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‘Hacksaw Ridge’, de Mel Gibson, termina de perfilar su reparto

Luke Bracey participará en Hacksaw Ridge, la nueva película de Mel Gibson sobre el objetor de conciencia Desmond Doss que dará vida Andrew Garfield. Bracey se incorpora a un reparto con los nombres de Vince Vaughn y Sam Worthington con vistas a un proyecto que se encuentra ya en un estado muy avanzado de preproducción: el rodaje comenzará a principios de septiembre y supondrá el regreso de Gibson a Australia, concretamente a Nueva Gales del Sur, por primera vez tras Mad Max: Más Allá de la Cúpula del Trueno.

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La noticia de DHD termina de concretar la historia de la película. A grandes rasgos: Desmond Doss fue el primer objetor de conciencia galardonado con la Medalla de Honor al valor en la Segunda Guerra Mundial al salvar las vidas de 75 militares durante la batalla de Okinawa. Gibson tiene intención de recrear tanto el combate como el periodo de entrenamiento de Doss y sus camaradas en el campo base de Carolina del Sur.

Bracey, según la información de Mike Fleming, será el coprotagonista de la película y, en principio, némesis de Doss. El actor australiano –es deseo expreso de Gibson que la mayor parte del reparto sea de esta nacionalidad, según el Sydney Morning Herald–, aparecerá estas navidades en la gran pantalla con la nueva versión de Point Break (traducida como Le Llaman Bodhi en España), con Edgar Ramirez, el próximo 25 de diciembre en EEUU.

DHD

  • Dagarar

    Siempre he pensado que la inevitable implicación religiosa que posee la película (Lo siento por la redundancia temática) ha distorsionado y malogrado toda clase de apreciación visual y estética que pueda hacerse sobre ella. Como una pieza cinematográfica enfocada en el drama narrativo clásico más que un celuloide “sagrado” pronto a ser colocado en el altar de algún templo católico, resulta complicado para muchos, sino todos, hacer la diferencia entre lo artístico y lo religioso. Y al ser Jesucristo y sus amigos, junto a todo el rollo católico, asuntos muy impopulares hoy en día, con mucha y comprensible razón, es fácil salir de la película y encasillarla en el género de “panfleto religioso anti-artístico”.

    Sin embargo, estoy muy seguro de que si la película fuese “La Pasión de Jaimito”, dejando de lado todo atisbo de elementos religiosos, y sólo conservando el aspecto artístico y estético que maneja la original, es muy probable que fuese un film más ameno para muchos de visualizar y hasta de analizar. Entendiendo que no es la violencia ni la sangre la que incomoda, sino el asunto temático religioso. Existen películas más sangrientas y dolorosas que la película de Gibson que no levantaron tanto revuelo ni improperios como esta. Personalmente, considero un poco injusto el trato que dicho film tiene por parte de muchos espectadores que no superan la barrera estético-religiosa, ya que puede perderse, por dicho prejuicio, una experiencia visual muy poco encontrada en el cine contemporáneo. (Dejando de lado la hipocresía de marcar a la violencia como un obstáculo para el arte sólo cuando es conveniente a determinados espectadores. Cosa que en otros artistas como Passolini, Tarantino, Scorcese, Von Trier, etc, no parece ser una molestia a nivel crítico).

    Como película, pese a su primitivo y desgarrador realismo estético, el filme me parece, hablando subjetivamente, que presenta una concepción bastante interesante de la poética de los hombres frente a la brutalidad y la muerte, frente a temáticas universales del sacrificio, (siempre como un aspecto narrativo de las tramas maestras más que religioso), la valoración de la vida y del amor frente a la yuxtaposición temática del antónimo del dolor y de la destrucción, del simbolismo antiquísimo y estético del ser humano como un ser ligado a la bondad y a la maldad, del temor a la transformación de los ideales sociales y culturales, del valor artístico del dolor y del sufrimiento humano, de la inflexión de la muerte como solución final e inevitable a los problemas sociales y políticos de las sociedades humanas, de la relación innata de las culturas humanas en relación a sus deidades, e incluso del tema estético y conceptual del dios que se deja matar por el fruto de su creación.

    No compré ninguna biblia luego de ver la película, no mandé a enmarcar el fotograma de la última cena en el filme para ponerlo en el comedor de mi casa, tampoco experimenté ninguna transformación ni experiencia extra-sensorial luego de haberla visto, pero sí logré interpretar un texto estético y artístico de muy alto nivel cinematográfico, personalmente hablando.

    Es comprensible que el mismo Gibson concibió su film como una pieza personal y evangelizadora de algún modo, pero también es cierto que para él prima, y mucho, el desarrollo del arte narrativo que posee por sí mismo el arte cinematográfico. Y hablando entre nosotros, ¿no es el arte una exteriorización de los anhelos y fundamentos íntimos y personales del artista?

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