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Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria (VI)

Por Nauzet Melián (@nowseed)

Nueva jornada de festival, y bastante satisfactorio a nivel cinematográfico. Por primera vez en todo el festival, ambos filmes me han convencido, aunque uno de ellos destaca considerablemente sobre el otro. Repasemos sus virtudes y defectos.

Aloys (Tobias Nölle, 2016)

Primer largometraje en solitario de Tobias Nölle, tras su premiado cortometraje René y su participación en Heimatland. Aloys nos cuenta la historia de Aloys Adorn, un detective privado cuyo trabajo consiste en filmar a otras personas e investigarlas sin ser visto. Un día despierta y comprueba que le han robado parte de su preciado material, desencadenando consecuencias inesperadas.

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La cinta de Tobias Nölle comparte varias similitudes con Her (Spike Jonze, 2013). Ambas retratan la vida de un hombre alejado socialmente del resto, apático y hastiado tras una pérdida reciente (en el caso de Aloys, llevado a un nivel superior). Además, en ambos filmes se nos muestra a un hombre apocado, donde el color rojo es una pieza importante de su vestimenta, y su reconexión con el resto se establece a través de un aparato (en este caso, un teléfono).

Tuve la oportunidad de hablar brevemente con el director de la película, y reconoció con tristeza las similitudes que comparten Her y Aloys. Su película ya tenía una sinopsis presentada a los productores cuando Her se estrenó, por lo que las semejanzas entre ambos filmes son puramente casuales.

El cineasta construye un thriller psicológico en su primer tercio, mostrando la actitud alienante de Aloys, que vive por y para su trabajo, y sólo conecta con otra persona a través de su cámara y grabadora. Asiste a la vida del resto desde una distancia que le transmite seguridad. Cualquier atisbo de vínculo con otro ser humano es rechazado de inmediato, ya que sólo se siente a gusto en soledad. Sin embargo, el segundo acto de la cinta desencadena una ramificación de la trama principal que acabará convirtiéndose en el núcleo de la historia. Es complicado analizar ciertos aspectos del filme sin entrar en revelaciones, pero os prometo que pongo de mi parte todo lo posible para que no suceda.

La película usa con inteligencia el suspense y la tensión para que la audiencia mantenga el mismo interés que Aloys en saber qué ha ocurrido con su material robado. Y tras realizar contacto con el ladrón, una nueva película se abre paso, y asistimos a la gradual transformación del protagonista. Se trata de un acercamiento progresivo a la conexión emocional entre personas, y observamos cómo Aloys aprende de una forma bastante sorprendente a recorrer el camino de vuelta y sentirse cercano a otra persona por primera vez en mucho tiempo.

Ya que no posee los mismos instrumentos sociales que un ciudadano “convencional”, Aloys< opta por un camino similar al de Theodore (aunque más rudimentario): la tecnología. Y en este punto de la película, Tobias Nölle decide sacar su arsenal de herramientas visuales, metáforas y simbolismos de toda clase para introducirnos en un ambiente onírico de una belleza y elegancia abrumadoras. Nölle bifurca su narrativa por senderos sensoriales a partir de un montaje asombroso y de un gusto exquisito. El propio director me confirmó que la post-producción de la cinta se alargó durante 7 meses, y lo entiendo perfectamente. Los continuos saltos entre la realidad palpable y la realidad que Aloys construye para su supervivencia social y su felicidad emocional tienen un acabado espectacular. Podría enumerar todas las virtudes que posee Aloys a nivel visual, el excelente uso del sonido para las transiciones entre planos, la clase magistral que imprime Tobias Nölle en su uso de las metáforas tanto narrativas como visuales, pero me alargaría demasiado y realmente prefiero que veáis la película en cuanto tengáis la oportunidad para que os deis un festín audiovisual de altísima calidad.

Aloys es una historia sobre el aislamiento social, sobre la superación constante de nuestros miedos y del pasado que nos persigue, y abrazar caminos esperanzadores a pesar del temor intrínseco que nos bloquea. Los sentidos como detonantes emocionales. Una de las mejores películas del festival, sin duda alguna.

Three Stories of Love (Ryosuke Hashiguchi, 2015)

Séptimo filme de Ryosuke Hashiguchi, del que también es guionista (como es habitual en su filmografía). Three Stories of Love, como su título indica, es una película que relata 3 historias de amor independientes que se entremezclan a lo largo del filme. Hashiguchi intenta contarnos la realidad social del Japón actual a partir del romance, o ausencia de éste. Si bien el amor es el núcleo emocional de la cinta, el cineasta quiere utilizarlo como vehículo para analizar la sociedad japonesa. Sus miedos, economía, las cicatrices del pasado, el rol de la mujer en el entorno familiar, los prejuicios, la homofobia… Y en gran parte del metraje funciona de forma notable.

El principal problema que le encuentro a Three Stories of Love es su montaje y ejecución de ciertas secuencias. En varios momentos importantes de la cinta, Hashiguchi opta por el uso de la elipsis en un instante de explosión emocional o clímax de la secuencia en sí, provocando una sensación frustrante y anticlimática. No puedes traicionar to propio ‘in crescendo’ eliminando el desenlace emocional de tu escena, porque destruyes lo construido y produces un sentimiento amargo en la audiencia.

Afortunadamente, el director no siempre cae en este error, y nos regala escenas intimistas de gran poderío, centrando su atención en el personaje y utilizando primeros planos fijos para que compartamos su dolor. Estas secuencias funcionan como soliloquios de los personajes, que por momentos parecen dirigirse al espectador, ya que Hashiguchi no tira del plano-contraplano en muchas de las conversaciones.

La trama de la esposa insatisfecha es mi favorita en su inicio, ya que el personaje queda definido a la perfección en una escena sencilla y perfecta que describe su monótona vida subordinada a su marido. Una lástima que el desarrollo de su historia no tenga la misma fuerza que su inicio. La trama del trabajador funciona de forma opuesta. Comienza de manera torpe, para ir creciendo gradualmente en impacto emocional y redondear su crítica al sistema sanitario japonés en perfecta consonancia con la tragedia que ha sufrido dicho personaje. Quizás la trama del abogado homosexual es la menos perfilada. Posee planos preciosos (la caricia de una sombra), pero el conflicto con su pareja nunca es cimentado con coherencia y contexto, y su resolución es precipitada, aunque su mensaje sea claro y duro.

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En definitiva, Three Stories of Love es un filme estimable sobre la pérdida, el amor no correspondido y el amor apagado, pero también es una crónica de las desigualdades, la codicia y la lucha que disputa la clase media/baja japonesa diariamente. Ambiciosa en su temática, correcta en su ejecución. A pesar de sus defectos (que los tiene), es un filme interesante y recomendable.

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