Críticas

Tomorrowland

Por Aleix Ortuño (@l_Aleix)

Tomorrowland pertenece a su tiempo, que es el nuestro, cuando hace cincuenta años que dejamos de creer en un futuro con colonias en la Luna y jetpacks para todo el mundo, y cuando la televisión e Internet nos sirven diariamente su ración de apocalipsis, uno que lleva preocupando a la Humanidad desde sus albores pero que ahora nos conquista por saturación. En estos tiempos, con avances tecnológicos que hubieran pulverizado de asombro el cerebro de nuestros tatarabuelos pero que cuestan tantísimo de tocar, la maravilla es una rareza de la que, tal vez, estemos más sedientos que nunca.

Brad Bird ha construido una película en torno a ella, y eso hace del film, a mi parecer, una experiencia inmensamente disfrutable.

© Walt Disney Pictures

© Walt Disney Pictures

Por supuesto, Brad Bird también ha construido el último fracaso que Disney ha tenido que digerir. Y más allá de la anécdota bancaria (¡qué tendrán los bailes de cifras, que nos gustan tanto…!), lo cierto es que en Tomorrowland abundan los desbarajustes. Aun cuando el descalabro económico se deba sobre todo a asuntos del público objetivo (¿ese discurso oscuro y pesimista, tan acorde a nuestros días, en una película Disney?), lo que sí que nos afecta a todos los espectadores es el guion, que va dando tumbos, y no me cabe duda de que eso es algo que ha influido en la recaudación del film.


Tomorrowland es una película que hace muy difícil lo aparentemente fácil.


La narración intenta innovar donde quizás no hacía falta y, al huir de tópicos, se hace un lío ella sola. El prólogo, por ejemplo: uno de los de toda la vida, de esos que piden a gritos acabar con un pequeño cartel que diga “cincuenta años después”, en Tomorrowland aparece unido al cuerpo de la narración mediante malabarismos. Como tantos otros experimentos narrativos del film, me da la sensación de que la cosa no funciona. Y al final, sumándolo todo, el resultado es una película que tarda un tiempo extenuante en meterse en harina y que se va por derroteros que no parecen tener mucho sentido. Normal que, para cuando llega el desenlace, todo sean prisas.

Sé del mucho cariño que se le tiene a Lindelof en esta página, y uno siente la tentación de atribuirle al coguionista todos los males del film. Pero creo precisamente que donde se ve la mano de nuestro místico favorito es en la vertiente intelectual de la película, y ahí todo funciona, empezando por la intrincada descripción del peligro al que tienen que hacer frente nuestros héroes. Aunque el discurso sobre el asombro en Tomorrowland no es precisamente sutil y puede terminar irritando, el guion no es nada complaciente y arriesga en muchos momentos. La mejor muestra de ello es cuando coge a George Clooney y a la pequeña Raffey Cassidy para establecer entre ellos una relación… de lo más valiente. Por supuesto, tanto afán intelectual puede pasar factura y, de hecho, ocurre, en momentos como la escena emotiva, de manual, al final de la película, que no parece tan emotiva como podría haber sido.

Pero eso es otra vez Tomorrowland complicándose la vida porque sí.

Fuera de ese coladero que es su estructura, Tomorrowland es un caramelo, un juguete que colma de ilusión. La película se aúpa en un diseño que evoca antiguos sueños futuristas para llevarnos de viaje a lo imposible: el viaje que tal vez pretendía ser La invenció de Hugo y no fue. El film genera unas expectativas y las cumple, y ahí donde no podría cumplir deja el lienzo en blanco: una ausencia de respuestas que no molesta, sino que estimula. El espectacular diseño artístico de la ciudad es una muestra de lo que digo: ese horizonte de rascacielos de ensueño siempre está demasiado vacío, pero aunque sea un esqueleto, es el esqueleto-marco perfecto en el que ubicar nuestras fantasías.

© Walt Disney Pictures

© Walt Disney Pictures

La lista de acompañantes, por otro lado, está a la altura del viaje: una heroína (Britt Robertson) con más iniciativa de la que suelen demostrar los héroes de este tipo de aventuras; una niña todopoderosa (Raffey Cassidy en modo Chloe Moretz, sin nada que envidiarle a la Hit Girl) y un científico interpretado por George Clooney, que, si está en modo automático o no, es una cuestión puramente de interés filosófico, porque da el pego y sostiene la película cuando debe. Al igual que Hugh Laurie: es su pequeño momento, es una inyección de intensidad.

De la persona al timón de la expedición, Brad Bird, quiero destacar que es un director de lo más imaginativo, y que demuestra esa imaginación en frenéticas secuencias. Si en Misión Imposible 4 a Tom Cruise le ocurría todo lo ocurrible pegado a una ventana en el enésimo piso del rascacielos más alto del mundo, también aquí hay secuencias de alto octanaje llenas de ideas hasta reventar. Secuencias como el primer viaje virtual de Robertson por la ciudad del futuro o cierta huida de cierta casa son cajas como muñecas rusas llenas de sorpresas, pequeños momentos y ocurrencias espectaculares.

Al final, creo que Tomorrowland es un “la intención es lo que cuenta” en toda regla, y dado que cuenta, mi valoración es completamente positiva. Es una película que es más de lo que es, y tiene que serlo: cuando se trata de la maravilla, de esa fuerza que nos invita a imaginar y a evadirnos; si se trata, en palabras del propio film, de creer que cualquier cosa es posible, por narices nuestra imaginación volará siempre más alto que lo que salga por pantalla.

Pienso en Jurassic Park, una de las películas maravilla por excelencia. Siempre he creído que no eran (solo) los dinosaurios: la clave estaba en el doctor Alan Grant, con la cara rota de asombro, mirándose los dinosaurios en ese primer encuentro.

Tomorrowland no es el CGI, que tanto da, o el cliché de ser o no ser especial o qué se yo.

Es nuestra cara de asombro.


Brad Bird | George Clooney, Britt Robertson, Raffey Cassidy, Hugh Laurie, Tim McGraw, Keegan-Michael Key, Thomas Robinson, Judy Greer | Claudio Miranda | Michael Giacchino | Walter Murch, Craig Wood | Scott Chambliss | Brad Bird, Jeffrey Chernov, Damon Lindelof | Bernard Bellew, Brigham Taylor | Walt Disney Pictures, A113, Babieka | Walt Disney Pictures |
  • Alexander Bracho

    Me sumo, la vi anoche y aunque desperdicia muchas cosas hacia el final (yo le habría dado unos 20 min más para responder muchas dudas que deja) es una pasada visual y anímica. Me sentí bien de verla y de comprender que realmente, es una película que quiere ser buena de adentro. Más Birds por favor. Menos mala onda.

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