Reportajes

Mirar a los ojos

Llevo años trabajando como realizador audiovisual, concretamente de los de tipo hombre orquesta (dirigir, operar cámara, iluminar, editar…) como mucha otra gente del gremio. En todo ese tiempo las entrevistas han sido uno de los tipos de grabaciones más habituales que he hecho y hay una cosa que uno aprende rápido, el entrevistado necesita a alguien a quien mirar.

La cámara para mí es una herramienta y un escudo. Es con lo que grabo pero también supone una barrera física con el sujeto que te permite centrarte en tu trabajo. Mirar a través de ella, es mirar un monitor, con la distancia necesaria que eso genera casi siempre para mí.

Sin embargo, para el sujeto al que grabas es todo lo contrario, una mirada vacía y amenazante. No hay nada más hostil en ese momento que una lente oscura dirigida hacia uno. Es la señal de que la atención está puesta en uno mismo y es lo que potencia todas tus inseguridades. Hasta que la lente hace acto de presencia es raro que uno piense “¿qué hago con las manos?”, “¿a dónde miro?”, “¿tengo bien puesta la ropa?”, “¿se me verán las ojeras?”, pero esas preguntas aparecen sin fin.

Por eso, a la hora de hacer entrevistas es importante que el entrevistado se olvide de la cámara y tenga alguien a quien mirar, el entrevistador. Convertir ese momento en lo más parecido a una conversación convencional es siempre necesario. Que la cámara sea lo más invisible posible.

Sin embargo, la cámara (el espectador) necesita ver, ante todo, el rostro y la mirada del entrevistado, porque aparte de la voz, le gestualidad y la mirada comunican muchísimo. Eso lleva a que lo canónico sea posicionar al entrevistador cerca de la cámara, para que la mirada del entrevistado se vea suficientemente frontal como para apreciar la mirada completa. Como ejemplo, el siguiente fotograma de Wild Wild Country.

wild wild country

Pero todos habréis visto de un tiempo a esta parte numerosos documentales donde esto no es así. Documentales que dan un paso más en la cercanía al entrevistado, que nos habla directamente a nosotros, es decir, a la cámara, y lo hacen con una naturalidad pasmosa. Personas que nunca hablan a una lente haciéndolo con la soltura y la calma de quien te cuenta algo propio directamente a ti.

Muchas veces me había fijado en eso y me había preguntado cómo narices lograban eso, cómo anulaban la mirada amenazante del objetivo de la cámara y la convertían en la mirada de un confidente. Y, sinceramente, no había caído en ello, con lo sencillo que era, hasta ver El caso Alcàsser.

La serie documental de Elías León Siminiani (Apuntes para una película de atracos, Mapa) se permite puntualmente algo que hace años ha pasado a ser también parte de la puesta en escena, mostrar la trastienda de la filmación. Y ahí es donde, al fin, vi el truco. Un truco sencillo y eficaz como pocos: poner al entrevistador en el mismo objetivo mediante un teleprompter. Así, el entrevistado puede hablar con el entrevistador a la vez que mira al objetivo.

alcasser 0

Un teleprompter consiste en un cristal colocado delante del objetivo, e inclinado 45 grados hacia el sujeto, que refleja la imagen de un monitor situado debajo de dicho cristal en posición horizontal. Visible para el sujeto delante de la cámara, invisible para ésta. Simple física que ha permitido a presentadores de televisión leer su texto mientras nos miran directamente a los ojos.

prompter

Gracias al amiguete de twitter Danda me enteré de que esta variación del prompter se la debemos a Errol Morris. El director de documentales como Rumores de Guerra (Fog of War) o Ronald Rumsfeld: Certezas desconocidas (The Unknown Known), inventó lo que denominó como Interrotrón, una suerte de periscopio televisivo utilizando dos teleprompters, para su serie documental First Person (2.000).

interrotron

La potencia narrativa del invento era obvia. Permitía convertir la entrevista en un momento íntimo entre el espectador y el entrevistado, algo que, para mí, tiene un valor particularmente increíble cuando esa entrevista se realiza a personajes muy alejados de nuestra sensibilidad o que son directamente nuestra antítesis moral. Te permite mirar a los ojos a gente con la que difícilmente querrías compartir un momento y descubrir su humanidad a través de los matices. Sus debilidades, sus sentimientos, sus mentiras, sus fanfarronadas…

Morris lo vio claro desde el primer momento y por eso First Person, que contó con seis episodios, se centró en personajes que resultaban ajenos a la cotidianidad del gran público, abarcando desde científicos a criminales, pasando por gente corriente que había vivido historias insólitas. Un recurso con el que fue experimentando en sus trabajos posteriores, llegando a ganar el Oscar en 2004 con Fog of War, documental centrado en la figura de Robert S. McNamara, ex-secretario de defensa con John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson en uno de los periodos más negros de la historia reciente de Estados Unidos, la Guerra de Vietnam, y posterior presidente del Banco Mundial.

León Siminiani hace suya esta herramienta en su serie documental sobre Alcásser. Le sirve no sólo para mirarnos a los ojos con sus protagonistas, sino para recoger sus reacciones ante imágenes de archivo que hemos visto a la vez que ellos como espectadores. Es una complicidad directa que se hace especialmente patente con los dos personajes clave: Fernando García, padre de una de las víctimas, Miriam, y Juan Ignacio Blanco, periodista que establece toda una teoría de la conspiración en torno al caso y a la que el padre se agarra sin salvavidas alguno, derivando con el tiempo en un circo mediático aberrante.

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La puesta en escena termina de redondear el retrato de estos dos personajes de una forma sutil y muy inteligente. Fernando García, en un plano por momentos asimétrico y ligeramente picado que acentúa su soledad y ensimismamiento en la fábrica de colchones que regenta. Juan Ignacio Blanco, notablemente desmejorado por la enfermedad, en un espacio oscuro repleto de libros en el que él es el casi el único elemento visible, resaltando su vínculo con la historia negra que durante años forjó en torno al crimen más mediático que se ha vivido en este país. Una magistral forma de mirar a los ojos a dos personajes ahogados en un delirio lucrativo y autodestructivo.

Podéis leer más sobre el Interrotrón y Errol Morris en estos artículos de El espectador imaginario y Birth Movies Death.

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • Meitantei872

    Hostia puta…la ficha roja en solitario es como una versión joven del actual Camilo Sesto… que yuyu.

  • Vincent Everett

    Además de que sería un poco hipócríta. Habría que hacer un triple salto mortal de la moralidad ya que esto no deja de ser un documental sobre el caso.

  • Hastur Jr.

    Bueno, y ahora a esperar al documental de Parchís…

    https://youtu.be/NFUgQIpWsd4

    Espero que saquen todas las leyendas urbanas:
    – el puto niño-dado era Bunbury (falso, era Martínez-Almeida) .
    – la ficha roja perdió el brazo por un ajuste de cuentas de la mafia chechena / haciendo el monguer en una montaña rusa / se lo esnifó / se lo dejó olvidado en el camerino (falso, fue en un accidente de tráfico).
    – el falso Bunbury no iba de blanco por el dado del parchís, sino por las nubes de farlopa que se formaban en los camerinos (en discusión).
    – años más tarde la ficha amarilla salió en el Playboy (cierto, en la edición mexicana)
    https://uploads.disquscdn.com/images/ff9892b5a3b30371bd80614e2b9d4fa7d3887ccbc8febe5d1c3ff3768a9e4887.jpg
    – la ficha roja abandonó el grupo para emprender una carrera como solista carpetero y se comió los mocos (cierto)
    https://youtu.be/g-UV9nM-CUg

  • Dave Sancho

    Interesante reportaje. El docu la verdad es que no me llama mucho, aunque quizá lo vea más que nada para enterarme bien de unos hechos que no viví en su día. Aunque todo lo que envuelve al caso me repugna hasta límites insospechados.

  • Griff

    De la docuserie de Netflix voy a pasar, pero fantástico reportaje, Javi. Muy interesante.

  • Lowtek

    Eso era esperable, entre bomberos no se pisan la manguera. Sabía que tampoco se iban a mojar con nada, ni ampliar nada, es un tema que ha sido no solo muy polémico sino incluso problemático para todos sus actores. Hoy día ya no se puede aportar nada más al caso. Además España es un país que siempre ha preferido enterrar su suciedad lo más honda posible, nunca busca arreglar el problema de raíz, nos gusta tener muertos en el armario pero bien calladitos.

  • http://alvarofuel.es Alvaro Fuel

    Muy interesante el artículo, Javier. La verdad que ni idea de la existencia de este tipo de prompter.

    Con la serie aún no sé si animarme con ella o no.

  • Hastur Jr.

    (2)
    D) y si no tocan a Anglés, excuso decir nada de Emilio Rodríguez-Menéndez
    https://uploads.disquscdn.com/images/e03513526b614689b512c27fb5624825c104682471b105145b253ef558b501a4.jpg
    y sus intoxicaciones, que hubiesen dado material para cinco episodios más… pero es que ni una mención. WTF?

    E) por otra parte, me ha decepcionado mucho el tratamiento del circo mediático en torno al caso… un pellizquito monjil a Nieves Herrero en el primer episodio, alguna alusión a los índices de audiencia del Mississippi y la frivolidad de Pepe Navarro, y listos, pasemos a otro asunto. El único periodista que entona algo remotamente parecido a un mea culpa es Paco Lobajón, que encima tiene la jeta de hacerse el digno cuando no es que fuese más ético y profesional que Nieves Herrero… solo fue más lento. El documental pasa de puntillas por la actuación de los medios, no sé si por corporativismo o por falta de interés, y centra la responsabilidad del gore y las conspiraciones reptilianas en Juan Ignacio Caminante Blanco, que ya está más que amortizado como villano de la función.

    En resumen: un documental interesante, ameno y bien realizado, pero con problemas de foco. Además, deja que la objetividad y la asepsia se conviertan en distanciamiento… en ningún momento intenta bajar al barro.

  • Hastur Jr.

    YA LES VALE
    En serio, lo de Disqus es un porculo notable.
    Vuelvo a subir mi comentario (en dos partes, a ver si así cuela).

    (1)
    A mí me ha decepcionado un poco, la verdad.
    Me explico: no me da lo que esperaba (así que hasta cierto punto también es cosa mía).
    No es que sea un mal documental (al contrario, lo veo muy bien realizado y documentado, lo explica todo muy clarito y todo lo que quieras), pero se queda un poco cojo en algunos puntos. No sé si es por falta de medios, o porque le interesa más otros aspectos del caso, pero:

    A) mucha documentación y poca investigación. La serie no revela nada nuevo (más allá de imágenes inéditas de la sala, que eso está muy bien) ni plantea ninguna hipótesis. NO SE MOJA, vamos.

    B) se centra casi exclusivamente en la figura de Fernando García (+ satélites) y su ciclo evolutivo de padre desconsolado / reflejo de los mayores temores paternos / padre coraje / freak televisivo / vendemotos / juguete roto / padre desconsolado otra vez. No digo que no sea interesante, pero yo hubiese agradecido algo más de variedad.

    C) ¿qué pasa con Antonio Anglés? Aaaaaah, se escapa por la ventana y chimpún. Joder, que estamos hablando del presunto asesino, un tío que se convirtió por un tiempo en “el Anglés”, la versión española del Hombre del Saco… recuerdo la paranoia a escala nacional, con señoras que veían a Anglés por todas partes. Es obvio que el documental renuncia desde el principio a estudiar esa minucia del caso. Si hasta la hija de Ricart, que no lo ha visto en su vida ni aporta NADA al documental, tiene más cancha que Anglés, algo falla.

  • rafaelgg

    De hecho ahora recite que no ja mucho vi un reportaje (De la Sexta creo) en la que un ewuipo de investigación volvía a la foda de las niñas más de 25 años más yard3sy encontraban de cadualidad un diente, sodoechando que pueden ser de una de las víctimas.
    Pero claro tú dirás que como los equipos de investigación no encontrarin algo tan “grande” en su momento en mitad del campo.

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