por sí mismo un film completamente opuesto a lo que había dirigido anteriormente, o bien ha decidido acercarse a este modo de rodar que tanto éxito y satisfacción ha aportado a su compañero Alfonso Cuarón. No es una teoría loca: Iñárritu le dedicó una preciosa (y bastante admiradora) carta tras el estreno de Gravity, otra película caracterizada por sus largos planos, así como por cierto toque espiritual y romántico, y es la primera vez que trabaja con Lubezki, en lugar de su DP habitual, el más “plomizo” Rodrigo Prieto. Birdman no es el primer experimento en firme de su director con la fantasía pero es la primera vez que lo hace con intención de divertir y casi parece que lamenta no haber recurrido a ella antes, no solo por el vigor que imprime a la película sino por su mimo a la hora de administrarla: con mucho cuidado durante la mayor parte del metraje y apostando por ella al final, para aliviar la duración del film. En definitiva, se trata de una transición pocas veces vista en un realizador cuya voz parecía haberse agotado en Biutiful, y los resultados son sorprendentes.

¿Es Birdman una anomalía? Es posible. Pero es una bienvenida anomalía. Creo que todos coincidimos en que Iñárritu es un director con Ego. Y por ello entiende el ego. No tanto el precio que se cobra entre los actores como la inmensa satisfacción que comporta ya sea desde el ámbito del prestigio o, como dice Shiner, de “su prima pobre”, desde la popularidad. “Tu vídeo tiene 300.000 visitas en media hora”, dice Sam a su padre. “Lo quieras o no, ESO es poder”. Riggan Thompson inicia un viaje hacia la paz mental reconciliándose con el pasado y viviendo el presente como la mejor clase de profesional a la que puede aspirar. Pero más aún, Birdman es una nítida y personal declaración no solo sobre el gremio, sino sobre la relación entre realidad y ficción en la que su director se posiciona claramente a favor del fraude, de la libertad, de las pretensiones y del divismo. ¿Y quién mejor que el nuevo y mejorado modelo de Alejandro González Iñárritu para guiarnos por ese camino?


Alejandro González-Iñárritu | Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Armando Bo | Antonio Sánchez | Michael Keaton, Edward Norton, Emma Stone, Zack Galifianakis, Andrea Riseborough, Naomi Watts, Amy Ryan | Douglas Crise, Stephen Mirrione | Kevin Thompson | Arnon Milchan, James W. Skotchdopole, John Lesher | Molly Conners, Sarah E. Johnson | New Regency Pictures | Hispano Foxfilm |
  • Ayrton

    Amen.

  • mickeas

    Gracias, si le molesta la manifestación grupal de amor, puede seguir su camino.

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